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Lo que hacemos aquí


Traduzco libremente pero con amor a Kai Van Eikels en “From Archein to Prattein: Suggestions for an Un-creative Collectivity”, publicado en Rehearsing Collectivity. Choreography Beyond Dance, un formato de investigación interdiciplinar comisariado por Elena Bastieri, Emanuele Guidi y Elisa Ricci. El dibujo es de Ingrid Hora.

(...) `Si no puedo bailar no quiero ser parte de tu revolución´, un eslogan (falsamente) atribuido a Emma Goldman, ha sido repetido bastante estos últimos tiempos en el mundo del arte. Para mí, siendo alguien que ha pasado muchas noches más o menos paralizado en la periferia de la pista de baile, el problema, a la inversa, consistía en encontrar una revolución que no me obligara a bailar – o más precisamente, que no me obligara a unirme a el baile: un movimiento político cuya organización separara la participación de la disciplina de la danza que te obliga a interiorizar un compás, una medida objetiva a la que se espera que se someta todo el mundo.

(...) El cambio para mí vino cuando descubrí que hay otra manera de entender la participación.

(...) Dejé de buscar el colectivo adecuado – el colectivo que fuera bueno para mí y bueno conmigo, el colectivo en el que nadie me preguntara `Y tú, ¿qué haces aquí?´. El primer texto que publiqué sobre un tema explícitamente político analizaba las implicaciones de este `Y tú, ¿qué haces aquí?´ (una frase tomada de la película de Godard Éloge de l´amour), que obliga a todo el que quiere participar en el activismo político a detenerse y hacer una declaración en el borde informal y socio-performativo de una asamblea. Y dejé de buscar un colectivo que no me presentará su identidad colectiva en la forma de un compás, una regularidad rítmica objetivizada que confrontara mi deseo de participar con una afirmación autoritaria de `Así es como hacemos las cosas aquí´.

(...) En lugar de esta interminable búsqueda de la buena institución o evento colectivo en el que enrolarme, la idea de actividades colectivas dispersas y auto-organizadas me llevó a mirar hacia aquellas colectividades de las que ya formaban parte las varias cosas que yo hacía.

(...) Una investigación de las dinámicas que Kevin Kelly ha llamado `swarming´ (enjambre) y Howard Rheingold `Smart Mobs´ (multitudes inteligentes), y a las que Clay Shirky se ha referido con la burda pero no del todo inapropiada expresión de `Here comes everybody´ (aquí viene todo el mundo), me llevó hacia un desplazamiento de paradigma en mi forma de pensar el “muchos”.

(...) Este desplazamiento no es sólo del colectivo a la colectividad, esto es, de una entidad representada a sus efectos organizacionales, sino también de la participación entendida como expresión de ser parte hacia la participación entendida como partes de mí, cosas que hago o partes de cosas que hago, sincronizándose con cosas o partes de cosas que hacen los demás.

(...) La sincronización es el proceso de afinar diferentes ritmos de movimiento o acción; un proceso que es mutuo y que nunca puede ser asociado con un único origen (a diferencia otras formas de influencia que se producen en una sola dirección, como la resonancia). La sincronización ocurre entre `osciladores´, es decir agentes que generan cada uno de ellos ritmos individuales. La sincronización necesita un medio que transmita la información en todas las direcciones entre todas las partes implicadas.

(...) Aunque en su acepción convencional, la palabra `sincronicidad´ se usa en el sentido de coincidencia temporal exacta, es importante señalar que la sincronicidad auto-inducida nunca lleva a una perfecta uniformidad sino que mantiene siempre una diferencia entre los ritmos, aunque esa diferencia sea muy sutil o por debajo del umbral de nuestra percepción.

(...) Los procesos de sincronización no crean una entidad de un nivel superior, que convierta a los agentes sincronizados en partes de una totalidad que sea algo más que las partes que la componen. Por ello, las constelaciones colectivas que emanan de este tipo de procesos son transitorias y reversibles. 

(...) La participación mediante sincronización no me involucra como un todo, como una entidad que puede ser parte integral de una entidad mayor. Me involucra como una ´individualidad divisible´ por tomar las palabras de Bertold Brecht: como alguien cuyo modo de existencia, de atención hacia el mundo y hacia sí mismo, es el de la distracciónPorque mi atención siempre estará dividida, por mucho que intente concentrarme, lo que hago siempre tendrá que ver con muchas colectividades a la vez. Parafraseando a Heinrich von Kleist, se puede decir: no soy yo quien participa con una parte de mi atención, sino más bien una cierta parte de mi atención que performativiza la participación.

(...) La respuesta a la odiosa pregunta `Y tú, ¿qué haces aquí?´ es: Lo que yo hago aquí es parte de lo que constituye este aquí.

Este texto aparece en un fanzine editado por el colectivo Erreakzioa-Reacción con motivo de la propuesta Erreakzioa-Reacción. Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo en el MUSAC de León. Junto con el fanzine, Erreakzioa-Reacción presentan también una instalación para el espacio Vitrinas del museo en la que revisan su trabajo desde 1994, a caballo entre la práctica artística, la teoría y el activismo feminista. Todo ello ocurre de manera simultánea a la exposición colectiva Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 que puede visitarse hasta el 6 de enero del año que viene. 

En él, como se aprecia en el título, regreso a uno de mis básicos, el cruce entre tecnología y feminismo, para intentar responder a algunos de los interrogantes contenidos en la sentencia que lo abre: "No se puede ser ecofeminista y ciberqueer al mismo tiempo"

Es esta una disyuntiva falsa y que nos limita. Pero una disyuntiva a la que se llega sin demasiada dificultad manejando las teorías que hoy muchas de nosotras tenemos bajo nuestras manos. ¿Necesitamos más teorías? En mi opinión, nos sobran. Tal vez lo que nos hace falta es formular otras preguntas, añadir nuevos elementos a las preguntas que ya tenemos, revisar los elementos que se nos han quedado viejos (y descartarlos sin complejos), cambiar de aires, cambiar de prioridades o cambiar de vocabulario. 

No consigo nada de esto, ni de lejos. Modestamente intento un despeje de terreno (para uso propio, en primer lugar) aún a riesgo de pringarme de barro hasta las rodillas, que es lo que acabo haciendo al final. 

Necesito y agradezco feedback. 

El texto se lee aquí mismo y se descarga pinchando en el título: 




3516 code Minitel

No soy yo, pero casi. Así consultaron los resultados de su Baccalauréat (la selectividad francesa) todos los chicos y chicas de mi generación.

El pasado 30 de junio hacia la medianoche, mientras tú y yo hacíamos otra cosa, alguien en France Télécom pulsó un botón y apagó para siempre el Minitel. Era tonto y feo pero lo vamos a echar de menos. 

