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Lo que hacemos aquí


Traduzco libremente pero con amor a Kai Van Eikels en “From Archein to Prattein: Suggestions for an Un-creative Collectivity”, publicado en Rehearsing Collectivity. Choreography Beyond Dance, un formato de investigación interdiciplinar comisariado por Elena Bastieri, Emanuele Guidi y Elisa Ricci. El dibujo es de Ingrid Hora.

(...) `Si no puedo bailar no quiero ser parte de tu revolución´, un eslogan (falsamente) atribuido a Emma Goldman, ha sido repetido bastante estos últimos tiempos en el mundo del arte. Para mí, siendo alguien que ha pasado muchas noches más o menos paralizado en la periferia de la pista de baile, el problema, a la inversa, consistía en encontrar una revolución que no me obligara a bailar – o más precisamente, que no me obligara a unirme a el baile: un movimiento político cuya organización separara la participación de la disciplina de la danza que te obliga a interiorizar un compás, una medida objetiva a la que se espera que se someta todo el mundo.

(...) El cambio para mí vino cuando descubrí que hay otra manera de entender la participación.

(...) Dejé de buscar el colectivo adecuado – el colectivo que fuera bueno para mí y bueno conmigo, el colectivo en el que nadie me preguntara `Y tú, ¿qué haces aquí?´. El primer texto que publiqué sobre un tema explícitamente político analizaba las implicaciones de este `Y tú, ¿qué haces aquí?´ (una frase tomada de la película de Godard Éloge de l´amour), que obliga a todo el que quiere participar en el activismo político a detenerse y hacer una declaración en el borde informal y socio-performativo de una asamblea. Y dejé de buscar un colectivo que no me presentará su identidad colectiva en la forma de un compás, una regularidad rítmica objetivizada que confrontara mi deseo de participar con una afirmación autoritaria de `Así es como hacemos las cosas aquí´.

(...) En lugar de esta interminable búsqueda de la buena institución o evento colectivo en el que enrolarme, la idea de actividades colectivas dispersas y auto-organizadas me llevó a mirar hacia aquellas colectividades de las que ya formaban parte las varias cosas que yo hacía.

(...) Una investigación de las dinámicas que Kevin Kelly ha llamado `swarming´ (enjambre) y Howard Rheingold `Smart Mobs´ (multitudes inteligentes), y a las que Clay Shirky se ha referido con la burda pero no del todo inapropiada expresión de `Here comes everybody´ (aquí viene todo el mundo), me llevó hacia un desplazamiento de paradigma en mi forma de pensar el “muchos”.

(...) Este desplazamiento no es sólo del colectivo a la colectividad, esto es, de una entidad representada a sus efectos organizacionales, sino también de la participación entendida como expresión de ser parte hacia la participación entendida como partes de mí, cosas que hago o partes de cosas que hago, sincronizándose con cosas o partes de cosas que hacen los demás.

(...) La sincronización es el proceso de afinar diferentes ritmos de movimiento o acción; un proceso que es mutuo y que nunca puede ser asociado con un único origen (a diferencia otras formas de influencia que se producen en una sola dirección, como la resonancia). La sincronización ocurre entre `osciladores´, es decir agentes que generan cada uno de ellos ritmos individuales. La sincronización necesita un medio que transmita la información en todas las direcciones entre todas las partes implicadas.

(...) Aunque en su acepción convencional, la palabra `sincronicidad´ se usa en el sentido de coincidencia temporal exacta, es importante señalar que la sincronicidad auto-inducida nunca lleva a una perfecta uniformidad sino que mantiene siempre una diferencia entre los ritmos, aunque esa diferencia sea muy sutil o por debajo del umbral de nuestra percepción.

(...) Los procesos de sincronización no crean una entidad de un nivel superior, que convierta a los agentes sincronizados en partes de una totalidad que sea algo más que las partes que la componen. Por ello, las constelaciones colectivas que emanan de este tipo de procesos son transitorias y reversibles. 

(...) La participación mediante sincronización no me involucra como un todo, como una entidad que puede ser parte integral de una entidad mayor. Me involucra como una ´individualidad divisible´ por tomar las palabras de Bertold Brecht: como alguien cuyo modo de existencia, de atención hacia el mundo y hacia sí mismo, es el de la distracciónPorque mi atención siempre estará dividida, por mucho que intente concentrarme, lo que hago siempre tendrá que ver con muchas colectividades a la vez. Parafraseando a Heinrich von Kleist, se puede decir: no soy yo quien participa con una parte de mi atención, sino más bien una cierta parte de mi atención que performativiza la participación.

(...) La respuesta a la odiosa pregunta `Y tú, ¿qué haces aquí?´ es: Lo que yo hago aquí es parte de lo que constituye este aquí.

Este texto aparece en un fanzine editado por el colectivo Erreakzioa-Reacción con motivo de la propuesta Erreakzioa-Reacción. Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo en el MUSAC de León. Junto con el fanzine, Erreakzioa-Reacción presentan también una instalación para el espacio Vitrinas del museo en la que revisan su trabajo desde 1994, a caballo entre la práctica artística, la teoría y el activismo feminista. Todo ello ocurre de manera simultánea a la exposición colectiva Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 que puede visitarse hasta el 6 de enero del año que viene. 

En él, como se aprecia en el título, regreso a uno de mis básicos, el cruce entre tecnología y feminismo, para intentar responder a algunos de los interrogantes contenidos en la sentencia que lo abre: "No se puede ser ecofeminista y ciberqueer al mismo tiempo"

Es esta una disyuntiva falsa y que nos limita. Pero una disyuntiva a la que se llega sin demasiada dificultad manejando las teorías que hoy muchas de nosotras tenemos bajo nuestras manos. ¿Necesitamos más teorías? En mi opinión, nos sobran. Tal vez lo que nos hace falta es formular otras preguntas, añadir nuevos elementos a las preguntas que ya tenemos, revisar los elementos que se nos han quedado viejos (y descartarlos sin complejos), cambiar de aires, cambiar de prioridades o cambiar de vocabulario. 

No consigo nada de esto, ni de lejos. Modestamente intento un despeje de terreno (para uso propio, en primer lugar) aún a riesgo de pringarme de barro hasta las rodillas, que es lo que acabo haciendo al final. 

Necesito y agradezco feedback. 

El texto se lee aquí mismo y se descarga pinchando en el título: 




Je suis venue te dire que je m´en vais

Como Gainsbourg, yo también vengo a deciros que me voy. Pero sólo un rato. Llevo varios meses enfrascada en la edición del libro recopilatorio de Soft Power, que deberá entrar a imprenta justo después de navidad. 




















La brillante idea de combinar la ansiedad que de por sí dan esas fiestas con la que te provoca cerrar la edición de un libro, sobre todo si es la primera vez, no se me ha ocurrido a mí. Son cosas del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, que responde a las convocatorias de subvenciones en pleno mes de agosto, te entrega el dinero (sólo una parte) a mediados de noviembre y te exige que concluyas el asunto en enero. Ellos dicen que es por cuestiones de burocracia; yo estoy convencida de que es una forma de volver a seleccionar a los solicitantes por su capacidad de resistencia y gestión del equilibrio psico-emocional. 

Que coincida con navidad es aún más jodido en el caso de este libro, pues está lleno de referencias a la industria de la alimentación que, como sabeis, cría a las vacas en sus propias heces, ceba a los pollitos con hormonas que les hacen crecer tanto las pechugas que se arrastran por el suelo y, en general, nos está envenenando lentamente con un montón de porquerías. 

El libro será algo entre un catálogo de los proyectos presentados - con sus textos, sus imágenes y en algunos casos, re-ediciones de los materiales gráficos - y una recopilación de textos breves de gente que ha participado o han sido una influencia de peso para el proyecto. El diseño y la maquetación los hace Susanne Probst. La publicación y posterior distribución corren a cargo de la productora de arte consonni. El libro se podrá descargar online y comprar en las tiendas. 

