Mostrando entradas con la etiqueta hacking. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hacking. Mostrar todas las entradas
Este texto aparece en un fanzine editado por el colectivo Erreakzioa-Reacción con motivo de la propuesta Erreakzioa-Reacción. Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo en el MUSAC de León. Junto con el fanzine, Erreakzioa-Reacción presentan también una instalación para el espacio Vitrinas del museo en la que revisan su trabajo desde 1994, a caballo entre la práctica artística, la teoría y el activismo feminista. Todo ello ocurre de manera simultánea a la exposición colectiva Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 que puede visitarse hasta el 6 de enero del año que viene. 

En él, como se aprecia en el título, regreso a uno de mis básicos, el cruce entre tecnología y feminismo, para intentar responder a algunos de los interrogantes contenidos en la sentencia que lo abre: "No se puede ser ecofeminista y ciberqueer al mismo tiempo"

Es esta una disyuntiva falsa y que nos limita. Pero una disyuntiva a la que se llega sin demasiada dificultad manejando las teorías que hoy muchas de nosotras tenemos bajo nuestras manos. ¿Necesitamos más teorías? En mi opinión, nos sobran. Tal vez lo que nos hace falta es formular otras preguntas, añadir nuevos elementos a las preguntas que ya tenemos, revisar los elementos que se nos han quedado viejos (y descartarlos sin complejos), cambiar de aires, cambiar de prioridades o cambiar de vocabulario. 

No consigo nada de esto, ni de lejos. Modestamente intento un despeje de terreno (para uso propio, en primer lugar) aún a riesgo de pringarme de barro hasta las rodillas, que es lo que acabo haciendo al final. 

Necesito y agradezco feedback. 

El texto se lee aquí mismo y se descarga pinchando en el título: 




El des-anuncio

Interrumpo mi concentración, y vuestras digestiones, con unos minutos de publicidad. 


Septiembre 2011, vuelo Madrid-Bilbao. Hoy he visto un anuncio flipante en "Ronda Magazine", es tan malo que no puedo dejar de pensar en él. Anuncian tres marcas a la vez, una de jamón, otra de brandy y otra que parece una consultora financiera. Sale un calvo con una bellota en la mano. 

Septiembre 2011, vuelo Bilbao-Madrid. Lo he vuelto a ver. Me he fijado mejor. El anunciante es una empresa de préstamos. Pero el calvo no es el director de esta empresa sino de la de jamones, y a lo mejor también de la del brandy porque lleva una corbata con dibujos del toro de Osborne. Los jamones del fondo son de otra foto. Como dice siempre mi amiga Mia citando a Juan Cuesta: “qué follón”.

Diciembre 2011, vuelo Berlin-Madrid. Han pasado tres meses y el anuncio sigue ahí. Como mínimo, este anuncio ha pasado por las manos de al menos cuatro Directores Generales: el del jamón, el prestamista, el de Osborne y el de Ronda Magazine. Son dementes en serie. Voy a llevarme la revista para el blog, puedo escribir algo sobre el universo estético de la caspa española. Aunque no sé. Creo que era Unamuno quien decía que criticar lo español es lo más típicamente español, así que mejor me callo. 

El Director General de Crédito y Caución (Atradius Group) tomó el montón de mensajes de fax que se apilaban sobre su escritorio y pasó las primeras páginas distraidamente. Al llegar a uno de ellos se detuvo, con gesto contrariado. “No te jode, 20.000€ por diseñar un anuncio... “. Se quedó unos minutos pensativo. Después, cogió el teléfono móvil y marcó un número de su agenda de contactos. “¡Qué pasa, Quirós!”, exclamó con una amplia sonrisa. “ Oye, ¿comemos juntos esta semana? Tengo una idea que te va a encantar.” Había nacido el primer des-anuncio. 

Preguntada por el significado del anuncio de Crédito y Caución en el exámen de fin de carrera, la estudiante de Ciencias de la Comunicación respondió: “Así como la publicidad consiste en crear en el consumidor un vínculo emocional con el producto, y la contra-publicidad en debilitarlo, la des-publicidad niega la posibilidad misma de ese vínculo, sumiendo al potencial consumidor en un estado de estupor tal que las facultades más elementales de su humanidad – esto es, la interpretación de la realidad mediante el lenguaje y la habilidad para elaborar juicios de valor basados en esa comprensión – quedan momentaneamente suspendidas. En tiempos de saturación informativa, la des-publicidad encarna el grado cero del lenguaje. No sólo interrumpe el flujo de intercambio semiótico que conecta a cada individuo con su entorno, sino que lo desconecta asimismo de su propio yo, arrebatándole la certeza primigenia en que se sustenta, desde Descartes, la subjetividad del hombre moderno: cogito, ergo sum. A diferencia de la publicidad y de la contra-publicidad, que actúan sobre las pulsiones inconscientes, la des-publicidad actúa sobre la consciencia en sí misma. Su propósito no es pues comercial, sino metafísico.” 

He entrado en la web de Crédito y Caución y todo parece normal, los niveles de caspa son los habituales. Pero está claro que hay una falla en su estructura organizativa que denota un grado de enajenación mental extraordinario, incluso para una empresa de préstamos. Si no estuviera muerta, sería un caso para Margarita Landi, porque lo que se discute aquí no es una cuestión estética, sino de orden moral.



Revolviendo carpetas viejas he encontrado esta tabla que cogí en el año 2006 en la primera edición del festival now, que anualmente organiza el CCCB de Barcelona desde entonces. Han pasado 5 años, que a la velocidad que van hoy las cosas (todas las cosas), es una unidad de tiempo histórica. Por citar dos indicadores: 2006 fue el año en que Facebook dejó de ser un servicio accesible solo para universitarios estadounidenses; y Twitter, la otra gran revolución de las redes, aún no existía. La prehistoria.

Me muerdo la lengua sobre la evolución que han tenido las ideas formuladas en este documento desde entonces. No me refiero a la evolución de las ideas en sí (que basicamente son las mismas hoy; y ahí está la gracia) sino a la transformación de, poniéndome pedante, su lugar de enunciación: su reconocimiento, su mainstreamización, su aplicación... En definitiva, su desplazamiento desde las periferias de lo social, porque el CCCB será institucional pero no es el Camp Nou ni las Ramblas, hasta el sancta sanctorum de la gurusfera más influyente y, dicho sea de paso, menos afín a lo cultural, más de rollo Camp Nou, para entendernos (bueno, estaba claro, se me ha escapado).

Por eso, además de su interés intrínseco, este documento tiene tela por ese otro valor añadido que podríamos llamar de Arqueología de las Ideas. Las ideas cambian y se transforman, se cortan, se pegan y se remezclan, y larga vida al remix. Pero cualquiera que sea el uso que hagamos de ellas, nunca está de más tener presente su genealogía y las condiciones que han favorecido su emergencia. Decir que estas ideas provienen del mundo del arte, como si fuera una esfera autónoma, es una banalidad y una falacia; no hace falta más que ojear una Wired o, si lo hubiera, un wikileaks de los think-tanks norteamericanos de la misma época. Pero sí me parece necesario recordar, ahora que se están afilando las tijeras, que el conocimiento no se recicla solo y que la cultura contemporanea habrá sido un laboratorio o no habrá sido nada, ni siquiera un centro comercial (lo que no es más que otra idea vieja que se puede conjugar en pasado, presente y futuro y glosar y volver a remezclar).

Laboratorio feminista ciberpunk



Lo de arriba (que se puede ver ampliado aquí) es mi respuesta a la invitación de la Mediateca del MUSAC a participar en las jornadas sobre software libre, arte y mujer que tuvieron lugar el pasado 12 de noviembre. Algunas precisiones:

En el esquema se me olvidó dibujar lo más importante: frente a la dicotomía software libre / mujer, me interesa más proponer otra: ética hacker / feminismo. A partir de aquí, planteo la pregunta de si es posible pensar en una ética hacker feminista y, en caso afirmativo, cuáles serían sus características, las más importantes de las cuáles, para mí son: el compromiso con el dominio publico y la idea de procomún; la relación con la comunidad; y la dimensión contra-cultural de la filosofía del software libre y la ética hacker (y digo contra-cultural en todos los sentidos de la palabra).

La reflexión se articula en torno a la idea de conocimiento autorizado: si la historia de la ciencia es (también) la historia de la legitimación de ciertas formas, ciertos canales y ciertos agentes de producción de saberes, me pregunto cómo desde el feminismo podemos proponer -y legitimar- otras formas, otros canales y otros agentes (subversivos, contra-culturales, emancipatorios). Es en definitiva, una reflexión sobre el modo en que se construye el conocimiento hegemónico y la posibilidad de formular tácticas de acción politica feminista en un entorno como el tecno-científico, abiertamente blanco, racionalizante y patriarcal. Frente al conocimiento autorizado, el pensamiento feminista dice: conocimiento situado, un concepto sacado de los escritos de Faith Wilding, que se opone al aislamiento del objeto de estudio y propone ponerlo a dialogar con otros parámetros y niveles de realidad (quién piensa, cómo, dónde, cuándo y para qué).

