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Este texto aparece en un fanzine editado por el colectivo Erreakzioa-Reacción con motivo de la propuesta Erreakzioa-Reacción. Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo en el MUSAC de León. Junto con el fanzine, Erreakzioa-Reacción presentan también una instalación para el espacio Vitrinas del museo en la que revisan su trabajo desde 1994, a caballo entre la práctica artística, la teoría y el activismo feminista. Todo ello ocurre de manera simultánea a la exposición colectiva Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 que puede visitarse hasta el 6 de enero del año que viene. 

En él, como se aprecia en el título, regreso a uno de mis básicos, el cruce entre tecnología y feminismo, para intentar responder a algunos de los interrogantes contenidos en la sentencia que lo abre: "No se puede ser ecofeminista y ciberqueer al mismo tiempo"

Es esta una disyuntiva falsa y que nos limita. Pero una disyuntiva a la que se llega sin demasiada dificultad manejando las teorías que hoy muchas de nosotras tenemos bajo nuestras manos. ¿Necesitamos más teorías? En mi opinión, nos sobran. Tal vez lo que nos hace falta es formular otras preguntas, añadir nuevos elementos a las preguntas que ya tenemos, revisar los elementos que se nos han quedado viejos (y descartarlos sin complejos), cambiar de aires, cambiar de prioridades o cambiar de vocabulario. 

No consigo nada de esto, ni de lejos. Modestamente intento un despeje de terreno (para uso propio, en primer lugar) aún a riesgo de pringarme de barro hasta las rodillas, que es lo que acabo haciendo al final. 

Necesito y agradezco feedback. 

El texto se lee aquí mismo y se descarga pinchando en el título: 




Je suis venue te dire que je m´en vais

Como Gainsbourg, yo también vengo a deciros que me voy. Pero sólo un rato. Llevo varios meses enfrascada en la edición del libro recopilatorio de Soft Power, que deberá entrar a imprenta justo después de navidad. 




















La brillante idea de combinar la ansiedad que de por sí dan esas fiestas con la que te provoca cerrar la edición de un libro, sobre todo si es la primera vez, no se me ha ocurrido a mí. Son cosas del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, que responde a las convocatorias de subvenciones en pleno mes de agosto, te entrega el dinero (sólo una parte) a mediados de noviembre y te exige que concluyas el asunto en enero. Ellos dicen que es por cuestiones de burocracia; yo estoy convencida de que es una forma de volver a seleccionar a los solicitantes por su capacidad de resistencia y gestión del equilibrio psico-emocional. 

Que coincida con navidad es aún más jodido en el caso de este libro, pues está lleno de referencias a la industria de la alimentación que, como sabeis, cría a las vacas en sus propias heces, ceba a los pollitos con hormonas que les hacen crecer tanto las pechugas que se arrastran por el suelo y, en general, nos está envenenando lentamente con un montón de porquerías. 

El libro será algo entre un catálogo de los proyectos presentados - con sus textos, sus imágenes y en algunos casos, re-ediciones de los materiales gráficos - y una recopilación de textos breves de gente que ha participado o han sido una influencia de peso para el proyecto. El diseño y la maquetación los hace Susanne Probst. La publicación y posterior distribución corren a cargo de la productora de arte consonni. El libro se podrá descargar online y comprar en las tiendas. 

Así que, salvo que me dé un brote de madrugada, probablemente el próximo post será para decir que el libro ya existe, que pesa, que huele y se puede tocar, y que está lleno de errores de los que (espero) sólo me dé cuenta yo. Os deseo unas felices fiestas.

Libros de segunda mano, esos pobres marginados

Hay quien piensa que entre el blog y las redes sociales cacareo todo lo que se me pasa por la cabeza. Error: me corto muchísimo. Por ejemplo, llevo meses mordiendome los dedos con todo lo que se publica sobre, vamos a llamarlo por honor a los mass media, el futuro del libro. Desde hace meses asistimos a una verdadera diarrea informativa de los medios de comunicación generalistas que, cual Casandra contemporánea, tratan de anticipar el efecto de lo digital sobre la buena vieja costumbre de comprar ese inigualable dispositivo de transmisión cultural conocido como libro. Y digo comprar porque -y este es sólo uno de los muchos temas que me encienden- , aunque en los artículos al respecto siempre se ventilan argumentos románticos sobre el valor de la lectura y la difusión de conocimiento y blablabla, lo que ocupa realmente los debates hasta el punto de monopolizarlos, no es el futuro del libro (el futuro de la lectura) sino el futuro del mercado editorial.


Libros viejos esperando nuevas lecturas en Cluj-Napoca, Rumanía.

Prueba de ello -y espero estar equivocada: por favor enviadme links si es que los hay- es que en los muchos artículos publicados estas últimas semanas sobre la entrada de Amazon en España en ningún momento se explica cómo va afectar esto al mercado de libros de segunda mano, que para mí personalmente siempre han sido su mayor activo. Pues sí: el mercado de libros de segunda mano, que parece no interesar absolutamente a nadie, desde mi punto de vista es un tema crucial (será que soy muy de nicho, pero si he entendido bien los mercados de nicho son precisamente uno de los aspectos más destacados en los estudios sobre el impacto de las tecnologías digitales en el mercado del ocio). Mi razonamiento, que igual es muy simplista, parte de una constatación que también es muy simple pero yo creo que merece un pensament: la gente que lee no son solo compradores de libros en librerías; también compran libros en mercados callejeros y tiendas de viejo, hacen uso de bibliotecas públicas (esas pesadillas de la sociedad de consumo, repletas de libros, revistas, comics y hasta DVDs que atención: no están en venta) e incluso se los prestan unos a otros, ya que el objeto-libro posee, entre otras cualidades, la de ser extraordinariamente resistente a la obsolescencia, que tal y como están las cosas (y podemos hablar en términos económicos o de sostenibilidad medioambiental) es una ventaja nada despreciable.

Un ejemplo de este tipo de contradicción (o de maniqueísmo) se aprecia en el uso alegre que hacen los editores de suplementos literarios de esas viejas fotografías de Julio Cortazar ojeando libros en los muelles del Sena: es el Paradigma del Escritor, y por extensión, del Lector Amante De La Buena Literatura. Pues tuvo suerte Cortazar de no haber vivido en la España de la primera década del siglo XXI porque no hubiese podido leer ni la mitad de lo que leyó en Paris, donde no solamente están los famosos puestitos del Sena, sino que la propia Gilbert Jeune, una de las mayores librerías de Francia, tiene en la mismísima plaza de Saint Michel -otro icono literario- una planta entera dedicada a literatura y ensayística de ocasión, en la que los libros no están amontonados y llenos de polvo como si fueran camisetas del H&M, sino ordenados en estanterías, en buen estado, clasificados alfabéticamente y disponibles a un precio asequible para jóvenes, estudiantes y mileuristas en general: unos 3,00 € el formato de bolsillo, por 30,00 € te llevas diez. A esto le llamo yo difusión cultural y fomento de la lectura.

Sin embargo, los lectores de libros en español estamos completamente desatendidos: las librerías no tienen secciones de libros usados, las distribuidoras online no los venden y los mercados callejeros -con toda su solera y todos sus tesoros- no dejan de ser un mercado residual en permanente peligro de desmantelamiento por causa de normativas municipales (las mismas que promueven ciudades creativas). ¿Cómo es posible, con lo sofisticada que es la oferta de entretenimiento hoy, que yo como lectora esté dispuesta a gastarme el dinero en algo y nadie esté en condiciones de ofrecérmelo? Dicho en lenguaje empresarial: aquí hay un nicho de negocio, y también se lo va a llevar Amazon porque es la única que ofrece un mercado de libros de segunda mano serio y competitivo.

Desconozco qué papel juega el libro usado en el modelo de negocio de Amazon, si realmente hacen pasta con ello o funciona más bien como un factor de fidelización de clientes o de optimización de recursos (ya sabemos que Amazon puede permitirse juegos de economía marginal inaccesibles para otro tipo de distribuidores). Lo desconozco, como desconozco muchas otras cosas sobre el mercado editorial, y me gustaría saberlo para poder formarme una opinión más clara al respecto. Pero en todo caso lo que veo clarísimo es que, si la lectura fomenta la compra de libros y el mercado de libros de segunda mano fomenta la lectura, para fomentar la compra de libros digo yo que habrá que fomentar la lectura en general, y por tanto también la lectura y la compra de libros usados. Salvo que, como decía al principio, la lectura nos la traiga al pairo y lo único que nos interese sea el modelo del negocio editorial -que de todas formas, con Amazon o sin ella, tiene que actualizarse ya.
Como mucha gente, llevo una semana de infarto, abandonando todo lo pendiente por razón de excepcionalidad (pido disculpas a editores y colaboradores varios: dedicarme a cualquier otra cosa me parecería una farsa), durmiendo poco, comiendo mal, tuiteando y retuiteando, blogueando, contestando mails, acudiendo a las asambleas de #acampadaberlin, leyendo crónicas y artículos y a pesar de todo, pensando mucho. Posiblemente, también, pensando sin demasiada lucidez, sintiendo más que pensando, se podría decir, o pensando con el cuerpo y los sentidos que es -y lo creo profundamente- la mejor forma de pensar; lo sé por experiencia: mis tripas son mucho más inteligentes que yo.