Así que, salvo que me dé un brote de madrugada, probablemente el próximo post será para decir que el libro ya existe, que pesa, que huele y se puede tocar, y que está lleno de errores de los que (espero) sólo me dé cuenta yo. Os deseo unas felices fiestas.


Como se puede comprobar, este post está anticuadísimo (la revolución, que no da tregua). Lo dejo como está, en versión reliquia. Para updates sobre el #15M, visítame en @ptqk o mi perfil en Facebook. Si estás en Berlin, pásate por Democracia Real Ya Berlin. Y recuerda: no nos mires, únete. Esto no se para ;-)
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Plaza del Sol, Madrid, late May 2011.

This is an on-going directory of digital resources in English to follow the protests in Spain and take them a step further into global action. It has not been updated since June 1st, and it won´t be. For updates in English, follow @takethesquare. If you read Spanish, sígueme.
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Como mucha gente, llevo una semana de infarto, abandonando todo lo pendiente por razón de excepcionalidad (pido disculpas a editores y colaboradores varios: dedicarme a cualquier otra cosa me parecería una farsa), durmiendo poco, comiendo mal, tuiteando y retuiteando, blogueando, contestando mails, acudiendo a las asambleas de #acampadaberlin, leyendo crónicas y artículos y a pesar de todo, pensando mucho. Posiblemente, también, pensando sin demasiada lucidez, sintiendo más que pensando, se podría decir, o pensando con el cuerpo y los sentidos que es -y lo creo profundamente- la mejor forma de pensar; lo sé por experiencia: mis tripas son mucho más inteligentes que yo.

Esta semana he llorado tres veces. La primera, viendo el streaming desde Plaza del Sol el viernes a medianoche. La segunda, el domingo por la mañana leyendo las notas “de urgencia” de Amador Fernández-Savater, que no es que sean más emotivas que otras pero por alguna razón misteriosa me hablan con una intimidad sorprendente. La tercera, y la más imprevista y la más violenta, fue el lunes -parece que esto va ser diario y lo diré: no soy de lágrima fácil- al leer una frase de un texto de Fabián Casas publicado en el nº 2 de Orsai; una frase que, sacada de contexto es totalmente banal e incluso dentro de él tampoco es para tanto: “Mi padrino también era fanático de la radio”.

Que rompa a llorar como una tonta con una frase tan inofensiva supongo que tiene que ver con algo que se dice por ahí y que suscribo: esto es el inicio de algo, estamos de acuerdo, pero no viene de la nada. Cada cuál tiene su historia. La mía, en lo que al 15M se refiere, está directamente conectada con años de vida social a través de internet. Por vida social entiendo hacerse amigos, enamorarse, intercambiar lecturas, impresiones, canciones y cromos, crear espacio público y experimentarlo con sus límites y sus potencialidades, construir redes de afecto, abrirnos nichos de confianza, fundar familias distribuidas y solidaridades reales. Por a través de internet quiero decir con las redes sociales (también las de antes de que se inventara el término) como canal de comunicación y como territorio que siempre -y digo siempre- tiene su impacto en el lado de las cosas que se tocan. Lo llaman desvirtualizarse, pero es algo más: es crecer en común, es inventarnos juntos una posibilidad de vida, es lo que en palabras de otra generación se llama haber leido los mismos libros. Que no tiene nada que ver con libros, que quede claro, aunque ayudan. Tiene que ver con el lenguaje, con el lenguaje compartido que construye un punto de vista común sobre la realidad.

Pero esto pasa en las calles. Efectivamente, pero también: pasa en las calles, porque como decían en otro tuit, ya eramos en potencia una asamblea permanente. Pero esto pasa en las calles. Desde luego, y de ahí no nos vamos a mover, pero necesito (necesito) aclarar algunas cosas sobre qué es eso que pasa fuera de las calles y sobre lo que sigue pasando cuando parece que ya no pasa nada.

Dice Enrique Vila-Matas en un artículo publicado hoy que “los tuits son un atentado contra la complejidad del mundo que pretenden leer”. Lo dice, supongo, sin saber cuánto nos ha influido su literatura a los escritores de lo reticular y lo fragmentario, y quizás porque aún no ha entendido que la complejidad no está en un tuit -aunque los hay que nos unen con la fuerza de un eslógan- sino en la conversación que se teje en tiempo real entre millones de usuarios. Escribimos frases cortas -que por cierto, es un ejercicio de escritura excelente para los que como yo somos más de verbo largo- pero son frases cortas que se contestan unas a otras y que reenvian a frases mucho más largas, a blogs, a videos, a programas de radio, a playlists, películas y documentales, a artículos de prensa, a mediatecas digitales y a listas de lectura como esta, que incluyen referencias bastante más ricas y más complejas que la obra que Vila-Matas cita como biblia de los indignados: el “librito de menos de 30 páginas” de Stéphane Hessel que los medios generalistas proclaman como referente teórico del movimiento. Digámoslo rápido: ese libro es una referencia más, pero no es La Referencia Intelectual de las acampadas. Es la referencia que ha circulado entre los medios de comunicación generalistas y que ellos -que son los que necesitan explicaciones simplificadas, que les quepan en un artículo de prensa y hagan un buen titular- se han copiado unos a otros y han adjudicado al movimiento. Los medios corporativos son hoy mucho más simplistas que el más idiota de los tuits (Vila-Matas: te esperamos, no tenemos ninguna prisa).

Porque es verdad: tenemos todo el tiempo del mundo. Hay una cierta ansiedad, unas ganas de decir esto no sirve para nada y fortalece a la derecha, o sí porque mira qué batacazo se ha pegado el Psoe; una necesidad de análisis rápidos, carpetazos y conclusiones, de adjudicar a los cambios fechas concretas, de encerrar los procesos en estadísticas, de leer la conciencia política en términos de votos, siglas o papeletas nulas. Es cierto, estos días han sido un espectáculo por la cantidad de gente que ha tomado las calles y la rápidez y contundencia de los acontecimientos, y el espectáculo pasará: las acampadas en algún momento se harán menos numerosas o serán desalojadas, empezaremos a hablar y escribir sobre otras cosas, se pondrán de moda otros hashtags, ganarán otras siglas, harán oposición (o pudiendo hacerla, no la harán) otros partidos, parecerá que hemos olvidado. Pero una cosa es el espectáculo de la historia y otra es la historia misma. Porque olvidar, olvidar, sólo olvida la mente. Las tripas tienen una memoria prodigiosa, y un tiempo de digestión más largo.

Diré lo obvio. El 15M es un fogonazo más del cambio de época que, en esos libros de historia a que se refiere Vila-Matas, encontrará su hueco junto a otros acontecimientos mayores de los últimos 10 años y los que vengan. Pero lo que también pasará a los libros de historia -y que será digno de análisis, esta vez sí, con más de 140 caracteres- será el modo en que todos estos acontecimientos están cambiado para siempre el modo de ejercer y entender la práctica política. Que no es lo que hacen los partidos políticos, o el modo en que estos interactuan con los medios de comunicación, las empresas, los lobbies u otras esferas de influencia, no es eso que en el lenguaje común llamamos la política. La práctica política es la manera en que en cada sociedad se gestionan los asuntos que nos afectan a todos.

El ejercicio de la práctica política ha tenido muchas modalidades historicamente, algunas formales -que desde la modernidad más o menos se avalan con los mecanismos jurídicos y legislativos que conocemos- y otras informales, menos visibles, más porosas pero igualmente válidas e igualmente legítimas. Digo esto, en parte, en respuesta a un post publicado por Enrique Dans hace 2 días en el que cuestiona -con evidente nerviosismo- la legitimidad de la asambleas como órganos representativos. Las asambleas informales -no adscritas a una organización con personalidad jurídica- no son órganos representativos desde un punto de vista legal pero sí lo son desde un punto de vista político si entendemos lo político como el espacio y los mecanismos de debate y gestión de lo común. Que aquí y ahora esos espacios y esos mecanismos sean la democracia parlamentaria, sí. Que la democracia parlamentaria agote todas las modalidades de expresión y legitimación de lo político, no.