El esquema no incluye temas obvios como la relación entre género y sociedad del conocimiento o la presencia de mujeres en los equipos de programación. La razón es que me tocaba hablar en tercer lugar, después de dos personas que lo iban a explicar mucho mejor que yo: Carmen Castro, economista, activista del software libre especializada en políticas de género y autora de Sin Género de Dudas; y Miriam Ruiz, desarrolladora de Debian, editora de Barrapunto y asesora en temas relacionados con el software libre del Principado de Asturias. Lo mío puede ser leído como una nota a pie de página a sus presentaciones.

Empecé a trabajar sobre la intersección entre género y tecnología creo que en el año 2004, de modo que este esquema recoge algunas reflexiones que, o bien no había abordado entonces, o bien las he ido tratando de manera desordenada, entre conferencias, artículos, posts y demás. Para completarlo, recomiendo:
El programa de EnRE/Dades, géneros en red y acciones ciberfeministas, que organicé en Barcelona en 2004.
Los materiales del taller de ciberfeminismo que impartí en el Feministaldia 2005 y para Emakumeak en 2006.
El texto “Chúpame el código 2.0” publicado en la revista Zehar en 2007.
El texto “Notes on the Knowledge Economy from Cyberfeminism” , festival City of Woman de Ljubljana 2008.
El post “El deporte olímpico del e-waste” sobre la basura electrónica.
El post “¿Por qué las mujeres son como los pollos y los pollos como las mujeres?” sobre el trabajo de subRosa.
El post “Las políticas del cuerpo cibernético” sobre el trabajo de Beatriz Preciado en “Testo Yonki”.
La recopilación de textos históricos del ciberfeminismo de Mujeres en Red.
Publicado en Mugalari el 28 de mayo 2010.



En un momento en que las tecnologías aplicadas a lo urbano se rinden cada vez más a la explotación comercial, el proyecto The Artvertiser propone justo lo contrario: sustituir los anuncios en vallas, paredes y edificios por obras de arte eslóganes subversivos.

Cuando el protagonista de la película “Están vivos” se pone unas gafas de sol que ha encontrado en la calle por casualidad, descubre que el mundo a su alrededor oculta un secreto. Vistos a través de ellas, los anuncios son en realidad mensajes subliminales que llaman a la obediencia y al culto al dinero; los gobernantes, alienigenas camuflados que se sirven de la sociedad de consumo para dominar a la humanidad. Dirigida por John Carpenter en 1988 e inspirada en un relato de ciencia-ficción escrito por Ray Nelson en los años sesenta, “Están vivos” es una de las referencias que el creador de The Artvertiser, el neozelandés Julian Oliver, cita como inspiración del proyecto The Artvertiser, en el que también han colaborado el programador Damian Stewart y los artistas Clara Boj y Diego Diaz.

The Artvertiser toma la forma de unos prismáticos, un poco más grandes y aparatosos de lo normal, con los que se puede recorrer la ciudad como en la película de Carpenter, descubriendo una realidad inesperada. El dispositivo está diseñado para reconocer ciertos anuncios que, vistos a través de las lentes, se transforman automáticamente en otra cosa: una pintura, una fotografía, una frase, lo que sea. El soporte publicitario, que puede ser desde una valla publicitaria a un vagón de metro, es intervenido o directamente eliminado y desviado de su función comercial. La franquicia Dumping Donuts se convierte en Fucking Donuts, la cadena de electrónica Saturn pasa a ser Sun Art, el logo de una caja de ahorros se mezcla con imágenes de un gallinero, los carteles en lo alto de los edificios muestran un mensaje que dice Su Arte Aquí. La ciudad se despliega como un lienzo vacío, como una exposición, como una narrativa distinta de la que vemos todos los días. Las posibilidades son ilimitadas.

The Artvertiser parte de una constatación obvia pero ampliamente asumida. Los anuncios publicitarios son mensajes de propiedad privada y con fines comerciales, situados en un espacio que sin embargo es de naturaleza colectiva como son las calles, las plazas, las paredes de los edificios o el paisaje urbano en su conjunto. La publicidad no sólo privatiza estos lugares. También los transforma en soportes de comunicación unidireccional que funcionan de modo similar a los archivos digitales de “sólo lectura”: sus destinatarios unicamente los pueden consumir de modo pasivo y en ningún caso están autorizados a modificarlos. Aunque no nos demos cuenta o nos hayamos acostumbrado, nuestra experiencia cotidiana de la ciudad está mediatizada por una gran cantidad de información cuyo significado es cerrado, privado y unívoco.

The Artvertiser subvierte esta lógica a varios niveles. Al eliminar el ruido publicitario, propone una situación más activa (interactiva) en la que el usuario entabla algo parecido a una conversación con el entorno que le rodea. De este modo, devuelve al espacio público el lenguaje que le corresponde: el de la comunicación abierta, multidireccional, susceptible de ser re-escrita con infinidad de interpretaciones. Los prismáticos están equipados además con un puerto inalámbrico, de modo que, si existe una conexión a internet cercana, las intervenciones pueden documentarse y publicarse online en tiempo real, proporcionando una memoria alternativa, cambiante, de las ciudades. Las modificaciones de The Artvertiser no se producen en el ámbito físico (los transeúntes que no usan los prismáticos no perciben ningún cambio) sino en otro plano, el de lo virtual, que se convierte así en un nuevo espacio público, quizás el único posible a medida que el urbano es progresivamente invadido por la publicidad. Como dispositivo de visión digital, The Artvertiser entra de lleno en la categoría de lo que se conoce como Realidad Aumentada pero, por su propósito, se separa con elegancia de otras iniciativas de mediarquitectura o visualización de datos. Aquí no se trata de aumentar la cantidad de información disponible sino de alterar la información pre-existente para proponer otro tipo de experiencia. Seguramente por ello, sus creadores prefieren hablar de Realidad Mejorada e incluso citan como otra de sus referencias el proyecto “Diminished Reality” que pretende cambiar los carteles del borde de las carreteras por mensajes personalizados y útiles, como “Steve, te has pasado de calle, da la vuelta”.

Hasta ahora, The Artvertiser ha intervenido la Puerta del Sol de Madrid, Times Square en Nueva York, Alexander Platz en Berlin y la famosa esquina de Shibuya en Tokyo con obras de artistas, activistas o diseñadores seleccionados a través una convocatoria abierta. El software por el momento sólo funciona con los prismáticos especiales y ordenadores portátiles pero se preve que en el futuro pueda también instalarse en teléfonos móviles de última generación o con cámara integrada. El código ha sido creado bajo plataforma Linux y, una vez completado, será puesto en circulación con una licencia de código abierto.

En el principio fue Norbert Wiener

Hace exactamente 4 años, uno de los textos que escribí para uno de los doctorados que no he acabado nunca empezaba con una cita de Norbert Wiener, el papá de un concepto fundacional de toda una forma de entender nuestra relación con la tecnología. Un concepto que hoy suena a pantallas negras, MS-DOS y web sin metalinks, pero que nos hizo soñar tanto y tan bonito. Me refiero a la cibernética. Ya sé, soy una romántica, venir con esto ahora que lo que mola son los fenómenos emergentes es un anacronismo. Me da igual (y además, lenguajes aparte, ambas cosas están muy relacionadas).

La referencia a Wiener la saqué de un texto de Xabier Barandiarán, que era uno de los miembros del difunto e irrepetible Metabolik, el laboratorio hacker de Leioa. Xabier hablaba también de Donna Haraway, su teoría del cyborg, la arquitectura de los protocolos de información y la textura inevitablemente política del código informático como una gramática, como un sistema de signos. El texto se titulaba “Activismo digital y telemático. Poder y contrapoder en el ciberespacio. v.1.1” y todavía es una lectura 100% recomendable (y no sólo con interés arqueológico). Digo esto porque el mundo del que hablo ya no existe, se lo han tragado la dos-punto-cero, las redes sociales y la democratización (sic) del acceso a la tecnología, pero lo que se decía y escribía en aquellos canales IRC y aquellas listas de correo, sigue siendo imprescindible para comprender con cierta profundidad eso que llamamos sociedad del conocimiento (ya he avisado que me iba a poner vieja rockera).


