Mostrando entradas con la etiqueta berlin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta berlin. Mostrar todas las entradas

Globish to speak all.

Los idiomas más hablados en Berlin son tres. 
1. El alemán, a veces con acento berlinés, a veces confundido con dialectos. 
2. El turco, con varios acentos, de varias regiones. 
3. El globish, con el que nos comunicamos los que carecemos de una lengua materna en común, hermanados en el uso de ese idioma-puente, lingua franca de la contemporaneidad que todos, solidariamente, hablamos igual de mal.


El globish cutre que fabricamos en las calles es una lengua plástica y elemental. Una lengua de situación, a veces de emergencia. La base es siempre la misma: los restos del inglés de la escuela. Esto después se implementa con injertos de diversa procedencia, a menudo expresiones wannabe-yankees malamente copiadas de las canciones y los telefilms (así es como la riqueza de nuestra lengua para el insulto, por ejemplo, solo igualada según dicen por el ruso, queda reducida a un banal y monótono uso del término fuck: fucking tal, fucking cual). Sobre este andamiaje, precario pero compartido, ya cada cuál imprime su carácter, dependiendo del arrojo y el color regional. El ridículo es libre, personal e intransferible. Palabras, pronombres, artículos, sufijos, prefijos y conjugaciones, entonaciones, acentos, giros e insólitas aventuras sintácticas se mezclan con la base de inglés inicial, ya de por sí quebradiza.

Aquí es donde empieza la fiesta. La argamasa resultante nos la copiamos unos a otros con alegría, cada cual añade a sus propios barbarismos, que solo tienen sentido como traducciones literales de su propia lengua, los de los demás, que cobran sentido por acumulación y empatía. Así, a fuerza de sometimientos verbales, repetidos y consolidados por el uso, nuestro globish se fortalece cada día. Y cada día también se aleja más de lo que hablan los native English speakers, a los que nadie entiende un carajo.

Mary Louise Pratt llama a esto una lengua de contacto: 

“El término contact language se refiere a las lenguas improvisadas que desarrollan entre sí las personas con diferentes lenguas maternas que necesitan comunicarse de forma coherente. Me interesa poner en primer plano la parte de interacción e improvisación de los encuentros coloniales, tan facilmente ignoradas por los relatos de conquista y dominación. La perspectiva del contacto enfatiza cómo los sujetos se constituyen en y a través de sus relaciones con los demás, aborda las relaciones en términos de co-presencia, interacción, entendimientos y prácticas entrelazadas, a menudo en el marco de relaciones de poder radicalmente asimétricas.”

Un tipo de contact language es por ejemplo el créole, el magnífico créole. Una maravilla lingüistica nacida con la invasión europea del Caribe y conocida colonialmente como el dialecto negro del francés. El créole (en francés, que no significa exactamente lo mismo que criollo ni que pidgin) está compuesto por una estructura gramatical francesa, o sea latina, junto con un vocabulario proveniente de, que se sepa, siete lenguas africanas. Hoy se habla en diferentes dialectos, cada uno de ellos fruto de la mezcla con distintas modalidades dialectales de francés tardomedieval. Pese a su origen esclavo el créole posee una cultura escrita, una tradición literaria y una fabulosa cadencia sonora que lo hace particularmente atractivo para el rap.

Las lenguas de contacto son mutantes, imprevisibles y pegajosas. Son el fruto ilegítimo de las mezcolanzas culturales de rango menor. Su reproductibilidad y capacidad de innovación hacen de ellas la pesadilla de los esencialistas de todo pelaje: los lingüísticos, los étnicos, los futbolísticos o los culinarios (estos son los más desdichados). Pero sobre todo las lenguas de contacto reflejan relaciones de poder. Relaciones que no siempre se resuelven a favor del idioma dominante, que con frecuencia acaba doblegado y apenas reconocible, transformado en un puré.

Con el globish, que crece imparable, ha habido varios intentos de poner orden.



El primero, en 1998, cuando Madhukar Gogate presentó ante la Simplified Spelling Society de Reino Unido una versión artificial del inglés, simplificada en la fonética y la ortografía. Así por ejemplo, he is fine se conviertía en hee is fain; eat it quickly en eet it kwikli; the world wants peace and prosperity en tha world wants pees and prosperiti. And sou on. Tras la tentativa de Gogate, que no tuvo gran éxito, fue el turno del diplomático francés Jean-Paul Nerrière quien en 2009 publicó “Globish. The World Over”, un libro que dió carta de naturaleza a una segunda versión simplificada, esta vez sin missespelings pero limitada a 1.500 palabras, suficientes según Nerrière para hacerse entender.

La última tentativa la está impulsando la mismísima Wikipedia. Lo habreis visto ya en el margen izquierdo de su sitio web: Simple English Wikipedia. Para children, students y adultos que aprenden inglés. Bueno, se agradece pero no es exactamente el enfoque que nos interesa. Uno está aprendiendo todo, toda la vida. No creemos en las lenguas acabadas.

Porn Film Festival Berlin. Mi cumshot

Por ubicar. En este festival, lo de porno es discutible. Primero, porque está dedicado a los otros pornos: a los que ya existen y a los que todavía no, pero se están inventando. Es decir, a los pornos de la periferia. Segundo, porque no todo es sexo explícito; también hay video-ensayos, documentales, talleres, conferencias y presentaciones de libros. Y tercero porque todo lo que se muestra contiene una reflexión crítica sobre la pornografía.

Es un debate abierto si lo que está en la periferia del porno mainstream sigue siendo porno o es otra cosa, si se puede reflexionar críticamente sobre el porno y hacer porno al mismo tiempo, si el porno son sólo imágenes en movimiento que sirven para masturbarse o puede ser algo más. En definitiva: si este es un festival porno o un festival sobre pornografía. Personalmente, me da igual. Los festivales de porno mainstream en realidad son ferias comerciales y además son una caspa. Y este es amable, indie, íntimo, artístico, queer, familiar y sin ánimo de lucro. En esta sexta edición, la sede es el cine Movimento, en Kreuzberg, con tres salas y un bar donde además de cerveza también sirven sopas y pasteles.


Travis Mathews

Entonces, como dicen en el mainstream: al grano.

Me perdí mi hit - el documental “Mutantes” de Virginie Despentes - porque la víspera ya estaba sold-out. Aún me estoy latigando. Me encantó el corto “Headshot” de Jennifer Lyon Bell (inspirado en el homónimo de Warhol, que no estaba en programa pero nos lo mostró ella en su workshop de porno feminista DIY), la filmación de una performance en la que un chico tipo guy-next-door se presta a que una desconocida le haga una felación. A ella no se la ve en ningún momento pero es como si estuvieras ahí. En el taller de Lyon Bell ví también otro de mis clips favoritos del festival: una escena MUY explícita del documental “Trans Entities”, que narra la historia de Papi y Wil, dos bombas sexuales trans, queer, lesbianas, y calientes y enamoradas hasta las cejas. Memorables.

También me gustaron mucho el ensayístico “Gang Bang Barbie” (que se llevó el galardón al mejor cortometraje), en el que una banda de muñecas borrachas abusan de un pobre chaval; “Spring” sobre un joven que quiere meterse a sumiso pero se mosquea con su amo; “Kaktus”, una comedia romántica sobre una chica que contrata a un gigoló para que la viole; “Poupée réfractaire”, una animación sobre la revolución sexual (de la calle a la cama y viceversa); los documentales “Cum Different” sobre la eclosión del porno feminista, y “Chained!” sobre el fetiche de las cadenas de cartera; y el largometraje “Blind Love” sobre una chica ciega que se enamora de la voz de un ventrilocuo y del cuerpo del ayudante del ventrilocuo, que además de follarse a la chica también se folla a la mujer del ventrilocuo: el típico enredo de Pajares y Esteso pero en japonés y con gente follando de verdad, o muy parecido.

"Stuffed”, que en un certamen de cortos de El Jueves me hubiese divertido, aquí me cabreó. Coge una peli porno normal, cambia a la chica por un zorro disecado con una vagina de goma y sigue el guión de siempre, facial incluido. Muchas risas pero por favor: en el sexo, como en el humor, el contexto cuenta. “Egg” también despertó mucho entusiasmo pero yo sigo teniendo problemas con las acrobacias vaginales. Son necesarias para cuestionar la representación de los genitales femeninos en el mainstream y tal... pero a mí tanta biología me corta el rollo.

Tampoco son mi rollo pero me gustaron “Auto-fuck” de Manon Des Gryeux, una ensoñación sado-maso de un hombre que se encula con un molde de su propia polla, y “Chatroulette” de Maria Llopis que es a la vez ultra-explícita (creo que no hace falta explicar de qué va) y totalmente teórica. No son mi rollo y no me gustaron “Latex Dreams”, las dos de Julie Simone, el corto de Erika Lust, “Titnaku. Clean Yourself Up” y “The Though of Her”, todas por la misma razón: demasiada pose. Podía haber sido mi rollo pero no me moló nada “The Orgasm Diaries”, una balada indie ultra-romántica, visualmente perfecta y llena de clichés; lo mejor, la banda sonora.