También en ese nº 2 de Orsai (que se puede leer en línea o descargar aquí) hay un diálogo entre Hernan Casciari, el editor de la revista, y su amigo de infancia y editor adjunto El Chiri, que dice así: “- Antes las revoluciones eran muy esforzadas. El Hombre Corbata era demasiado invencible. Los pueblos sojuzgados hacían revoluciones pero no pasaba nada realmente. Desde el Renacimiento, la cultura fue de los ricos, de los mecenas. Las guerras, de los poderosos. Las personas corrientes siempre fuimos monedas de cambio. Y ahora, de repente, hay una comunicación de base, pero de verdad. El Hombre Corbata intenta controlar, pero ya le cuesta, ya no puede como antes. ¿No te esa impresión? - Sí, pero no soy tan optmista como vos: el diablo también usa Twitter. No solamente el pueblo. Los presidentes siguen dándose la mano durante treinta segundos y fingiendo sonrisa y hablando en secreto. - ¡Pero la gente ya sabe la verdad! Y esto es la primera vez que ocurre, en toda la historia humana. El Hombre Corbata está en decadencia. El careta, el falso, el ruin. Ya no tiene todo el horizonte para hacer sus trapicheos”.

No quiero decir que lo que ocurre estos días sea el inicio de un mundo mejor; soy muy pesimista y estoy convencida de que vamos de cabeza al desastre (en general), pero precisamente por eso todos -todos- debemos tener la audacia y la responsabilidad de no mirar para otro lado y estar a la altura de los tiempos que nos han tocado vivir.

Guía rápida de iniciación a twitter

Por pasos
1. Hazte una cuenta.

2. Sigue a las personas que estén twiteando sobre los temas que te interesan. Esto es lo que se llama "seguir a un usuario" y se hace yendo a la página de twitter de esa persona y pulsando en el botón "Follow". También es útil echar un vistazo a las personas que siguen a ese usuario o son seguidas por él (o ella), porque seguramente tendrán intereses similares a los tuyos. Así te vas haciendo una red de gente que harán llegar mensajes a tu Timeline.
3. El Timeline es lo que ves en tu página de twitter. Son los tuits de las personas a las que sigues y tus propios tuits.
4. Si a otras personas les interesan tus tuits, empezarán a seguirte: son tus "followers". Cuantos más followers tengas, más difusión tendrán tus tuits.
5. Para enviar un tuit a una persona en particular, usa @ seguido del nombre del usuario. Ten en cuenta que ese mensaje será público, lo leerán todas las personas que te sigan.
6. Para ver los tuits que te llegan a ti, vete a "Mentions".
7. Para enviar mensajes privados vete a "Mensajes". Sólo puedes enviar privados a un usuario que también te siga a tí.
8. Retuitea. Si ha llegado información interesante a tu timeline, retuitéla pulsando el botón Retweet o añade "RT @nombre_de_usuario texto del tuit".
9. Consulta los hashtags. Los hashtags son esas palabras que aparecen así: #hashtag#. Son etiquetas para seguir hilos de información en twitter.
10. Consulta los Trend Topics. Los Trend Topics (TT) son los hashtags más populares del momento. Aparecen a la derecha y son distintos para cada país. Puedes seleccionar un país o la opción Worldwide, para ver los más populares en todo el mundo. Los TT priman la popularidad (la cantidad de veces que un hashtag aparece mencionado) pero también la novedad, por eso #spanishrevolution añade nuevos hashtags todos los días.
Bueno, y ya sábes: máximo 140 caracteres.

Para tuitear en #spanishrevolution
Añade a tus tuits el hashtag correspondiente, para que llegue a las personas que estén siguiendo ese mismo hilo de conversación, y el TT del momento, para darle más difusión al TT y mantenerlo ahí arriba!
Lista de los hashtags que se están usando en #spanishrevolution

Sigue el movimiento en tu ciudad
Las acampadas también están organizadas por ciudades, con hashtags (#ciudad#) o cuentas (@ciudad). Busca la de tu ciudad en los hashtags generales y si no existe, creala tú.
Más información sobre #spanishrevolution

Consumer electronics don´t make you hot



Y curiosamente al final de su vida, your gadgets casi siempre regresan al mismo lugar. Según datos de Greenpeace, producimos entre 20 y 50 toneladas de basura electrónica al año y la mayoría se envía a China e India, donde los aparatos son desmontados para revender los metales que contienen, que contaminan la tierra, el agua y a las personas que los manipulan.

Además, piensa que la tendencia se está invirtiendo: en 2011 demasiados gadgets reducen el sex-appeal.




Revolviendo carpetas viejas he encontrado esta tabla que cogí en el año 2006 en la primera edición del festival now, que anualmente organiza el CCCB de Barcelona desde entonces. Han pasado 5 años, que a la velocidad que van hoy las cosas (todas las cosas), es una unidad de tiempo histórica. Por citar dos indicadores: 2006 fue el año en que Facebook dejó de ser un servicio accesible solo para universitarios estadounidenses; y Twitter, la otra gran revolución de las redes, aún no existía. La prehistoria.

Me muerdo la lengua sobre la evolución que han tenido las ideas formuladas en este documento desde entonces. No me refiero a la evolución de las ideas en sí (que basicamente son las mismas hoy; y ahí está la gracia) sino a la transformación de, poniéndome pedante, su lugar de enunciación: su reconocimiento, su mainstreamización, su aplicación... En definitiva, su desplazamiento desde las periferias de lo social, porque el CCCB será institucional pero no es el Camp Nou ni las Ramblas, hasta el sancta sanctorum de la gurusfera más influyente y, dicho sea de paso, menos afín a lo cultural, más de rollo Camp Nou, para entendernos (bueno, estaba claro, se me ha escapado).

Por eso, además de su interés intrínseco, este documento tiene tela por ese otro valor añadido que podríamos llamar de Arqueología de las Ideas. Las ideas cambian y se transforman, se cortan, se pegan y se remezclan, y larga vida al remix. Pero cualquiera que sea el uso que hagamos de ellas, nunca está de más tener presente su genealogía y las condiciones que han favorecido su emergencia. Decir que estas ideas provienen del mundo del arte, como si fuera una esfera autónoma, es una banalidad y una falacia; no hace falta más que ojear una Wired o, si lo hubiera, un wikileaks de los think-tanks norteamericanos de la misma época. Pero sí me parece necesario recordar, ahora que se están afilando las tijeras, que el conocimiento no se recicla solo y que la cultura contemporanea habrá sido un laboratorio o no habrá sido nada, ni siquiera un centro comercial (lo que no es más que otra idea vieja que se puede conjugar en pasado, presente y futuro y glosar y volver a remezclar).

La Europa fantasma


La pegata es parte del proyecto "EUrope, our homeland > Hello Herman" de Jonmar van Vlijmen.

Una de las cosas que te ocurre cuando te vienes a vivir a Berlin, ya lo he dicho otras veces (no hagas caso al aviso de bomba que acompaña a este link, es una broma de Blogger), es que toma cuerpo una parte de Europa que hasta entonces sólo existía como dato abstracto en los periódicos, como recuerdo de las clases de historia o como fantasía de las películas de la guerra fría o la segunda guerra mundial. Pasa como con esos cuadernos para niños con páginas en blanco sobre cuya superficie, si se untaba con un pincel mojado en agua, aparecía un dibujo. No sé si los siguen fabricando pero la sensación es similar. Donde antes no había nada, pop, aparece todo un mundo.