El Minitel es un caso de excepcionalidad tecnológica. Como se puede ver en la foto, era una mezcla entre el teletexto y un cajero automático conectado a la línea telefónica. Se inventó en Francia a finales de los setenta como resultado de un proyecto de investigación estatal y se empezó a instalar en hogares y oficinas a partir de 1982. Ningún país quiso saber nada de él, sólo lo usaban los franceses pero lo usaban todos los franceses. En 2000, cuando ya empezaba a decrecer por la irrupción de la red de redes -ese invento americano-, todavía se servían del Minitel 25 millones de personas, es decir la mitad del país. 

 Su éxito se explica por varias razones. 

La primera y más poderosa es evidente: puro chauvinismo. Aunque dé risa, a principios de la pasada década mucha gente aún pensaba que el Minitel podría convertir a Francia en una potencia tecnológica. Doy fé de ello, estuve allí. En el año 2000, yo tenía en París un trabajo moderno en una oficina moderna con gente super moderna, pero las reservas de viajes, los papeleos de Hacienda... todo, absolutamente todo (repito, en el año 2000, probablamente tú ya tenías un correo electrónico) lo hacíamos con Minitel, tecleando interminablemente el 3615 code no-sé-qué. No era por dejadez, ni por ignorancia, ni por resistencia al cambio. Lo que estaba en juego era una batalla a muerte contra la telemática norteamericana. Una batalla suicida, pero que había que pelear. Me costó meses de lobbying convencer a mi jefa de que aquello era absurdo, que había que capitular.

La segunda razón es la propia torpeza de la burocracia francesa. La principal función de Minitel, tal y como fue concebido por sus creadores, era la de convertirse en una ventanilla de la administración: un lugar para solicitar certificados, tramitar inscripciones, consultar los resultados de exámenes y oposiciones públicas o adquirir billetes de tren de la red estatal de transportes (3615 code SNCF, qué recuerdos). Pues bien. La administración pública en Francia es tan monstruosamente paquidérmica que hasta un teletexto programado en los ochenta tiene más agilidad. Entre hacer cola de pie durante toda la mañana o teclear letras, números y flechas en un terminal color beige durante toda la mañana, la persona razonable elige no hacer cola. Entre poner su vida en manos de un empleado público o teclear letras, números y flechas en un terminal color beige, la persona razonable elige no poner su vida en las manos de un empleado público. La disyuntiva entre hacer los papeleos en Minitel o por Internet hasta hace poco tampoco se planteaba porque ¿para qué actualizar los servicios públicos en Internet si ya tenemos el Minitel?
  

La tercera es la única buena razón de la supervivencia de semejante anomalía: el Minitel ha sido sobre todo el Minitel rose, la primera plataforma masiva de cibersexo de la historia. A finales de los noventa, cuando todavía muy poca gente en el mundo tenía internet en su casa, media Francia ya se ponía los cuernos a través de las redes. En eso sí que Francia siempre ha estado a la cabeza. Con Minitel se podía, de manera totalmente anónima y con el coste de una llamada telefónica, contratar y ofrecer servicios sexuales, buscar pareja, acceder a chats eróticos con profesionales o con chicos y chicas de la región, contactar con redes de intercambio, BDSM u otro tipo de prácticas sexuales no convencionales, etc. Exactamente igual que el pr0n con Internet (que, según dicen, sólo ha sido destronado recientemente, por las redes sociales), el sustrato de Minitel ha sido siempre el sexo. Y decir sexo, en Francia, es decir mucho sexo. Es el segundo tema de conversación favorito, después de la comida y antes que la política (y no es un cliché). 

Estos días, todo son lágrimas y homenajes. El periodista y reputado bloguero Jean-Marc Manach comparte su testimonio de animadora de chat de Minitel rose, donde ofició bajo el pseudónimo de "Jacqueline69" para sacarse unos francos durante sus años mozos, y Le Monde publica una serie de reportajes bajo el (tronchante) título de "Minitel. Le France-Wide-Web". Dicen que a punto estuvieron de venderselo nada más y nada menos que a Japón (¡chúpate esa, Obama!), pero que no funcionó "por la dificultad de reproducir los caracteres".


Bookcamping. La cultura quiere ser libre



Bookcamping empezó en la cabeza de Silvia Nanclares, supongo que sin que ella se diera cuenta, un día del pasado mes de mayo. ¿Y tú, qué libro te llevarías a una acampada? preguntaba por Twitter. Aún estamos respondiendo -y digo estamos porque, por mil razones, este proyecto lo siento también mío- y la respuesta se ha convertido en una aventura.

Bookcamping es una biblioteca colaborativa nacida del 15M, donde ya hay varias centenas de libros, ordenados en varias listas de lectura que son tantas maneras posibles de reponder a aquella primera pregunta. Cada libro con su ficha, los de dominio público con su link de descarga. Si quieres proponer libros o listas, la puerta es grande, adelante.


Estas son las listas que hay hasta ahora (y vienen más):


Este es su llamamiento: 

#Bookcamping, biblioteca abierta y colaborativa nacida a la luz del 15M, ha llegado muy lejos en muy poco tiempo, y estamos muy contentas con su impacto y su capacidad de producir valor y conocimiento. Pero lo que se mueve más deprisa es el suelo de debajo de nuestros pies. La cultura y el conocimiento ya no son los que conocíamos. La cultura quiere ser libre. Y, nos demos cuenta o no, la cultura la producimos en red, la producimos socialmente.

Para que #Bookcamping pueda cumplir el papel que se ha propuesto, tiene que cambiar, adaptarse, repensarse y rehacerse. Para nosotras es fundamental que la propuesta pase a albergar únicamente contenidos 100% libres. #Bookcamping nació en las redes sociales, y debe volver a ellas. Necesitamos que la propuesta tenga una dimensión más social, más semántica, más bidireccional, que potencia las relaciones de producción e intercambio horizontales y rizomáticas.

Desde que empezó a dibujarse #bookcamping han llegado a nuestras orillas muchos tesoros, todos ellas en forma de regalo, de donación: reseñas, referencias, archivos, programación, comunicación, gráfica, ilustraciones, ideas, listas, artículos, menciones… Regalos basados en la filosofía del trabajo colaborativo, el compartir y en la posibilidad de redistribuir conocimiento, información, y ¿por qué no?, amor. Ay, concepto peliagudo. Pues sí. Amor a los libros, al conocimiento compartido y socializado, a las letras, al pensamiento, a la ficción, a la cultura libre y a las islas que se mueven en medio del océano cuando nadie se lo espera. 

Y este su video de presentación:



El plazo acaba el 12 de diciembre.
Puedes aportar lo que quieras a partir de 5€.  
En la web de Goteo está toda la información sobre cómo colaborar y los retornos que recibes por tu aportación (desde una mención en los créditos, un poster, una camiseta hasta una serigrafía de Miguel Brieva).