Y mi Premio al Mayor Gatillazo es para la presentación del libro de Bruce LaBruce, que no fue en Movimento sino en un hotel gay de alto standing en el oeste de Berlin. Un artista tan hardcore-punk en una ciudad tan hardcore-punk y no se les ocurre nada mejor que teletransportarlo a Ibiza. Un asco.


Quien visite Berlin antes del próximo 9 de enero todavía tendrá tiempo de ver en la Martin-Gropius-Bau una muestra tan ambiciosa como su título, que en castellano significa nada más y nada menos que (atención, trompetas): “Conocimiento del mundo. 300 años de ciencia en Berlin”.

Welt Wissen, como se llama en alemán, es una exposición divulgativa para el neófito que disfruta picoteando aquí y allá o el turista que no quiere pasar la tarde en la calle chupando frío; generosa para el fetichista o el especialista, ya que muestra algunas piezas y documentos a los que de otra forma no se tiene acceso; y superficial para cualquiera que se acerque a ella con ganas de comprender el punto de vista desde el que se aborda el asunto. Es una de esas exposiciones nutridas, entretenidas, recomendables pero de compromiso (de hecho constituye uno de los platos fuertes del Año de la Ciencia en Berlin). Como espíritu inquieto e info-adicto, a mí me dejó poco satisfecha; como neófita y fetichista, bastante satisfecha; y altamente satisfecha como friolera crónica, porque esos días rondábamos los 10 grados bajo cero y dentro hacía tanto calor que tuve que quitarme los segundos calcetines.

La muestra se divide en dos secciones: una, dedicada a la historia de la ciencia en la capital alemana desde el siglo XVIII; otra, a las diferentes tareas que implica el conocimiento científico. Aunque una de ellas, con su sala correspondiente, era justo la de colaboración e intercambio de información -y lo dejaba clarísimo el texto: fundamental para el progreso de cualquier tipo de saber-, si quieres tomar fotografías tienes que hacerlo cuando no miran los guardas, porque está prohibido. La sala en cuestión presentaba algunos proyectos interesantes pero inofensivos, como la biblioteca digital de la escritura cuneiforme, el archivo digital de literatura latina Corpus Scriptorum Latinorum o el repositorio online de patrimonio cultural europeo Europeana (en el que, por cierto, se puede ver el contenido del que desde hace unos días es el libro más caro del mundo, vendido en Sotheby´s por 10 millones de dólares: “The Birds of America” de John James Audubon). Sobre el impacto de las patentes y la propiedad intelectual en el desarrollo del conocimiento científico, ni mención: no sabe / no contesta.



Mi yo fetichista se sintió especialmente complacido, sin embargo, además de por las decenas de libracos antiquísimos y hermosísimos, por las películas del cirujano Ferdinand Sauerbruch, encargado de investigar las prótesis de brazos y manos para los mutilados de la primera gran guerra y de promover su implantación social en la Alemania de los años veinte. “Vean, vean, con qué destreza un joven lisiado enciende un cigarrillo, escribe una carta de amor a su novia y vierte agua de un cubo a otro”. Y lo ves, efectivamente, moviendo con una agilidad de verdad asombrosa esos brazos y dedos de madera que en su Manifiesto contra-sexual Beatriz Preciado analiza como la antesala del cyborg, cuando la máquina no sólo prolonga la carne sino que empieza a volverse carne misma.

Con la miel en los labios pero igualmente sobre-excitada, me quedé con una fotografía del matrimonio de neurólogos Cécile y Oscar Vogt, famosos por haber sido los destinatarios del pedazito de cerebro de Lenin que se envió de Moscú a Berlin para que los mejores especialistas de la época demostraran que era realmente un genio (una historia rocambolesca que mezcla la idolatría religiosa que despertaba el cadáver del viejo líder con el gusto por las intrigas políticas del camarada Stalin, y cuyos detalles salieron a la luz con la apertura de los archivos de la antigua Unión Soviética a principios de la década de los 90).

Por su parte, la sección dedicada a los años del nazismo elude el marrón, como de costumbre pero esta vez con un recurso aún más sorprendente: durante aquella época no hubo ciencia propiamente dicha, por lo cuál se evita hacer cualquier alusión a los experimentos quirúrgicos con prisioneros, los programas de exterminación de enfermos mentales, la persecución de científicos judíos o disidentes, la implantación de la ideología eugénica en todos los hospitales y centros de investigación del Tercer Reich o el recurso a argumentos “científicos” para justificar la puesta en marcha de la Solución Final. Como todo el mundo sabe, eso no forma parte de la historia de la ciencia del siglo XX. Para que el visitante se haga una idea de lo malas personas y peores científicos que eran los alemanes entonces (y que no cante tanto), se presentan dos tipos de documentos: fotografías de quema de libros (oh, los muy criminales) e imágenes de algunos de los 385 Rheinlandbastarde (niños nacidos de la unión de mujeres alemanas con soldados extranjeros durante la primera guerra) que bajo el régimen nacional-socialista fueron buscados y sometidos a esterilizació forzosa (385, qué barbaridad, y encima niños).

Bueno, los que leen habitualmente este blog ya saben que su autora es una cascarrabias pero que en realidad se lo pasa como una enana allá donde va. Lo mejor: me llevé una buena colección de imágenes robadas para mi animalario, mi herbolario y mi gabinete macabro (los tres en construcción). Algunas de las que ilustran este post son de otra exposición, la permanente del Museo de Historia Natural de Berlin; allí también está prohibido hacer fotos pero tiene mejor iluminación y unos guardas mucho más vagos.

La ley de la conservación de la violencia



Lo he estado evitando desde que llegué a Berlin pero al final ha ocurrido sin que me diera cuenta. Se juntaron dos factores: uno, que estoy buscando información sobre el programa T4 de eliminación de los “enfermos mentales” durante el gobierno de los nazis; dos, que un amigo cercano no paraba de hablarme de ese documental que tenía que ver sin falta. Y pasó: ví “Shoa”. Empecé con las primeras 2 horas que están colgadas en google video, me obsesioné y ya no pude dejarlo. Si no contara esto aquí, mi blog sería un poco menos mío, un poco más falso.

“Shoa” es un documental de 9 horas de duración sobre el holocausto, dirigido por Claude Lanzmann. Se rodó durante aproximadamente 11 años y vió la luz en 1985. No contiene ni material de archivo ni banda sonora. Las imagenes están compuestas exclusivamente de entrevistas a supervivientes, testigos y ex-funcionarios nazis así como filmaciones contemporáneas de lo que queda de los campos de exterminio de Treblinka, Chelmno y Auschwitz-Birkenau y del ghetto de Varsovia. No hay explicaciones históricas ni políticas, ni melodrama ni sentimentalismo, sólo descripciones secas y en detalle de cómo estaba organizada la muerte a escala industrial. Los trenes llegaban aquí, los poníamos en fila aquí, se devestían aquí, les cortabamos el pelo aquí, entraban en las cámaras de gas por aquí, sacábamos los cuerpos así, los metíamos en los hornos asá; y esto con varios miles de personas al día. Es tan lento como hace falta para que los datos dejen de ser datos y tomen la dimensión que les corresponde y para que la interpretación (y de algún modo el montaje final) se forme poco a poco dentro de tu cabeza.

Lanzmann insiste en que “Shoa” trata sobre la especificidad de “la cuestión judía”, no comparable a ninguna otra. Sin embargo es casi imposible verla sin que se te vaya la mente en otras direcciones y no ponerte a pensar, por ejemplo, en cómo funciona la indiferencia, un sentimiento muy común y muy traidor, que se desarrolla con una facilidad que espanta. O la desmemoria, esa que nos hace olvidar que, aunque el holocausto se lo inventaron los nazis, el antisemitismo no (y me paso los ejemplos que recorren siglos de historia europea) o que, como decían en el twitter, al condenar a Israel no nos acordamos de que las armas con las que atacan Palestina se las vendemos también nosotros. O al hilo de esto, acordarte de que dentro de poco llega el verano y otra vez habrá cientos de muertos en las costas del sur de Europa y que otros tantos, los más afortunados, acabarán en un centro de internamiento para inmigrantes en condiciones de vida penosas, humillados, hacinados e invisibles. La indiferencia, de nuevo, y la desmemoria.