El pasado fin de semana estuve en Cluj-Napoca, una ciudad de Transilvania al noroeste de Rumanía (sí, ese país de donde vienen todos los ladrones de bolsos del mundo, donde en lugar de visitas turísticas en el hotel te ofrecen cursillos de iniciación al carterismo; de hecho allí empezó Sarkozy su carrera en el mundo de los negocios). Pues en Cluj-Napoca, que tiene una arquitectura preciosa que recuerda a la de Viena pero en reventada, casi todos los edificios oficiales lucen dos tipos de placas conmemorativas. Una en húngaro, puesta por la comunidad de ese origen que aún vive allí (y representa un 20% de la población), y otra en rumano, colocada después por las autoridades estatales para recordar que, si alguna vez Transilvania fue parte del Imperio Austrohúngaro, ahora ya no. A esto se añaden los continuos cambios de uso y denominación de los edificios religiosos, disputados entre católicos, ortodoxos y protestantes por un lado y comunistas por otro. Y por supuesto, todos los restos del desmembramiento de la URSS, la llegada de la economía de mercado y, recientemente, la entrada de Rumanía en la Unión Europea en la categoría de país de serie B.

Volviendo a los juegos de niños, este es un mapa de la Europa contemporánea:



¿Conoces el nombre de todos los países? ¿Sábes cuáles son miembros de la Unión Europea tras la última ampliación de 2007? ¿Puedes decir qué países eran parte de la URSS y localizarlos? ¿Sábes cómo eran las fronteras de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y antes de la Primera? ¿Sábes cuál era el terriorio del Imperio Austrohúngaro? ¿Y del Imperio Otomano? ¿Y de Prusia? ¿Conoces el nombre de los mares que aparecen a la derecha del mapa? Si eres capaz de contestar correctamente a todas estas preguntas, enhorabuena. Yo no. Y es historia relativamente reciente.

He volado a Rumanía con una compañía low-cost que no conocía y cuyo personal viste un uniforme que cubre toda la gama de colores entre el fucsia y el lila (aunque vuele a países en los que la homosexualidad aún está perseguida). En el mapa de sus destinos surgen ciudades asombrosas, con nombres que no sé pronunciar: Katowice, Simferopol, Bourgas, Stavanger, Aarhus, Lodz, Tirgu Mures, Larnaca, Turcu, Cluj-Napoca, ciudades que, si no las viera en el mapa, no tendría ni idea de dónde situar, e incluso viéndolas, tampoco estoy segura de a qué país pertenecen.

Durante el viaje iba leyendo un libro escrito por una finlandesa sobre una saga familiar en Estonia, en el que los editores, conociendo el grado de ignorancia de los lectores occidentales como yo, han tenido el buen criterio de incluir también un mapa, tanto de los países Bálticos como del territorio de la antigua URSS. Para seguir el curso de la historia y entender de dónde a dónde viajan los protagonistas, tengo que consultarlo todo el rato. ¿Sabías que Vladivostok está en la costa del Mar de Japón? ¿Y que con Google puedes hacerte el Transiberiano virtual sin moverte de la silla, con banda sonora y todo? Pues yo tampoco.

La cosa es que en el avión me iba preguntando si la nueva cartografía de Europa, la Europa penosa en la que ya estamos viviendo, no será justamente esa, la de los flujos y destinos que aparecen en los mapas de las compañías low-cost que, como sabemos, resultan de la combinación de dos tipos de variables : 1. la cercanía (relativa) de una ciudad transitada y 2. la disponibilidad de un aeropuerto. Así es como, junto a las ciudades que ya existían, han empezado a surgir otras, aparentemente de la nada, igual que esos dibujos invisibles de los libros infantiles: Beauvais (al norte de París), Forli (al sur de Boloña), Skavsta (al sur de Estocolmo), Sandefjord (al sur de Oslo), Cuneo (al sur de Turin) o Girona (que fuera de España tampoco lo conoce nadie). Si además tenemos en cuenta que muchos de esos nuevos aeropuertos son antiguas bases militares norteamericanas, la cosa se pone aún más emocionante. ¿Serían Beauvais o Skavasta una especie de Torrejón? ¿Será un día Torrejón el aeropuerto de Madrid de una compañía de bajo coste, con carteles gigantes anunciando vuelos a 20€ y azafatos vestidos de rosa, en lugar de soldados de la Alianza Atlántica?

Estos son el tipo de pensamientos con los que me distraigo en el avión para quitar el miedo (sí, me da miedo volar, y cuanto más vuelo, más, y si billete me ha costado 20€ y la cabin crew va disfrazada de tecnodisco, ya ni te cuento). Y el libro, pues al final la abuela mata a los mafiosos rusos.
Este texto ha sido escrito para la jornada “Empresa y economía abierta” celebrada en Bilbao el 18 de febrero de 2011 y forma parte de la serie Economía Creativa para el Underground.


La burbuja de la innovación

Descargar "La burbuja de la innovación" en PDF

“The trouble with fiction...
is that it makes too much sense.
Reality never makes sense.”
Aldous Huxley

Cuando me refiero a la innovación como burbuja, lo hago en el mismo sentido que en las expresiones “burbuja inmobiliaria” o “burbuja de las puntocom”. Es decir, fenómenos de carácter especulativo y espectacular, impulsados artificialmente y con gran entusiasmo por los mismos agentes que se benefician de ellos y que surgen normalmente aprovechando una coyuntura favorable. Fenómenos que, por esa misma naturaleza de artefacto y por su alta dependencia de las condiciones coyunturales, suelen tener ciclos de vida cortos. Cuando aparecen nuevos elementos que modifican el contexto o simplemente cuando el fenómeno agota sus posibilidades de desarrollo, el movimiento expansivo acaba con la misma brusquedad con la que empezó. Es entonces cuando decimos que la burbuja ha estallado.

El discurso sobre la innovación ha conseguido captar la atención mediática, movilizar presupuestos y alzarse con mucha naturalidad como un nuevo valor social. Pero como buena burbuja, es un artefacto, es decir, un conjunto de elementos instrumentales impulsados artificialmente y puestos al servicio de una finalidad.

La innovación funciona como burbuja especulativa en la medida en que se basa en un artefacto de naturaleza discursiva y auto-referencial, en el que todo se juega en el plano del lenguaje: los símbolos, las narraciones y los mitos (en otros tiempos, diríamos propaganda) con los que nos contamos a nosotros mismos lo que ocurre a nuestro alrededor. Aunque se apoye en elementos racionalistas, hay que tener en cuenta que la economía no es una ciencia exacta sino una ciencia social, es decir, un ámbito de conocimiento cuyas herramientas intelectuales están más cerca de la psicología o la filosofía que de las matemáticas.

Con esto quiero decir que el analizarla como artefacto, desde el punto de vista de la producción de discurso, no es una aproximación excéntrica o periférica, sino central, puesto que se corresponde con su principal utilidad: fabricar una visión del mundo, con su imaginario, sus reglas de conducta y sus mecanismos de medición. Desde este punto de vista, tanto las ciencias económicas en general como la innovación en particular son campos de saber instrumentales que cumplen una doble función: aportar una descripción de la realidad (una cosmovisión) y proporcionar pautas de actuación para desenvolvernos en ella (una agenda o una hoja de ruta).


Estos son algunos extractos de un artículo de Le Monde que en mi opinión contiene algunas buenas ideas para desmontar “los clichés occidentales que impiden percibir las profundas mutaciones del mundo árabe”. La traducción es mía, rápida y posiblemente patosa, así que agradezco cualquier sugerencia para mejorarla *.

El autor, Olivier Roy, es profesor de filosofía, director de investigación en el CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica) de París, investigador asociado en el Centro de Investigaciones y Estudios Internacionales de Ciencias Políticas, director del Programa Mediterráneo del Instituto Universitario Europeo de Florencia y autor de los ensayos “El islam mundializado” (2002) y “La santa ignorancia” (2008).