Libros de segunda mano, esos pobres marginados

Hay quien piensa que entre el blog y las redes sociales cacareo todo lo que se me pasa por la cabeza. Error: me corto muchísimo. Por ejemplo, llevo meses mordiendome los dedos con todo lo que se publica sobre, vamos a llamarlo por honor a los mass media, el futuro del libro. Desde hace meses asistimos a una verdadera diarrea informativa de los medios de comunicación generalistas que, cual Casandra contemporánea, tratan de anticipar el efecto de lo digital sobre la buena vieja costumbre de comprar ese inigualable dispositivo de transmisión cultural conocido como libro. Y digo comprar porque -y este es sólo uno de los muchos temas que me encienden- , aunque en los artículos al respecto siempre se ventilan argumentos románticos sobre el valor de la lectura y la difusión de conocimiento y blablabla, lo que ocupa realmente los debates hasta el punto de monopolizarlos, no es el futuro del libro (el futuro de la lectura) sino el futuro del mercado editorial.


Libros viejos esperando nuevas lecturas en Cluj-Napoca, Rumanía.

Prueba de ello -y espero estar equivocada: por favor enviadme links si es que los hay- es que en los muchos artículos publicados estas últimas semanas sobre la entrada de Amazon en España en ningún momento se explica cómo va afectar esto al mercado de libros de segunda mano, que para mí personalmente siempre han sido su mayor activo. Pues sí: el mercado de libros de segunda mano, que parece no interesar absolutamente a nadie, desde mi punto de vista es un tema crucial (será que soy muy de nicho, pero si he entendido bien los mercados de nicho son precisamente uno de los aspectos más destacados en los estudios sobre el impacto de las tecnologías digitales en el mercado del ocio). Mi razonamiento, que igual es muy simplista, parte de una constatación que también es muy simple pero yo creo que merece un pensament: la gente que lee no son solo compradores de libros en librerías; también compran libros en mercados callejeros y tiendas de viejo, hacen uso de bibliotecas públicas (esas pesadillas de la sociedad de consumo, repletas de libros, revistas, comics y hasta DVDs que atención: no están en venta) e incluso se los prestan unos a otros, ya que el objeto-libro posee, entre otras cualidades, la de ser extraordinariamente resistente a la obsolescencia, que tal y como están las cosas (y podemos hablar en términos económicos o de sostenibilidad medioambiental) es una ventaja nada despreciable.

Un ejemplo de este tipo de contradicción (o de maniqueísmo) se aprecia en el uso alegre que hacen los editores de suplementos literarios de esas viejas fotografías de Julio Cortazar ojeando libros en los muelles del Sena: es el Paradigma del Escritor, y por extensión, del Lector Amante De La Buena Literatura. Pues tuvo suerte Cortazar de no haber vivido en la España de la primera década del siglo XXI porque no hubiese podido leer ni la mitad de lo que leyó en Paris, donde no solamente están los famosos puestitos del Sena, sino que la propia Gilbert Jeune, una de las mayores librerías de Francia, tiene en la mismísima plaza de Saint Michel -otro icono literario- una planta entera dedicada a literatura y ensayística de ocasión, en la que los libros no están amontonados y llenos de polvo como si fueran camisetas del H&M, sino ordenados en estanterías, en buen estado, clasificados alfabéticamente y disponibles a un precio asequible para jóvenes, estudiantes y mileuristas en general: unos 3,00 € el formato de bolsillo, por 30,00 € te llevas diez. A esto le llamo yo difusión cultural y fomento de la lectura.

Sin embargo, los lectores de libros en español estamos completamente desatendidos: las librerías no tienen secciones de libros usados, las distribuidoras online no los venden y los mercados callejeros -con toda su solera y todos sus tesoros- no dejan de ser un mercado residual en permanente peligro de desmantelamiento por causa de normativas municipales (las mismas que promueven ciudades creativas). ¿Cómo es posible, con lo sofisticada que es la oferta de entretenimiento hoy, que yo como lectora esté dispuesta a gastarme el dinero en algo y nadie esté en condiciones de ofrecérmelo? Dicho en lenguaje empresarial: aquí hay un nicho de negocio, y también se lo va a llevar Amazon porque es la única que ofrece un mercado de libros de segunda mano serio y competitivo.

Desconozco qué papel juega el libro usado en el modelo de negocio de Amazon, si realmente hacen pasta con ello o funciona más bien como un factor de fidelización de clientes o de optimización de recursos (ya sabemos que Amazon puede permitirse juegos de economía marginal inaccesibles para otro tipo de distribuidores). Lo desconozco, como desconozco muchas otras cosas sobre el mercado editorial, y me gustaría saberlo para poder formarme una opinión más clara al respecto. Pero en todo caso lo que veo clarísimo es que, si la lectura fomenta la compra de libros y el mercado de libros de segunda mano fomenta la lectura, para fomentar la compra de libros digo yo que habrá que fomentar la lectura en general, y por tanto también la lectura y la compra de libros usados. Salvo que, como decía al principio, la lectura nos la traiga al pairo y lo único que nos interese sea el modelo del negocio editorial -que de todas formas, con Amazon o sin ella, tiene que actualizarse ya.


Como se puede comprobar, este post está anticuadísimo (la revolución, que no da tregua). Lo dejo como está, en versión reliquia. Para updates sobre el #15M, visítame en @ptqk o mi perfil en Facebook. Si estás en Berlin, pásate por Democracia Real Ya Berlin. Y recuerda: no nos mires, únete. Esto no se para ;-)
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Plaza del Sol, Madrid, late May 2011.

This is an on-going directory of digital resources in English to follow the protests in Spain and take them a step further into global action. It has not been updated since June 1st, and it won´t be. For updates in English, follow @takethesquare. If you read Spanish, sígueme.
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Como mucha gente, llevo una semana de infarto, abandonando todo lo pendiente por razón de excepcionalidad (pido disculpas a editores y colaboradores varios: dedicarme a cualquier otra cosa me parecería una farsa), durmiendo poco, comiendo mal, tuiteando y retuiteando, blogueando, contestando mails, acudiendo a las asambleas de #acampadaberlin, leyendo crónicas y artículos y a pesar de todo, pensando mucho. Posiblemente, también, pensando sin demasiada lucidez, sintiendo más que pensando, se podría decir, o pensando con el cuerpo y los sentidos que es -y lo creo profundamente- la mejor forma de pensar; lo sé por experiencia: mis tripas son mucho más inteligentes que yo.

Esta semana he llorado tres veces. La primera, viendo el streaming desde Plaza del Sol el viernes a medianoche. La segunda, el domingo por la mañana leyendo las notas “de urgencia” de Amador Fernández-Savater, que no es que sean más emotivas que otras pero por alguna razón misteriosa me hablan con una intimidad sorprendente. La tercera, y la más imprevista y la más violenta, fue el lunes -parece que esto va ser diario y lo diré: no soy de lágrima fácil- al leer una frase de un texto de Fabián Casas publicado en el nº 2 de Orsai; una frase que, sacada de contexto es totalmente banal e incluso dentro de él tampoco es para tanto: “Mi padrino también era fanático de la radio”.