Mientras veía “Shoa” me atravesaron por casualidad dos lecturas: “Todo fluye” de Vasili Grossman, sobre los crimenes del estalinismo; y “Notas al pie de Gaza”, un comic-documental de Joe Sacco sobre dos brutales masacres de refugiados palestinos perpetradas por el ejército israelí en 1956. A veces, las tres obras se me aparecen como un triangulo fatal, se preguntan, se contestan, se comprenden, se malinterpretan entre ellas. Pero la mayoría de las veces son como un bloque compacto en el que ya no soy capaz de distinguir las escenas y los testimonios: la crueldad inconcebible, la gente que se mea encima, que se agacha a recoger a un familiar herido y le pegan un tiro en la nuca; el olor de los cadáveres cuando hace calor y lo bien que se conservan cuando hace frío; el instinto de supervivencia que roza el delirio y el sentimiento de culpa de los que no murieron; la incapacidad de contarlo, la necesidad de olvidar y de nuevo la desmemoria y la indiferencia que hacen su camino. Los dibujos de Sacco podrían ilustrar las entrevistas de Lanzmann y estas confundirse con las experiencias de los deportados a Siberia y estas a su vez con las de los palestinos asesinados en la puerta de su casa. Las narraciones de sufrimiento son intercambiables y se repiten en una espiral demoniaca. Y dice Vasili Grossman, en voz de un preso político liberado tras la muerte de Stalin:
“Existe una ley sencilla: la ley de la conservación de la violencia. Sencilla como la ley de la conservación de la energía. La violencia es eterna; por mucho que se haga para destruirla no desaparece, no disminuye, sólo se transforma. Ahora toma la forma de esclavitud, ahora de invasión mongola. Salta de un continente a otro, se transforma en lucha de clases y de lucha de clases en lucha de razas, ahora de la esfera material se traslada a la religiosidad medieval, ahora la emprende contra la gente de color, ahora con los escritores y los artistas; pero en general sobre la tierra siempre hay la misma cantidad de violencia”.
En la imágen superior: "Topography of Terror. Gestapo, SS and Reich Security Main Office", catálogo de la exposición permanente sobre el holocausto en Berlin; “Notas al pie de Gaza” de Joe Sacco (Reservoir Books, Mondadori); “Todo fluye” de Vasili Grossman (Random House Mondadori); "Fuck America" de Edgar Hilsenrath (la de la foto es la edición francesa de Attila, la edición en español es de Errata Naturae).

El Nuevo Tempelhof



Ya he blogeado antes sobre el aeropuerto de Tempelhof, su historia, su cierre en octubre de 2008 y las acciones de protesta que reivindican el uso público de sus aproximadamente 300 hectáreas, un gigantesco espacio vacío al sur de Berlin. El pasado fin de semana, el folletín tuvo un nuevo capítulo, un capítulo histórico, anunciado, pero no por ello menos intrigante. Tempelhof, que desde el cese de sus actividades había permanecido cerrado excepto para algunos eventos puntuales, abría por fin la verja, transformado en un parque, según dicen, más grande que el mismísimo Central Park.

El asunto me interesa especialmente porque -los asiduos del blog igual lo recuerdan- mi casa se encuentra a pocos metros del antiguo aeropuerto, en el barrio de Neukölln, una de las areas directamente afectadas por el cambio. Cuando llegué aquí en diciembre de 2008, corrían rumores de que el metro cuadrado en Neukölln era el más barato de todas las capitales europeas. Igual lo sigue siendo, no lo sé, pero sin duda no por mucho tiempo. Para los que conocen Berlin, aclaro que no me refiero a la zona conocida como Kreuz-Kölln (un poco más al norte, junto al canal), que ya inició su proceso de gentrificación hace años, como extensión natural del bohemio Kreuzberg. El Neukölln del que hablo es el Neukölln-Neukölln y concretamente la zona situada en lo alto de la colina, junto a Hermannstrasse. Por citar algunos indicadores: aquí todavía no existen ni peluquerías modernas, ni tiendas de ropa bonita, ni cafés con wifi. Para tomar una cerveza marchosa casi la única opción es el Syndicat, un bareto de anarquistas anti-fascistas, de madera vieja, con billar, lleno de gente y de humo, abierto hasta tarde. Salvo en la arteria principal la mayoría de las lonjas están desocupadas y muchos pisos también. La población es mitad familias turcas, mitad familias alemanas con sus perros. Hay algunos locales de tufillo neonazi, es cierto, pero el día a día es de lo más apacible, como mucho algunos borrachos que regresan a casa hablando solos. Se sabía que los cambios eran inminentes (ya en diciembre una inmobiliaria compró toda mi calle y otras dos más) pero por lo demás la vida seguía como siempre, subiendo la cuesta en bici para tomar la última en el Syndicat.



Pues bien, he aquí que a esta entrañable aldea gala ha llegado un plan urbanístico. Como corresponde a todo proceso de gentrificación, hay que crear nuevos imaginarios. Por un lado, Neukölln ha empezado a salir en las revistas de ocio como el nuevo foco de la vida nocturna y artística de Berlin (cosa que por supuesto es falsa pero que puede acabar haciéndose realidad a fuerza de repetirla). Por otro, se ha recuperado un viejo nombre para distinguir esta zona del resto de Neukölln aún sin regenerar: Schiller Kiez, que define lo que hasta ahora no es más que un paquete de calles sombrías con un parquecito putrefacto y una iglesa a la que no va nadie. En los últimos meses ya han abierto algunas galerías y estudios de artistas muy low-key, al estilo downtown Manhattan de los primeros ochenta: iniciativas independientes, minoritarias, de perfil económicamente bajo pero culturalmente avanzado. Además, el parquecito putrefacto está en obras, las calles sombrías adornadas de flamantes carteles que dicen Se Alquila.

Aquí también, el papel de la inversión privada es imprescindible (más si cabe que en otras ciudades porque, debido a la peculiar historia de Berlin y los 20 costosos años de reunificación, las arcas municipales están al borde de la quiebra). Sin embargo, a diferencia de otros casos de regeneración urbana, la llamada al capital privado se disimula: el caso de Tempelhof no deja de dividir a la opinión pública y existen otros precedentes (como Media Spree y las aciones de protesta Spree für alle) en los que, debido a la movilización ciudadana, la adminstración ha tenido que dar marcha atrás y devolver el dinero a los inversores. Ahora vuelven con pies de plomo y un lenguaje renovado.



El parque. El grueso de la superficie, toda la parte central, está efectivamente destinada a ser un gran espacio verde que será financiado con un evento megalomaniaco tipo exposición universal pero en este caso, de parques y jardines: el GIA 2017. Hasta entonces no habrá árboles y el uso de las zonas verdes está escrupulosamente clasificado: aquí los perros, aquí las barbacoas, aquí los juegos de balón. Tenemos un parque, ciertamente, pero comparado con los otros parques de Berlin, este es un poco carcelario.

Las zonas residenciales. Los planos publicados por el ayuntamiento de Berlin (como el de arriba) se han diseñado de tal forma que parece que esas zonas de color marrón, que llaman “local neighborhoods” (barrios locales), son las casas de los alrededores, las que ya existen. Pero no. Estos “barrios locales” están fuera del perímetro del parque futuro pero dentro del actual, justo delante de las viviendas que hasta ahora tenían vistas al parque, que dejarán de tenerlas y pasarán a ser el patio trasero de las nuevas residencias, una especie de Park Avenue berlinés.

Los proyectos pioneros. Así se llama a las iniciativas de explotación del espacio de Tempelhof. En los paneles del ayuntamiento se explica la importancia del espíritu pionero en todos las transformaciones históricas que ha vivido la urbe y se anima a las personas con ideas emprendedoras a presentarlas para dar forma al Berlin del siglo XXI. En ningún momento se habla de inversión ni de capital privado. Es lo mismo, pero pioneros, desde luego, suena mucho mejor. La zona norte será para usos deportivos y culturales; la zona este para viviendas; la zona oeste para un proyecto que ya tiene nombre y mala pinta: "Science Creates Culture" (file under: 22@ barcelonés, zorrozaurre bilbaíno, etc.).

La terminal. Aquí el ayuntamiento y los inversores se enfrentan a otro escollo: la memoria del nacional-socialismo. De todos los edificios de arquitectura nazi que quedan en Berlin, Tempelhof es el más notorio, por su ubicación despejada y su tamaño monumental. Con la experiencia del puente aéreo en 1948-49, se desnazificó pero pasó a representar la división de Berlin en dos mitades y dos historias. De cualquier ángulo que se mire, Tempelhof es el símbolo de muchos malos recuerdos que la sociedad alemana no ha acabado de digerir. La estrategia pues, consiste en re-escribir su historia como una sucesión de momentos continuados, desde los primeros vuelos a campo abierto a principios del siglo XX hasta los nuevos usos programados en la actualidad. El Tercer Reich y la división son unos momentos más de la historia de Templehof, pero no los más relevantes.

Continuará (sin duda).