Era de esperar pero me ha emocionado igual: el capítulo 6º de “El Siglo de la Biotecnología” de Jeremy Rifkin está dedicado a la cibernética y en concreto al proceso de mimetización entre el lenguaje de los ordenadores y el de la biología. Ambos se crearon aproximadamente en la misma época y se inspiraban mutuamente. Si Internet, con sus ramificaciones mutantes e inteligencias conectadas, se parece tanto a un sistema vivo, es porque la cibernética como lenguaje surgió a la vez que las modernas teorías sobre el funcionamiento de los organismos. Las metáforas y las palabras utilizadas para explicar ambos fenómenos son contemporáneas.
En 1953, siete años después de que unos ingenieros pusieran en marcha el primer ordenador que funcionó en la Universidad de Pennsylvania -el ENIAC- James Watson y Francios Crick anunciaron que habían descubierto la doble hélice del ADN, abriendo así la puerta a los secretos del mundo interno de la biología. Con metáforas y expresiones tomadas del nuevo campo de la cibernética y de las ciencias de la información, aún en ciernes, hablaron de la naturaleza helicoidal de los genes como de un código, programado con una información química que había que descifrar.
Rifkin parece sugerir que la influencia fue unilateral, del lenguaje cibernético hacia el biológico. Personalmente lo dudo porque es imposible saber en qué momento histórico exacto se genera una idea y la forma de expresarla. Me parece más prudente pensar que simplemente ambos grupos de conceptos surgieron a la vez, influyéndose el uno al otro. En cualquier caso, es a partir de ese momento cuando empieza a arraigar la idea de que la realidad no es una concatenación lineal de sucesos causales (a provoca b) como se pensaba desde la Ilustración sino una interacción dinámica entre elementos cambiantes. Por primera vez se empieza a pensar el mundo como un conjunto de sistemas de flujos integrados, que es precisamente como funcionan los organismos vivos y los ordenadores.

En el caso de la biología, este nuevo universo semántico tuvo una consecuencia concreta, también de orden semántico, pero no sólo. Hasta entonces para describir la actividad de los organismos los biólogos hablaban de “comportamiento” pero a partir de la emergencia de la cibernética empezaron a hablar de “rendimiento”. La diferencia es notable: no es lo mismo decir que algo “se comporta de manera x” que decir que “tiene un rendimiento x”. Mientras que comportamiento es una palabra descriptiva, rendimiento (que viene de la ingeniería) es un término valorativo, que introduce un juicio en términos de eficacia.

¿A dónde voy? A raiz de Soft Power estoy leyendo muchos textos científicos. Y claro, lo hago desde una perspectiva que no es la del hombre de ciencias ortodoxo sino la de la crítica cultural. La ciencia está convencida de que su manera de contar el mundo es absolutamente objetiva. Ya sabemos que no, que los proyectos de investigación cuestan mucho dinero y que sólo por eso, la decisión de qué se investiga y qué no, y en qué dirección (para probar qué cosas) está muy condicionada por las fuentes de financiación. Si te paga Bayer, más te vale encontrar algo que pueda comercializar, por poner un ejemplo idiota. Sabemos que la ciencia tiene, como todos los campos de saber, su contexto histórico, social, ideológico.

Pero es que además está el problema del lenguaje. Sólo podemos pensar lo que podemos imaginar y sólo podemos imaginar a partir del sistema de representación que ya tenemos. Cuando leo textos científicos me sorprende la fé casi religiosa con la que usan las palabras, como si un término pudiera contener completamente la realidad a la que se refiere. Es un debate filosófico (y poético) antiguo, pero al parecer la mayoría de los científicos que van por ahí describiendo el mundo lo desconocen. El problema es que los hombres de ciencia tienen mucho más poder que los filósofos que, a lo sumo, acaban dando clases de metafísica o si tienen suerte y mucho empeño, escribiendo algún libro que sólo leerán sus compañeros.

El libro de Rifkin está muy bien como introducción al biotech. Contiene muchísima información útil sobre lo que se está haciendo ahora en los laboratorios y sobre la génesis de la mentalidad biotecno-determinista. Sólo le falla que el hombre es un conservador que tiene la desvergüenza de no citar ni una sola vez a Donna Haraway que, junto con Wiener, es la otra referencia de cabecera para pensar el nuevo cyborg. Es una pena. Y ahora sí, me voy a tomar una cerveza.

El dibujo es de Jon Mikel, el participante más joven del taller de ingeniería celular do it yourself que hicieron las subRosa en Soft Power.


Necesitamos nuevos modelos para conceptualizar el trabajo posindustrial

o inmaterial o creativo o como queramos llamarlo,
que es sobre todo de orden mental, relacional y emocional.


Ninguno de los participantes en el Cultivo de Microbios de Zemos98 sabíamos lo que íbamos a hacer allí. Pero nos habíamos comprometido a una cosa: el primer día teníamos que llegar con algo para compartir. Ya que desde el festival nos llamaban “encuentro experimental de microorganismos culturales”, quise proponer un tema que, aunque jamás sale a escena, en realidad nos carcome las entrañas como una plaga de termitas. No es el dinero. Es el tiempo de trabajo.

¿Qué es tiempo de trabajo y qué no lo es? ¿Cómo se cuantifica el tiempo de inspiración? ¿Qué significa perder el tiempo? ¿Todos los tiempos son iguales o hay diferentes calidades, texturas, intensidades de tiempo? ¿Cómo se valora la productividad de los “microorganismos culturales”?



La hipótesis es que el concepto de tiempos de trabajo que manejamos está obsoleto.
Está pensado para la fábrica, para el trabajo en cadena, para la serialización. Es un concepto industrial. Si te ganas la vida metiendo tornillos en cajas, distinguir entre cuando trabajas y cuando no trabajas está muy claro. Meter tornillos en cajas es trabajo, la pausa del bocadillo no. Te la pagan porque para seguir metiendo tornillos en cajas necesitas comer. Pero mientras lo haces, otra persona puede ocupar tu lugar en la cadena y la producción continúa. Se puede rotar a un empleado por otro, cuantificar sus tiempos, programar las tareas y optimizarlas con formulas matemáticas. Cuanto más tiempo pases en la cadena, más tornillos meterás en cajas. Y si no lo haces, salta a la vista. En las actividades intangibles no es así.

En las actividades intangibles los tiempos de producción y los de reproducción se confunden.
No se pueden cuantificar ni programar, no son serializables ni industrializables. Y además quedan fuera de control porque nadie sabe lo que te pasa por la cabeza.



La economía feminista distingue entre lo productivo y lo reproductivo.
En la parte superior de este esquema está la economía productiva que corresponde con la dimensión pública de la sociedad: la fábrica que produce bienes y entrega dinero a cambio de trabajo y el hogar que devuelve el dinero al circuito económico en forma de consumo. Cuando se habla de economía se habla sólo de esta parte: es la economía visible.
La parte inferior corresponde a la economía reproductiva. Es lo que no se ve y no se cuantifica, y que mayormente tiene lugar en el ámbito privado de la sociedad: la familia, el hogar o la persona. Aquí tienen lugar los trabajos de cuidados como los afectos, la salud, el bienestar físico y emocional, la comunicación interpersonal, la vida comunitaria o el desarrollo de valores culturales, entre otros. Es la parte invisible, o invisiblizada, de la economía.
La economía feminista nos dice algo que es de cajón: los trabajos de cuidado son trabajo y producen valor, y sin ellos el conjunto de la economía se vendría abajo. Ambas dimensiones son co-dependientes y se retroalimentan.



Como “microrganismo cultural” ¿cuáles son mis tiempos de producción y reproducción?
Si traslado el esquema económico clásico, concebido para el conjunto de la sociedad, a la escala de mi vida es evidente que tanto mis tiempos de producción (delante del ordenador) como mis tiempos de reproducción (mientras hago la comida por ejemplo) constituyen y producen valor. Pero no sólo en el sentido que indica la economía feminista.

Mis tiempos de reproducción son tiempos de producción pura.
No es que necesite comer para seguir pegando golpes al teclado. Es que mientras como, o mientras voy en bici, o mientras hago cualquier otra cosa que no sea estar delante del ordenador, sigo pensando. Sigo tomando decisiones, buscando el enfoque adecuado, dando vueltas a las ideas... Sigo produciendo. (Por ejemplo, para los que me preguntan que de dónde saco tiempo para hacer un blog: es que los posts los escribo en la cabeza mientras friego los platos que, como es tan repetitivo, me pone la mente en un estado superzen que delante de una pantalla no alcanzo ni de lejos).



En el caso de los “microorgamismos culturales” es aún peor.
No sólo trabajamos mientras fregamos los platos. Cuando salimos, cuando vamos a un concierto, cuando leemos un libro (por placer, sin finalidad), cuando nos emborrachamos como cubas también estamos trabajando. Seguimos procesando información, inspirándonos, aprendiendo, conociendo gente... haciendo cosas que forman parte de nuestros activos o nuestro capital, que son recursos y herramientas de trabajo. En mi caso además, me paso la mayor parte del día literalmente pensando en las musarañas, que son mis compañeras de trabajo.
El lado oscuro de esto es el trabajocolismo que afecta a muchos de nuestros compañeros y se hace notar especialmente en el caso de que, por ejemplo, tu pareja se dedique a otra cosa completamente distinta (esta es la verdadera razón de la endogamia del mundo cultural: prefieren estar entre ellos para que se les note menos).