Esta semana he llorado tres veces. La primera, viendo el streaming desde Plaza del Sol el viernes a medianoche. La segunda, el domingo por la mañana leyendo las notas “de urgencia” de Amador Fernández-Savater, que no es que sean más emotivas que otras pero por alguna razón misteriosa me hablan con una intimidad sorprendente. La tercera, y la más imprevista y la más violenta, fue el lunes -parece que esto va ser diario y lo diré: no soy de lágrima fácil- al leer una frase de un texto de Fabián Casas publicado en el nº 2 de Orsai; una frase que, sacada de contexto es totalmente banal e incluso dentro de él tampoco es para tanto: “Mi padrino también era fanático de la radio”.

Que rompa a llorar como una tonta con una frase tan inofensiva supongo que tiene que ver con algo que se dice por ahí y que suscribo: esto es el inicio de algo, estamos de acuerdo, pero no viene de la nada. Cada cuál tiene su historia. La mía, en lo que al 15M se refiere, está directamente conectada con años de vida social a través de internet. Por vida social entiendo hacerse amigos, enamorarse, intercambiar lecturas, impresiones, canciones y cromos, crear espacio público y experimentarlo con sus límites y sus potencialidades, construir redes de afecto, abrirnos nichos de confianza, fundar familias distribuidas y solidaridades reales. Por a través de internet quiero decir con las redes sociales (también las de antes de que se inventara el término) como canal de comunicación y como territorio que siempre -y digo siempre- tiene su impacto en el lado de las cosas que se tocan. Lo llaman desvirtualizarse, pero es algo más: es crecer en común, es inventarnos juntos una posibilidad de vida, es lo que en palabras de otra generación se llama haber leido los mismos libros. Que no tiene nada que ver con libros, que quede claro, aunque ayudan. Tiene que ver con el lenguaje, con el lenguaje compartido que construye un punto de vista común sobre la realidad.

Pero esto pasa en las calles. Efectivamente, pero también: pasa en las calles, porque como decían en otro tuit, ya eramos en potencia una asamblea permanente. Pero esto pasa en las calles. Desde luego, y de ahí no nos vamos a mover, pero necesito (necesito) aclarar algunas cosas sobre qué es eso que pasa fuera de las calles y sobre lo que sigue pasando cuando parece que ya no pasa nada.

Dice Enrique Vila-Matas en un artículo publicado hoy que “los tuits son un atentado contra la complejidad del mundo que pretenden leer”. Lo dice, supongo, sin saber cuánto nos ha influido su literatura a los escritores de lo reticular y lo fragmentario, y quizás porque aún no ha entendido que la complejidad no está en un tuit -aunque los hay que nos unen con la fuerza de un eslógan- sino en la conversación que se teje en tiempo real entre millones de usuarios. Escribimos frases cortas -que por cierto, es un ejercicio de escritura excelente para los que como yo somos más de verbo largo- pero son frases cortas que se contestan unas a otras y que reenvian a frases mucho más largas, a blogs, a videos, a programas de radio, a playlists, películas y documentales, a artículos de prensa, a mediatecas digitales y a listas de lectura como esta, que incluyen referencias bastante más ricas y más complejas que la obra que Vila-Matas cita como biblia de los indignados: el “librito de menos de 30 páginas” de Stéphane Hessel que los medios generalistas proclaman como referente teórico del movimiento. Digámoslo rápido: ese libro es una referencia más, pero no es La Referencia Intelectual de las acampadas. Es la referencia que ha circulado entre los medios de comunicación generalistas y que ellos -que son los que necesitan explicaciones simplificadas, que les quepan en un artículo de prensa y hagan un buen titular- se han copiado unos a otros y han adjudicado al movimiento. Los medios corporativos son hoy mucho más simplistas que el más idiota de los tuits (Vila-Matas: te esperamos, no tenemos ninguna prisa).

Porque es verdad: tenemos todo el tiempo del mundo. Hay una cierta ansiedad, unas ganas de decir esto no sirve para nada y fortalece a la derecha, o sí porque mira qué batacazo se ha pegado el Psoe; una necesidad de análisis rápidos, carpetazos y conclusiones, de adjudicar a los cambios fechas concretas, de encerrar los procesos en estadísticas, de leer la conciencia política en términos de votos, siglas o papeletas nulas. Es cierto, estos días han sido un espectáculo por la cantidad de gente que ha tomado las calles y la rápidez y contundencia de los acontecimientos, y el espectáculo pasará: las acampadas en algún momento se harán menos numerosas o serán desalojadas, empezaremos a hablar y escribir sobre otras cosas, se pondrán de moda otros hashtags, ganarán otras siglas, harán oposición (o pudiendo hacerla, no la harán) otros partidos, parecerá que hemos olvidado. Pero una cosa es el espectáculo de la historia y otra es la historia misma. Porque olvidar, olvidar, sólo olvida la mente. Las tripas tienen una memoria prodigiosa, y un tiempo de digestión más largo.

Diré lo obvio. El 15M es un fogonazo más del cambio de época que, en esos libros de historia a que se refiere Vila-Matas, encontrará su hueco junto a otros acontecimientos mayores de los últimos 10 años y los que vengan. Pero lo que también pasará a los libros de historia -y que será digno de análisis, esta vez sí, con más de 140 caracteres- será el modo en que todos estos acontecimientos están cambiado para siempre el modo de ejercer y entender la práctica política. Que no es lo que hacen los partidos políticos, o el modo en que estos interactuan con los medios de comunicación, las empresas, los lobbies u otras esferas de influencia, no es eso que en el lenguaje común llamamos la política. La práctica política es la manera en que en cada sociedad se gestionan los asuntos que nos afectan a todos.

El ejercicio de la práctica política ha tenido muchas modalidades historicamente, algunas formales -que desde la modernidad más o menos se avalan con los mecanismos jurídicos y legislativos que conocemos- y otras informales, menos visibles, más porosas pero igualmente válidas e igualmente legítimas. Digo esto, en parte, en respuesta a un post publicado por Enrique Dans hace 2 días en el que cuestiona -con evidente nerviosismo- la legitimidad de la asambleas como órganos representativos. Las asambleas informales -no adscritas a una organización con personalidad jurídica- no son órganos representativos desde un punto de vista legal pero sí lo son desde un punto de vista político si entendemos lo político como el espacio y los mecanismos de debate y gestión de lo común. Que aquí y ahora esos espacios y esos mecanismos sean la democracia parlamentaria, sí. Que la democracia parlamentaria agote todas las modalidades de expresión y legitimación de lo político, no.


También en ese nº 2 de Orsai (que se puede leer en línea o descargar aquí) hay un diálogo entre Hernan Casciari, el editor de la revista, y su amigo de infancia y editor adjunto El Chiri, que dice así: “- Antes las revoluciones eran muy esforzadas. El Hombre Corbata era demasiado invencible. Los pueblos sojuzgados hacían revoluciones pero no pasaba nada realmente. Desde el Renacimiento, la cultura fue de los ricos, de los mecenas. Las guerras, de los poderosos. Las personas corrientes siempre fuimos monedas de cambio. Y ahora, de repente, hay una comunicación de base, pero de verdad. El Hombre Corbata intenta controlar, pero ya le cuesta, ya no puede como antes. ¿No te esa impresión? - Sí, pero no soy tan optmista como vos: el diablo también usa Twitter. No solamente el pueblo. Los presidentes siguen dándose la mano durante treinta segundos y fingiendo sonrisa y hablando en secreto. - ¡Pero la gente ya sabe la verdad! Y esto es la primera vez que ocurre, en toda la historia humana. El Hombre Corbata está en decadencia. El careta, el falso, el ruin. Ya no tiene todo el horizonte para hacer sus trapicheos”.

No quiero decir que lo que ocurre estos días sea el inicio de un mundo mejor; soy muy pesimista y estoy convencida de que vamos de cabeza al desastre (en general), pero precisamente por eso todos -todos- debemos tener la audacia y la responsabilidad de no mirar para otro lado y estar a la altura de los tiempos que nos han tocado vivir.

Henrietta Lacks aka HeLa

La versión corta es que HeLa -se pronuncia Jiii Lah- es la línea celular más famosa del mundo, una de las más usadas en investigación biomédica y posiblemente la que más beneficios ha generado para el sector en los últimos 60 años. La versión extendida es menos científica y tiene nombre propio: Henrietta Lacks.