Que rompa a llorar como una tonta con una frase tan inofensiva supongo que tiene que ver con algo que se dice por ahí y que suscribo: esto es el inicio de algo, estamos de acuerdo, pero no viene de la nada. Cada cuál tiene su historia. La mía, en lo que al 15M se refiere, está directamente conectada con años de vida social a través de internet. Por vida social entiendo hacerse amigos, enamorarse, intercambiar lecturas, impresiones, canciones y cromos, crear espacio público y experimentarlo con sus límites y sus potencialidades, construir redes de afecto, abrirnos nichos de confianza, fundar familias distribuidas y solidaridades reales. Por a través de internet quiero decir con las redes sociales (también las de antes de que se inventara el término) como canal de comunicación y como territorio que siempre -y digo siempre- tiene su impacto en el lado de las cosas que se tocan. Lo llaman desvirtualizarse, pero es algo más: es crecer en común, es inventarnos juntos una posibilidad de vida, es lo que en palabras de otra generación se llama haber leido los mismos libros. Que no tiene nada que ver con libros, que quede claro, aunque ayudan. Tiene que ver con el lenguaje, con el lenguaje compartido que construye un punto de vista común sobre la realidad.

Pero esto pasa en las calles. Efectivamente, pero también: pasa en las calles, porque como decían en otro tuit, ya eramos en potencia una asamblea permanente. Pero esto pasa en las calles. Desde luego, y de ahí no nos vamos a mover, pero necesito (necesito) aclarar algunas cosas sobre qué es eso que pasa fuera de las calles y sobre lo que sigue pasando cuando parece que ya no pasa nada.

Dice Enrique Vila-Matas en un artículo publicado hoy que “los tuits son un atentado contra la complejidad del mundo que pretenden leer”. Lo dice, supongo, sin saber cuánto nos ha influido su literatura a los escritores de lo reticular y lo fragmentario, y quizás porque aún no ha entendido que la complejidad no está en un tuit -aunque los hay que nos unen con la fuerza de un eslógan- sino en la conversación que se teje en tiempo real entre millones de usuarios. Escribimos frases cortas -que por cierto, es un ejercicio de escritura excelente para los que como yo somos más de verbo largo- pero son frases cortas que se contestan unas a otras y que reenvian a frases mucho más largas, a blogs, a videos, a programas de radio, a playlists, películas y documentales, a artículos de prensa, a mediatecas digitales y a listas de lectura como esta, que incluyen referencias bastante más ricas y más complejas que la obra que Vila-Matas cita como biblia de los indignados: el “librito de menos de 30 páginas” de Stéphane Hessel que los medios generalistas proclaman como referente teórico del movimiento. Digámoslo rápido: ese libro es una referencia más, pero no es La Referencia Intelectual de las acampadas. Es la referencia que ha circulado entre los medios de comunicación generalistas y que ellos -que son los que necesitan explicaciones simplificadas, que les quepan en un artículo de prensa y hagan un buen titular- se han copiado unos a otros y han adjudicado al movimiento. Los medios corporativos son hoy mucho más simplistas que el más idiota de los tuits (Vila-Matas: te esperamos, no tenemos ninguna prisa).

Porque es verdad: tenemos todo el tiempo del mundo. Hay una cierta ansiedad, unas ganas de decir esto no sirve para nada y fortalece a la derecha, o sí porque mira qué batacazo se ha pegado el Psoe; una necesidad de análisis rápidos, carpetazos y conclusiones, de adjudicar a los cambios fechas concretas, de encerrar los procesos en estadísticas, de leer la conciencia política en términos de votos, siglas o papeletas nulas. Es cierto, estos días han sido un espectáculo por la cantidad de gente que ha tomado las calles y la rápidez y contundencia de los acontecimientos, y el espectáculo pasará: las acampadas en algún momento se harán menos numerosas o serán desalojadas, empezaremos a hablar y escribir sobre otras cosas, se pondrán de moda otros hashtags, ganarán otras siglas, harán oposición (o pudiendo hacerla, no la harán) otros partidos, parecerá que hemos olvidado. Pero una cosa es el espectáculo de la historia y otra es la historia misma. Porque olvidar, olvidar, sólo olvida la mente. Las tripas tienen una memoria prodigiosa, y un tiempo de digestión más largo.

Diré lo obvio. El 15M es un fogonazo más del cambio de época que, en esos libros de historia a que se refiere Vila-Matas, encontrará su hueco junto a otros acontecimientos mayores de los últimos 10 años y los que vengan. Pero lo que también pasará a los libros de historia -y que será digno de análisis, esta vez sí, con más de 140 caracteres- será el modo en que todos estos acontecimientos están cambiado para siempre el modo de ejercer y entender la práctica política. Que no es lo que hacen los partidos políticos, o el modo en que estos interactuan con los medios de comunicación, las empresas, los lobbies u otras esferas de influencia, no es eso que en el lenguaje común llamamos la política. La práctica política es la manera en que en cada sociedad se gestionan los asuntos que nos afectan a todos.

El ejercicio de la práctica política ha tenido muchas modalidades historicamente, algunas formales -que desde la modernidad más o menos se avalan con los mecanismos jurídicos y legislativos que conocemos- y otras informales, menos visibles, más porosas pero igualmente válidas e igualmente legítimas. Digo esto, en parte, en respuesta a un post publicado por Enrique Dans hace 2 días en el que cuestiona -con evidente nerviosismo- la legitimidad de la asambleas como órganos representativos. Las asambleas informales -no adscritas a una organización con personalidad jurídica- no son órganos representativos desde un punto de vista legal pero sí lo son desde un punto de vista político si entendemos lo político como el espacio y los mecanismos de debate y gestión de lo común. Que aquí y ahora esos espacios y esos mecanismos sean la democracia parlamentaria, sí. Que la democracia parlamentaria agote todas las modalidades de expresión y legitimación de lo político, no.


También en ese nº 2 de Orsai (que se puede leer en línea o descargar aquí) hay un diálogo entre Hernan Casciari, el editor de la revista, y su amigo de infancia y editor adjunto El Chiri, que dice así: “- Antes las revoluciones eran muy esforzadas. El Hombre Corbata era demasiado invencible. Los pueblos sojuzgados hacían revoluciones pero no pasaba nada realmente. Desde el Renacimiento, la cultura fue de los ricos, de los mecenas. Las guerras, de los poderosos. Las personas corrientes siempre fuimos monedas de cambio. Y ahora, de repente, hay una comunicación de base, pero de verdad. El Hombre Corbata intenta controlar, pero ya le cuesta, ya no puede como antes. ¿No te esa impresión? - Sí, pero no soy tan optmista como vos: el diablo también usa Twitter. No solamente el pueblo. Los presidentes siguen dándose la mano durante treinta segundos y fingiendo sonrisa y hablando en secreto. - ¡Pero la gente ya sabe la verdad! Y esto es la primera vez que ocurre, en toda la historia humana. El Hombre Corbata está en decadencia. El careta, el falso, el ruin. Ya no tiene todo el horizonte para hacer sus trapicheos”.

No quiero decir que lo que ocurre estos días sea el inicio de un mundo mejor; soy muy pesimista y estoy convencida de que vamos de cabeza al desastre (en general), pero precisamente por eso todos -todos- debemos tener la audacia y la responsabilidad de no mirar para otro lado y estar a la altura de los tiempos que nos han tocado vivir.