Tiempos de inspiración, tiempos de expiración, tiempos acordeón.
Como hacer un prototipo basado en lo de las musarañas parece poco serio -y ya me doy cuenta de que huele a justificación de una caradura de mucho cuidado- le he buscado palabras más técnicas. Los tiempos de producción ahora los llamo tiempos de expiración (copiado del mailing de cultivo#12). Los de reproducción, tiempos de inspiración (idem). Y luego tenemos los tiempos acordeón que varían en función de infinidad de variables como el estado de ánimo, la climatología, los plazos de entrega, la concentración, el calendario de eventos, la vida amorosa, etc.
Los tiempos acordeón son los que regulan el reparto entre inspiración y expiración. Y como ya habrás comprendido a estas alturas, constituyen la verdadera coartada.

Descargar Economía Creativa para el Underground #2 (en PDF).
Descargar Economía Creativa para el Underground #1. “Be creative under-class! Mitos, paradojas y estrategias de la economía del talento” (en PDF en la Biblioteca YP).

Feminismo para dummies 3. Inventarios de huellas

Como mi abuela, escribo las cosas para que no se me olviden. Yo lo hago en un blog y ella en papelitos que pega por dentro en las puertas de los armarios. Pero viene a ser igual: son mensajes que nos dejamos a nosotras mismas. Este post es uno de esos, para cuando me ataca la ansiedad pre-desplazamiento. Son fragmentos de “Sujetos nómades” de Rosi Braidotti que me ayuda mucho en esos trances de aquí para allá pero está sito en la biblioteca-base en casa de mis padres.

Aclaro 1. Sobre los libros de cabecera.
Esa gente que cita sus libros de cabecera seguramente no cambia de cama tanto como yo que llevo una media de 1 mudanza cada 2 años. El conocimiento, al contrario de lo que se dice, ocupa mucho lugar. Y además es carísimo de transportar (claro que puedes digitalizar tu biblioteca y pasarla al e-book o incluso aprenderte los libros de memoria como en Farenheit 451 pero, me dirás, no es lo mismo ni de lejos).

Aclaro 2. Sobre la condición nómada en general.
Esa gente que dice que vive a caballo entre tal y cuál ciudad y cómo mola son todos unos mentirosos o es que sólo se mueven entre casas o países distintos pero sin cambiar de vida. El verdadero desplazamiento es mutación, como entrar en una máquina siendo una persona y salir siendo otra distinta. Emocionante pero fatal para la salud. Sin contar la cantidad de energía que movilizas intentando recordar las cosas más tontas cada vez (como tu propio número de móvil o la hora a la que cierra la panadería).


Especimen de Chamaeleonidae Africanus. Filósofo post-estructuralista avant la lettre.

Braidotti advierte que la condición nómade no está necesariamente relacionada con el acto de viajar y no es una identidad dada de una vez y para siempre (como la de varón blanco de mediana edad o la de feminista violenta sin escrúpulos). La condición nómade es un mito, una ficción política para moverse entre categorías. Una condición a partir de la cuál uno puede definirse en un momento determinado para mandarla a la mierda dos minutos después, cuando cambian las circunstancias (quizás cuando llega la noche varón-blanco-de-mediana-edad se pone liguero y juega a ser una furcia azotada mientras que feminista-violenta-sin-escrúpulos se convierte en madre pelmaza y amantísima). La condición nómade de Braidotti está relacionada con “el tipo de conciencia crítica que se resiste a establecerse en los modos socialmente codificados de pensamiento y conducta” y encuentra su sentido de pertenencia en “la subersión de las convenciones establecidas”.

Aunque uno pueda ser nómade sin salir de casa, simplemente por el hecho de cambiar de identidad con fluidez, según Braidotti las personas acostumbradas a deambular por culturas y lenguajes distintos están especialmente inclinadas a ese tipo de “conciencia crítica desestabilizada” (también conocida como apertura mental o estar más loco que una maraca). El políglota, como nómade lingüistico, es en su opinión un “especialista en la naturaleza engañosa de la lengua, de cualquier lengua, capaz de experimentar cierto saludable escepticismo en relación con las identidades permanentes y las lenguas maternas” lo que le permitre situarse en un punto ventajoso para deconstruir su propia identidad. “No hay lenguas maternas, sólo sitios lingüisticos que uno toma como su punto de partida”. El políglota sabe que el idioma no es sólo un instrumento de comunicación sino “un lugar de intercambio simbólico que nos vincula a todos en una red tenue, y aún así viable, de malentendidos mediatizados que llamamos civilización”.
“La escritura nómade desprecia la comunicación dominante. El embotellamiento de significaciones que se agolpan esperando ser admitidas a las puertas de la ciudad crea esa forma de contaminación que se conoce como sentido común. La escritura nómade, en cambio, anhela el desierto, las zonas de silencio que se extienden entra las cacofonías oficiales, en un flirteo con una no-pertenencia y una condición de extranjería radicales (…). El políglota cuenta con el nivel afectivo como lugar de descanso; sabe cómo confiar en los indicios y cómo resistirse a establecerse en una visión soberana de la identidad. Su identidad es un mapa de los lugares en los que él/ella ha estado y que puede reconstruir a posteriori como los pasos de un itinerario. La identidad nómade es un inventario de huellas”.

Y mientras tanto, en una estación de metro...


Más fotos aqui.

... RedRetro, la Red de Transporte Onírico, hace cosas tan bonitas como éstas. Al final han sido ellos los que se han quedado este mes en mi casa de Berlin que ha servido de cuartel general a sus acciones por supuesto ilegales, y poéticas. Dani desde Washington DC se puso en contacto conmigo y después me puso en contacto con Demian que estaba en Madrid. Yo ya no estaba en Berlin pero mis amigos sí, y les puse en contacto con Thomas, que les dió las llaves. Demian me escribió encomendándome a los Santos Duchamp y Picabia y hasta me llamó “Ángel Dadá”. Pero (obviamente) yo ya estaba conquistada. Gracias a vosotros por hacerme partícipe en la distancia. El arte en red es esto, o no es nada.
Berlín, 19 de Septiembre de 2009. Ayer cayó el muro. El muro de la cruda realidad. (Die Wirklichkeit) El muro de la rutina y la falta de emociones. El muro de la monotonía maldita del día a día. Los muros de piedra caen, pero los muros mentales siguen ahí, provocándonos constantemente, recordándonos que sin ellos podemos caer en la tremenda irresponsabilidad de ser y sentirnos libres. La desidia, lamentablemente es multilingüe y habla en todos los idiomas del mundo. La ensoñación también. La Redretro™ si no lo sabe, lo aprende, si no le da tiempo a aprenderlo, lo pregunta, si no obtiene respuestas, se lo inventa… [seguir leyendo]

Micropolitizaos malditos!

La semana pasada Sofia Coca me hizo una entrevista en Radioactivos, el programa de radio de Zemos98, que se puede escuchar aquí.
Reinventar la vida cotidiana", que decían los situacionistas. Enfrentarse a la vida asumiendo la dimensión política de lo cotidiano. Apreciar el valor de las cosas pequeñas como construcción del presente y del futuro, como arma subversiva ante los mecanismos controladores del poder. Hablamos de micropolíticas, porque lo personal es político. En este programa encontraréis las voces de María PTQK, Cristina Domínguez que homenajea a Pina Bausch y Jessica Romero que nos recuerda que en la poesía se esconden pequeños gestos .
Estuvimos hablando de los espacios invisibles de la micropolítica, la reinvención de la vida cotidiana, la "crisis de los movimientos", el sentirse minoría y alguna confesión. Y aquí va otra: de mayor-mayor quiero ser tertuliana y dedicarme a rajar mientras tomo café y fumo cigarrillos en una terraza (el otro día la terraza era la de Natxo Rodriguez antes de la Kalegira de Asamblea Amarika, recorrido punk-festivo para todos los públicos por la ciudad de Vitoria).


Recetas para la deriva cotidiana: Makea tu vida.

Aprovecho para recuperar la entrevista en texto que me hicieron también los Zemos98 hace ya más de un año, después del taller "Ni rastro de carmín" sobre activismo y punk y situacionismo y mitologías del arte politizado que dirigí en la 10ª edición de Zemos, en 2008. La copio y pego tal cual la encuentro en mis archivos pero añadiendo hipertextos (palimpsesto, remix y memoria). Hoy toca ego trip.

Dadaísmo, situacionismo y punk, ¿mitos o realidades?

Los mitos son completamente reales. Uno de los objetivos del taller de activismo era precisamente este: demostrar que no existe algo como “la verdad” o “la objetividad” sobre todo desde un punto de vista histórico. Lo que existen son narraciones vencedoras y narraciones fracasadas, es decir, mitos que logran hacerse camino y ser “productores de sentido” y otros que no. Y esto normalmente depende de las circunstancias que los rodean: quiénes son sus autores, con qué fines se han creado esas narraciones, etc. Los mitos como productores de sentido son un reflejo de las relaciones de fuerza.