Nacida en una plantación de tabaco en la Virginia de los años veinte, Henrietta Lacks murió de cáncer en 1951, meses despues de que le fuera extirpada del cuello del útero una sección de tejido cancerígeno. Ese tejido es el origen de la línea celular HeLa, cuya excepcionalidad se debe a una razón sencilla: se reproduce por sí misma a una velocidad espectacular. Durante los años siguientes a la muerte de Henrietta, sus células fueron enviadas a todos los rincones del mundo, marcando el inicio del cultivo y la comercialización celular a escala industrial (desde los años cincuenta se han producido 50 millones de toneladas y su manipulación está en el origen de unas 17.000 patentes de productos farmacéuticos). La familia Lacks no tuvo noticia de todo esto hasta 1976, a raíz de un artículo publicado en la revista Rolling Stone.

En la aventura de Henrietta y sus células inmortales confluyen la historia de la esclavitud y las políticas raciales y sanitarias de los Estados Unidos -con sus hospitales solo para negros, sus experimentos médicos desaparecidos de los archivos- y los grandes nombres (personales y corporativos) de la investigación genética de las últimas décadas. Todo ello salpimentado de juicios sobre propiedad intelectual, estafas, convenciones de bio-ética, portadas de periódicos, tragedias familiares, muchas cifras -cifras de negocio, cifras de audiencia- y, de fondo, como escenario permanente, la cara B de la sociedad norteamericana: ese tercio de la población sin derecho a educación, asistencia sanitaria o cobertura legal que vive por debajo de lo que las estadísticas llaman “umbral de la pobreza”.

Adam Curtis le dedicó uno de sus documentales en los noventa: “The Way of All Flesh” (disponible para descarga). Pero el verdadero boom fue el año pasado con la publicación de “The Inmortal Life of Henrietta Lacks”, escrito por la periodista Rebeca Skloot tras una década de investigación, y sobre el que se prepara (ya) una película producida por Oprah Winfrey y Alan Ball para la HBO. Skloot ha creado una fundación para financiar becas de estudio y cobertura sanitaria a los descendientes de Henrietta.

Consumer electronics don´t make you hot



Y curiosamente al final de su vida, your gadgets casi siempre regresan al mismo lugar. Según datos de Greenpeace, producimos entre 20 y 50 toneladas de basura electrónica al año y la mayoría se envía a China e India, donde los aparatos son desmontados para revender los metales que contienen, que contaminan la tierra, el agua y a las personas que los manipulan.

Además, piensa que la tendencia se está invirtiendo: en 2011 demasiados gadgets reducen el sex-appeal.




Revolviendo carpetas viejas he encontrado esta tabla que cogí en el año 2006 en la primera edición del festival now, que anualmente organiza el CCCB de Barcelona desde entonces. Han pasado 5 años, que a la velocidad que van hoy las cosas (todas las cosas), es una unidad de tiempo histórica. Por citar dos indicadores: 2006 fue el año en que Facebook dejó de ser un servicio accesible solo para universitarios estadounidenses; y Twitter, la otra gran revolución de las redes, aún no existía. La prehistoria.

Me muerdo la lengua sobre la evolución que han tenido las ideas formuladas en este documento desde entonces. No me refiero a la evolución de las ideas en sí (que basicamente son las mismas hoy; y ahí está la gracia) sino a la transformación de, poniéndome pedante, su lugar de enunciación: su reconocimiento, su mainstreamización, su aplicación... En definitiva, su desplazamiento desde las periferias de lo social, porque el CCCB será institucional pero no es el Camp Nou ni las Ramblas, hasta el sancta sanctorum de la gurusfera más influyente y, dicho sea de paso, menos afín a lo cultural, más de rollo Camp Nou, para entendernos (bueno, estaba claro, se me ha escapado).

Por eso, además de su interés intrínseco, este documento tiene tela por ese otro valor añadido que podríamos llamar de Arqueología de las Ideas. Las ideas cambian y se transforman, se cortan, se pegan y se remezclan, y larga vida al remix. Pero cualquiera que sea el uso que hagamos de ellas, nunca está de más tener presente su genealogía y las condiciones que han favorecido su emergencia. Decir que estas ideas provienen del mundo del arte, como si fuera una esfera autónoma, es una banalidad y una falacia; no hace falta más que ojear una Wired o, si lo hubiera, un wikileaks de los think-tanks norteamericanos de la misma época. Pero sí me parece necesario recordar, ahora que se están afilando las tijeras, que el conocimiento no se recicla solo y que la cultura contemporanea habrá sido un laboratorio o no habrá sido nada, ni siquiera un centro comercial (lo que no es más que otra idea vieja que se puede conjugar en pasado, presente y futuro y glosar y volver a remezclar).
Este texto ha sido escrito para la jornada “Empresa y economía abierta” celebrada en Bilbao el 18 de febrero de 2011 y forma parte de la serie Economía Creativa para el Underground.


La burbuja de la innovación

Descargar "La burbuja de la innovación" en PDF

“The trouble with fiction...
is that it makes too much sense.
Reality never makes sense.”
Aldous Huxley

Cuando me refiero a la innovación como burbuja, lo hago en el mismo sentido que en las expresiones “burbuja inmobiliaria” o “burbuja de las puntocom”. Es decir, fenómenos de carácter especulativo y espectacular, impulsados artificialmente y con gran entusiasmo por los mismos agentes que se benefician de ellos y que surgen normalmente aprovechando una coyuntura favorable. Fenómenos que, por esa misma naturaleza de artefacto y por su alta dependencia de las condiciones coyunturales, suelen tener ciclos de vida cortos. Cuando aparecen nuevos elementos que modifican el contexto o simplemente cuando el fenómeno agota sus posibilidades de desarrollo, el movimiento expansivo acaba con la misma brusquedad con la que empezó. Es entonces cuando decimos que la burbuja ha estallado.

El discurso sobre la innovación ha conseguido captar la atención mediática, movilizar presupuestos y alzarse con mucha naturalidad como un nuevo valor social. Pero como buena burbuja, es un artefacto, es decir, un conjunto de elementos instrumentales impulsados artificialmente y puestos al servicio de una finalidad.

La innovación funciona como burbuja especulativa en la medida en que se basa en un artefacto de naturaleza discursiva y auto-referencial, en el que todo se juega en el plano del lenguaje: los símbolos, las narraciones y los mitos (en otros tiempos, diríamos propaganda) con los que nos contamos a nosotros mismos lo que ocurre a nuestro alrededor. Aunque se apoye en elementos racionalistas, hay que tener en cuenta que la economía no es una ciencia exacta sino una ciencia social, es decir, un ámbito de conocimiento cuyas herramientas intelectuales están más cerca de la psicología o la filosofía que de las matemáticas.

Con esto quiero decir que el analizarla como artefacto, desde el punto de vista de la producción de discurso, no es una aproximación excéntrica o periférica, sino central, puesto que se corresponde con su principal utilidad: fabricar una visión del mundo, con su imaginario, sus reglas de conducta y sus mecanismos de medición. Desde este punto de vista, tanto las ciencias económicas en general como la innovación en particular son campos de saber instrumentales que cumplen una doble función: aportar una descripción de la realidad (una cosmovisión) y proporcionar pautas de actuación para desenvolvernos en ella (una agenda o una hoja de ruta).
Coincidiendo por un lado con el alboroto de la ley Sinde y la escapada del De La Iglesia y, por otro, con un currete de estos de pensar que me ha llevado a zamparme un montón de documentación sobre el asunto[*], me hallaba estos días dándole vueltas a El Tema Este De Los Commons (como por ejemplo, el lugar correoso que ocupan en ese limbo entre lo público y lo privado, lo que explica que se encuentren hablando de ellos sujetos tan dispares como Vandana Shiva o un velocista de Silicon Valley) cuando, por yo qué sé qué azares me encontré visitando la noble villa de Olite, otrora capital del Reyno de Navarra y emplazamiento de un famoso castillo del siglo XV que sale en todas las guías.



Y como a pesar de ser muy post-esto y post-lo de más allá, en realidad soy una vulgar humanista nacida en el siglo XX (una asquerosa ruinófila, ya lo he dicho otras veces), recorrí el castillo en éxtasis total, subiéndome a todas las torretas, imaginando torneos y epidemias medievales, admirando los arcos ojivales, invocando a los muertos porque estaba cerrada la Cámara de los Yesos (también llamada Sala Mudéjar porque conserva la decoración original con 10 paneles de yeso hechos por maestros moros) y pensando: Mira tú, esto también son los Commons, no sólo internet y el Amazonas, y qué bien que la entrada sea barata y que esté tan bien restaurado y que no haya una tienda a la salida para venderte un bloc de notas troquelado en forma de almenitas. Con estos pensamientos tan hermosos sobre la gestión del patrimonio histórico, y como al acabar la visita me quedé con ganas de más, me dirigí al edificio adyacente, donde según el folletito se encontraba el castillo viejo, y que hoy es un parador nacional, y mantuve con el señor de la recepción una conversación más o menos así.