Revoluciones post-islamistas
Olivier Roy. Le Monde, 13.02.11
[Artículo original en francés]


La opinión pública europea interpreta los levantamientos populares en el norte de África a partir de un esquema de hace treinta años: la revolución islámica de Irán. En consecuencia, espera ver a los movimientos islámicos, en concreto a los Hermanos Musulmanes y sus equivalentes locales, a la cabeza del movimiento o en la posición de emboscada, dispuestos a tomar el poder. Pero la discreción y el pragmatismo de los Hermanos Musulmanes sorprenden e inquietan: ¿dónde están los islamistas?

Si observamos a quienes han lanzado el movimiento, es evidente que se trata de una generación post-islamista. Los grandes movimientos revolucionaros de los años 70 y 80, para ellos es historia antigua, la de sus padres. A esta nueva generación no le interesa la ideología: los eslóganes son todos pragmáticos y concretas (¡vete!); no hacen llamamientos al islam como sus predecesores en Argelia a finales de la década de los 80. Expresan ante todo un rechazo de las dictaduras corruptas y una demanda de democracia. Esta generación es pluralista, sin duda porque es tambien más individualista. Está más informada y a menudo tiene acceso a los medios de comunicación modernos: no está fascinada ni por Irán ni por Arabia Saudi. Los que se manifiestan en Egipto son precisamente los que se manifestaban en Irán contra Ahmadinejad. Quizá son creyentes pero separan esto de sus reivindicaciones políticas: en este sentido el movimiento es “secular” ya que separa política y religión. La práctica religiosa se ha individualizado.

(...) La democracia que se demanda hoy no es un producto de importación, a diferencia de la promovida por Bush en 2003, que no era aceptable porque no tenía ninguna legitimidad política y estaba asociada a una intervención militar. Paradójicamente, el debilitamiento de los Estados Unidos en Oriente Medio y el pragmatismo de la administración Obama han hecho posible que una demanda autóctona de democracia se exprese con plena legitimidad.

Dicho esto, una revuelta no hace una revolución. El movimiento no tiene líderes, ni partidos políticos, ni estructura, lo que es coherente con su naturaleza pero plantea el problema de la institucionalización de la democracia. Es poco probable que la desaparición de la dictadura conlleve necesariamente el establecimiento de una democracia liberal (...). En los países árabes, el paisaje político es complejo, aún más si cabe por el hecho de haber sido ocultado por la dictadura.

(...) ¿Los islamistas? No han desaparecido pero han cambiado. Los más radicales han abandonado la escena para marcharse a la jihad internacional, y ya no están aquí: están en el desierto con Al-Qaida en el Maghreb islámico, en Pakistan o en los suburbios de Londres. No tienen base social o política. La jihad internacional está completamente desconectada de los movimientos sociales y de las luchas nacionales.

Otra ilusión óptica es asociar la re-islamización masiva que aparentemente han atravesado las sociedades del mundo árabe durante los últimos 30 años con una radicalización política. Si las sociedades árabes son más visiblemente islámicas que hace 30 o 40 años ¿cómo se explica la ausencia de eslóganes islámicos en las manifestaciones actuales? Es la paradoja de la islamización: ha despolitizado ampliamente el Islam. La re-islamización social y cultural (el uso del velo, el número de mezquitas, la multiplicación de los predicadores, las cadenas de televisión religiosas) se ha hecho al margen de los militantes islamistas y ha abierto un mercado religioso sobre el que ya nadie posee el monopolio; además, está en concordancia con la nueva inquietud religiosa de los jóvenes, que es individualista pero tambien cambiante. Es decir, los islamistas han perdido el monopolio del discurso religioso en el espacio público que tenían en los años 80.

Por un lado, las dictaduras en general (pero no en Túnez) han favorecido un islam conservador, visible pero poco político, obsesionado por el control de las tradiciones. (...) Por muy paradójico que pueda parecer, la re-islamización ha implicado una banalización y una despolitización de los referentes religiosos: cuando todo es religioso, nada es religioso. Lo que en Occidente se ha percibido como una gran ola verde de islamización no corresponde en definitiva más que una banalización: todo se vuelve islámico, desde el fast-food hasta la moda femenina.

(...) Otro error es concebir las dictaduras como defensoras del secularismo contra el fanatismo religioso. Los regímenes autoritarios no han secularizado las sociedades, al contrario, excepto en Túnez, se han acomodado con una re-islamización de tipo neofundamentalista, donde se habla de poner en marcha la Sharia sin preguntarse por la naturaleza del Estado. En todas partes, las ulemas [escuelas de teología] y las instituciones religiosas oficiales han sido domesticadas por el Estado, replegándose en un conservadurismo teológico timorato. Hasta tal punto que los clérigos tradicionales, formados en Al-Azhar [la universidad de teología más prestigiosa del islam], ya no están implicados, ni en la cuestión política, ni en los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad.

Esta evolución afecta también a los movimientos políticos islamistas, influenciados por los Hermanos Musulmanes y sus epígonos (...). Los Hermanos Musulmanes han cambiado mucho. (...) Han comprendido que querer tomar el poder tras una revolución conduce a la guerra civil o a la dictadura. También han aprendido las lecciones del modelo turco: Erdogan y el partido AKP han podido conciliar democracia, victoria electoral, desarrollo económico, independencia nacional y promoción de valores, si no islámicos, al menos de “autenticidad”. Pero sobre todo, los Hermanos Musulmanes ya no son portadores de otro modelo económico o social. El aburguesamiento de los islamistas es un factor favorable para la democracia: el hecho de no poder jugar la carta de la revolución islámica los empuja a la conciliación, al compromiso y a la alianza con otras fuerzas políticas. Hoy la cuestión no es saber si las dictaduras son o no la mejor defensa contra el islamismo. Los islamistas se han convertido en actores del juego democrático.(...)

Una cosa está clara: ya no estamos en la excepcionalidad árabo-musulmana. Los acontecimientos actuales reflejan una transformación profunda en las sociedades del mundo árabe. Estas transformaciones estaban en marcha desde hace tiempo, pero ocultas tras los tenaces clichés con que Occidente mira a Oriente Medio.

* He conservado literalmente expresiones muy francesas, como por ejemplo “Maghreb” o “mundo árabe”, que arrastran todas las connotaciones de la mirada colonial, pero precisamente por ello me parece necesario mantenerlas. También hay que tener en cuenta la historia colonial de Francia para entender que, aunque a veces se haga referencia a Irán, Turquía o Pakistán, el marco de reflexión de este texto son los países de cultura árabe del norte de África y Oriente Medio.

El cartel de la foto es del documental "Neukölln Unlimited", dirigido por Agostino Imondi y Dietmar Ratsch.
El pasado mes de diciembre estuve en Barcelona en una jornada organizada por la plataforma Zzzinc con el propósito de analizar, así en plan colectivo, qué entendemos por “investigación en cultura”. Tomé algunas notas que reproduzco a continuación, para uso propio y de la comunidad, y con una advertencia. Lo que escribo ahora es el resultado de un ejercicio de traducción por partida doble: traducción de lo que se dijo ese día alrededor de aquella mesa y traducción de lo que entiendo hoy a partir de las notas que tomé entonces. Y todo ello trufado como es lógico por mis propias opiniones (porque no vamos a pretender a estas alturas que existe algo parecido a la objetividad).