¿Cuál es la importancia del archivo para el activismo hoy?

Siguiendo con lo que decía antes, es enorme porque nos permite seguir la pista de las ideas: su nacimiento, su evolución, sus transformaciones. Pero tampoco hay que idealizar el papel del archivo porque es también un instrumento para “escribir la historia”: lo que se archiva ha existido y lo que no se archiva no. Por eso es importante de-construir permanentemente el archivo, la memoria, los propios mitos. Y ser capaces de inventarse otros nuevos. Decía en el texto de presentación del taller que “una comunidad incapaz de producir relatos sobre sí misma y sobre el mundo es una comunidad condenada a desaparecer”. Es importante mantener viva la capacidad de inventar, de imaginar otros lenguajes, otras referencias. Para mí en este camino han sido grandes compañeros tanto la teoría hacker como el ciberfeminismo. Ambos cuestionan las relaciones de autoridad, son radicalmente irreverentes. Tienen algo del “matar al padre” freudiano que es una metáfora muy bonita para marcar el paso hacia la emancipación. Trasladado al campo de las ideas significa que para desarrollar un pensamiento emancipado, liberador, hay que revisar todos los lugares comunes, los puntos de referencia, especialmente los que nos dan mayor seguridad. El pensamiento es un deporte de riesgo.

¿Qué discusiones plantearías entorno a la relación entre las cuestiones de género y el ciberactivismo?

Creo que es sobre todo una cuestión de “metodología”, es decir, que no tiene tanto que ver con los contenidos o las temáticas que se abordan (las mujeres, el software libre, la democratización de los medios) sino con las herramientas de pensamiento y acción que se utilizan en ambos casos. Es lo que comentaba en la pregunta anterior: esa actitud de crítica permanente, de ruptura de las reglas, de desconfianza sistemática hacia todo lo establecido.

Siguiendo con este razonamiento, creo que en un momento el ciberactivismo se ha quedado sin inspiración, en punto muerto. Sobre todo a partir de la web 2.0 que ha realizado el sueño de los medios tácticos “don't hate the media, become the media” en un sentido muy distinto al que se esperaba. Hoy es realidad que cada cual puede hacer “su propia televisión”, “su propio magazine”, etc... pero la mala noticia es que 1. las aplicaciones que lo han hecho posible son propiedad de grandes corporaciones mediáticas (cada vez más poderosas y más concentradas) y 2. que esa apropiación de los medios no ha producido un uso más crítico de los mismos sino al revés: un uso que replica el lenguaje y los contenidos de los mass media más casposos (como los millones de videos en You Tube sobre las borracheras de Amy Winehouse).

Aquí es donde el pensamiento de género puede tomar el relevo, poniendo al servicio de los medios tácticos la metodología feminista más radical. El papel del ciberfeminismo hoy ya no puede ser sólo el de cuestionar la posición o la imagen de las mujeres en la cultura digital, tiene que ir más allá y cuestionar todo lo que tiene que ver con “los y las” que quedan fuera de los paradigmas económicos de la sociedad del conocimiento. Por ejemplo: la producción del hardware en países pobles y en condiciones infra-humanas y de explotación; la dependencia energética (¿qué revolución ciberactivista vamos a hacer si no tenemos electricidad? ¿y de dónde viene ésta? ¿echamos un vistazo a los contratos de las grandes multinacionales españolas en América Latina?); las nuevas formas de trabajo inmaterial (cada vez más labores de programación se descentralizan a India, pero los beneficios siguen quedándose en Europa y Estados Unidos), etc.

El activismo digital no debe ceñirse exclusivamente a lo que ocurre dentro de las pantallas sino a todo el entramado de relaciones (económicas, geopolíticas, sociales) de la sociedad de la información. Y creo que para esto “los y las” feministas somos unos buenos agentes estratégicos porque estamos formados precisamente para ver lo que no se ve, para buscar segundas lecturas, para ponernos en la piel de los que “no están”. El feminismo es una excelente metodología de subversión. Pero cuidado, no quiero identificar “feminismo” con ”mujeres”: hombres y mujeres pueden participar de esta metodología, de este impulso de cuestionamiento radical (en el sentido de que va “a la raiz” de lo establecido). Sin perder de vista las cuestiones clásicas del feminismo (que sí son específicas de las mujeres) creo que el futuro del ciberfeminismo va por aquí.

No vamos a comprarnos una casa en la puta vida, no hay ni rastro de carmín, entonces... ¿Cómo reinventar la vida cotidiana?

En IKEA no desde luego :-) A mí ahora me está sirviendo bastante pensar en términos de “micro-política”. Es decir, la dimensión política de lo cotidiano, de los pequeños gestos, de las relaciones entre las personas, especialmente de las relaciones de poder (otra referencia de cultura feminista: “lo personal es político”). Tiene algo que ver con el pensamiento fractal (que también es muy ciber) en el sentido de que las estructuras de la vida son siempre las mismas, solo cambia el tamaño. Es decir, para pensar en terminos de “política” (entendiendo por tal lo que tiene que ver con “la gestión de los asuntos comunes”) no podemos obviar el modo en que se producen de hecho las relaciones de poder entre las personas. Intentar tener una vida cotidiana más sostenible y consciente (en lo material pero también en lo afectivo, en lo inter-personal) es un paso imprescindible para después pensar y actuar en un nivel superior.

Aquí hay un autor fundamental: Henri Lefebvre (....) que es bastante desconocido pero es clave en la filosofía europea del siglo XX. Fue expulsado del partido comunista francés e inspiró buena parte del pensamiento de Guy Debord (que basicamente no inventó nada pero supo copiar con muy buen criterio). Un visionario con una forma de pensar muy inteligente, libre y honrada que posiblemente no tuvo la capacidad de imponerse a la autoridad, de surfear las aguas de la competitividad y la hipocresía. Y en este sentido “fracasó” (aunque no del todo porque su obra está siendo recuperada). Igual es imposible querer reinventarse la vida y no “fracasar” pero también hay que relativizar lo que significan el éxito o el fracaso. Puede ser un buen paso para reinventarse la vida.

Una pregunta que quisieras que algunx de tus autorxs de referencia te contestara (de manera que intentaremos hacérsela llegar para que forme parte de este proceso)

Sigo con la cadeneta de referencias :-) En una entrevista Beatriz Preciado comentaba que Laurence Russel una vez le había preguntado “de qué vivía” (y que Laurence iba preguntando eso a mucha gente porque formaba parte de su investigación “ciberfeminista”). Me hizo pensar mucho. Tiene que ver con el tema de la micro-política de antes. Es sabido que dedicarse al arte, la cultura, el pensamiento no es económicamente rentable y que muchos artistas y activistas de hecho son rentistas, gente que vive de las rentas familiares (en el Pais Vasco es habitual). No es que eso desacredite su trabajo, en absoluto. Pero es un elemento importante para comprender cómo funciona realmente la producción cultural e intelectual (y que normalmente los autores no cuentan). Asi que mi pregunta sería “¿Usted de qué vive? ¿Cuál ha sido su trayectoria vital hasta llegar aquí?”. Y se la haría a los dos autores que más sigo en este momento que son Geert Lovink y Marina Grzinic.

Una pregunta para nosotros, los preguntantes.

Si vuestra vida fuera una película y vosotros fuerais el espectador ¿qué os gustaría ver en la pantalla?
;-)

Ted Nelson en su casa. La foto es del New York Times

Dice Wired que la suya es “la señal de humo más larga de la historia de la industria de la computación”. Bueno, la suya no. En realidad la de Xanadu, el primer proyecto de hipertexto que fundó en 1960 y que podía haber cambiado Internet tal y como lo conocemos. Se queja mucho, pero Ted Nelson tiene la enorme suerte de ser el outsider por antonomasia de la historia de Internet, la cara B de la versión californiana encarnada por Tim Berners-Lee, el inventor de la World Wide Web en su diseño actual. Esa otra historia de Internet, Nelson la revisa, con chismes e irónica amargura, en su último libro, “Geeks Bearing Gifts: How the Computer World Got This Way" editado por él mismo a través de Lulu.com.
My prediction for the future - This is going to be one of the most important, and potentially one of the most influential, computing books ever. Wendy Hall, president of the Association for Computing Machinery. The world society of Computer Scientists.
Crecido en el Greenwich Village de New York, hijo de un director de cine y una actriz, Ted Nelson es el papá de palabras tan célebres como hipertexto (y dicen que también de hipermedia, casi nada) y de ideas tan brillantes como la del botón de ir hacia atrás de los navegadores. Para él, la versión actual de la web es una banalización de su diseño original que incorporaba el concepto de link de doble dirección: es decir, que el hiperlink debía apuntar hacia adelante y hacia atrás para proteger “el linaje intelectual de cada documento”.
Today's popular software simulates paper. The World Wide Web (another imitation of paper) trivialises our original hypertext model with one-way ever-breaking links and no management of version or contents"
En su nuevo libro, la portada es para Bill Gates inmortalizado en su faceta más sexy, cuando fue detenido por la policía en 1977:
Esta es quizás la imágen más fascinante y atractiva que tenemos de él, irradia dulzura y confianza en sí mismo. Se puede ver que tiene algo entre manos y los policías no tienen ni idea de lo que es.
Y continúa con Micrososft y Windows, que considera el resultado arbitario de prácticas comerciales pero no de la evolución inevitable de la tecnología.
Durante mucho tiempo me ha alarmado la facilidad con la que se ha aceptado la expresión “computer technology”, suena tan objetivo e inexorable, cuando la mayor parte de la tecnología no es más que un puñado de ideas convertidas en convenciones y paquetes.
Un resumen de los capítulos de “Geeks Bearing Gifts" aquí.
Y para más morbo: “The Curse of Xanadu” publicado por la revista Wired en 1995 (en opinión de Nelson, “una pieza deshonesta y cobarde de sucio periodismo”) y su respuesta.