- Hola buenas tardes, ¿se pueden visitar los salones?
- Si no está alojada, no, señorita
- Ah bueno, como es patrimonio, pensé...
- Esto no es patrimonio, es un hotel normal.
- Normal, normal, no creo. Porque como es patrimonio...
No soy tan idiota como para no saber cómo funciona un parador nacional pero quiero creer que si te muestras suficientemente inofensiva e interesada lo lógico es que hagan la vista gorda y te dejen dar una vuelta por los comedores.
- Ya sé a dónde me quiere llevar usted, señorita, pero le repito que esto no es patrimonio, es un hotel como todos.
- Pero Paradores Nacionales no es una empresa como todas.
- Sí lo es.
- No lo creo.
- Una empresa como todas pero con participación publica.
- Entonces no es como todas.
- Oiga señorita, que yo no soy funcionario.
- Pero si yo no digo que usted sea funcionario, sólo que esto es patrimonio.
- No es patrimonio.
Le intento hacer ver que entiendo el significado de las palabras “empresa con participación pública” y que sé para qué sirven esas cosas, pero no cede. Contra-ataco.
- Si no fuera patrimonio, la empresa podría pintar la fachada de verde si le diera la gana, ¿a que no puede?
- No señorita, pero usted tampoco puede pintar de verde la fachada de su casa, aunque no sea patrimonio.
- Ya, pero eso son normativas muncipales que se aplican a todos los edificios, este tiene reglas mucho más estrictas. Ustedes no pueden ni arreglar una tubería sin el visto bueno del Ministerio de Cultura, ¿o no?
- Claro que no, es que edificios como este están muy protegidos.
- Porque son patrimonio.
- Que ya sé a dónde me quiere llevar usted pero no voy a ir por ahí.
Y va y dice:
- Que luego la gente viene y se lleva cosas.
Alucina vecina.
- Oiga, que sólo quiero visitar los salones, que no le quiero convencer de que es patrimonio para después llevarme una alfombra.
- Uy, la gente si la dejan se lleva hasta los muebles.

Me quedé sin ver el interior del castillo viejo, porque frente a semejante barrera diléctica, a ver quién se atreve. Y me vengué secretamente de él imaginando una horda de comuneros embriagados de copyleft asaltando el parador al grito de “¡Vivaaan Los Comuneeees!” y llevándose en volandas los sillas y los tapices y escapando escondidos dentro de las armaduras. Pero en realidad me quedé un poco triste. Porque ¿qué mierda de sociedad es esta que nos da tanta desconfianza la propiedad colectiva? ¿O la no-propiedad en absoluto? ¿Es que no somos capaces de respetar algo si no tiene dueño? Pues sí que tienen mal futuro los comunes. Y la internet, y el Amazonas y, en fin.

[*] La contradicción entre “currete” y “zamparme un montón de documentación” no es sólo aparente. Si fuera tan mercenaria como pretendo resolvería el asunto en cuatro páginas y media de lugares comunes pero como soy tan mala puta (en el sentido literal, que como puta me moriría de hambre porque, segun dicen, si te corres, hay que disimular), como soy tan romantica y tan novata, decía, no sólo gozo como una perra, sino que a punto estoy cada vez de enamorarme del sujeto y se me escapa siempre por exceso y por deriva. Podría decir que en este caso tengo excusa porque el encargo me interesa sinceramente y viene de una gente a la que aprecio mucho, pero sería falso. Si el demonio me pidiera un informe sobre el índice de cotización de las calderas, lo haría con la misma pasión enferma porque estoy aquejada de un mal que no es workoholismo, es peor: es devoción maniaca por cualquier objeto de estudio que me pongan delante. Lo buena monja que habría sido si llego a nacer en el siglo XV, qué pena.

El reporte en castellano de la Conferencia Internacional sobre los Commons de Berlin, aquí.

Laboratorio feminista ciberpunk



Lo de arriba (que se puede ver ampliado aquí) es mi respuesta a la invitación de la Mediateca del MUSAC a participar en las jornadas sobre software libre, arte y mujer que tuvieron lugar el pasado 12 de noviembre. Algunas precisiones:

En el esquema se me olvidó dibujar lo más importante: frente a la dicotomía software libre / mujer, me interesa más proponer otra: ética hacker / feminismo. A partir de aquí, planteo la pregunta de si es posible pensar en una ética hacker feminista y, en caso afirmativo, cuáles serían sus características, las más importantes de las cuáles, para mí son: el compromiso con el dominio publico y la idea de procomún; la relación con la comunidad; y la dimensión contra-cultural de la filosofía del software libre y la ética hacker (y digo contra-cultural en todos los sentidos de la palabra).

La reflexión se articula en torno a la idea de conocimiento autorizado: si la historia de la ciencia es (también) la historia de la legitimación de ciertas formas, ciertos canales y ciertos agentes de producción de saberes, me pregunto cómo desde el feminismo podemos proponer -y legitimar- otras formas, otros canales y otros agentes (subversivos, contra-culturales, emancipatorios). Es en definitiva, una reflexión sobre el modo en que se construye el conocimiento hegemónico y la posibilidad de formular tácticas de acción politica feminista en un entorno como el tecno-científico, abiertamente blanco, racionalizante y patriarcal. Frente al conocimiento autorizado, el pensamiento feminista dice: conocimiento situado, un concepto sacado de los escritos de Faith Wilding, que se opone al aislamiento del objeto de estudio y propone ponerlo a dialogar con otros parámetros y niveles de realidad (quién piensa, cómo, dónde, cuándo y para qué).

El esquema no incluye temas obvios como la relación entre género y sociedad del conocimiento o la presencia de mujeres en los equipos de programación. La razón es que me tocaba hablar en tercer lugar, después de dos personas que lo iban a explicar mucho mejor que yo: Carmen Castro, economista, activista del software libre especializada en políticas de género y autora de Sin Género de Dudas; y Miriam Ruiz, desarrolladora de Debian, editora de Barrapunto y asesora en temas relacionados con el software libre del Principado de Asturias. Lo mío puede ser leído como una nota a pie de página a sus presentaciones.

Empecé a trabajar sobre la intersección entre género y tecnología creo que en el año 2004, de modo que este esquema recoge algunas reflexiones que, o bien no había abordado entonces, o bien las he ido tratando de manera desordenada, entre conferencias, artículos, posts y demás. Para completarlo, recomiendo:
El programa de EnRE/Dades, géneros en red y acciones ciberfeministas, que organicé en Barcelona en 2004.
Los materiales del taller de ciberfeminismo que impartí en el Feministaldia 2005 y para Emakumeak en 2006.
El texto “Chúpame el código 2.0” publicado en la revista Zehar en 2007.
El texto “Notes on the Knowledge Economy from Cyberfeminism” , festival City of Woman de Ljubljana 2008.
El post “El deporte olímpico del e-waste” sobre la basura electrónica.
El post “¿Por qué las mujeres son como los pollos y los pollos como las mujeres?” sobre el trabajo de subRosa.
El post “Las políticas del cuerpo cibernético” sobre el trabajo de Beatriz Preciado en “Testo Yonki”.
La recopilación de textos históricos del ciberfeminismo de Mujeres en Red.
Como complemento a la jornada sobre "Empresas Culturales, Sectores Creativos y Generación de Empleo" organizada por el Gobierno Vasco el pasado 14 de junio en Vitoria, se nos pidió a los intervinientes que elaboraramos un breve informe de valoración. Copio a continuación mi informe para fines de archivo y debate (al que os animo a participar vía comentarios a este post o a la nota correspondiente en Facebook).

Más información sobre el programa:
Presentación y programa completo
Textos y ponencias de los intervinientes

Más información relacionada con economía de la cultura (desde el punto de vista de abajo y a la izquierda):
Cultivo de microbios Zemos98 Sevilla 2010
Para quienes disfrutamos trabajando Madrid 2010
REU08 Andalucia 2010


REU08 para Zemos98 2010.

Mi informe:

Pensamiento industrial
Parece que el pasado nos impide evolucionar. Seguimos pensando la economía (y por tanto la economía de la cultura) en términos industriales, seguramente debido a viejas inercias de país que se ha hecho rico con la industrialización. Si queremos seguir siendo competitivos en el nuevo escenario, hay que asumir riesgos y actualizarse. El caso de Extremadura es totalmente contrario y paradigmático: una región que, como no tiene “nada que perder”, arriesga mucho más y se lanza a políticas de verdad innovadoras.

Cultura vs. Industrias culturales
En general, la idea de cultura que se ha manejado en las ponencias es economicista e industrial. Hay sectores culturales industrializables (cine, videojuegos, grandes espectáculos, medios de comunicación, etc) pero todos no lo son. Necesitamos entender lo cultural de un modo:
> Cualitativo: valor intangible de los procesos creativos, capital relacional, estilos de vida.
> Informales: valor generado por la economía informal, caracterísitica del sector de la cultura.
> Sistémicos: aunque cada subsector tenga sus especificidades, hay que pensar lo cultural como un todo, un organismo o un sistema de flujos que, cada vez más, desbordan el propio sector cultural.
> Micro: sabemos que casi todas las iniciativas culturales son nano o micro-empresas (o no son empresas en absoluto); dejemos de ignorarlo.