Mis fotos de Tempelhof.

Otros posts sobre Tempelhof:
Tempelhof auf vidersehen
Do you remember West Germany?

Otros posts sobre Berlin, su historia y arquitectura:
Fantasmas de Berlin I. La arquitectura posnacional
Fantasmas de Berlin II. ¿Qué estás mirando? ¿Nunca has visto un muro? (graffiti en el Muro de Berlin)

Futuridad ahora!

Garabateé más de 30 páginas tamaño libreta en la última Transmediale, estuve allí cada día desde las 11am, me lo chupé todo. Y ahora me encuentro con un montón de notas que se morfonden en mi disco duro y cada día que pasa son más candidatas a convertirse en eternos borradores. Sin más, ahi van.

Ese fue el lema de la Transmediale 2010, con punto de exclamación incluido. He tenido que buscar en el diccionario de la RAE la palabreja para asegurarme de que existía. Pensaba que era un neologismo pero no. Futuridad significa “condición o cualidad de futuro”. La explicación en inglés es más matizada (“la cualidad de estar en el futuro o ser del futuro”) pero en cualquier caso, hablar de futuridad y no de futuro a secas es ya un posicionamiento, cristalizado en el texto de presentación: “Hemos entrado en una era más allá de la retórica futurísta. La idea que teníamos sobre el futuro nos ha alcanzado y está atravesando una crisis de identidad. Fururidad ahora! te invita a crear nuevos modelos para el futuro y a preguntarte, no qué es lo que te depara el futuro a tí, sino qué es lo que le deparas tú al futuro”.

Hay que reconocer que la propuesta es inteligente. Deja claro que no estamos aquí para hablar sobre el futuro sino sobre la idea que tenemos de él. Una idea que, efectivamente está en crisis, entre otras cosas porque sigue siendo la misma que hace 60 años, cuando se forjaron esas utopías y distopías que con el cambio de siglo se nos han quedado viejas. En un año con un nombre tan sugerente como 2010 (¡2010!) aquí seguimos. Sin amigos extraterrestres, ni viajes interestelares, ni coches voladores, ni historias de amor entre humanos y ciborgs, ni anarquía post-atómica, ni retratos costumbristas de la vida en un refugio nuclear, esperando un desastre que no acaba de llegar o lo hace sólo de una forma desesperadamente tibia.


"White Noise" de Zilvinas Kempinas. Luz, cintas de video y un ventilador.

Igual el problema de la ciencia-ficción es que ha sido tan etno-céntrica y naïve como las películas de Hollywood. El planeta tierra era un mundo blanco de clase media y el único afuera que fuimos capaces de imaginar era de color verde neón y venía de otra galaxia. Y sin embargo, no: no hay un fin de la historia como quieren los neo-cons. Es seguramente el fin de la historia de un mundo pero no de todos los mundos. Así las cosas, la propuesta de la Transmediale, de pensar sobre el futuro como imaginario, nos evitaba caer en lo que realmente nos da pavor: pensar en el futuro como realidad y acabar hablando del presente. Bancarrotas, deshielo de los polos, terroristas barbudos en alfombras mágicas, envejecimiento de la población, centros de internamiento para inmigrantes, contratos de suministro energético entre Rusia, Africa y China, el superagente Chavez, el gatillazo de Obama...

Yo que soy una apocalíptica de salón (como todos los apocalípticos) hubiese preferido más droga dura, pero qué le vamos a hacer. La Transmediale es un festival de arte de su tiempo pero un festival de arte al fin y al cabo, que nos invita a descubrir una programación más que correcta, con sus aires de actualidad pero sin sobresaltos, y a disfrutarla desde la comodidad de la butaca, con unas cervezas frías y la languidez despreocupada de los buenos lectores de ciencia-ficción.

Berlin bleibt Berlin

"Still Day Lives" (1995) de Sally Gutierrez es:

"una vídeo-instalación grabada en los hogares de varias mujeres de Berlín Oriental que habían vivido más de 15 años al lado del Muro, y que continuaron viviendo allí tras su caída. Mientras todo cambia drásticamente en Berlín, tanto en el paisaje urbano como en el ámbito público, la cámara presenta al espectador el paisaje interior de los objetos cotidianos. Los "bodegones" a los que alude el título reflejan un momento histórico en el que los recuerdos de un país desaparecido se mezclan con el deseo de las nuevas posibilidades que brinda Alemania Occidental.
El audio presenta un discurso fragmentado, en el que se yuxtaponen cuestiones personales, históricas y políticas. Las mujeres protagonistas, que en el momento del rodaje tenían entre 65 y 85 años, hablan de sus experiencias y sus recuerdos de la posguerra, de la construcción del Muro de Berlín, y de la vida en Berlín Este."





Y todo mi Berlin aquí.

Do you remember West Germany?




El tira y afloja en torno al difunto aeropuerto de Tempelhof sigue adelante. Por un lado, las autoridades de Berlin que, aunque todavía no saben qué carajo van a hacer con él, de momento lo usan para alentar sentimientos patrióticos dignos de la mejor telebasura. Por otro, iniciativas como Tempelhof Fur Alle (o sea, para todos) que intentan que lo que se vaya a hacer con semejante mole de cemento y campo abierto, no sea a espaldas de los habitantes de la ciudad. De momento, los primeros ganan por goleada. Para muestra, la que liaron hace dos días, 12 de mayo de 2009, cuando se cumplía el 60 aniversario del puente aereo.

El puente aereo (der Luftbrücke) es un episodio de esos que les recuerdan a los alemanes que no son un país sino dos y para entenderlo hay que hacer un poco rewind hasta el final de la 2ª guerra, cuando los ganadores -Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la URSS- se repartieron Berlin. Muy poco después del reparto ya estaban a ostias y los soviéticos, que son muy chulos, decidieron cerrar todas las entradas de suministros a Berlin Oeste para que las pasaran putas. Asi que los yankees, que pa chulos también, respondieron con un despliegue de medios como sólo ellos saben hacerlo. Durante 11 meses aviones americanos llevaron a Berlin Oeste comida, agua y medicinas hasta que los rusos se cansaron de tanta humillación pública y levantaron el bloqueo. Todos esos vuelos llegaban al aeropuerto de Tempelhof que se convirtió en el símbolo del triunfo del bloque occidental sobre el soviético. En los libros de historia, el bloqueo y el puente aereo de Berlin marcan el inicio oficial de la Guerra Fría.


Numerarios de la OTAN haciendo cola para su ice-cream

La fiesta del otro día era un circo espacio-temporal absolutamente hortera. Puestos de salchichas y cervezas, viejos llorando y vestidos de militar, conciertos de jazz de los años cuarenta, coros de niños, globos con mensajes de paz, aviones de época y muchas, muchas, muchas banderas. Aparte del kitsch, no me lo quise perder porque la arquitectura, diseñada por el arquitecto de Hitler, Albert Speer, e inmortalizada en varias películas (entre ellas, "El cielo sobre Berlín") es para caerse de culo. Mis fotos son muy malas porque las hago con una anticualla de 2 megapixels (¡una de las primeras Canon digitales del mercado!) pero dan una idea del ambiente.

Para el 20 de junio, los Tempehof fur Alle tienen preparada una okupación (con k, sí) del mamotreto. Diez días después, del 1 al 3 de julio, desembarca allí un show de moda de cuyo nombre no me quiero ni acordar. Whatever, muy Tempelhof.

Más fotos de Tempelhof.

http://www.euromayday.org/



Más fotos

Tempelhof auf vidersehen

Una vez más en Berlin, la Historia con H grande nos visita. En esta ocasión es muy cerca de casa, en el aeropuerto de Tempelhof, “la madre de todos los aeropuertos”, construido en la década de los veinte, aupado a la gloria de la arquitectura nacional-socialista por Albert Speer en los treinta, convertido en icono de la guerra fría durante el bloqueo de Berlin y cerrado definitivamente el pasado 31 de octubre. Dicen en la wikipedia que generaba pérdidas anuales de 10 millones de euros. La explicación es que la ciudad tiene otros dos aeropuertos y este, al estar situado en el centro (relativamente pero, sí, en plena area urbana), no podía reformarse. Tanto las pistas como la terminal actuales son las mismas que diseñó Albert Spree en 1934.

Esto en Alemania hay que decirlo bajito pero psss, psss, a mí la arquitectura nazi me mola un saco. Es monumental como la romana y la soviética pero mucho más elegante. Es precisa, sobria y funcional. Por razones obvias los edificios del Tercer Reich que aun quedan en pie en Berlin son muy difíciles de localizar, no salen en las guías y nadie quiere recordar dónde estaban. Por el estilo, yo creo que he descubierto un par de ellos pero debido a la falta de información no puedo estar segura de que efectivamente sea así. Uno es justo el de la embajada española. Otro el de la agencia que nos ha alquilado el piso nuevo (menuda panda de cretinos). El de Tempelhof es uno de los pocos que se reconoce como tal, y sin leer libros de historia: tiene unos pedazo águilas en las fachadas que no tienen pérdida.