Mañana me voy al Winter Camp que organiza el Institute of Network Cultures en Amsterdam. Seremos 150 participantes (artistas, teóricos, activistas, productores) de 12 networks (Blender, Bricolabs, Creative Labour, Dyne.org, Edufactory, Floss Manuals, freeDimensional Network, Genderchangers, GOTO10, Microvolunteerism, MyCreativity y Upgrade!). Estaremos juntos durante 5 días en sesiones de grupo (cada uno con el suyo), sesiones plenarias (para debatir temas comunes), comidas y actividades nocturnas. Imposible que no ocurra algo interesante.

Mi grupo es MyCreativity, sobre la crítica a las industrias creativas y mi contribución versará sobre la novia que todo el mundo quiere tener: la innovación. Sobre MyCreativity, para los y las interesadas, esta es la url del evento que celebraron en 2006, aquí los materiales que resultaron (incluido un libro muy recomendable) y aquí la memoria de lo que ocurrió generosamente entregada a la red by YProductions en castellano.

De todas formas, lo más interesante del Winter Camp es posiblemente el trabajo del meta-grupo del propio Institute of Network Cultures que se encarga de acogernos, observarnos y alimentar la teoría/práctica de los organized networks (en cristiano, redes organizadas). La intro del Camp dice así:
Cuando una red se asienta y ya no es tan nueva, puede ser un reto mantener el nivel de actividad. ¿Debería entonces la red transformarse en una red organizada? Organizar una red no significa necesariamente disminuir el nivel de espontaneidad y cambiarla por normas y jerarquías: también puede ser una oportunidad para el intercambio y la producción sostenible de conocimientos. Como dice Ned Rossiter en su su libro “Organized Networks” (2006), los encuentros cara a cara son cruciales “si la red debe mantener el ritmo, revitalizar la energía, consolidar viejas amistades y descubrir otras nuevas, refundir ideas o planear actividades”. El Network Cultures Winter Camp es un medio para esas redes que necesitan apoyo para encontrarse, conspirar, discutir y seguir adelante.
El concepto político de las redes organizadas es claro: inventar nuevas formas institucionales inmanentes a la lógica de las redes. El Camp es una exploración de cómo hacer esto, cómo serían esas instituciones, qué harían, cómo operarían en distintos contextos geopolíticos, cómo se financian, cómo sería su relación con otras instituciones, etc. El meta-grupo tiene por objetivo proporcionar una panorámica de las estrategias de las redes con potencial para las colaboraciones entre-redes. Esta es la dimesión escalada de las redes organizadas: cómo se puede crecer y mantenerse sin caer en la introversión y no sólo inventar e innovar sino también usar las formas de red para implementar cambios a nivel social.
Consciente de lo arduo de la tarea, el meta-grupo se centra en algunos temas concretos y muy realistas, directamente relacionados con la vida diaria de los networks: la redimensión (a lo grande o a lo pequeño), la gestión de los conflictos personales, las colaboraciones entre-redes, los aspectos legales y financieros, la cultura (entendida como filosofía de vida) de los networks, la propiedad intelectual, la tecnología adecuada y la difusión de sus actividades.

No creo que una vez allí tenga tiempo de blogear pero los blogers del Institute for Network Cultures lo harán muy bien en su web, en Twitter (¿y esto qué es?) y en Facebook. Y cómo no esta entrada va directa a la carpeta de activismo digital post-dos-punto-cero.

La imagen es de “The Busy Book" de Ali Mitgutsch (1976) puesta online por pinetree4com.

El órgano más misterioso del ser humano (excepto para algunos gurús de Internet)

Parece mentira que ya van para 5 años de blogera y aún no me tengo aprendidas las buenas prácticas más elementales, como anunciar mis bolos con un mínimo antelación. Bueno, pues hoy estoy resolutiva. El miércoles estaré en el centro de arte LABoral de Gijón dentro de las jornadas "Arte, ciencia, tecnología y nuevas prácticas artísticas II" dirigidas a profesores. El jueves le toca el turno a Melania Fraga que hablará sobre "MeipiAsturies. Cartografía Digital Colaborativa Ciudadana" y el viernes a Juan Freire con una ponencia sobre "Medios sociales y cultura digital: retos y opotunidades para la educación".

La verdad es que no tengo ninguna gana de sumarme al canto de sirenas de que la tecnología nos hace a todos más listos. Ya sé que algunos tenemos que estar anunciando la revolución todos los días pero hay tanta euforia en el ambiente, tantas expectativas puestas en lo digital y tan poco rigor... Faltan datos (datos-datos), faltan métodos de evaluación, faltan terminologías, faltan análisis largos en el tiempo... Y sobre todo creo que falta mucha paciencia (y un poco de honradez también).

Un ejemplo de esto es la urgencia con la que se defiende la existencia de los famosos Nativos Digitales. Como si fuera la santísima trinidad. Pues francamente, y me importa un pito que los Microsiervos lo saquen en su blog: Victoriano Izquierdo sólo es un chico con talento para la fotografía. Mucho, sí. Y tiene cámara digital y publica sus fotos online. ¿Y? No es más que un genio precoz que utiliza los métodos de la época que le ha tocado vivir. Pero de su caso no se puede deducir un fenómeno generacional. Salvo que necesitemos pruebas a toda costa.

Jorge del Rio, citado por Genis Roca, define a los nativos digitales como los que a) se conectan cada día, viven online y producen contenidos y b) son menores de 44 años. Los que no cumplen ambas características son inmigrantes digitales. La condición a) es discutible pero la b) es total de pandereta. ¿44? No está tan claro que haya una relación directa entre brecha digital y edad. Hay muchos más factores que condicionan el acceso al conocimiento y la mayoría son de los de toda la vida: género, entorno familiar, nivel adquisitivo, ubicación geográfica. Pero incluso si la hubiera... ¿44? Ni 40 ni 45, no, no, no. 44 justos. Entonces, según este estudio ¿yo soy una nativa? Tengo 32 años, produzco contenidos, vivo intensamente online, es cierto. Pero yo no he crecido conectada al messenger. Yo he crecido con los tebeos y la televisión española de dos canales. Y aún recuerdo el día que mandé mi primer email. Lo siento por la estadística, pero yo soy una inmigrante digital.

Estrategias profesionales aparte, creo que nos estamos haciendo la picha un lío. Espero que el miércoles me toque un grupo hablador y los profes me cuenten cómo ven ellos las cosas, que por este lado también tenemos mucho que aprender. Claro que hay que analizar lo que pasa pero da la sensación de que hay muchas conclusiones sacadas de la manga. Conclusiones que no se sostienen con datos concretos y no pasan la prueba del más mínimo rigor científico (aunque sea el pseudo-cientifismo de las ciencias sociales). Deberíamos ser capaces de hablar de tendencias y orientaciones, de buscar buenos indicadores, de hacernos las preguntas adecuadas... Y dejar de tener tanta prisa por ser los primeros en responder.

Estoy post-utópica, una vez más. Será el bajón de la digital party que me repite ;-)

Actualizando: aquí la presentación (disponible para descarga en Slideshare/ptqk).

"Los trabajadores culturales y cognitivos están acostumbrados a verse a sí mismos como una vanguardia y seguramente nos llevará toda una generación de proletarización y una nueva gran recesión persuadirles de que la organización colectiva (laboral y profesional) es de su interés en el largo plazo." Quien habla así es el investigador y activista Andrew Ross que lleva casi una década analizando las condiciones de trabajo en la nueva economía creativa.



Edición revisada de "Funky Business". Ahora con la coletilla "Forever. How to enjoy capitalism". Toma candela.