Cultura vs. Economía creativa
Durante toda la jornada se hizo patente una confusión entre, por un lado, el sector de la cultura (en sentido tradicional: artes, letras, espectáculos, etc) y por otro, la “nueva economía creativa” (innovación, creación de riqueza intangible, etc). Es una confusión muy contemporánea y nadie ha encontrado aún la receta para salir del embrollo, pero seamos conscientes de ella. La cultura, entendida como laboratorio social o de ideas, sirve para generar procesos de innovación pero no debe transformarse en un recurso de usar y tirar al servicio de la industria. Mucho cuidado con esto.

Cultura vs. Emprendizaje cultural
El emprendizaje cultural es un engaño para subsanar la reducción de financiación pública y la externalización de servicios (cambiando la lógica de la subvención por la del contrato). La realidad económica del sector cultural hace muy difícil la creación de empresas.

Metodologías obsoletas
Es preocupante que en varias intervenciones se haya repetido el mismo argumento, a saber: “Aunque sabemos que ya no son válidas, seguimos utilizando las mismas herramientas de análisis porque son las que conocemos”. Hace falta un trabajo serio de búsqueda de indicadores (como los que apuntaba Montserrat) porque con malos indicadores hacemos falsos análisis y con falsos análisis hacemos políticas equivocadas.

Evento público vs. Encuentro de profesionales
Igual en la jornada se quiso matar muchos pájaros de un tiro, juntando objetivos incompatibles. Por un lado, obtener cierta visibilidad mediática; por otro reunir a un grupo de “expertos” o profesionales del sector para reflexionar sobre políticas culturales. Al final se quedan las dos a medias.

Mi propuesta es que desde el departamento de Cultura de Gobierno Vasco se empiece a trabajar en el diseño de políticas colaborativas entre las instituciones y el sector cultural. ¿Ya se está haciendo? Pues hay que seguir en esa dirección y profundizar. No es un problema de presupuestos sino de voluntad política.
Una vez más cedo este espacio a @Ricardo_AMASTE porque me la da la real gana y porque es mi amigo para que publique sus comentarios acerca de la jornada de ayer, organizada por el departamento de cultura del gobierno vasco en Vitoria con el tema "Empresas Culturales, Sectores Creativos y Generación de Empleo". Añado algunos links a su texto para completar la información. Las presentaciones de los ponentes que no aparecen citadas en este texto las podeis encontrar en este link.

Como banda sonora, un par de referencias que repite a menudo Ricardo y a las que me sumo, firmadas por una banda de rock radical vasco de la margen izquierda conocida como Eskorbuto: "Somos ratas de Bizkaia" (y vivimos de las sobras de la industria cultural) y "Cuidado, cuidado, os avisamos: somos los mismos que cuando empezamos" (y mordemos la mano que nos da de comer).



ECONOMÍA DE LA CULTURA VS INDUSTRIAS CREATIVAS
EMPRENDEDOR VS EMPRESARIO
COOPERAR VS COMPETIR
AGENCIAMIENTO VS CRECIMIENTO-CONCENTRACIÓN
AMURRIO VS FLORIDA

Apuntes sobre la jornada Cultura&Empleo organizada por el Dpto. de Cultura del Gobierno Vasco el 14 de junio de 2010
Ricardo_AMASTÉ


Se que me repito, pero mi única baza es la perseverancia. Así que leña al mono. Aquí voy con unas impresiones de memoria. Sin más, un pequeño resumen de lo que me ha dado de si el día. Como siempre, con espíritu constructivo y sin querer ser univoco (o tal vez si… algún día me lo haré mirar).

En primer lugar agradecer el esfuerzo y la intención del Dpto. de Cultura del Gobierno Vasco y la implicación del lehendakari y lamentar las ausencias de Industria y Empleo (Patxi, si de verdad te crees el tema este y creo-espero que si, coge a l*s responsables de esas áreas y dales un buen tirón de orejas –como poco-).

En segundo lugar recordar que la cultura, más allá de cómo sector económico estratégico y yacimiento de empleo, es aquello que nos ayuda a transformarnos, a interrogarnos sobre nosotr*s mism*s a nivel individual y como sociedad (vamos, todo eso tan bonito de la declaración de la UNESCO). Pensemos en el PARA QUÉ. No nos olvidemos que la cultura, además de un instrumento para muchas cosas, sobre todo debe poder ser cultura, manteniendo su especificidad, su carácter experimental, de laboratorio… Porque a veces, parece que los árboles no nos dejan ver el bosque…

Y a partir de aquí una batería de cuestiones sobre lo que se ha hablado hoy:

Necesitamos nuevos modelos organizacionales -aunque esta no es una cuestión específica de la cultura-. Y los nuevos modelos que necesitamos, antes que competitivos (no queremos competir, deseamos COOPERAR) a nivel global (que manía con la internacionalización como posibilidad homogénea, casi coercitiva), deben ser sostenibles y basados más en lo reproductivo que en lo productivo.

Tampoco es específico a la cultura la creatividad. No conozco ningún ámbito social, económico, político, que actualmente no necesite de la creatividad para transformarse (y la necesidad de transformación es urgente, imprescindible). Por eso el concepto “industrias creativas” es de Perogrullo, porque si no lo son, van a desaparecer.

Por otra parte, no todas las personas que nos dedicamos a la cultura queremos ser industria, ni empresa (aunque obviamente seamos emprendedoras –tenemos iniciativa-). Como se decía por la tarde, tenemos un trastorno bipolar entre pertenecer a la patronal y pensar que pertenecemos al sindicato, cuando en realidad ya no nos valen ninguno de los dos modelos de relacionarse en torno al trabajo. Y eso no significa que no seamos conscientes, que como agentes culturales, formamos parte y somos agentes activos en una contexto económico (PIB, empleo, etc, etc). Pero el industrial es sólo uno de los sectores (secundario), con gran tradición en Euskadi, pero que no puede ser totalitario, impositivo (entre otras cosas es aconsejable diversificar, porque no está tan claro que a medio plazo vayamos a resultar competitivos en lo industrial, cuando menos en lo referido a la producción)… Lo industrial, al igual que lo empresarial condiciona miradas, comportamientos, roles, genera muchas inercias arcaizantes… Otro problema (o el mismo) es que no nos creemos demasiado lo del tercer sector y de lo del cuarto ya ni hablamos.

Much*s de nosotr*s tampoco queremos crecer y si crecemos, no queremos hacerlo empleando, como empleador*s tradicionales. No queremos crecer individualmente, ni por concentración, sino multiplicarnos exponencialmente mediante agenciamientos y redes. Y necesitamos que se nos ayude a investigar desde la teoría y la práctica en estas posibilidades de relación, para como decía al principio, definir nuevos modelos organizativos… Me parece significativo que siempre se recurra a nuestro pequeño tamaño como un problema en vez de cómo una característica-peculiaridad que pueda transformarse en fortaleza y oportunidad. Porque ¿tant*s que elegimos ser pequeñ*s estamos necesariamente equivocad*s?... A ver quien se está equivocando aquí.

Para ponerlo más difícil, algun*s tampoco creemos en la escasez del talento como estrategia en el mercado, ni en la búsqueda de rentabilidad a partir de la propiedad intelectual, porque entendemos la cultura como flujo de conocimiento compartido. Y aunque much*s de nosotr*s creemos en ello a nivel político, lo “interesante”, es que por muchas puertas que se quiera poner al campo, con un poco de “suerte” ese es el modelo que terminará imperando en el libre mercado. Por eso, estaría bien hacer una reflexión y una apuesta desde lo público, para no vernos arrastrados sin más por las circunstancias (en la indefinición arbitraria tienen todas las de ganar las aves de rapiña neoliberales que planean sobre nuestras cabezas)… El procomún está ahí y no es (sólo) una idea de gente loca y romántica.

