Sigo con el resumen de The Ghosts of Berlin, mi “biblia” de introducción a la historia de Alemania. En Berlin -que es tan cool, tan cosmopolita, tan posmoderno- es fácil perder la perspectiva y olvidar que hasta hace 20 años esta era una ciudad partida en dos, que la mitad de los alemanes han vivido parte de sus vidas en un país de la órbita soviética. Algo que por mucho que le dé vueltas me sigue pareciendo ciencia-ficción (como que en este preciso momento estén cayendo bombas en Baghdad) y que, por eso mismo, insisto en tener presente. Ayer 3 de octubre fue día de fiesta en Alemania, se celebraba justamente la Reunificación. Además de los actos oficiales, también se organizaron eventos en contra. ¿Contra qué? les pregunto a mis compañeros de piso. Lo tienen super claro: contra la idea misma de una nación Alemana.
(esto es como asistir de público a una terapia de grupo...).


La frontera entre Alemania del Este y del Oeste (el muro era lo de menos: es lo que aparece con el nº11).

The Ghosts of Berlin empieza con un capítulo dedicado al Muro. Super popular pero no por ello menos anómalo: un monumento “accidental”, una frontera convertida en símbolo. Todavía hoy se discute sobre la idoneidad de conservar sus restos o no, sobre qué zona es la más adecuada para ello (¿el centro? ¿la periferia? ¿en el este? ¿en el oeste?) y sobre qué interpretación darle (¿la división entre dos proyectos políticos enfrentados? ¿la Alemania unida? ¿la victoria del frente occidental?). Casi siempre estas discusiones reflejan la división entre la Alemania del bloque capitalista, rica y vencedora, y la del bloque oriental que siente que su historia es sistematicamente despreciada y silenciada, como si nunca hubiera existido algo llamado RDA. No es una discusión sobre si el régimen político comunista era o no totalitario; (casi) todos los alemanes están de acuerdo en que lo era. El debate reside en que para los berlineses del este, borrar todo rastro de la RDA equivale a privarles de su singularidad, eliminar de la historia los cuarenta años durante los cuales sus vidas fueron distintas. Es un debate sobre la pluralidad y las diferencias dentro de la propia sociedad alemana.


Palacio de la República, 1977.

El edificio que más ha simbolizado la división entre el este y el oeste ha sido el Palacio de la República. El Palacio de la República era la sede del "parlamento" de la RDA, construido en pleno centro urbano sobre las antiguas ruinas del antiguo Palacio Real de los Hohenzollern. En 1990 después de la reunificación, el gobierno alemán decidió destruirlo -porque era muy feo, porque era un símbolo del régimen socialista, porque había que darle un aire nuevo al centro de la ciudad- y se encontró con una enorme oposición ciudadana.


Palacio Real, 1920.

La polémica fue tal que en 1993 se organizó una gran exposición sobre la historia de ambos edificios para que los berlineses manifestaran su opinión. Concretamente si querían conservar el Palacio de la República como parte de la historia reciente de Alemania o destruirlo para en su lugar... ¡volver a construir el Palacio Real! De hecho durante una temporada después de la caida del muro, el Palacio de la República estuvo cubierto con una gran lona que representaba la antigua sede de los monarcas. Un debate sobre la relación entre la memoria y el paisaje urbano en Alemania pero también sobre la dificultad de elegir un periodo histórico con el que identificarse. Muchos que estaban de acuerdo con la destrucción del Palacio de la República no querían que fuera sustituido por un edificio real: “Las democracias no necesitan palacios”.

La discusión ha durado años y el Palacio de la República está siendo destruido ahora. Finalmente se reconstruirá una réplica del Palacio Real (al más puro estilo Disneylandia).

Sobre la destrucción del Palacio de la República: Brokedown_Palast en Google Video.


>> Destrucción del Palacio de la República, 2008.

4 comentarios:

    como siempre, muy interesante lo que cuentas. yo coincido con casi todo, pero creo que el mayor problema de las dos alemanias no está en el pasado, sino en el presente. todxs lxs alemanxs saben que las dos partes siguen existiendo. de hecho, con lo único con lo que no coincido de tu descripción es con la dificultad en imaginarse que berlín estuvo dividida porque me parece que aún es bastante evidente dónde estuvo/está la división.

    si miras las estadísticas actuales de población alemanas, puedes ver la división en los números: el paro es más del doble en el este, los problemas sociales también (alcoholismo, criminalidad...) y los resultados de las elecciones también son diferentes (con un papel muy relevante de la extrema derecha). un reflejo de esto es la extraña condición de berlín, probablemente la única capital europea que es claramente más pobre que la media del país.

    creo que el problema de alemania es el de siempre: que no se integró el este, sino que se asimiló. el este tenía cosas que funcionaban mejor que en el oeste (algunas importantes, como la educación), pero fueron desechadas simplemente por venir de donde venían. además, se les vendió una imagen a los del este del capitalismo completamente idealizada (la que se vende ahora en cuba desde florida) y después se encontraron con que no sólo no era así, sino que -por su cultura- no estaban preparados para competir en la selva capitalista. nadie del oeste contrataba a alguien con acento del este porque eso era sinónimo de "vago comunista".

    perdona por el comentario tan largo, pero es un tema que me interesa mucho ;)

    liebe grüße aus wien!

     

    se me olvidaba recomendarte un libro si estás interesada en el tema de los graffitis del muro: "verboten: berliner mauerkunst" de ralf gründer (ed. böhlau, 2007). cuenta toda la historia del arte en el muro con bastantes fotos. a mí me gustó bastante...

     

    Hallo Paul! Genial, si lo publico es porque a mí también me parece interesante. Es lo que más me atraede estar en Berlin. Cuando hablo de la dificultad de imaginar la Alemania dividida me refiero a la imagen que tenemos de Alemania desde fuera -desde el sur de Europa especialmente: la vemos como ese pais avanzado de ingenieros rubios que se compran casas en Mallorca. Cuando la realidad del pais es mucho más compleja...
    Lo mismo en el caso de Berlin. Desde fuera parece una ciudad cosmopolita y super cool (donde todo el mundo es artista y tiene un laptop y habla inglés). Y no. Es una ciudad super deprimida economicamente, con una fractura social muy seria.

    Otra cosa es que viniendo del Pais Vasco me resulta muy interesante la relación de los alemanes con la identidad nacional. Cuando les cuento que yo vengo de una ciudad con un equipo de fútbol que sólo contrata jugadores locales me preguntan si la sociedad vasca es de extrema derecha. Tenemos largas conversaciones sobre el tema...

    Un abrazo! (hay vida en Viena?) :-)

     
    On 1/29/2012 4:05 a. m. Anónimo dijo...

    No tener memoria es malo.
    Lo del capital es armar, desarmar sin ver demasiado las consecuencias, sino ganar.

    AeZ