Caigo sobre Ross ahora y es como un milagro porque pone negro sobre blanco las desconfianzas que me inspira esta retórica tan de moda sobre el traslado de la ética hacker al ámbito laboral. En las empresas ahora ya no quieren trabajadores como los de antes, obedientes y grises, de esos que dicen "yo trabajo por dinero, mi vida de verdad está fuera de la oficina". El modelo antagónico a eso es el del hacker: una persona que adora lo que hace, no tiene horarios, es autodidacta e imaginativo y aprecia más la libertad y la independencia que la pasta. Y hoy las empresas lo dicen claro y alto: queremos trabajadores con espíritu hacker.

En este proceso ha sido clave la cultura de vida a lo Silicon Valley (una ojeada por cualquier artículo de Wired te puede dar una idea de lo que significa) y mucha literatura sobre nuevo management. En mis manos cayeron dos libros, ya hace años, que me empezaron a mosquear: "Funky Business. O cómo el talento mueve el capital" y "La ética hacker y el espíritu de la era de la información", libro de cabecera para toda una generación de activistas digitales, y a la vez una biblia de los nuevos recursos humanos de corte cool y neoliberal. En ambos cantan la mona sobre una de las principales virtudes del espíritu hacker -la pasión- olvidándo curiosamente otra de ellas: la precariedad. El trabajador hacker es también el que no cobra, o cobra poco o cobra tarde, no tiene derechos laborales (ni los quiere porque está contra el sistema) ni protección, ni seguridad. Lo miremos por donde lo miremos el trabajador hacker es un chollo.

A lo que voy es que el modelo del trabajador hacker viene calcadito del sector de la cultura. Y os dejo con Andrew Ross que lo cuenta muy bonito, entrevistado por Geert Lovink para MyCreativity Reader. A Critique of Creative Industries":

"En mi ensayo No-Collar: The Human Workplace traté de describir y diagnosticar estas condiciones de auto-explotación de los trabajadores cognitivos. Hoy todos los empleadores de la industria del conocimiento reconocen los beneficios de este tipo de trabajador ideal, que percibe el riesgo como un reto y un estímulo, que está acostumbrado a largas jornadas de trabajo a cambio de gratificación y que está dispuesto a entregar su tiempo libre y sus pensamientos a cambio de mobilidad y autonomía. La gente del arte siempre ha vivido con esa mentalidad y saben un par de cosas sobre la inseguridad que conlleva.

Ahora todo gira en torno a los trabajadores culturales, antes considerados completamente al margen de las fuerzas productivas y ahora cada vez más centrales como fuente potencial de valor económico. Durante décadas, las teorías culturales han ignorado las condiciones reales de trabajo de los agentes culturales. Hace años, hubiese sido un acto notable de previsión social imaginar que un día los artistas, los escritores y los diseñadores acabarían siendo vistos desde las instancias de gobierno como modelos de emprendedores para la nueva economía. Y sin embargo aquí estamos.

En la década de los 90 trabajé como investigador académico con asociaciones sindicales en Estados Unidos, sobre todo con sindicatos del sector industrial y de servicios. Fue loable pero a menudo signifió olvidar las cuestiones laborales de nuestro propio trabajo. En aquella época era difícil encontrar una audiencia que entendiera esa falta de reconocimiento y que teníamos que alertar a los movimientos laborales de los peligros de las emergentes industrias culturales, creativas y del conocimiento.

Poco tiempo después, los managers e ideólogos de la nueva economía fueron dando forma a la percepción general sobre cómo se produce la riqueza en el nuevo contexto económico, y los movimientos laborales se quedaron atrás, mordiendo el polvo. Los trabajadores del sector tecnológico ayudaron a dar glamour a la semana laboral de 24 horas y 7 días; el diseño, el arte y la arquitectura fueron celebrados como mecanismos para incrementar el valor de la propiedad inmobiliaria; la ética MyCreativity del amateur se convirtió en la base para un nuevo modelo de producción con precios reducidos que supo ver la oportunidad de explotar la cultura de la atención como mano de obra barata"

Este post responde fragmentadamente a años de leer Consultoría Artesana en Red, un blog que, a pesar de nuestras divergencias -o no: gracias a ellas- es una de mis mayores fuentes de inspiración.

Facebook Manual de Uso I. Facebook no es una red social

La blogosfera está muy irritada con Facebook, y no es para menos. Acostumbrados como estábamos a campar a nuestras anchas por el mar de la información, con nuestros amables editores que se dejan customizar hasta las amigdalas, los maravillosos lectores de feeds que te traen cada mañana toda la información que te interesa y sólo la que te interesa, esto de Facebook es un asco. Cambia tus aplicaciones sin avisarte, te añade otras que no has instalado, no te deja ordenar tu contenido, ni siquiera tiene un sistema de mail decente, por no hablar del chat. Y lo peor: permite que hordas de newcomers sin ninguna noción de net-etiquette echen por la borda años de trabajo militante por hacer de la red un espacio de socialización sostenible. Estoy de acuerdo, es una mierda.

Pero es que sobre Facebook se han creado muchas expectativas irreales. La primera y la más problemática es creer que es lo que dice ser: una red social. No es algo exclusivo de Facebook, es un malentendido que afecta a toda la web social, que de social no tiene nada más que el nombre. Las aplicaciones de nueva generación -o dos punto cero o cómo las queramos llamar- son sólo un nuevo modelo de negocio digital que utiliza la socialidad como recurso. Es diferente.

Facebook no es una plataforma de networking. Facilita el networking, pero ese no es su objetivo principal. Por eso no permite, por ejemplo, que los usuarios customicen las aplicaciones o que creen ellos las relaciones entre grupos o que reciban información automatica sobre los grupos que han creado (nuevos usuarios, nuevos comentarios en el wall, nuevos enlaces). Tampoco deja seleccionar de forma personal las informaciones que se reciben en los feeds (existe una pestaña para editar, con poquísimas posiblidades). Los grupos, las causas, las peticiones tampoco están relacionadas entre sí salvo de forma automática (o sea dirigida por el propio Facebook). Facebook tampoco permite las acciones colectivas. Tal y como está diseñada ahora la arquitectura de Facebook, es casi imposible organizar acciones como la que le obligó a eliminar Beacon por petición masiva de los usuarios. Hoy algo así sería muy difícil.

Facebook es entretenimento. El objetivo es que pases el mayor tiempo posible dentro de su web. De ahí los últimos cambios en los enlaces compartidos, que ya no remiten a la web original sino a una réplica de la web original dentro de la propia web de Facebook. A Facebook hay que ir a distraerse. Y hay que reconocerle su mérito: para los que pasamos el día delante de la pantalla, es perfecto. En un clik dejas el procesador de textos o el photoshop o la hoja de cálculo y te das una vuelta por los perfiles de tus amigos. Te ves un video, hojeas un post, chateas un rato. A veces tienes suerte y encuentras alguna información que te interesa o, si tienes mucha más suerte, consigues que algo que tú has enviado llegue a las personas que de verdad deben recibirlo. Y después vuelves a lo que estabas haciendo.

Creo que si empezamos a pensar en Facebook como entretenimiento de masas, la cosa cambia. No es que deje de tener importancia todo lo demás (que te roba tus contenidos, que vende tus datos, que es el mayor experimento de espionaje de la historia, que está infiltrado por la CIA que será verdad). La sociedad de la vigilancia es una realidad pero, no sólo Facebook: Google, Google Earth, Google Street View, las comunicaciones via satélite (o sea casi todas), la telefonía móvil y hasta los cajeros automáticos. Todas las conexiones telemáticas son tentáculos de la sociedad de la vigilancia. Sólo hay que usarlas sabiendo lo que son. Y sobre todo lo que no. Mientras, creo que saber cómo funcionan de primera mano es una prioridad activista, al menos en mi agenda activista personal (pero sé que predico en el desierto, aunque aún no me he desinstalado el IRC).

Please feed the animals. Ozz de Natalie Jeremijenko

Ahora que Natalie Jeremijenko va a estar en el Medialab de Madrid recuerdo que nunca llegué a escribir sobre Ozz, el proyecto que presentó en el City of Women de Ljubljana el pasado mes de octubre. Jeremijenko es una ingeniera pasada a artista que diseña interfaces tecnológicos para interactuar con el entorno. En Ozz, reinventa el concepto victoriano del zoo y nuestra relación con los animales en los parques de las ciudades y lo hace, sobre todo, ayudada por niños, los humanos mejor capacitados para aprender otros lenguajes. A diferencia de los mayores, ellos aún son capaces de imitar el sonido de un pato y aprenderlo antes que una computadora. En el parque de Ljubljana sacó sus patos cyborg (con ruedas, cámaras, micros y altavoces incorporados) y su colección de silbatos (con una amplia gama de sonidos: hola amigo / fuera de mi territorio / quiero sexo ahora...) para entrar en contacto con los dos habitantes del lago.