Guía rápida de iniciación a twitter

Por pasos
1. Hazte una cuenta.

2. Sigue a las personas que estén twiteando sobre los temas que te interesan. Esto es lo que se llama "seguir a un usuario" y se hace yendo a la página de twitter de esa persona y pulsando en el botón "Follow". También es útil echar un vistazo a las personas que siguen a ese usuario o son seguidas por él (o ella), porque seguramente tendrán intereses similares a los tuyos. Así te vas haciendo una red de gente que harán llegar mensajes a tu Timeline.
3. El Timeline es lo que ves en tu página de twitter. Son los tuits de las personas a las que sigues y tus propios tuits.
4. Si a otras personas les interesan tus tuits, empezarán a seguirte: son tus "followers". Cuantos más followers tengas, más difusión tendrán tus tuits.
5. Para enviar un tuit a una persona en particular, usa @ seguido del nombre del usuario. Ten en cuenta que ese mensaje será público, lo leerán todas las personas que te sigan.
6. Para ver los tuits que te llegan a ti, vete a "Mentions".
7. Para enviar mensajes privados vete a "Mensajes". Sólo puedes enviar privados a un usuario que también te siga a tí.
8. Retuitea. Si ha llegado información interesante a tu timeline, retuitéla pulsando el botón Retweet o añade "RT @nombre_de_usuario texto del tuit".
9. Consulta los hashtags. Los hashtags son esas palabras que aparecen así: #hashtag#. Son etiquetas para seguir hilos de información en twitter.
10. Consulta los Trend Topics. Los Trend Topics (TT) son los hashtags más populares del momento. Aparecen a la derecha y son distintos para cada país. Puedes seleccionar un país o la opción Worldwide, para ver los más populares en todo el mundo. Los TT priman la popularidad (la cantidad de veces que un hashtag aparece mencionado) pero también la novedad, por eso #spanishrevolution añade nuevos hashtags todos los días.
Bueno, y ya sábes: máximo 140 caracteres.

Para tuitear en #spanishrevolution
Añade a tus tuits el hashtag correspondiente, para que llegue a las personas que estén siguiendo ese mismo hilo de conversación, y el TT del momento, para darle más difusión al TT y mantenerlo ahí arriba!
Lista de los hashtags que se están usando en #spanishrevolution

Sigue el movimiento en tu ciudad
Las acampadas también están organizadas por ciudades, con hashtags (#ciudad#) o cuentas (@ciudad). Busca la de tu ciudad en los hashtags generales y si no existe, creala tú.
Más información sobre #spanishrevolution


Además de por esto y por esto, a las que vivimos en internet tampoco nos gusta esta campaña, por machista.
La foto es de mi amiga Berta.
Coincidiendo por un lado con el alboroto de la ley Sinde y la escapada del De La Iglesia y, por otro, con un currete de estos de pensar que me ha llevado a zamparme un montón de documentación sobre el asunto[*], me hallaba estos días dándole vueltas a El Tema Este De Los Commons (como por ejemplo, el lugar correoso que ocupan en ese limbo entre lo público y lo privado, lo que explica que se encuentren hablando de ellos sujetos tan dispares como Vandana Shiva o un velocista de Silicon Valley) cuando, por yo qué sé qué azares me encontré visitando la noble villa de Olite, otrora capital del Reyno de Navarra y emplazamiento de un famoso castillo del siglo XV que sale en todas las guías.



Y como a pesar de ser muy post-esto y post-lo de más allá, en realidad soy una vulgar humanista nacida en el siglo XX (una asquerosa ruinófila, ya lo he dicho otras veces), recorrí el castillo en éxtasis total, subiéndome a todas las torretas, imaginando torneos y epidemias medievales, admirando los arcos ojivales, invocando a los muertos porque estaba cerrada la Cámara de los Yesos (también llamada Sala Mudéjar porque conserva la decoración original con 10 paneles de yeso hechos por maestros moros) y pensando: Mira tú, esto también son los Commons, no sólo internet y el Amazonas, y qué bien que la entrada sea barata y que esté tan bien restaurado y que no haya una tienda a la salida para venderte un bloc de notas troquelado en forma de almenitas. Con estos pensamientos tan hermosos sobre la gestión del patrimonio histórico, y como al acabar la visita me quedé con ganas de más, me dirigí al edificio adyacente, donde según el folletito se encontraba el castillo viejo, y que hoy es un parador nacional, y mantuve con el señor de la recepción una conversación más o menos así.

- Hola buenas tardes, ¿se pueden visitar los salones?
- Si no está alojada, no, señorita
- Ah bueno, como es patrimonio, pensé...
- Esto no es patrimonio, es un hotel normal.
- Normal, normal, no creo. Porque como es patrimonio...
No soy tan idiota como para no saber cómo funciona un parador nacional pero quiero creer que si te muestras suficientemente inofensiva e interesada lo lógico es que hagan la vista gorda y te dejen dar una vuelta por los comedores.
- Ya sé a dónde me quiere llevar usted, señorita, pero le repito que esto no es patrimonio, es un hotel como todos.
- Pero Paradores Nacionales no es una empresa como todas.
- Sí lo es.
- No lo creo.
- Una empresa como todas pero con participación publica.
- Entonces no es como todas.
- Oiga señorita, que yo no soy funcionario.
- Pero si yo no digo que usted sea funcionario, sólo que esto es patrimonio.
- No es patrimonio.
Le intento hacer ver que entiendo el significado de las palabras “empresa con participación pública” y que sé para qué sirven esas cosas, pero no cede. Contra-ataco.
- Si no fuera patrimonio, la empresa podría pintar la fachada de verde si le diera la gana, ¿a que no puede?
- No señorita, pero usted tampoco puede pintar de verde la fachada de su casa, aunque no sea patrimonio.
- Ya, pero eso son normativas muncipales que se aplican a todos los edificios, este tiene reglas mucho más estrictas. Ustedes no pueden ni arreglar una tubería sin el visto bueno del Ministerio de Cultura, ¿o no?
- Claro que no, es que edificios como este están muy protegidos.
- Porque son patrimonio.
- Que ya sé a dónde me quiere llevar usted pero no voy a ir por ahí.
Y va y dice:
- Que luego la gente viene y se lleva cosas.
Alucina vecina.
- Oiga, que sólo quiero visitar los salones, que no le quiero convencer de que es patrimonio para después llevarme una alfombra.
- Uy, la gente si la dejan se lleva hasta los muebles.

Me quedé sin ver el interior del castillo viejo, porque frente a semejante barrera diléctica, a ver quién se atreve. Y me vengué secretamente de él imaginando una horda de comuneros embriagados de copyleft asaltando el parador al grito de “¡Vivaaan Los Comuneeees!” y llevándose en volandas los sillas y los tapices y escapando escondidos dentro de las armaduras. Pero en realidad me quedé un poco triste. Porque ¿qué mierda de sociedad es esta que nos da tanta desconfianza la propiedad colectiva? ¿O la no-propiedad en absoluto? ¿Es que no somos capaces de respetar algo si no tiene dueño? Pues sí que tienen mal futuro los comunes. Y la internet, y el Amazonas y, en fin.