Aterrizando sobre intervenciones concretas, mi apuesta tridente:
1. Atender al informe del que ha hablado Montse que sonaba muy creíble (tengo taaaantos prejuicios con los informes, que me encanta encontrar ejemplos para pensar lo contrario). Y relativizar las formulas mágicas descontextualizadas tipo Richard Florida (su atraer talento VS empoderar agentes locales).
2. Atender a Guillermo del Gabinete de Iniciativa Joven y sus inocentes-ingenuas propuestas… (cuando se habla de economía, de cosas serias, apelativos como inocente, ingenuo, romántico, toman un cierto cariz despectivo… y así nos va –aunque quizá esta sólo sea una perspectiva mía excesivamente suspicaz).
3. Atender a Ptqk (no sólo porque me acoja en su blog) y su hablar desde lo personal, porque lo personal es político y las políticas culturales son política. Y lo de la autoprecarización y la insostenibilidad del modelo personal-profesional, CUIDADO! [Ricardo se refiere a este texto y a este otro]

Quizá como contrapunto, me ha faltado una visión empresarial-industrial potente, innovadora, que realmente me sirviese para poner en cuestión-relativizar mis “certezas” (si, ya se que soy un pretenciosillo). Una visión no desde la tecnocracia, desde la gestión, la consultoría… Y es que quizá, los ejemplos reales de esas supuestamente deseables grandes industrias culturales-creativas, si es que existen y no son un mero espejismo, pueden contarse con los dedos de una mano, no dan de si para justificar un modelo de actuación creíble y/o no resultan algo que ir enseñando por ahí más allá de la mera cultura de consumo-espectáculo (si resulta que de lo que estamos hablando es de Rock in Río, yo prefiero bajarme en marcha que estoy muy ocupado… y no me vale lo de tender puentes y buscar puntos intermedios).

Luego, casi para terminar, una cosa que ME MOLESTA PROFUNDAMENTE. Que se nos acuse a los agentes culturales de nuestra dependencia de lo público, de que sólo aspiramos a la subvención, que no arriesgamos, que somos poco productivos… Me gustaría saber de qué han vivido y viven aquí muchos sectores “estratégicos”, cómo de sostenibles y productivos son los Centros Tecnológicos (por poner un ejemplo), cual es el índice de aplicabilidad en el mercado y rentabilidad directa de la inversión en I+D+i, soportada en un alto % directa y/o indirectamente por lo público. Me conformaría con que se me apliquen los mismos baremos en base a las mismas condiciones (de lo contrario son comparaciones poco justas y tendenciosas). Demandamos políticas segmentadas (lo que no significa segmentadas por subsectores) y acciones específicas que nos ayuden a mejorar en lo que queremos ser y no nos fuercen a ser lo que otros esperan que seamos. Desde la co-responsabilidad y con riesgos compartidos, de acuerdo pero cuidado no vayáis a estar pidiéndonos algo que luego no vayáis a poder ofrecernos (porque nosotros llevamos años arriesgando y pidiendo implicación más allá de la mera subvención). No me acuerdo como es la moraleja esa del cerdo y la gallina y los huevos y el bacon para el desayuno.

Y ahora ya si, el final. Es necesario cambiar los formatos de estos eventos. Hay que atreverse a romper las normas; hay que jugar más; hay que propiciar la interacción, el intercambio y la mezcla; hay que abandonar los hoteles y sus dispositivos rancios… Si me vais a poner la excusa de que esta era una primera vez y tal, pues bueno. Para la segunda ya no me vale. Porque hablamos mucho de creatividad, pero lo que hace falta es que se note, que se haga presente… PASEMOS A LA ACCIÓN!!!

El Nuevo Tempelhof



Ya he blogeado antes sobre el aeropuerto de Tempelhof, su historia, su cierre en octubre de 2008 y las acciones de protesta que reivindican el uso público de sus aproximadamente 300 hectáreas, un gigantesco espacio vacío al sur de Berlin. El pasado fin de semana, el folletín tuvo un nuevo capítulo, un capítulo histórico, anunciado, pero no por ello menos intrigante. Tempelhof, que desde el cese de sus actividades había permanecido cerrado excepto para algunos eventos puntuales, abría por fin la verja, transformado en un parque, según dicen, más grande que el mismísimo Central Park.

El asunto me interesa especialmente porque -los asiduos del blog igual lo recuerdan- mi casa se encuentra a pocos metros del antiguo aeropuerto, en el barrio de Neukölln, una de las areas directamente afectadas por el cambio. Cuando llegué aquí en diciembre de 2008, corrían rumores de que el metro cuadrado en Neukölln era el más barato de todas las capitales europeas. Igual lo sigue siendo, no lo sé, pero sin duda no por mucho tiempo. Para los que conocen Berlin, aclaro que no me refiero a la zona conocida como Kreuz-Kölln (un poco más al norte, junto al canal), que ya inició su proceso de gentrificación hace años, como extensión natural del bohemio Kreuzberg. El Neukölln del que hablo es el Neukölln-Neukölln y concretamente la zona situada en lo alto de la colina, junto a Hermannstrasse. Por citar algunos indicadores: aquí todavía no existen ni peluquerías modernas, ni tiendas de ropa bonita, ni cafés con wifi. Para tomar una cerveza marchosa casi la única opción es el Syndicat, un bareto de anarquistas anti-fascistas, de madera vieja, con billar, lleno de gente y de humo, abierto hasta tarde. Salvo en la arteria principal la mayoría de las lonjas están desocupadas y muchos pisos también. La población es mitad familias turcas, mitad familias alemanas con sus perros. Hay algunos locales de tufillo neonazi, es cierto, pero el día a día es de lo más apacible, como mucho algunos borrachos que regresan a casa hablando solos. Se sabía que los cambios eran inminentes (ya en diciembre una inmobiliaria compró toda mi calle y otras dos más) pero por lo demás la vida seguía como siempre, subiendo la cuesta en bici para tomar la última en el Syndicat.



Pues bien, he aquí que a esta entrañable aldea gala ha llegado un plan urbanístico. Como corresponde a todo proceso de gentrificación, hay que crear nuevos imaginarios. Por un lado, Neukölln ha empezado a salir en las revistas de ocio como el nuevo foco de la vida nocturna y artística de Berlin (cosa que por supuesto es falsa pero que puede acabar haciéndose realidad a fuerza de repetirla). Por otro, se ha recuperado un viejo nombre para distinguir esta zona del resto de Neukölln aún sin regenerar: Schiller Kiez, que define lo que hasta ahora no es más que un paquete de calles sombrías con un parquecito putrefacto y una iglesa a la que no va nadie. En los últimos meses ya han abierto algunas galerías y estudios de artistas muy low-key, al estilo downtown Manhattan de los primeros ochenta: iniciativas independientes, minoritarias, de perfil económicamente bajo pero culturalmente avanzado. Además, el parquecito putrefacto está en obras, las calles sombrías adornadas de flamantes carteles que dicen Se Alquila.

Aquí también, el papel de la inversión privada es imprescindible (más si cabe que en otras ciudades porque, debido a la peculiar historia de Berlin y los 20 costosos años de reunificación, las arcas municipales están al borde de la quiebra). Sin embargo, a diferencia de otros casos de regeneración urbana, la llamada al capital privado se disimula: el caso de Tempelhof no deja de dividir a la opinión pública y existen otros precedentes (como Media Spree y las aciones de protesta Spree für alle) en los que, debido a la movilización ciudadana, la adminstración ha tenido que dar marcha atrás y devolver el dinero a los inversores. Ahora vuelven con pies de plomo y un lenguaje renovado.



El parque. El grueso de la superficie, toda la parte central, está efectivamente destinada a ser un gran espacio verde que será financiado con un evento megalomaniaco tipo exposición universal pero en este caso, de parques y jardines: el GIA 2017. Hasta entonces no habrá árboles y el uso de las zonas verdes está escrupulosamente clasificado: aquí los perros, aquí las barbacoas, aquí los juegos de balón. Tenemos un parque, ciertamente, pero comparado con los otros parques de Berlin, este es un poco carcelario.

Las zonas residenciales. Los planos publicados por el ayuntamiento de Berlin (como el de arriba) se han diseñado de tal forma que parece que esas zonas de color marrón, que llaman “local neighborhoods” (barrios locales), son las casas de los alrededores, las que ya existen. Pero no. Estos “barrios locales” están fuera del perímetro del parque futuro pero dentro del actual, justo delante de las viviendas que hasta ahora tenían vistas al parque, que dejarán de tenerlas y pasarán a ser el patio trasero de las nuevas residencias, una especie de Park Avenue berlinés.

Los proyectos pioneros. Así se llama a las iniciativas de explotación del espacio de Tempelhof. En los paneles del ayuntamiento se explica la importancia del espíritu pionero en todos las transformaciones históricas que ha vivido la urbe y se anima a las personas con ideas emprendedoras a presentarlas para dar forma al Berlin del siglo XXI. En ningún momento se habla de inversión ni de capital privado. Es lo mismo, pero pioneros, desde luego, suena mucho mejor. La zona norte será para usos deportivos y culturales; la zona este para viviendas; la zona oeste para un proyecto que ya tiene nombre y mala pinta: "Science Creates Culture" (file under: 22@ barcelonés, zorrozaurre bilbaíno, etc.).

La terminal. Aquí el ayuntamiento y los inversores se enfrentan a otro escollo: la memoria del nacional-socialismo. De todos los edificios de arquitectura nazi que quedan en Berlin, Tempelhof es el más notorio, por su ubicación despejada y su tamaño monumental. Con la experiencia del puente aéreo en 1948-49, se desnazificó pero pasó a representar la división de Berlin en dos mitades y dos historias. De cualquier ángulo que se mire, Tempelhof es el símbolo de muchos malos recuerdos que la sociedad alemana no ha acabado de digerir. La estrategia pues, consiste en re-escribir su historia como una sucesión de momentos continuados, desde los primeros vuelos a campo abierto a principios del siglo XX hasta los nuevos usos programados en la actualidad. El Tercer Reich y la división son unos momentos más de la historia de Templehof, pero no los más relevantes.