El punto de partida es la existencia de un cierto tipo de iniciativas heterogéneas, que podríamos identificar como un “fenómeno emergente” y cuyo denominador común vendría dado por la centralidad que otorgan a la dimensión investigativa. No son (sólo) festivales, no son (sólo) exposiciones, no son (sólo) proyectos de arte, son algo distinto. Para aclarar de qué estamos hablando nos apoyamos en algunos ejemplos cercanos: el festival Zemos98, el trabajo del colectivo Platoniq o el medialab de Hangar, los proyectos Bestiario, Masa Crítica o Straddle, la reciente exposición sobre el barroco y el mito de lo hispano comisariada por Jorge Luis Marzo y Tere Badía para el CCCB o mi proyecto Soft Power. De estos casos podemos deducir que se trata una práctica variada y ecléctica: a veces más descriptiva o aplicada, otras más conceptual o de análisis de discurso, que a veces toma la forma de un evento, otras de un software, de un dispositivo de comunicación o de un proyecto participativo, y cuyas temáticas, además, no siempre corresponden con lo que se identifica habitualmente como ámbito de las artes o la cultura.

La observación empírica (e informal e intuitiva) nos dice también que la investigación en cultura no es una práctica reconocida, ni conceptualizada, ni analizada sistemáticamente. Este tipo de prácticas son un poco OVNIs, o más bien, OCNIs: Objetos Culturales No Identificados, ni desde la teoría cultural strictu sensu, ni desde las políticas públicas o los programas institucionales, ni desde el lenguaje corriente. Entonces la investigación en cultura... ¿es un cajón de sastre en el que ubicar todas las prácticas de carácter híbrido o que carecen de una naturaleza específica? ¿Es (sólo) el resultado del cambio de paradigma en el arte que desplaza el foco de atención desde el objeto hacia el proceso? ¿Es una manera de señalar todo aquello que no es simplemente “producción”? ¿Es un ámbito más de la investigación (académica) sólo que atravesada por el eje de “la cultura”? ¿Es un espacio específico de producción de conocimiento? ¿Es un territorio de “descerebrados sin normas de funcionamiento”? ¿Es un lugar desde el que pensar y actuar sobre lo cultural contemporáneo? Y si es así, ¿qué métodos de trabajo, qué protocolos de funcionamiento y qué idea de cultura hay detrás?

Pasamos bastante tiempo discutiendo las razones por las que la investigación en cultura no encaja en los parámetros de la investigación académica. Razones que pueden tener que ver con las diferencias en cuanto a las formas de financiación, en cuanto a la metodología o los procesos de evaluación de resultados, en cuanto a los circuitos por los que transitan una y otra, o en cuanto a la dimensión colectiva que implica la investigación en cultura y que no se suele dar en la académica. Pero en este punto hay opiniones encontradas. Algunos consideran que cualquiera de los proyectos citados podría haberse realizado desde la universidad. Yo personalmente considero que ni de coña (y lo reconozco: soy una quemada de la academia porque, pese a mi vocación de ratichuela de biblioteca, no hay manera de que encuentre acomodo en esos espacios de conocimiento podridos de jerarquía y disciplina del antiguo régimen, y eso que tengo diplomitas para parar un tren de mercancias, cierro paréntesis). Otros, más diplomáticos, sugieren desplazar la pregunta: si proyectos así podrían perfectamente haber surgido en el mundo académico ¿por qué de hecho no ocurre? Hay quien sugiere que una diferencia añadida es que, mientras que la investigación académica mira hacia el pasado (por su dependencia de una cierta metodología de análisis de lo existente y de legitimación en base a fuentes previamente legitimadas), la investigación en cultura trabajaría “desde el presente y con la vista puesto en el futuro” (con un alto grado de especulación, por tanto) y sin metodologías pre-impuestas (de un modo abiertamente bastardo y freestyler).

La investigación en cultura tampoco es estrictamente “producción cultural” tal y como la entienden las instituciones. Mientras que la producción cultural está más orientada a la lógica del evento (espectacularizable, consumible, cuantificable en términos de público), la investigación en cultura requeriría un trabajo de naturaleza más pausada, experimental e informal. En la práctica, las dinámicas de la producción funcionan más bien como un contenedor y como un límite a la investigación en cultura. Recojo una frase que, en mi opinión, refleja bien la problemática: “Acuñamos una hipótesis y organizamos el festival para dar cabida a proyectos que la ilustran y la explican”. En estos casos, la investigación es, en sí misma, una forma de producción cultural que, sin embargo, debe ser formulada con una cierta discreción porque no es el fin para el que -hablando claro- te han dado el dinero. Al no existir ayudas destinadas específicamente a la investigación en cultura, si quieres sacar adelante un proyecto de este tipo, debes plegarte a las exigencias de la producción, es decir: que tus delirios de explorador de lo contemporáneo tomen la forma de algo reconocible, que en la mayoría de los casos será un evento, con sus tiempos de consumo rápido, sus criterios de visibilidad y sus requisitos de novedad y singularidad.

Tampoco es, por último, reconducible a los proyectos de investigación cultural entendida como investigación en gestión cultural: análisis de políticas públicas, optimización de equipamientos, estudio de sistemas de financiación o innovación aplicada al sector de la cultura en todas sus facetas y campos de actuación.

Pero ¿por qué razón investigamos? O más concretamente: ¿hay, en la investigación en cultura, algo parecido a una intención que podríamos llamar “política”? Todo lo anterior, y la motivación profunda de esta jornada, se encuentra a mi entender atravesada por esta pregunta, que merece la pena formular aunque nos lleven a lugares de los que muchas veces no sepamos regresar. Y en este punto los organizadores de la jornada nos proponen una diapositiva en la que se lee lo siguiente: “¿No debería la investigación en cultura ser un proceso de producción de conocimiento que funcione de manera abierta y genere recursos accessibles y de dominio público?”. De existir una singularidad en la investigación en cultura, esta se situaría por lo tanto en el terreno de lo que identificamos como procomún, entendiendo por tal la producción de formas de saber, recursos, materiales o contenidos que, de una manera u otra, reviertan en el dominio público. La producción en definitiva de una determinada idea de sociedad gobernada por el paradigma de “lo que es de todos porque no es de nadie”. Y esto no es otra cosa que un modelo político. Me gusta la idea y con el corazón me alineo con ella sin dudarlo, si bien es cierto que con la cabeza (suponiendo que exista una diferencia entre uno y otra) reconozco la pertiencia de la pregunta que surge a continuación: si la investigación en cultura es producción de procomún, ¿por qué no hablamos simplemente de producción de conocimiento y listo?

Hay muchas más cosas que añadir, muchas líneas de fuga, notas a pie de página, preguntas cruzadas, respuestas paradójicas dependiendo del campo de saber desde el que nos situemos, conclusiones diferentes en función del objetivo con el que abordemos esta cuestión (porque no podemos negar que todo ello tiene un “para qué” que quizás debería ser el núcleo del debate: me refiero a un posicionamiento, un posicionamiento que no tiene por qué ser el resultado de un proceso dialéctico, sino que se legitima sobradamente desde la pura subjetividad). De momento lo dejo aquí. Continuará, sin duda.

* La imagen proviene de una de las reuniones de Anti_Gen, un grupo que hemos montado contra la gentrificación de Neukölln.
Coincidiendo por un lado con el alboroto de la ley Sinde y la escapada del De La Iglesia y, por otro, con un currete de estos de pensar que me ha llevado a zamparme un montón de documentación sobre el asunto[*], me hallaba estos días dándole vueltas a El Tema Este De Los Commons (como por ejemplo, el lugar correoso que ocupan en ese limbo entre lo público y lo privado, lo que explica que se encuentren hablando de ellos sujetos tan dispares como Vandana Shiva o un velocista de Silicon Valley) cuando, por yo qué sé qué azares me encontré visitando la noble villa de Olite, otrora capital del Reyno de Navarra y emplazamiento de un famoso castillo del siglo XV que sale en todas las guías.