[*] La contradicción entre “currete” y “zamparme un montón de documentación” no es sólo aparente. Si fuera tan mercenaria como pretendo resolvería el asunto en cuatro páginas y media de lugares comunes pero como soy tan mala puta (en el sentido literal, que como puta me moriría de hambre porque, segun dicen, si te corres, hay que disimular), como soy tan romantica y tan novata, decía, no sólo gozo como una perra, sino que a punto estoy cada vez de enamorarme del sujeto y se me escapa siempre por exceso y por deriva. Podría decir que en este caso tengo excusa porque el encargo me interesa sinceramente y viene de una gente a la que aprecio mucho, pero sería falso. Si el demonio me pidiera un informe sobre el índice de cotización de las calderas, lo haría con la misma pasión enferma porque estoy aquejada de un mal que no es workoholismo, es peor: es devoción maniaca por cualquier objeto de estudio que me pongan delante. Lo buena monja que habría sido si llego a nacer en el siglo XV, qué pena.

El reporte en castellano de la Conferencia Internacional sobre los Commons de Berlin, aquí.

Laboratorio feminista ciberpunk



Lo de arriba (que se puede ver ampliado aquí) es mi respuesta a la invitación de la Mediateca del MUSAC a participar en las jornadas sobre software libre, arte y mujer que tuvieron lugar el pasado 12 de noviembre. Algunas precisiones:

En el esquema se me olvidó dibujar lo más importante: frente a la dicotomía software libre / mujer, me interesa más proponer otra: ética hacker / feminismo. A partir de aquí, planteo la pregunta de si es posible pensar en una ética hacker feminista y, en caso afirmativo, cuáles serían sus características, las más importantes de las cuáles, para mí son: el compromiso con el dominio publico y la idea de procomún; la relación con la comunidad; y la dimensión contra-cultural de la filosofía del software libre y la ética hacker (y digo contra-cultural en todos los sentidos de la palabra).

La reflexión se articula en torno a la idea de conocimiento autorizado: si la historia de la ciencia es (también) la historia de la legitimación de ciertas formas, ciertos canales y ciertos agentes de producción de saberes, me pregunto cómo desde el feminismo podemos proponer -y legitimar- otras formas, otros canales y otros agentes (subversivos, contra-culturales, emancipatorios). Es en definitiva, una reflexión sobre el modo en que se construye el conocimiento hegemónico y la posibilidad de formular tácticas de acción politica feminista en un entorno como el tecno-científico, abiertamente blanco, racionalizante y patriarcal. Frente al conocimiento autorizado, el pensamiento feminista dice: conocimiento situado, un concepto sacado de los escritos de Faith Wilding, que se opone al aislamiento del objeto de estudio y propone ponerlo a dialogar con otros parámetros y niveles de realidad (quién piensa, cómo, dónde, cuándo y para qué).

El esquema no incluye temas obvios como la relación entre género y sociedad del conocimiento o la presencia de mujeres en los equipos de programación. La razón es que me tocaba hablar en tercer lugar, después de dos personas que lo iban a explicar mucho mejor que yo: Carmen Castro, economista, activista del software libre especializada en políticas de género y autora de Sin Género de Dudas; y Miriam Ruiz, desarrolladora de Debian, editora de Barrapunto y asesora en temas relacionados con el software libre del Principado de Asturias. Lo mío puede ser leído como una nota a pie de página a sus presentaciones.

Empecé a trabajar sobre la intersección entre género y tecnología creo que en el año 2004, de modo que este esquema recoge algunas reflexiones que, o bien no había abordado entonces, o bien las he ido tratando de manera desordenada, entre conferencias, artículos, posts y demás. Para completarlo, recomiendo:
El programa de EnRE/Dades, géneros en red y acciones ciberfeministas, que organicé en Barcelona en 2004.
Los materiales del taller de ciberfeminismo que impartí en el Feministaldia 2005 y para Emakumeak en 2006.
El texto “Chúpame el código 2.0” publicado en la revista Zehar en 2007.
El texto “Notes on the Knowledge Economy from Cyberfeminism” , festival City of Woman de Ljubljana 2008.
El post “El deporte olímpico del e-waste” sobre la basura electrónica.
El post “¿Por qué las mujeres son como los pollos y los pollos como las mujeres?” sobre el trabajo de subRosa.
El post “Las políticas del cuerpo cibernético” sobre el trabajo de Beatriz Preciado en “Testo Yonki”.
La recopilación de textos históricos del ciberfeminismo de Mujeres en Red.

En el principio fue Norbert Wiener

Hace exactamente 4 años, uno de los textos que escribí para uno de los doctorados que no he acabado nunca empezaba con una cita de Norbert Wiener, el papá de un concepto fundacional de toda una forma de entender nuestra relación con la tecnología. Un concepto que hoy suena a pantallas negras, MS-DOS y web sin metalinks, pero que nos hizo soñar tanto y tan bonito. Me refiero a la cibernética. Ya sé, soy una romántica, venir con esto ahora que lo que mola son los fenómenos emergentes es un anacronismo. Me da igual (y además, lenguajes aparte, ambas cosas están muy relacionadas).

La referencia a Wiener la saqué de un texto de Xabier Barandiarán, que era uno de los miembros del difunto e irrepetible Metabolik, el laboratorio hacker de Leioa. Xabier hablaba también de Donna Haraway, su teoría del cyborg, la arquitectura de los protocolos de información y la textura inevitablemente política del código informático como una gramática, como un sistema de signos. El texto se titulaba “Activismo digital y telemático. Poder y contrapoder en el ciberespacio. v.1.1” y todavía es una lectura 100% recomendable (y no sólo con interés arqueológico). Digo esto porque el mundo del que hablo ya no existe, se lo han tragado la dos-punto-cero, las redes sociales y la democratización (sic) del acceso a la tecnología, pero lo que se decía y escribía en aquellos canales IRC y aquellas listas de correo, sigue siendo imprescindible para comprender con cierta profundidad eso que llamamos sociedad del conocimiento (ya he avisado que me iba a poner vieja rockera).