Continuará (sin duda).

Mis fotos de Tempelhof.

Otros posts sobre Tempelhof:
Tempelhof auf vidersehen
Do you remember West Germany?

Otros posts sobre Berlin, su historia y arquitectura:
Fantasmas de Berlin I. La arquitectura posnacional
Fantasmas de Berlin II. ¿Qué estás mirando? ¿Nunca has visto un muro? (graffiti en el Muro de Berlin)

Los American Psycho de la economía global



Dirigida por el fundador de Wallpaper*, el snob y muy bien informado Tyler Brûlé, la revista Monocle encabeza mi lista de lecturas viciosas. En la portada se define como “a briefing on global affairs, business, culture & design” pero secretamente Monocle va de inversiones. No de las de comprar pisos para reformar en barrios gentrificables de ciudades de moda, ni franquicias de telefonía móvil, ni parques temáticos en reservas naturales o rollos así de nuevos ricos a lo Gil y Gil. No. Inversiones de qualité. Por ejemplo: una clínica de trasplantes en Abu Dabi, un periódico financiero en Singapur, un estudio de arquitectura sostenible en Noruega, una empresa familiar de alpargatas hechas a mano en Menorca, una galería anticuaria en Johanesburgo, un restaurante de comida macrobiótica en Rio de Janeiro.

En Monocle son tan elegantes que nunca utilizan las palabras comprar o vender, jamás hablan de dinero, los términos crisis, recesión o decrecimiento sencillamente no forman parte de su vocabulario. Son auténticos ganadores que conversan entre ellos sobre los buenos pequeños negocios que hay por hacer en el mundo, despiadados e impecables, con estilo y naturalidad. De todo lo demás no se dan por enterados.

La compro de vez en cuando en los aeropuertos muy internacionales y la leo siempre dos veces, en el sentido inverso en el que se hacen las lecturas en profundidad. Primero la leo entre lineas, la meta-leo. Por ejemplo, un artículo sobre Kaliningrado empieza así: “Es un enclave aislado del viejo bloque soviético rodeado de países europeos más solventes. Su futuro es incierto, ¿instalación militar o centro de vacaciones? Pero con un liderazgo dinámico y amplias inversiones, Kaliningrado puede sacar partido de su alejamiento”. Traducido: Kaliningrado ofrece una buena situación geográfica para el import-export, poca atención mediática, salarios de mierda, una democracia floja y corrompible y un status-quo asegurado por las bases de la OTAN; es decir, un caramelo. Y así todo el rato, peinando cada rincón del planeta. Luego la leo de nuevo en sentido literal, que viene a ser como la edición extra-lujo del Vogue Italia con mejor gusto, porque el Señor Brûlé detesta las cosas hechas en China y le chifla la artesanía chic: muebles ergonómicos de madera de un árbol fabuloso que sólo crece en las alturas andinas, americanas a medida de lana de ovejas irlandesas de crianza tradicional, cuberterías japonesas de serie limitada. Para colmo, la maquetación, la fotografía, el diseño de impresión, todo es casualmente cool, una mezcla entre la pionera Colours y los anuncios de American Apparel.

La portada de Fortune del ránking de las 500 empresas más poderosas del mundo en 2010, dibujada por Chris Ware y censurada. Para verla en detalle aquí.

Porque no tiene escrúpulos ni ideología, Monocle da un panorama del mundo -de lo que está pasando aquí y ahora- bastante más actual que cualquier fuente de la vieja izquierda al estilo por ejemplo de Le Monde Diplomatique, y lo digo sin ninguna ironía. Una visión del mundo sesgada, incompleta, pero que señala con mucho tino los puntos bisagra del mapa geopolítico (no dónde hay barullo sino precisamente dónde no lo hay), los flujos de capitales (en qué dirección se está moviendo el dinero) y los estilos de vida y consumo (que primero circulan a pequeña escala antes de saltar al ikea, al zara, a la guía turística o al estante del supermercado). Es un ejercicio de perversidad tan bien hecho, tan fino, que me da miedo. Porque sé que esta es la forma en la que se expresa algo que, en defecto de un significante mejor, podemos llamar la nueva derecha. Que no son pro-vida, ni falangistas, ni de la asociación del rifle. La nueva derecha son estos mercenarios con zapatos italianos y en el bolsillo la tarjeta Dinners Club. No parecen conservadores porque no lo son. No tienen opiniones, no tienen vergüenza, no tienen complejos y no tienen dudas. (Y parece mentira pero a estas alturas aún es necesario recordar que el liberalismo no es estar a favor del sexo en grupo sino de la desregulación de los mercados, la vieja ley de la selva en la que los fuertes siempre ganan y si no lo eres ya te puedes dar por jodido, aplicada a escala planetaria).

El cerebro detrás de Monocle es Tyler Brûlé (aquí entrevista), mucho más que un cool hunter: un todoterreno de "el negocio de hacer negocio" que como buen personaje tiene detrás su pequeña historia de supervivencia. Nacido en Canadá, crecido en Reino Unido, empezó de periodista y perdió la movilidad de una mano cubriendo la guerra de Afganistán. Además de fundar Wallpaper* -emblemática publicación de tendencias de los noventa que hoy pertenece a la Warner- ha sido columnista de The Herald Tribune y The Finantial Times, ha dirigido agencias de diseño y consulting, ha hecho televisión, es miembro de consejos de dirección de empresas influyentes y en 2006 ocupó el puesto nº37 en la lista de los gays y lesbianas más influyentes del mundo. Un mundo que, efectivamente, está cambiando a una velocidad vertiginosa. Y sí, lo escuché en una charla hace poco, no recuerdo a quién: hay que inventar palabras, revisar referentes y ponerse a estudiar economía.
Un artículo de Ricardo_AMASTÉ (buen amigo y bloguero sin blog) publicado originalmente el 2 de abril 2010 en el suplemento Mugalari del diario GARA.

Ante la situación de cambio y proliferación de centros de producción artística en Euskadi, cabe preguntarse si alguien ha consultado en algún momento a l*s artist*s y a otros agentes del medio, qué es lo que necesitan y para qué. Esta sólo es una de las posibles respuestas.


Estudiantes de Bellas Artes encerrad*s contra Bolonia (foto: Alejandra Bueno)

Desde el arte como estado de excepción, a su disolución en el sistema cultural y/o en la vida cotidiana. Abrir interrogantes, producir interferencias, forzar los lenguajes, buscar nuevas subjetividades, imaginar respuestas diferentes, ilusoriamente útiles-inútiles. Desde la estética de lo político, a la ética del deseo. De la bohemia al estrés, poniendo en juego todas las contradicciones como ¿nuevo? juguete del capitalismo. Desde el individuo, el grupo, la banda, la asociación, el lobby, el ismo, desde la red difusa, desde la multitud. Desde el estudio, el taller, el laboratorio, la oficina, la factoría, la asociación de barrio, el aula, la barricada. sin salir del cubo blanco, entrando y saliendo, desde casa. Desde lo privado, desde lo público…

Una enumeración incompleta de posibilidades sobre desde dónde y cómo ejercer la práctica artística y/o generar arte hoy. Todo ello, sólo para servir como marco a la pregunta ¿cómo podrían-deberían ser las infraestructuras desde las que se proyecte-produzca-proyecte el arte contemporáneo? Y ¿Cuánto deberían tener de hardware y de software? ¿Cuánto dedicarse a experimentación básica y a experimentación aplicada? ¿Necesitamos espacio, dinero, tiempo, recursos, complicidad, herramientas, red?

Para no dar vueltas al asunto desde la generalidad global relativista, podemos tratar de analizar todo esto desde una perspectiva local, fijándonos en lo que está pasando a nuestro alrededor.

En pocos años hemos pasado, de cuando poco era mucho, a la sobreabundancia que probablemente, paraliza, genera desinterés y/o no sirve para aquello que primeramente debería de servir. Porque esas grandes y sobrediseñadas infraestructuras que están proliferando, en gran medida se hacen en nombre del arte y/o de la cultura, pero con otros fines instrumentales: estrategias de marca, de territorio, económicas… Sea como sea, casi siempre de espaldas a quienes supuestamente se dirigen: artistas y otros agentes, que son l*s principales dinamizador*s, productor*s de conocimiento, de sentido; y a un público al que en vez de apelar como receptor y posible emisor, se trata como masa.