Monumental, es monumentalísimo. Hasta la creación del Pentágono fue el edificio más grande del mundo y su terminal es un cuarto de circunferencia de más de 1km de longitud, de cemento macizo. En mi biblia de Berlin está escrito que, a diferencia de otras construcciones nazis, Tempelhof sí es querido por los berlineses porque su papel durante el bloqueo de la ciudad cambió su significado: dejó de ser el aeropuerto de los nazis para convertirse en el aeropuerto del puente aereo. Resumiendo la historia fue que, tras la división de la ciudad, el aeropuerto había quedado en el sector americano y era la base de la United States Air Force. Para forzar a los aliados a renegociar el trazado de las fronteras, en junio de 1948 Stalin decretó el cierre de todas las rutas terrestres y fluviales hacia Berlin Oeste. Sólo quedaba Tempelhof para asegurar el suminitro de alimentos y todo lo demás. En los 11 meses que duró el bloqueo la frecuencia de los vuelos -americanos y británicos- llegó a alcanzar los 1400 diarios, hasta que los soviéticos se dieron por vencidos y levantaron el bloqueo en mayo de 1949. Durante toda la guerra fría Tempelhof siguió siendo una pieza estratégica clave para asegurar las conexiones entre Berlin Oeste y el territorio aliado. En 1975 dejó de ser aeropuerto comercial y en 1989, con la caida del muro, se desmanteló la base aerea norteamericana. Pero entre denuncias, recursos y polémicas no han conseguido cerrarlo hasta ahora. En un periódico aleman he descifrado que algunos aviones viejos todavía están ahí porque no consiguen hacerlos despegar.

Ahora hay una bronca tremenda con el aeropuerto, y la que nos espera. En la wikipedia: Tras el cierre del aeropuerto una parte del recinto histórico va a ser convertido en un museo histórico de la aviación con un parque público. Además, el ayuntamiento de Berlín plantea instalar un plato cinematográfico en el edificio y una zona residencial con viviendas al lado del parque. Las propuestas del presidente de la Deutsche Bahn, Hartmut Mehdorn, de convertir el aeropuerto en un aeródromo para aviones privados y aviación general, y la del directivo de la Disney Fred Langhammer, de origen alemán, de mantener el recinto como una clínica privada y un pequeño aeródromo para los pacientes más adinerados ya han sido retirados.

La semana que viene nos mudamos al ladito al ladito, junto a la Oderstrasse, la calle que separa las últimas casas del inmenso no man's land. ¿Os acordais de aquello de Contigo al fin del mundo? Pues tal cual :-)

Día a día en Berlin II

Después de 12 días en un hotel regreso a casa. A una casa en la que sólo he vivido una semana antes de marchar. Me encuentro con mis maletas del anterior traslado a medio deshacer y salgo del portal sin saber muy bien dónde estoy. Es como vivir en un mapa en blanco. Casi toda mi atención se centra en escribir sobre él las rutas de las pequeñas rutinas cotidianas (una vez más): dónde está la panadería, el estanco, la estación de metro más cercana. Una frase que leí hace años me da vueltas en la cabeza: home is where my HD is. Pero no exactamente: home is cualquier lugar en el que puedo conectarme a internet y leer mi correo, consultar mi facebook, ver las últimas fotos de mis amigos en flickr, chatear con mis cercanos por skype. Mi casa son mis aplicaciones online: los únicos espacios en los que todo me resulta familiar y reconocible. Supongo que esto una forma de vida cyborg pero en realidad es simplemente supervivencia. No me quejo, me siento muy cómoda en el desarraigo.

Nada más llegar disfruto de los últimos días del festival de documentales Globale. Proyectan algunos trabajos de personas que conozco: “Primero de Mayo (la ciudad-fábrica)” de Marcelo Expósito y “Made in Italy” de Candida TV y Joanne Richardson / DMedia. Nos encontramos con Joanne a la salida, que es amiga de unos amigos de unos amigos y nos pasa un DVD con sus últimas producciones. Entre ellos, “Two or Three things about Activism”, “a counter-documentary about activism in Romania that questions the difference between making a film about politics and making a film polically”. Parece que el tema -lo que significa el audiovisual activista- está en la mente colectiva: la proyección de “Sahara Chronicle” de Ursula Biemann suscita amplias controversias. En el debate posterior a la proyección alguien cuestiona su carácter político y uno de los colaboradores de la Biemann zanja la cuestión: “A mí qué me cuentas. Yo sólo soy un artista”.

Al volver me he encontrado también con varios paquetes en el buzón. Uno es de un amigo y contiene dos libros y una nota genial que dice “Uno porque lo perdiste y el otro porque lo imprimo en el trabajo cuando no mira nadie”. El que perdí es “Homage to Catalunya” de George Orwell que ese mismo amigo me había regalado hace años y yo extravié en un traslado antes de leerlo. Es un clásico de la literaratura sobre la guerra civil española, una crónica desde las milicias anarquistas del frente republicano con las que Orwell comparte varios meses en las trincheras de Aragón y en Barcelona. Como buen inglés se despespera con la falta de disciplina de los españoles y la precariedad de medios con los que los anarquistas se enfrentan a la guerra: sin mapas ni instrucción militar, con fusiles viejos y bombas que estallan antes de ser lanzadas. Pero mucho vino.

El otro paquete es del Institute for Networked Cultures que dirige Geert Lovink desde Amsterdam (que regularmente me envía todas sus publicaciones porque tengo la caradura de pedirselas). La última es “Video Vortex Reader. Responses to You Tube”, una selección de textos críticos sobre el servicio más popular del Gran Hermano Google que está transformando nuestra forma de consumir audiovisual. "The Art of Watching Databases” es el título de la introducción. Supongo que seguiré escribiendo sobre él a medida que lo lea.

Otra de las producciones del Institute for Networked Cultures se presenta este sábado en el festival de cine porno de Berlin: “C'LickMe. The Art and Politics of Netporn. A Netporn Studies Reader”, una de las obras que más me ha inspirado estos últimos meses para comprender el modelo económico de la red. Yo diría que de lectura obligada para los y las interesados en cyberbusiness y antropología digital (obviamente no habla solamente de porno sino de estilos de vida).

Y mientras yo dedico mi tiempo a estas futilidades mi compañero de piso Lilian, que sólo tiene 8 meses, dedica el suyo a algo mucho más emocionante: está aprendiendo a andar. Progresa a una velocidad que parece sobrehumana (aunque evidentemente no lo es). Sus avances en el arte de convertirse en bipedo nos tienen fascinados y marcan el paso de nuestros días.

>> Foto arriba "Performing the Border" by Ursula Biemann.
>> “C'LickMe. The Art and Politics of Netporn. A Netporn Studies Reader”
Sigo con el resumen de The Ghosts of Berlin, mi “biblia” de introducción a la historia de Alemania. En Berlin -que es tan cool, tan cosmopolita, tan posmoderno- es fácil perder la perspectiva y olvidar que hasta hace 20 años esta era una ciudad partida en dos, que la mitad de los alemanes han vivido parte de sus vidas en un país de la órbita soviética. Algo que por mucho que le dé vueltas me sigue pareciendo ciencia-ficción (como que en este preciso momento estén cayendo bombas en Baghdad) y que, por eso mismo, insisto en tener presente. Ayer 3 de octubre fue día de fiesta en Alemania, se celebraba justamente la Reunificación. Además de los actos oficiales, también se organizaron eventos en contra. ¿Contra qué? les pregunto a mis compañeros de piso. Lo tienen super claro: contra la idea misma de una nación Alemana.
(esto es como asistir de público a una terapia de grupo...).


La frontera entre Alemania del Este y del Oeste (el muro era lo de menos: es lo que aparece con el nº11).

The Ghosts of Berlin empieza con un capítulo dedicado al Muro. Super popular pero no por ello menos anómalo: un monumento “accidental”, una frontera convertida en símbolo. Todavía hoy se discute sobre la idoneidad de conservar sus restos o no, sobre qué zona es la más adecuada para ello (¿el centro? ¿la periferia? ¿en el este? ¿en el oeste?) y sobre qué interpretación darle (¿la división entre dos proyectos políticos enfrentados? ¿la Alemania unida? ¿la victoria del frente occidental?). Casi siempre estas discusiones reflejan la división entre la Alemania del bloque capitalista, rica y vencedora, y la del bloque oriental que siente que su historia es sistematicamente despreciada y silenciada, como si nunca hubiera existido algo llamado RDA. No es una discusión sobre si el régimen político comunista era o no totalitario; (casi) todos los alemanes están de acuerdo en que lo era. El debate reside en que para los berlineses del este, borrar todo rastro de la RDA equivale a privarles de su singularidad, eliminar de la historia los cuarenta años durante los cuales sus vidas fueron distintas. Es un debate sobre la pluralidad y las diferencias dentro de la propia sociedad alemana.