Era de esperar pero me ha emocionado igual: el capítulo 6º de “El Siglo de la Biotecnología” de Jeremy Rifkin está dedicado a la cibernética y en concreto al proceso de mimetización entre el lenguaje de los ordenadores y el de la biología. Ambos se crearon aproximadamente en la misma época y se inspiraban mutuamente. Si Internet, con sus ramificaciones mutantes e inteligencias conectadas, se parece tanto a un sistema vivo, es porque la cibernética como lenguaje surgió a la vez que las modernas teorías sobre el funcionamiento de los organismos. Las metáforas y las palabras utilizadas para explicar ambos fenómenos son contemporáneas.
En 1953, siete años después de que unos ingenieros pusieran en marcha el primer ordenador que funcionó en la Universidad de Pennsylvania -el ENIAC- James Watson y Francios Crick anunciaron que habían descubierto la doble hélice del ADN, abriendo así la puerta a los secretos del mundo interno de la biología. Con metáforas y expresiones tomadas del nuevo campo de la cibernética y de las ciencias de la información, aún en ciernes, hablaron de la naturaleza helicoidal de los genes como de un código, programado con una información química que había que descifrar.
Rifkin parece sugerir que la influencia fue unilateral, del lenguaje cibernético hacia el biológico. Personalmente lo dudo porque es imposible saber en qué momento histórico exacto se genera una idea y la forma de expresarla. Me parece más prudente pensar que simplemente ambos grupos de conceptos surgieron a la vez, influyéndose el uno al otro. En cualquier caso, es a partir de ese momento cuando empieza a arraigar la idea de que la realidad no es una concatenación lineal de sucesos causales (a provoca b) como se pensaba desde la Ilustración sino una interacción dinámica entre elementos cambiantes. Por primera vez se empieza a pensar el mundo como un conjunto de sistemas de flujos integrados, que es precisamente como funcionan los organismos vivos y los ordenadores.

En el caso de la biología, este nuevo universo semántico tuvo una consecuencia concreta, también de orden semántico, pero no sólo. Hasta entonces para describir la actividad de los organismos los biólogos hablaban de “comportamiento” pero a partir de la emergencia de la cibernética empezaron a hablar de “rendimiento”. La diferencia es notable: no es lo mismo decir que algo “se comporta de manera x” que decir que “tiene un rendimiento x”. Mientras que comportamiento es una palabra descriptiva, rendimiento (que viene de la ingeniería) es un término valorativo, que introduce un juicio en términos de eficacia.

¿A dónde voy? A raiz de Soft Power estoy leyendo muchos textos científicos. Y claro, lo hago desde una perspectiva que no es la del hombre de ciencias ortodoxo sino la de la crítica cultural. La ciencia está convencida de que su manera de contar el mundo es absolutamente objetiva. Ya sabemos que no, que los proyectos de investigación cuestan mucho dinero y que sólo por eso, la decisión de qué se investiga y qué no, y en qué dirección (para probar qué cosas) está muy condicionada por las fuentes de financiación. Si te paga Bayer, más te vale encontrar algo que pueda comercializar, por poner un ejemplo idiota. Sabemos que la ciencia tiene, como todos los campos de saber, su contexto histórico, social, ideológico.

Pero es que además está el problema del lenguaje. Sólo podemos pensar lo que podemos imaginar y sólo podemos imaginar a partir del sistema de representación que ya tenemos. Cuando leo textos científicos me sorprende la fé casi religiosa con la que usan las palabras, como si un término pudiera contener completamente la realidad a la que se refiere. Es un debate filosófico (y poético) antiguo, pero al parecer la mayoría de los científicos que van por ahí describiendo el mundo lo desconocen. El problema es que los hombres de ciencia tienen mucho más poder que los filósofos que, a lo sumo, acaban dando clases de metafísica o si tienen suerte y mucho empeño, escribiendo algún libro que sólo leerán sus compañeros.

El libro de Rifkin está muy bien como introducción al biotech. Contiene muchísima información útil sobre lo que se está haciendo ahora en los laboratorios y sobre la génesis de la mentalidad biotecno-determinista. Sólo le falla que el hombre es un conservador que tiene la desvergüenza de no citar ni una sola vez a Donna Haraway que, junto con Wiener, es la otra referencia de cabecera para pensar el nuevo cyborg. Es una pena. Y ahora sí, me voy a tomar una cerveza.

El dibujo es de Jon Mikel, el participante más joven del taller de ingeniería celular do it yourself que hicieron las subRosa en Soft Power.

Economía Creativa para el Underground

"Economía Creativa para el Underground" es una serie de textos que estoy escribiendo para la puesta en marcha de contra-narrativas que cuestionen el discurso hegemónico sobre innovación, clase creativa y otras mitologías del nuevo capitalismo.

Está en proceso de construcción.
El dibujo de la portada está tomado de I have no cubicle.





* Indice *

#1 Be creative under-class! Mitos, paradojas y estrategias de la economía del talento.
Publicado en la Biblioteca de YProductions en 2009.
Descargar en PDF.

#2 Prototipo de gestión de tiempo para microrganismos culturales.
Presentado en el Cultivo de Microbios del festival Zemos98 de 2010.
Descargar en PDF.

#3 La burbuja de la innovación.
Presentado en la jornada "Empresa y economía abierta" organizado por el MIK en 2011.
Descargar en PDF.

#4 Investigación en cultura: un Objeto Cultural No Identificado
Resumen de la jornada organizada por la plataforma Zzzinc en Barcelona en diciembre de 2010.
Este martes estoy invitada a una de las mesas redondas del 4º encuentro Inclusiva-net, Redes y procesos P2P. La mesa está moderada por Juan Freire y los otros invitados son Gonzalo Martín, Rubén Díaz y Rubén Martínez. El título es "Economías y formas de producción P2P" y para ir enfocando el tema Juan nos ha propuesto una serie de “provocaciones iniciales”.

Si no me cambia el viento, la idea que llevaré a la mesa es que hacer del P2P un modelo productivo es un cuento para vendernos la versión 2.0 de lo de siempre. Podemos llamarlo Neoliberalismo Digital. Si estamos hablando de crear modelos, yo diría que una cosa es el P2P como sistema de intercambio de archivos y como un símbolo social de la lucha contra los regímenes de propiedad intelectual (y larga vida a The Pirate Bay). Y otra muy distinta es tomarlo como un modelo de organización productiva aplicable fuera de la Mula, en la economía real y a escala global.


Una vez más, la ironía de la mano del gran Gapingvoid.

P2P como mercados puros / P2P como nuevo socialismo

Entro al trapo de la 1ª provocación de Juan (“maniquea” como él mismo dice) sobre la existencia de dos modelos antagónicos sobre el P2P. Por un lado, P2P como "mercados puros", sin ningún tipo de intervención ni regulación de la autoridad. Pero mercados en un sentido amplio, donde los intercambios no son siempre, ni principalmente, monetarios. Por otro, P2P como "nuevo socialismo", pero de nuevo un "socialismo sin estado" que supera los modelos basados en la economía de mercado (esta postura ha sido defendida recientemente por Kevin Kelly en un artículo en Wired, al que ha respondido y rebatido Lawrence Lessig.

Ni poniéndome maniquea consigo ver la diferencia entre ambos modelos. O más bien, si me pongo maniquea lo que veo son dos formas distintas de decir lo mismo. Más allá de la terminología (mercado puro vs. nuevo socialismo), las dos teorías caminan en la misma dirección ya que implican intercambios sin intervención externa, realizados por entes individuales (personas o no, pero individualizadas, o sea, definidas por su autonomía y no por su interdependencia) y que se suponen iguales (peer-to-peer: de igual a igual).