Y como a pesar de ser muy post-esto y post-lo de más allá, en realidad soy una vulgar humanista nacida en el siglo XX (una asquerosa ruinófila, ya lo he dicho otras veces), recorrí el castillo en éxtasis total, subiéndome a todas las torretas, imaginando torneos y epidemias medievales, admirando los arcos ojivales, invocando a los muertos porque estaba cerrada la Cámara de los Yesos (también llamada Sala Mudéjar porque conserva la decoración original con 10 paneles de yeso hechos por maestros moros) y pensando: Mira tú, esto también son los Commons, no sólo internet y el Amazonas, y qué bien que la entrada sea barata y que esté tan bien restaurado y que no haya una tienda a la salida para venderte un bloc de notas troquelado en forma de almenitas. Con estos pensamientos tan hermosos sobre la gestión del patrimonio histórico, y como al acabar la visita me quedé con ganas de más, me dirigí al edificio adyacente, donde según el folletito se encontraba el castillo viejo, y que hoy es un parador nacional, y mantuve con el señor de la recepción una conversación más o menos así.

- Hola buenas tardes, ¿se pueden visitar los salones?
- Si no está alojada, no, señorita
- Ah bueno, como es patrimonio, pensé...
- Esto no es patrimonio, es un hotel normal.
- Normal, normal, no creo. Porque como es patrimonio...
No soy tan idiota como para no saber cómo funciona un parador nacional pero quiero creer que si te muestras suficientemente inofensiva e interesada lo lógico es que hagan la vista gorda y te dejen dar una vuelta por los comedores.
- Ya sé a dónde me quiere llevar usted, señorita, pero le repito que esto no es patrimonio, es un hotel como todos.
- Pero Paradores Nacionales no es una empresa como todas.
- Sí lo es.
- No lo creo.
- Una empresa como todas pero con participación publica.
- Entonces no es como todas.
- Oiga señorita, que yo no soy funcionario.
- Pero si yo no digo que usted sea funcionario, sólo que esto es patrimonio.
- No es patrimonio.
Le intento hacer ver que entiendo el significado de las palabras “empresa con participación pública” y que sé para qué sirven esas cosas, pero no cede. Contra-ataco.
- Si no fuera patrimonio, la empresa podría pintar la fachada de verde si le diera la gana, ¿a que no puede?
- No señorita, pero usted tampoco puede pintar de verde la fachada de su casa, aunque no sea patrimonio.
- Ya, pero eso son normativas muncipales que se aplican a todos los edificios, este tiene reglas mucho más estrictas. Ustedes no pueden ni arreglar una tubería sin el visto bueno del Ministerio de Cultura, ¿o no?
- Claro que no, es que edificios como este están muy protegidos.
- Porque son patrimonio.
- Que ya sé a dónde me quiere llevar usted pero no voy a ir por ahí.
Y va y dice:
- Que luego la gente viene y se lleva cosas.
Alucina vecina.
- Oiga, que sólo quiero visitar los salones, que no le quiero convencer de que es patrimonio para después llevarme una alfombra.
- Uy, la gente si la dejan se lleva hasta los muebles.

Me quedé sin ver el interior del castillo viejo, porque frente a semejante barrera diléctica, a ver quién se atreve. Y me vengué secretamente de él imaginando una horda de comuneros embriagados de copyleft asaltando el parador al grito de “¡Vivaaan Los Comuneeees!” y llevándose en volandas los sillas y los tapices y escapando escondidos dentro de las armaduras. Pero en realidad me quedé un poco triste. Porque ¿qué mierda de sociedad es esta que nos da tanta desconfianza la propiedad colectiva? ¿O la no-propiedad en absoluto? ¿Es que no somos capaces de respetar algo si no tiene dueño? Pues sí que tienen mal futuro los comunes. Y la internet, y el Amazonas y, en fin.

[*] La contradicción entre “currete” y “zamparme un montón de documentación” no es sólo aparente. Si fuera tan mercenaria como pretendo resolvería el asunto en cuatro páginas y media de lugares comunes pero como soy tan mala puta (en el sentido literal, que como puta me moriría de hambre porque, segun dicen, si te corres, hay que disimular), como soy tan romantica y tan novata, decía, no sólo gozo como una perra, sino que a punto estoy cada vez de enamorarme del sujeto y se me escapa siempre por exceso y por deriva. Podría decir que en este caso tengo excusa porque el encargo me interesa sinceramente y viene de una gente a la que aprecio mucho, pero sería falso. Si el demonio me pidiera un informe sobre el índice de cotización de las calderas, lo haría con la misma pasión enferma porque estoy aquejada de un mal que no es workoholismo, es peor: es devoción maniaca por cualquier objeto de estudio que me pongan delante. Lo buena monja que habría sido si llego a nacer en el siglo XV, qué pena.

El reporte en castellano de la Conferencia Internacional sobre los Commons de Berlin, aquí.

La ciencia(ficción) como dramatización política

A raíz de algunas lecturas, comentarios y conversaciones de bar en torno a lo que vengo llamando “mis problemas con el cánon de la ciencia-ficción”.


Anatomía de un caballo en Egipto, siglo XV (Biblioteca de la Universidad de Istambul)

La colonización del pasado: las palmeras

"Cuando crece al borde del agua, [la palmera] se llama k̄ari´a; la palmera precoz que da dátiles siendo todavía muy joven se llama mahtajina, y la muhajjna es el árbol hembra fecundado por vez primera por el polen de la palmera macho. Si da frutos en años alternos se llama sanh̄a´; si los dátiles caen, todavía verdes, cuando están empezando a madurar (busr), el árbol es una khaḍïra; si la parte baja del tronco presenta flecos deshilachados y la base de las ramas (karab) pierde la corteza, el árbol es un ṣunb̄ur (palmera vieja que da pocos frutos); si se inclina y hay que apuntalarla, la palmera es rujabiyya; si crece aislada de demás palmeras toma el nombre de ´aw̄ana. Cuando la palmera es todavía un mero brote se llama fas̄ila o wadiyya (brote joven de palmera). Cuando tiene tronco (jidh´), ha terminado su desarrollo y da frutos es jabb̅ara, y cuando es muy alto se llama raqla o ´ayd̅an."

Esta descripción proviene del "Fiqh al-Lugha", un texto árabe del siglo X que aparece referenciado en la “Historia General de las Ciencias” editada René Taton cuando ocupada el puesto de director del Centro Nacional de Investigación Científica de París, en la década de los sesenta. El extracto pertenece al capítulo dedicado a la ciencia medieval y, en concreto al papel inestimable que jugaron los intelectuales árabes en la difusión de los textos griegos que con ayuda de algunos términos siriacos intermedios tradujeron al latín. Estas traducciones, enriquecidas por (e interpretadas desde) la exuberancia de la lengua árabe, serán después recuperadas por los pensadores del Renacimiento para entrar a formar parte de los pilares de lo que hoy conocemos como ciencia moderna. Un trabajo que, según Taton, no fue estrictamente filológico, sino que “a menudo dió también motivo a investigaciones muy favorables para el desarrollo del espíritu científico: la identificación y verificación de conceptos”.


"Kitab al-Nabat" (Book of Plants) de Abū Ḥanīfa Dīnawarī (d.895 A.D)

Cuando compré la obra de Taton (por 7€ en un mercadillo, en una edición ochentera de 18 tomos con tapa dura, bastante fea) alguien me preguntó qué sentido tiene leer una historia de la ciencia escrita hace más de cuarenta años. La pregunta me sorprendió porque la respuesta me parece obvia. La historia (la Historia) no es una disciplina preocupada por contarnos lo que ha ocurrido en el pasado sino el modo en que nos contamos a nosotros mismos lo que ocurrió. Los relatos -mitificadores, fundacionales- sobre cómo hemos llegado a ser la civilización científicamente más avanzada de la historia de la humanidad son los mismos hoy que hace cuarenta años: la filosofía griega, la medicina alejandrina, la teología medieval, el alumbramiento renacentista, el racionalismo ilustrado, el descubrimiento del magnetismo y la invención de la electricidad, la teoría de la evolución, los rayos X, el psicoanálisis (¿el psicoanálisis?), la teoría de la relatividad, la bomba atómica, la cibernética, la genética, la computación. Toda historia es historiografía. Además de los contenidos, es interesante fijarse en el modo en que están presentados: todo -desde la organización cronológica y la ordenación de los capítulos hasta los registros de lenguaje, las referencias bibliográficas y las ilustraciones- nos habla de cómo nos hablamos, de cómo interpretamos el pasado y nos proyectamos hacia el futuro. Toda historia es narración, producción de ficciones concatenadas.