Palacio de la República, 1977.

El edificio que más ha simbolizado la división entre el este y el oeste ha sido el Palacio de la República. El Palacio de la República era la sede del "parlamento" de la RDA, construido en pleno centro urbano sobre las antiguas ruinas del antiguo Palacio Real de los Hohenzollern. En 1990 después de la reunificación, el gobierno alemán decidió destruirlo -porque era muy feo, porque era un símbolo del régimen socialista, porque había que darle un aire nuevo al centro de la ciudad- y se encontró con una enorme oposición ciudadana.


Palacio Real, 1920.

La polémica fue tal que en 1993 se organizó una gran exposición sobre la historia de ambos edificios para que los berlineses manifestaran su opinión. Concretamente si querían conservar el Palacio de la República como parte de la historia reciente de Alemania o destruirlo para en su lugar... ¡volver a construir el Palacio Real! De hecho durante una temporada después de la caida del muro, el Palacio de la República estuvo cubierto con una gran lona que representaba la antigua sede de los monarcas. Un debate sobre la relación entre la memoria y el paisaje urbano en Alemania pero también sobre la dificultad de elegir un periodo histórico con el que identificarse. Muchos que estaban de acuerdo con la destrucción del Palacio de la República no querían que fuera sustituido por un edificio real: “Las democracias no necesitan palacios”.

La discusión ha durado años y el Palacio de la República está siendo destruido ahora. Finalmente se reconstruirá una réplica del Palacio Real (al más puro estilo Disneylandia).

Sobre la destrucción del Palacio de la República: Brokedown_Palast en Google Video.


>> Destrucción del Palacio de la República, 2008.

Día a día en Berlin I

Como hace mucho que no escribo en el blog, tengo un montón de posts empezados que no consigo acabar, empiezo a hacer honor a mi fama de rancia y no doy noticias (en francés se dice farouche: es mucho más preciso)... copio unos fragmentos del diario que he empezado en Berlín (sí, sí, un diario a la antigua: psicoanálisisDIY + archivo anti-pérdidadelamemoria).

Esta semana hemos entrado en la que será nuestra casa para los próximos dos meses. En Neukölln, un barrio turco y popular en el sureste (a punto de caramelo para la gentrificación pero parece que hemos llegado un poco antes). Es viejísima y grande, con una decoración muy absurda, me recuerda a mi casa de París. La compartimos con un chico alemán y su hijo de 6 meses pero también con los vecinos que entran y salen como si fuera su casa. Nosotros de la de ellos también (escribo esto en un estudio en la casa de arriba: me han dado un cable de red, una mesa y un silla y no me han hecho ninguna pregunta. Intuyo algún código cultural protestante pero no sé. Yo tampoco hago preguntas. Me encanta su economía del lenguaje).

Cuando decidimos instalarnos Berlin se me había olvidado que desplazar el cuerpo y la vida tiene consecuencias: las cosas más insignificantes se convierten en un mapa de signos desconocidos que no sabes cómo interpretar. Algunas ya te las esperas, como perderte en el metro o que te griten en un idioma que no comprendes (esto está muy bien, yo lo aplicaría como tratamiento obligatorio para prevenir la xenofobia). Otras no. Por ejemplo: enterarte de que puedes encontrar la muerte en un lugar en apariencia tan poco hostil como un carril bicicleta, o comprar crema hidratante pensando que es champú y echartela en el pelo (y descubrir que el suavizante es otro invento de la industria farmaceútica para destruir el planeta) y aprender a ir al super con un diccionario. Total, que se te pone a funcionar la cabeza con la intensidad que la de un niño: en un estado de observación permanente. Esta noche he dormido fatal soñando con los géneros (masculino, femenino, neutro) de las últimas palabras que he aprendido en clase de alemán. No merece la pena buscarle la vuelta de tuerca feminista: es puro random. Una pesadilla.

En Alemania el invierno dura desde septiembre hasta mayo. O mejor: dura de septiembre a noviembre y de abril hasta mayo. Lo que queda en medio (de diciembre a marzo) es innombrable y convierte cada pequeña decisión de movilidad en un acto muy premeditado. Hay que saber a dónde, cómo, para qué, durante cuánto tiempo. Me gusta mucho porque me da una sensación permanente de estar adelantada a mi tiempo. Pero no al estilo de los visionarios, que se adelantan décadas o siglos enteros. No. Yo estoy sólo adelantada unos meses. Como un pájaro migrador que no atiende al calendario sino sólo a la temperatura del aire y la velocidad del viento, a mí se me ha puesto el cuerpo en modo navidad. Como si tener ganas de dormir con calcetines y pensar en comilonas y regalos fuera todo junto. Del tirón he empezado a mirar el precio de los vuelos Berlin-Bilbao en diciembre, a decidir qué prenda extravagante voy a añadir esta vez al guardarropa de mi pobre padre (que como buen vasco sólo se viste de azul marino y gris), a pensar en si voy a repetir la huelga de hambre de los años precedentes (que consiste basicamente en comer lo mismo de siempre y beber muchísimo más, con balances sonados y catastróficos) o voy a innovar con algún método más sofisticado (¿boicotear la sopa de pescado? ¿atarme desnuda al árbol de navidad?). Hablo de ello con mi madre. Pero hija, si todavía estamos en septiembre! Ya ama, pero es que estoy en sintonía con el medioambiente.

(continuará...).

Fantasmas de Berlin I. La arquitectura posnacional

 Christo : Wrapped Reichstag VII
Christo: "Wrapped Reichstag VII" (1995)

La primera vez que vine a Berlin en 1997 esperaba encontrar una capital europea como las demás: un casco medieval, algunas iglesias, un anillo de edificios del XIX, un ensanche de la primera mitad del XX, barrios populares de la posguerra y los setenta. Pero nada de eso. En su lugar había edificios proletarios y grandes aparcamientos en el centro, solares vacíos en lo que deberían ser los ejes principales, barrios burgueses del XIX en la periferia, casas ocupadas junto a centros comerciales, grandes avenidas desiertas que no llevaban a ningún lugar... Pensé que todo era causa de la guerra y los 40 años de división. Que los grandes espacios abandonados correspondían al trazado del muro y que en lugar de una ciudad había dos: Berlin del este y Berlin del oeste. Pero tampoco. A pesar de las diferencias evidentes entre una y otra, ambas mitades tampoco son homogeneas sino que repiten la misma desfragmentación del conjunto de la ciudad, sin trazados ni referencias urbanas claras. Un caos total. Un mosaico informe que desafía las ideas más elementales del urbanismo moderno.

La explicación la he encontrado en “The Ghosts of Berlin. Confronting German History in the Urban Landscape” de Brian Ladd, norteamericano especializado en la historia arquitectónica de Alemania. En Berlin hay muchas ciudades juntas. O mejor dicho: muchos proyectos de ordenación urbana frustrados que nunca se han llegado a realizar completamente porque, una y otra vez, las circunstancias históricas han cambiado. La derrota de la primera guerra mundial y la República de Weimar, la gran Germania nazi, las ruinas de la segunda guerra mundial, el muro y la división en dos estados y en 1989 la reunificación. Cada una de estas épocas ha significado un proyecto político distinto que ha querido romper con el anterior y plasmarse en el paisaje urbano. Una ciudad “siempre condenada a devenir y nunca a ser” dijo Karl Scheffler en 1910.

> Proyecto de reconstrucción de Unter den Linden (virtualberlin.de)

El libro gira en torno a una idea: en Berlín ningún elemento urbano -los nombres y trazados de las calles, los edificios, los estilos arquitectónicos o los monumentos- está libre de controversia. Cada uno de ellos refleja diferentes maneras de sentir la historia de Alemania y de proyectarse hacia el futuro. Las ciudades siempre quieren ser representaciones de una identidad y una cultura determinadas pero en el caso alemán ni la identidad ni la cultura son políticamente neutras. Desde la reunificación en 1989 cada decisión sobre si derribar, reconstruir o conservar se ha convertido en un debate social sobre la memoria. La de la Alemania nazi pero también la del Imperio Prusiano, la de la RDA y la reunificada de finales de los noventa.

Se dice que Alemania es “la primera nación posmoderna y la primera sociedad posnacional”. Una sociedad que desconfía de todas las muestras de identidad colectiva, tambien las que del urbanismo y la arquitectura. “A cada paso los alemanes y los berlineses se debaten entre los que desean olvidar y los que insisten en recordar. Las constantes llamadas a la memoria -al silencio y al olvido- hacen que tanto el silencio como el olvido sean imposibles pero también que toda posibilidad de recordar se vuelva muy difícil”.