El punto de partida de Ozz es sorprendente: con la transformación de las ciudades éstas se han convertido en lugares mucho más habitables que el medio natural. Tanto que algunos animales van a parar a los parques de las urbes más enormes del planeta buscando lo que fuera de ellas ya no pueden encontrar: alimento, plantas y espacios seguros para reproducirse y cuidar de sus crías. En plena era cyborg, bichitos y humanos habitamos los mismos espacios naturales, los pocos que nos quedan. Bonita paradoja.
Tatiana Bazzichelli (Roma 1974), es periodista, socióloga de la comunicación y experta en network culture, hacktivismo y netart. Es la coordinadora de AHA (Activism-Hacking-Artivism) y ha organizado, entre otros, HACK.Fem.EAST (Berlin, 2008) y Cum2Cut (Berlin, 2006-2008).

"Networking. The Net as Artwork" está editado por DARC, Digital Aesthetics Research Center (Aarhus University).
Edición en inglés descargable en PDF aquí.









Networking significa crear redes de relaciones donde el editor y el lector, el artista y la audiencia actuan en el mismo nivel. El libro es un primer intento de reconstrucción de la historia del networking artístico en Italia a través del análisis de poryectos de arte y media que durante los últimos veinte años han dado lugar a un uso creativo, compartido y consciente de las tecnologías, desde el vídeo a las computadoras, contribuyendo a la creación de las comunidades hackers italianas.

El network italiano propone una forma de información crítica, diseminada a través de proyectos colectivos e independientes donde la idea de libertad de expresión es central. En Italia, gracias al uso de Internet, se ha formado durante los útlimos veinte años una amplia red de personas que comparten puntos de vista políticos, culturales y artísticos.

El libro describe la evolución del hacktivismo italiano y la net-culture desde los 80 hasta hoy. Proporciona una reflexión del nuevo rol del artista y el autor convertidos en networkers, operando en redes colectivas, reconectando las prácticas de neovanguadia de los 60 (primer y posterior Fluxus) pero también el Mail Art, el Neoismo y Luther Blisset. Un camino que comenzó los BBBs, plataformas web alternativas que después se transformaron en Hackmeetings, Telestreets y networking art con artistas como 0100101110101101.ORG, [epidemiC], Jaromil, Giacomo Verde, Giovanotti Mondani Meccanici, Correnti Magnetiche, Candida TV, Tommaso Tozzi, Federico Bucalossi, Massimo Contrasto, Mariano Equizzi, Pigreca, Molleindustria, Guerriglia Marketing, Sexyshock, Phag Off y muchos otros.

Santofile: “La cultura digital es un estado mental”

Publicado en Mugalari, noviembre 2008.

Santofile nació en 1995 “cuando unir las palabras cultura y digital garantizaba que nadie del mundo del arte te dirigiera la palabra”. Pioneros del arte digital en España, siguen declarándose descendientes de la época heroica del net.art y apostando sin matices por la baja tecnología y la alta intensidad conceptual.

David Casacuberta y Marco Bellonzi se definen a sí mismos como un colectivo de guerrilla memegénica. Sus piezas combinan la estética low-tech y las técnicas del apropiacionismo y el remix y reflexionan sobre la circulación de memes en la mente colectiva. En su faceta musical con DHTML Trío, utilizan los navegadores web como interficies visuales y sonoras. Han participado en el festival MEM en Bilbao con un concierto y un taller de creación digital do-it-yourself en la UPV/EHU.

Vuestras influencias más obvias son de la llamada “época heroica del net-art” de los noventa.
Sí, claramente hay unas influencias. No sabes muy bien cómo y, de repente, gente potente como JODI y currantes del net.art como nosotros estábamos haciendo las mismas cosas y pillados con los mismos memes. No seremos tan creídos como para decir que la influencia es mutua pero sí nos dejamos llevar por esos atractores extraños que se dejaron ver en la red.

Y seguís en ello.

Pero no por nostalgia sino porque pensamos que se abandonó esa forma de trabajar demasiado rápido. De hecho es una tendencia bastante molesta del arte digital actual. Parece que todo tiene que evolucionar a velocidad prodigiosa: lo que era puntero hace seis meses ahora se ha vuelto obsoleto. Nosotros nos decantamos siempre por las coordenadas del low-tech, desde una perspectiva no tanto ética sino más bien estética y política. Nos reconocemos más en los tiempos heroicos del net.art por compartir esa visión low-tech del arte y mucho menos en la línea arte-ciencia-tecnología actual con esos megaproyectos de gran presupuesto pero poca sustancia.
Muchos artistas digitales aceptan la locura de cambiar de estética, de propuesta y de preguntas cada año sin plantearse los motivos, o si es razonable esa prisa para llegar a ninguna parte. Se necesitan unos cuantos movimientos de péndulo más para que los artistas miren con cierta distancia esas propuestas artísticas y se pregunten por qué hay que utilizar siempre la última tecnología y redactar justificaciones al estilo Deleuze y Guattari con un par de cubatas de más. Nosotros siempre hemos mirado la tecnología y la cultura con el rabillo del ojo
¿Se puede seguir hablando de artes digitales o es un término que se ha quedado obsoleto?
Es necesario seguir hablando de “artes digitales” cuando mucho catedrático sigue considerando el videoarte como “vanguardia” y el VHS como “nueva tecnología”. El término “arte digital” debería seguir existiendo pero no como categoría formal sino como lenguaje expresivo. Para nosotros la cultura digital es un estado mental.

El concepto de meme es clave de vuestro trabajo. ¿Cómo lo abordais?
Nuestra insistencia en el meme no es una coartada estética sino un programa de investigación. Cuando empezamos el objetivo de fondo era experimentar esa tendencia humana tan curiosa de sentirse atraído por ideas peculiares y que sin embargo mantuvieran cierta coherencia interna, y que por razones que escapan a nuestra comprensión, nos empeñamos en distribuir y copiar. Pero nuestro objetivo nunca ha sido crear memes, sino reflexionar sobre ellos.
Nuestras piezas funcionan más bien como algo denso, oscuro, que juega a disparar significados sin comprometerse con ninguno, algo totalmente opuesto a la lógica de los memes.
Una lógica que ha salido del ámbito cultural y hoy afecta a otros campos. Me refiero a las nuevas formas de capitalismo semiótico que consisten basicamente en crear significantes vacíos de significado.
Santofile comparte esa fascinación por la aparición del meme y nos reconforta observar cómo, a pesar de los mil y un intentos de convertirlo en ciencia, se nos sigue escapando qué funciona como meme y qué no. La influencia más directa y calculadamente ambigua de eso la vemos en artistas como Damien Hirst y su obesión por crear piezas que salgan directamente como memes y se vendan por una pasta en las subastas. Es pura memética en acción, cruda. Criticable desde una perspectiva ética sin duda, aunque no menos que otros artistas que venden sus productos como salvaciones del proletariado pero cuyo objetivo final es también crematístico.

Vuestra última pieza en activo es X-Reloaded, una re-apropiación de El Quijote que ahora abrís a la interpretacion de otros creadores. En este tipo de experiencias a veces lo más interesante se queda en lo invisible: los procesos de trabajo o las distintas fases de comunicación. ¿Cómo se reflejan estos procesos en las piezas?
Nosotros no creemos en la documentación. El elemento del proceso del trabajo está ahí, implícito en la recepción de la obra y ppensamos que con eso es más que suficiente.
La documentación es algo así como tener que explicarle el chiste a uno que no lo ha entendido. Para que el chiste haga gracia lo tiene que pillar uno directamente.

"For one time, at least, I was the most famous person in the entire world". Jesse Owens. Versus, Santofile 2005

Arte memegénico

El término meme fue acuñado por el biólogo especializado en evolución Richard Dawkins y de la biología saltó a la cultura. “Pero nuestro primer contacto con la idea de meme no viene de ahí, sino del maestro Burroughs y su famoso dictum de que el lenguaje es un virus del espacio exterior” dicen Santofile. Un meme se suele definir como la unidad mínima de transmisión cultural y se utiliza para explicar el modo en que las ideas circulan de una persona a otra, de un grupo social a otro o de una generación a la siguiente, copiándose, reinterpretándose y reproduciéndose constantemente. El concepto ha estado siempre presente en las artes de la red por la reproducción que permiten los medios digitales y, antes de ellas, también en las vanguardias y conceptualmente en el pop-art. “La sopa Campbell de Warhol o los cómics de Lichtenstein son el típico ejemplo de un meme convertido en obra de arte, y que a su vez él mismo se convierte en un meme”. En sus piezas Santofile hacen un uso prolífico de la cita, el apropiacionismo y las técnicas del remix para investigar la agrupación y la retransmisión gráfica de los memes, mezclándo referencias de la cultura popular con guiños al mundo del arte y la alta cultura. Esto les lleva a cuestionar así mismo los límites de la autoría y el papel que ocupa la inteligencia colectiva en la transmisión cultural.