La descolonización del futuro: el mahdi

Otro texto: un breve ensayo del profesor en teoría poscolonial Salman Sayyid, publicado en la recopilación “Suturas y fragmentos. Cuerpos y territorios en la ciencia-ficción” (editada por el colectivo belga Constant vzw en 2004). En él, el autor nos propone una visión peculiar de la mitología política contenida en un clásico de la ciencia-ficción popular, la novela de Frank Herbert, “Dune”: cuando Paul Atreides, aclamado por los nativos del desierto del planeta Arrakis, proclama “Ustedes dicen que yo soy el mahdi, yo les digo que soy su duque”.

Dune es una obra influenciada por la estética del orientalismo. Según esta estética -que como toda estética incluye también una política- por un lado está el universo occidental, conocido y civilizado, aquél a partir del cuál se articula todo lo demás; y por otro, el universo oriental y más precisamente islámico: desconocido, exótico y hostil y cuya existencia se define en relación a y por oposición al anterior, que constituye el modelo de referencia. Esta estructura binaria preserva la relación etnocéntrica convencional: There is the West and there is the Rest. En este sentido, el universo de Dune, y la idea de futuro contenida en él, no propone nada nuevo: incluye el Islam, pero como herencia estática y subordinada, “como un mundo renacentista marcado por un legado islamizado del que reniega”.



Sin embargo, la dialectica entre la figura del mahdi y la del duque introduce un matiz, que Syyid interpreta como una posibilidad de ruptura con el orden establecido. El mahdi (دي “aquél a quien guía lo divino”) es una categoría del ordenamiento político islámico que rompe con todas aquellas jerarquías que no tengan su orígen en la virtud. El duque, por el contrario, denota un tipo de autoridad política propia de la organización feudal, basada en la ostentación de privilegios transmitidos por vía hereditaria al margen de los valores intrínsecos, éticos o morales de la persona a la que se otorgan. Mientras que la de duque es una posición mundana o terrenal, la del mahdi es de carácter, no sólo divino, sino mesiánico. Para Sayyid, la referencia a lo mesiánico, como categoría propia de lo trascendente (lo que va más allá), hace entrar al mundo islámico en la Historia y por tanto en el futuro, puesto que lo sitúa ante la posibilidad de participar de forma activa en la transformación del mundo pero también, y más importante, en las narrativas autorizadas de esas transformaciones. El mahdi surge así como figura transaccional que hace posible la restitución de la Historia a un pueblo históricamente privado de ella. El Dune de Herbert contendría entonces una subversión de la dramatización política contenida en la ciencia-ficción popular que invertiría la visión colonial de la Historia.

La recolonización del presente: el duque

Pero Atreides, ya lo hemos dicho, rechaza el título de mahdi, eliminando así la posibilidad de emancipación histórica del pueblo árabe y devolviendo el mundo de Dune a la lógica de lo colonial o más bien, de lo re-colonizado. El Islam es relegado al ciclo de la narración orientalista en la que sólo es posible imaginar un horizonte de transformación política en el marco de los registros señalados como occidentales. “Es interesante notar”, continúa Sayyid, “que en el vocabulario de la “guerra contra el terrorismo”, una de las partes se refiere al conflicto en términos cosmológicos: civilización, libertad, etc., mientras que la otra -a la que a menudo se critica que esté motivada por razones exclusivamente cosmológicas- habla en términos políticos concretos, como el fin de la ocupación israelí, del apoyo de Occidente a tiranos musulmanes, etc.”.

En su opinión, lo que el gesto de Atreides sugiere es que siempre “es preferible ser un soberano de segundo rango occidental a ser una figura no occidental, aún cuando esta pueda tener significación en el futuro del universo. [...] El coste de privilegiar al duque sobre el mahdi quiere decir, por supuesto, preferir el status quo a la posibilidad de un futuro más prometedor, pero en la era del consenso neoliberal, la falta de voluntad de los productores de Dune de pagar ese precio no debería sorprendernos. La consecuencia de todo lo expuesto es que la ciencia-ficción popular sigue retrasando la descolonización del futuro”.

Laboratorio feminista ciberpunk



Lo de arriba (que se puede ver ampliado aquí) es mi respuesta a la invitación de la Mediateca del MUSAC a participar en las jornadas sobre software libre, arte y mujer que tuvieron lugar el pasado 12 de noviembre. Algunas precisiones:

En el esquema se me olvidó dibujar lo más importante: frente a la dicotomía software libre / mujer, me interesa más proponer otra: ética hacker / feminismo. A partir de aquí, planteo la pregunta de si es posible pensar en una ética hacker feminista y, en caso afirmativo, cuáles serían sus características, las más importantes de las cuáles, para mí son: el compromiso con el dominio publico y la idea de procomún; la relación con la comunidad; y la dimensión contra-cultural de la filosofía del software libre y la ética hacker (y digo contra-cultural en todos los sentidos de la palabra).

La reflexión se articula en torno a la idea de conocimiento autorizado: si la historia de la ciencia es (también) la historia de la legitimación de ciertas formas, ciertos canales y ciertos agentes de producción de saberes, me pregunto cómo desde el feminismo podemos proponer -y legitimar- otras formas, otros canales y otros agentes (subversivos, contra-culturales, emancipatorios). Es en definitiva, una reflexión sobre el modo en que se construye el conocimiento hegemónico y la posibilidad de formular tácticas de acción politica feminista en un entorno como el tecno-científico, abiertamente blanco, racionalizante y patriarcal. Frente al conocimiento autorizado, el pensamiento feminista dice: conocimiento situado, un concepto sacado de los escritos de Faith Wilding, que se opone al aislamiento del objeto de estudio y propone ponerlo a dialogar con otros parámetros y niveles de realidad (quién piensa, cómo, dónde, cuándo y para qué).

El esquema no incluye temas obvios como la relación entre género y sociedad del conocimiento o la presencia de mujeres en los equipos de programación. La razón es que me tocaba hablar en tercer lugar, después de dos personas que lo iban a explicar mucho mejor que yo: Carmen Castro, economista, activista del software libre especializada en políticas de género y autora de Sin Género de Dudas; y Miriam Ruiz, desarrolladora de Debian, editora de Barrapunto y asesora en temas relacionados con el software libre del Principado de Asturias. Lo mío puede ser leído como una nota a pie de página a sus presentaciones.

Empecé a trabajar sobre la intersección entre género y tecnología creo que en el año 2004, de modo que este esquema recoge algunas reflexiones que, o bien no había abordado entonces, o bien las he ido tratando de manera desordenada, entre conferencias, artículos, posts y demás. Para completarlo, recomiendo:
El programa de EnRE/Dades, géneros en red y acciones ciberfeministas, que organicé en Barcelona en 2004.
Los materiales del taller de ciberfeminismo que impartí en el Feministaldia 2005 y para Emakumeak en 2006.
El texto “Chúpame el código 2.0” publicado en la revista Zehar en 2007.
El texto “Notes on the Knowledge Economy from Cyberfeminism” , festival City of Woman de Ljubljana 2008.
El post “El deporte olímpico del e-waste” sobre la basura electrónica.
El post “¿Por qué las mujeres son como los pollos y los pollos como las mujeres?” sobre el trabajo de subRosa.
El post “Las políticas del cuerpo cibernético” sobre el trabajo de Beatriz Preciado en “Testo Yonki”.
La recopilación de textos históricos del ciberfeminismo de Mujeres en Red.