“The Ghosts of Berlin” tiene elementos criticables. Con su evidente inclinación en favor de los Wessies (los berlineses del oeste) en detrimento de los Ossies (berlineses del este) a veces parece sugerir que todas las formas de totalitarismo fueran iguales, como si la RDA fuera la versión comunista del Tercer Reich. Una idea que, por lo que él mismo cuenta, era típica de la propaganda yankee durante la Guerra Fría y que sigue activa en la mente de muchos alemanes tras la reunificación. A pesar de ello es un magnífico libro para comprender las complejidades, no sólo del urbanismo de Berlín, sino de la historia y la mentalidad alemanas.

“The Ghosts of Berlin. Confronting German History in the Urban Landscape” se puede descargar en PDF en Google Books.

Entrando en Berlin: por atrás y hacia el este

Aunque no nos guste nos introducimos en Berlín como turistas, fascinados por el peso gigantesco de su pasado que es también la historia reciente de una parte del mundo, al menos del que nos pilla más cerca. Y sin querer nos hemos visto atraídos como moscas tontas por la programación cultural más mainstream y veraniega, pensada especialmente para los que buscan la esencia de la ciudad en experiencias museísticas de corto alcance (no nos importa, somos guiris y disfrutamos como cerdos).

En Berlin hacer el guiri significa mirar hacia atrás del siglo XX y hacia el este. Así que nos lanzamos a la Martin-Gropius-Bau muy cerquita de la reconstruida Potsdamer Platz a ver una muestra del constructivista ruso Alexander Rodtschenko y otra del fotógrafo, ruso y judío, Jewgeni Chaldej.

>> "Berlin. Sinfonía de una gran ciudad" de W.Rutman (1927)


La de Rodtschenko nos ha gustado tanto que nos hemos llevado el poster a casa. Su historia es la de casi todos los artistas soviéticos surgidos con la revolución: la de las vanguardias rusas. Aquellos primeros años post-octubre 1917 estaban todos muy cachondos con las posibilidades creativas del nuevo mundo: ¿cómo dotar a la sociedad industrial de un lenguaje adaptado a la filosofía y la estética de las máquinas, sus ritmos y sus movimientos? Es historia del arte. Formado como pintor, Rodstchenko se pasa pronto al collage, el diseño gráfico y la fotografía. Hace retratos, ilustra revistas y libros, diseña carteles, experimenta con las líneas, los ángulos y el punto de vista. De este época son sus publicaciones en la revista LEF (Frente de Izquierda de las Artes, más tarde Neu Lef) y sus muchas colaboraciones con el enigmático y sexy Mayakovsky.

Portadas diseñadas por Rodstchenko.

A medida que la burocracia soviética se organiza Rodtschenko y sus amigos empiezan a perder su libertad creativa. A finales de los años veinte Rodtschenko es llamado al órden y criticado por su “arte burgués”, excesivamente formalista, alejado de los temas y criterios de representación que exige el nuevo realismo soviético. Le piden que se deje de experimentar con las diagonales y se centre en la fotografía documental.
Comienza entonces una época dedicada a cubrir diferentes actos oficiales: celebraciones, competiciones deportivas, desfiles, obras públicas y propaganda militar. Pero lo hace con el mismo talento y de nuevo será rechazado políticamente por el stablishment de la URSS. Hasta el final, y a pesar de las muchas críticas que recibe, consigue mantenerse en la cuerda floja, esquivar la censura y seguir desarrollando su obra, pionera de la fotografía artística y el diseño gráfico.


J. Chaldej

La de Jewgeni Chaldej es una historia muy distinta. Ruso judío, su madre fue asesinada en un pogrom y su padre y sus hermanas en un campo de exterminio nazi. Fue uno de los fotógrafos oficiales de la URSS durante la segunda guerra mundial y la guerra fría. Es el autor de la famosa foto de la bandera rusa en el Reichstag, en mayo de 1945, el día en que los soviéticos entraron en Berlín. El humo y los incendios que se ven al fondo son de otra foto: él los añadió para dar “mayor dramatismo” a la escena.


Mayo de 1945, el Reichstag se rinde a los soviéticos (J. Chaldej)

De hecho, muchas de sus fotografías son montajes que él consideraba “retoques” destinados a reconstruir la realidad. Si no había podido captar el momento en que los aviones soviéticos bombardeaban un objetivo, no importaba, los añadía después. Otras imágenes, entre las más populares de la segunda guerra mundial, también son suyas como los retratos de Göering durante el proceso de Nuremberg o muchas escenas de vida cotidiana en una Alemania derrotada y en ruinas. Recibió un montón de homenajes en vida y murió en 1997.


J. Chaldej

También hemos descubierto que la peli muda “Berlin. Die Sinfonie der Groβstadt” (1927) de Walter Ruttman queda muy bien con la música de los rockeros industriales Entuertzende Neubaten!
Mañana parto rumbo a Berlín con billete de ida. O sea que mi temporada bilbaína una vez más toca a su fín, y comienza otra en una ciudad nueva, fría y a bastantes euros de cualquier lugar del sur de Europa. Go east young man cantaba Liz Phair... Y yo me lo he tomado en serio. Estos primeros meses los pasaremos en un barrio llamado Spandau, al oeste de la ciudad. Lo único que sé es lo que me a contado Internet: que está rodeado de bosques y lagos; que primero fue una ciudad y después el barrio americano del Berlin occidental; que en su prisión fueron encerrados los condenados en el proceso de Nuremberg; y que tiene un bonito casco medieval que seguramente queda desierto a partir de las seis de la tarde. Parece un lugar idóneo para pasar un veraneo al estilo Johnny Rotten: Holidays in the Sun!

Con este viaje se cierra también mi aventura en AMASTE donde, además de trabajar, he dedicado muchísimo tiempo a pelearme con mi jefe: Ricardo Antón. Discutimos porque nos gusta y sobre casi cualquier cosa pero especialmente sobre lo que hacemos los y las que tenemos la suerte de formar parte de eso que ahora llaman la Creative Class.


Así que no encuentro mejor manera de cerrar la vieja etapa y abrir la nueva que recuperar uno de sus textos: ¿Dónde está mi GPS?, publicado en el último número de la revista AAAAA. No estoy de acuerdo con todo pero me identifico con cada una de sus dudas. Y creo que resonarán con fuerza en muchos de los que pasais por este blog. Os deseo un feliz verano al sol. Ptqk de vuelta en cuanto encuentre un Wifi :-)



¿Dónde está mi GPS?

¿Una hoja de ruta a ninguna parte?
¿Personal e intransferible?
¿Sin salida?

Sesión aleatoria de iTunes.
Herramientas > Contar palabras: 1.512.

¿Creo en la revolución y en la utopía?
Dicen que es algo anacrónico.
Lo personal es político y tiene capacidad de transformación.
Opero desde las micropolíticas de la vida cotidiana.
La creatividad es mi herramienta de trabajo.
No hay creatividad aplicada, sino aplicaciones de la creatividad.
Pensar políticamente / Actuar políticamente.
Pensar políticamente / Actuar técnicamente.
Pensar técnicamente / Actuar políticamente.
Pensar técnicamente / Actuar técnicamente.
¿Para quién trabajo?

La responsabilidad del artista no es interpretar el mundo, sino cambiarlo.
Y cambiarlo significa cambiar también la manera en que las cosas cambian.
¿Tiene el arte o la práctica artística una especificidad frente a otras “artes” o prácticas culturales?
Entender la cultura como el eje transversal en un proceso complejo de innovación social.
Una práctica social, política y culturalmente comprometida.
Recuperar el deseo.

“Hemos aprendido las reglas y jugamos a ganar” ¿De verdad me lo creo?
Aprender/enseñar a hablar el lenguaje del sistema (que en gran medida es a lo que yo me dedico), quizá no sea una estrategia posibilista de transformación o/y resistencia a corto-medio plazo, sino un modo de perpetuar nuestro sometimiento.
Trabajar > Producir > Consumir.
¿No trabajar > No producir > No consumir?
¿Es posible no cruzar esa delgada línea que nos separa de el otro lado y nos mantiene, o eso esperamos, junto al resto de criaturas?
¿Hay otro lado o estamos todos/as en éste?
Todos/as encarnamos el capitalismo.
¿Es más rentable operar de partida con todas las limitaciones?

Objetivo:
Romper el paradigma de lo posible.
Buscar el extrañamiento.
“¿Cómo agujerear la realidad?”
Conservar el Status Quo: No / Si.
Identificar la injusticia: Actuar / No actuar.