Así, aparecen nuevas entidades, se multiplican los contenedores, se diversifican las actividades, se solapan las programaciones, un remix de logos, donde prima lo cuantitativo frente a lo cualitativo. Todas surgen en un momento de crisis o indefinición donde lo expositivo ya no es la piedra angular, sino parecen serlo la producción y la post-producción. Todo pretende ir hacia delante, pero sin abandonar la inercia. Y sin pensar realmente hacia donde quiere ir cada cual. Todas surgen para apoyar a las artistas, para que puedan crear en mejores condiciones (“mejor” no significa que no siga siendo desde la precariedad), pero para que lo hagan productiva y eficientemente. Incluso la universidad, con el Plan de Bolonia, se orienta principalmente, no ya a la experiencia y al conocimiento, sino a la generación de buen*s profesionales para la producción. Porque la maquinaria no puede parar. ¡Más madera!

En poco tiempo hemos pasado de que Arteleku fuese un catalizador generador de contexto a que sea un centro ciertamente descontextualizado. Mientras, en el horizonte aparecen Tabakalera, Krea, Alhóndiga. O el delirio de un nuevo Guggenheim, también pensado, cómo no, como un espacio no sólo expositivo, sino de producción, mejor aun, de producción exhibida en tiempo real. ¡Qué no son gigantes, qué son molinos!... ¡Pobre Sancho!

Todo grandes equipamientos, fuera de la realidad del momento. Porque ni hay suficiente masa crítica (ni estrategias para generarla), ni una idea de sistema, ni suficiente dinero. Y el que hay, se gasta en poner más piedras. Eso si, se deja un pequeño margen para “material fungible” (un, digamos curioso concepto, con el que en Bilbaoarte se pone límite a qué pueden y no pueden dedicar la cuantía de su beca l*s artistas –para evitar el derroche y el dislate-).

Y por qué. Porque se sigue sin querer entender que para que el arte suceda no hay unas condiciones concretas que se puedan proveer-reproducir-franquiciar. Se trata más bien de generar un sistema flexible que permita fluir en libertad. (Im)posibilitar cuando sea necesario, en lugar de imponer por la norma o la moda. Un ecosistema para generar más conversaciones. Y estas pueden darse en el baño de un bar a las dos de la mañana, a través de Skype, en el estudio al que acudes diariamente o no, en el monte, con un lápiz, un ordenador, una cámara, la palabra, desde el DIY, la producción industrial, la biopolítica…

Por mucho que se insista, no hay recetas. Y cada vez menos. Por eso, los centros de producción no tienen sentido, si sobre todo no son lugares de encuentro abiertos al mundo, para el intercambio, la colaboración, la hibridación, el conocimiento, el conflicto. Así, si se quiere invertir en la producción de cultura, que se invierta en fomentar la (bio)diversidad del ecosistema cultural, en la generación de contexto, de posibilidades, en el momento, en el lugar y con los recursos que en cada caso sean necesarios. Sin estrategia fija. Dirán que esto es insostenible. Pues hagámoslo de forma equilibrada, redistribuida y reproductiva. Aquí mismo hay resquicios y excepciones que pueden servir de ejemplo. Porque lo verdaderamente insostenible, es lo que impera actualmente.


Necesitamos nuevos modelos para conceptualizar el trabajo posindustrial

o inmaterial o creativo o como queramos llamarlo,
que es sobre todo de orden mental, relacional y emocional.


Ninguno de los participantes en el Cultivo de Microbios de Zemos98 sabíamos lo que íbamos a hacer allí. Pero nos habíamos comprometido a una cosa: el primer día teníamos que llegar con algo para compartir. Ya que desde el festival nos llamaban “encuentro experimental de microorganismos culturales”, quise proponer un tema que, aunque jamás sale a escena, en realidad nos carcome las entrañas como una plaga de termitas. No es el dinero. Es el tiempo de trabajo.

¿Qué es tiempo de trabajo y qué no lo es? ¿Cómo se cuantifica el tiempo de inspiración? ¿Qué significa perder el tiempo? ¿Todos los tiempos son iguales o hay diferentes calidades, texturas, intensidades de tiempo? ¿Cómo se valora la productividad de los “microorganismos culturales”?



La hipótesis es que el concepto de tiempos de trabajo que manejamos está obsoleto.
Está pensado para la fábrica, para el trabajo en cadena, para la serialización. Es un concepto industrial. Si te ganas la vida metiendo tornillos en cajas, distinguir entre cuando trabajas y cuando no trabajas está muy claro. Meter tornillos en cajas es trabajo, la pausa del bocadillo no. Te la pagan porque para seguir metiendo tornillos en cajas necesitas comer. Pero mientras lo haces, otra persona puede ocupar tu lugar en la cadena y la producción continúa. Se puede rotar a un empleado por otro, cuantificar sus tiempos, programar las tareas y optimizarlas con formulas matemáticas. Cuanto más tiempo pases en la cadena, más tornillos meterás en cajas. Y si no lo haces, salta a la vista. En las actividades intangibles no es así.

En las actividades intangibles los tiempos de producción y los de reproducción se confunden.
No se pueden cuantificar ni programar, no son serializables ni industrializables. Y además quedan fuera de control porque nadie sabe lo que te pasa por la cabeza.



La economía feminista distingue entre lo productivo y lo reproductivo.
En la parte superior de este esquema está la economía productiva que corresponde con la dimensión pública de la sociedad: la fábrica que produce bienes y entrega dinero a cambio de trabajo y el hogar que devuelve el dinero al circuito económico en forma de consumo. Cuando se habla de economía se habla sólo de esta parte: es la economía visible.
La parte inferior corresponde a la economía reproductiva. Es lo que no se ve y no se cuantifica, y que mayormente tiene lugar en el ámbito privado de la sociedad: la familia, el hogar o la persona. Aquí tienen lugar los trabajos de cuidados como los afectos, la salud, el bienestar físico y emocional, la comunicación interpersonal, la vida comunitaria o el desarrollo de valores culturales, entre otros. Es la parte invisible, o invisiblizada, de la economía.
La economía feminista nos dice algo que es de cajón: los trabajos de cuidado son trabajo y producen valor, y sin ellos el conjunto de la economía se vendría abajo. Ambas dimensiones son co-dependientes y se retroalimentan.



Como “microrganismo cultural” ¿cuáles son mis tiempos de producción y reproducción?
Si traslado el esquema económico clásico, concebido para el conjunto de la sociedad, a la escala de mi vida es evidente que tanto mis tiempos de producción (delante del ordenador) como mis tiempos de reproducción (mientras hago la comida por ejemplo) constituyen y producen valor. Pero no sólo en el sentido que indica la economía feminista.

Mis tiempos de reproducción son tiempos de producción pura.
No es que necesite comer para seguir pegando golpes al teclado. Es que mientras como, o mientras voy en bici, o mientras hago cualquier otra cosa que no sea estar delante del ordenador, sigo pensando. Sigo tomando decisiones, buscando el enfoque adecuado, dando vueltas a las ideas... Sigo produciendo. (Por ejemplo, para los que me preguntan que de dónde saco tiempo para hacer un blog: es que los posts los escribo en la cabeza mientras friego los platos que, como es tan repetitivo, me pone la mente en un estado superzen que delante de una pantalla no alcanzo ni de lejos).



En el caso de los “microorgamismos culturales” es aún peor.
No sólo trabajamos mientras fregamos los platos. Cuando salimos, cuando vamos a un concierto, cuando leemos un libro (por placer, sin finalidad), cuando nos emborrachamos como cubas también estamos trabajando. Seguimos procesando información, inspirándonos, aprendiendo, conociendo gente... haciendo cosas que forman parte de nuestros activos o nuestro capital, que son recursos y herramientas de trabajo. En mi caso además, me paso la mayor parte del día literalmente pensando en las musarañas, que son mis compañeras de trabajo.
El lado oscuro de esto es el trabajocolismo que afecta a muchos de nuestros compañeros y se hace notar especialmente en el caso de que, por ejemplo, tu pareja se dedique a otra cosa completamente distinta (esta es la verdadera razón de la endogamia del mundo cultural: prefieren estar entre ellos para que se les note menos).



Tiempos de inspiración, tiempos de expiración, tiempos acordeón.
Como hacer un prototipo basado en lo de las musarañas parece poco serio -y ya me doy cuenta de que huele a justificación de una caradura de mucho cuidado- le he buscado palabras más técnicas. Los tiempos de producción ahora los llamo tiempos de expiración (copiado del mailing de cultivo#12). Los de reproducción, tiempos de inspiración (idem). Y luego tenemos los tiempos acordeón que varían en función de infinidad de variables como el estado de ánimo, la climatología, los plazos de entrega, la concentración, el calendario de eventos, la vida amorosa, etc.
Los tiempos acordeón son los que regulan el reparto entre inspiración y expiración. Y como ya habrás comprendido a estas alturas, constituyen la verdadera coartada.

Descargar Economía Creativa para el Underground #2 (en PDF).
Descargar Economía Creativa para el Underground #1. “Be creative under-class! Mitos, paradojas y estrategias de la economía del talento” (en PDF en la Biblioteca YP).