Socialismo y barbarie, una posibilidad de revolución hace 40 años.
Eskorbuto y CRASS como bisagra temporal.
Anarquismo neoliberal ¿una posibilidad contradictoria para infiltrarse hoy?
Otra posibilidad: Hidrogenesse, “Disfraz de tigre”.

“Aprender a des-aprender como se des-hacen las cosas”.
¿Siempre buscamos y repetimos lo que ya conocemos?
¿Cómo aprender de quienes siempre hemos pensado que teníamos que enseñarles?
¿Cómo renunciar al papel que pensamos que tenemos que jugar y diluirnos para dejar paso a la única forma de revolución posible?
Probablemente no voy a conducir a nadie a ningún lado. En cambio, debo dejarme llevar, pero sólo será posible si confío en que alguien vaya a hacerlo (lo intento). ¿No será otra forma de delegar mi responsabilidad? (creo que no).
Y quien mejor que quienes tienen más urgencia.
Quienes tienen “menos” que perder (“menos” riesgo > “menos” heroísmo).
De la urgencia surgen posibilidades radical y verdaderamente nuevas y/o diferentes de las que puede surgir lo inesperado.
¿Estamos dispuestas/os a perder el control?
Podemos derivar a la deriva.

¿Cómo nos organizamos sin jerarquizar o centralizar?
Inventando nuevas maneras de relacionarnos y comunicarnos, horizontales y colaborativas, que se inserten en un concepto de espacio público integrador, sostenible y solidario, capaz de hacer visibles sus antagonismos.
Continúan siendo necesarios elementos que activen el debate crítico (de un modo independiente, desde la sociedad civil, no desde una coercitiva mediación institucional).
Ejercer la crítica -constructiva o destructiva (si es que no es lo mismo)- desde la creación de subjetividad, la producción de “sentido”, la introducción de desviaciones en la lógica del sistema, etc.
Tan importante es el contenido del posible debate, como su dispositivo y su accesibilidad.
El poder es anti-emancipatorio.

No hay modelos ni recetas.
No hay respuestas, sólo intentos que posiblemente fallarán aunque funcionen.
No nos escudemos en el discurso como analgésico.
Asumamos sin justificaciones el potencial revelador y constructivo del fracaso.
Asumir el fracaso nos hace libres y nos mantiene activos/as en el proceso.
El proceso nunca defrauda, pero no hay que recrearse.

Flexibilidad.
¿No segmentar tanto o hacerlo más aun?
Capacidad de análisis (auto)crítico.
Fijarse en lo que no parece importante.
Pedagogía basada en aprender con/del otro/a.
Compartir saberes.
Formar ciudadanos/as antes que profesionales.
DIY.
Comprometerse y responsabilizarse. Co-responsabilizarse.
Ser parte de / Coproducir / Participar
Diversificar los puntos de vista y ponerlos en común.
No tener miedo a lo lúdico. Martxa eta borroka.
Pensar antes de decir no a una invitación.
Disfrutar.
Sin prisa.
Elegir / Elegir TODO.
Cotidiana delirante.
Conocer el entorno.
Atender a los márgenes.
Coger perspectiva.
Simplicidad detallada.
COOLesCULO.
Comunicación para compartir.
Guerrilla del marketing.
Estrategias para el desarrollo colectivo.
Nuevas interfaces.
Usar menos imperativos.
Modelos transmisibles y recontextualizables.
Evaluar.
Sin demasiada metodología.
El sentido común.
Fiarse del instinto.
Sentirse identificados/as emotiva y/o ideológicamente.

¿Distopía vs Utopía?
¿Inconsciencia vs Consciencia?
Devolución vs Evolución vs Revolución.
Deshacer vs Hacer.
Disenso vs Consenso.
Conversaciones vs Historia.
Diluirse vs Mediar vs Liderar.
Cultura política vs Política cultural
Práctica artística vs Arte.
¿ Trabajar para vivir vs Vivir para trabajar?
Un amigo dice que “Si te pagan por hacerlo, es que no puede ser bueno”.
¿Cuándo tomaremos –conjuntamente como sociedad- una profunda determinación de priorizar lo social sobre lo económico?
¿Es la “conciencia de clase” un vestigio que efectivamente no supero el Efecto 2000 o el algo que trata de borrarse de nuestra memoria?
¿Cómo neutralizar el discurso anti-burgués de la burguesía?
¿Quién paga la revolución?
“La revolución no será televisada”, pero ¿qué será?

¿Qué sientes cuando ves por la tv los coches arder en los suburbios de París?
Deseo / Rabia / ¿Chusma? / Calor / Incomprensión / Seguro a todo riesgo / Esperanza / Miedo / Oportunidad / Más policía / Un garage / Zappear.
¿No arden suficientemente cerca?
Muerde la mano que te da de comer.
Muerde tu propia mano.
AHORA.
YA!!

¿Salir de la dialéctica de la confrontación?
Situarse más allá del miedo y la violencia.
Dar sin exigir total reciprocidad.
No juzgar a las/os demás.
Entender conviviendo.
Complacer a quienes conviven con nosotras/os. Atender a sus necesidades (parece fácil, pero para es lo más difícil).
Reconciliarse con el instinto.
Recuperar el deseo.

Necesitamos ciudadanos/as relacionándose.
Espacios simbólicos, no emblemáticos.
Flujos, encuentros, situaciones.
Sistemas plurales, donde no sólo se respeten, sino se asimilen y potencien la diversidad y la discrepancia -cultural, política, religiosa, etc.-.
Dispositivos y procesos abiertos de participación activa que no se queden en lo representacional.

Cuidado con la ansiedad. En vez de “nada es suficiente”, “Poco es bastante”.
Cuidado con la autocomplacencia.
Cuidado con el paternalismo.
Cuidado con la pureza.
Cuidado con las/os revolucionarias/os dogmáticas/os.
Cuidado con las/os intelectuales.
Cuidado con las/os intelectuales que disimulan. En el peor momento les traicionará su naturaleza.
Cuidado con quienes digan que actualmente lo más trasgresor y radical es ser conservador. Probablemente no es más que una manera autocomplaciente de teñir de “progresismo” su tradicional “conservadurismo”.
Cuidado con la fascinación por las TIC’s. Sácalas el máximo partido, pero no olvides que sobre todo son un mecanismo de control.
El control es anti-emancipatorio.
El control es violencia sofisticada.

La sofisticación es una perversión al servicio del poder.
La posibilidad de sofisticación es el signo de estatus de la élite.
El anhelo de sofisticación es la zanahoria de la clase media.

El alarde de la técnica y la sobre-producción son síntomas de la sofisticación posmoderna, que tiende al colapso (pero no se colapsa).
Todo tiende a estar mejor producido y mejor resuelto.
Todo es más interesante, pero paradójicamente carece de interés. Es inocuo.
La cultura es paradigmática de esta inocuidad.
Una mayor/mejor programación cultural no nos hace necesariamente más cultos/as. Una programación alternativa no nos hace necesariamente más alternativos/as.
La cultura que producimos/consumimos es ya sólo una ilusión, un efecto con tara.

Necesitamos emanciparnos de la cultura tal y como hoy la (re)conocemos y entendemos, de nuestras propias expectativas hacia lo cultural y de la creciente demanda del capitalismo.

La “mejora incremental” solo es una ilusión disuasoria, anti-revolucionaria.
¿Es posible forzar el colapso?
¿Hace falta un cambio radical?
Contra todo.
Dar un salto evolutivo.

No se si soy capaz de hacerlo. Del mismo modo que debido a mi educación, pese a ser ateo no dejo de comportarme según el código judeo-cristiano, como profesional de la cultura, no dejo de creer en su capacidad transformadora.
O quizá es que hace tiempo que ya he dejado de confiar en esa posibilidad y sólo continúo por inercia ¿Es posible romper la inercia?
Todos los días lucho contra mi mismo. Me cuesta levantarme.
Quizá sufro un trastorno bipolar ¿y quién no?
No me han diagnosticado ningún trastorno de este tipo, pero he visto seis veces El club de la lucha.
Apocalípticos e Iintegrados.
¿Demasiadas contradicciones?

¿Cómo se gesta ese “cambio radical”?
¿Es posible operar al margen de la lógica del sistema?
¿Será el mundo lo que seamos capaces de imaginar?
Imaginar individualmente.
Imaginar colectivamente.

Quizá lo primero que necesitemos sea imaginar y formular nuevas palabras que no vengan ya cargadas de significados y condicionantes. Nuevas palabras que nos sitúen en nuevos escenarios en los que ACTUAR (ACTUAR vs Interpretar).

Revolución x ___
Utopía x ___
Progreso x ___
Fracaso x ___
Política x ___
Poder x ___
Cultura x ___
Arte x ___
Educación x ___
Ciudadana/o x ___
Intelectual x ___
___ x ___ (Elige la tuya).

Pero sobre todo es necesario pasar a la acción.

ACCIÓN!!