Si el modelo productivo del P2P es ese (no-intervención, individualismo y ficción de igualdad), Margaret Thatcher y Ronald Reagan ya lo inventaron hace un montón de años. Es el modelo neoliberal que revistas como Wired y sus grupos de influencia intentan aplicar a lo digital. Lo dice el propio Lessig en su crítica al texto de Kelly. Eso no es socialismo, ni nuevo ni viejo. Es simplemente web 2.0, o sociedad civil o lo que Adam Smith llamó “la mano invisible del mercado”. O como dicen ahora, la new New Economy.

El Nuevo Socialismo de Silicon Valley

En “The New Socialism: Global Collectivist Society Is Coming Online” (yeah), Kelly define esta nueva forma organizativa como la derivada de “tecnologías que basan su poder en interacciones sociales” y lo define así: “Cuando masas de personas propietarias de los medios de producción trabajan hacia un objetivo común y comparten sus productos en común, cuando aportan trabajo sin salario y disfrutan de sus frutos libremente (gratuitamente), no es irrazonable llamar a esto socialismo”.

Con las siguientes características:

En el nuevo socialismo no hay lucha de clases. Lo dicho, la desigualdad sale del razonamiento de un plumazo y no se hable más. Tooooodos tenemos acceso a internet y un iPod, tooooodos subimos y bajamos archivos en la red, toooooodos hablamos inglés y escribimos con caracteres latinos.

El nuevo socialismo opera en el nivel de la cultura y la economía y no en el de la gobernanza. Como si la cultura y la economía no estuvieran dirigidas. Otra vez el viejo mito de la mano invisible, que si es verdad que es invisible no por ello deja de ser una mano.

El nuevo socialismo se propaga a través de un internet sin fronteras. Kelly olvida la censura de internet en muchos paises, las fronteras económicas, culturales, de acceso al conocimiento y las barreras idiomáticas (entre las lenguas más habladas de la red figuran el persa, el chino y el árabe).

El nuevo socialismo se basa en la descentralización. Efectivamente, ahí está Google para demostrar lo descentralizado que es Internet. O MySpace, o Microsoft o Facebook. Los usuarios están descentralizados pero, como en todas las grandes industrias, los proveedores de servicios tienden a la concentración.

El nuevo socialismo se basa en la economía del regalo. Lo que no dice Kelly es quién se beneficia del trabajo gratis de los usuarios. ¿O vamos a nacionalizar Google? ¿O MySpace? O Facebook?

En el nuevo socialismo los usuarios poseen los medios de producción. No, poseen una parte de ellos (el conocimiento y el tiempo) pero no poseen ni la infraestructura, ni las aplicaciones más populares de la web social, ni el beneficio (el beneficio social sí repercute en los usuarios, pero no el beneficio económico -salvo si aceptamos el axioma ultraliberal de que si unos pocos se hacen muy ricos España va bien).

En el nuevo socialismo no hay jerarquías. Sí. Es lo mismo ser Mark Zuckerberg que un indio que está picando código en Bangalore. Igual, igual. Peer-to-peer.

Redes organizadas

Cuando pienso en un modelo productivo, pienso en un modelo económico y en un modelo social y esto sólo puede ser un modelo político. Y lo político por definición tiene que contemplar la dimensión colectiva -porque la suma de las partes no es igual a las partes- y especialmente, la diferencia, es decir la gestión de la otredad, de los que no son iguales a mí - porque por desgracia no vivimos en un mundo de intercambios entre iguales. ¿Se puede imaginar un modelo político inspirado en lo digital que obvie la realidad de la economía de la información? A mí personalmente me pone mucho más la teoría de las redes organizadas (“Organized Networks”) de Ned Rossiter:
The celebration of network cultures as open, decentralized, and horizontal all too easily forgets the political dimensions of labour and life in informational times. Organized Networks sets out to destroy these myths by tracking the antagonisms that lurk within Internet governance debates, the exploitation of labour in the creative industries, and the aesthetics of global finance capital. (…) Why have radical social-technical networks so often collapsed after the party? What are the key resources common to critical network cultures? And how might these create conditions for the invention of new platforms of organization and sustainability?
En realidad lo que me inspira el texto de Kelly es una meta-lectura sobre, como dice Rossiter, el final de la fiesta. El discurso de la innovación, la necesidad de encontrar respuestas, de inventar nuevas formas productivas... Lo que sea, con tal de reducir la incertidumbre y quitarnos este miedo espantoso que llevamos en el cuerpo. New Socialism? 2P2 Economy? Open Source Society? Whatever. But keep my business running.

The Story of White Trash

Pues ya he visto el famoso “The Story of Stuff” que tanto me habían recomendado. “The Story of Stuff” es un video escrito y presentado por la experta en comercio internacional Annie Leonard, que explica en 20 minutos cómo funciona la economía: la extracción de recursos naturales, la fabricación de bienes de consumo, la cultura del shopping, la obsolescencia programada y la (imposible) gestión de los miles de toneladas de trash que los white people producimos cada día.

Es verdad que está muy bien. Es sintético y conciso, con muchos dibujos, perfecto para niños y para adultos resistentes a la lectura. Es verdad también que es muy naif y muy yankee pero esto forma parte de su atractivo, y de su éxito blogosférico. Lo que más me gusta es que utiliza -¡dos veces!- una expresión que los teóricos de la nueva economía se empeñan en sacar del lenguaje común (como los malos de “1984” borraban las palabras peligrosas del diccionario). Economía material. Ahora lo que mola es decir que ya no producimos cosas, sólo conceptos, ideas, formas de vida, información, servicios intangibles... producción inmaterial. Como dice Leonard, eso es sólo una parte de la historia. La verdad es que seguimos rodeados de trastos, que no queremos saber de dónde vienen ni cómo se producen, ni cómo se consigue la energía con la que funcionan, ni a dónde van a parar cuando los desechamos porque ya no hacen juego con nuestra identidad posmoderna, cambiante, de usar y tirar (por cierto, el look punk ya no se lleva, vuelven las flores).

Para el City of Women escribí un texto sobre la falacia de la economía inmaterial (que además de ser un montón de páginas, está en inglés, menudo rollazo). También tengo por ahí un post en el que puse mucho cariño sobre el e-waste, o sea se, los desechos de la electrónica de consumo: los móviles que ya no funcionan, los que sí pero no graban videos, los millones de ordenatas que no pueden cargar con el windows vista, los ipod aquellos de mentira que regalaban con El Pais, los iphone que se conectan al facebook y te frien el cerebro a ondas electromagnéticas y además son una horterada... toda esa mierda que representa entre 20 y 50 toneladas anuales y que mandamos -o más bien: vendemos- a lugares lejanos y baratos (este post está en castellano y tiene un montón de fotos guapas con mujeres orientales rodeadas de chatarra). Así que me hace mucha ilusión que el tema empiece a circular.

Al loro cool hunters que leeis este blog: ¡aquí hay un trend con futuro! En Alemania ya venden bolsas de tela para no usar las de plástico cuando vas al super (no está mal, si no fuera porque las de tela también son un trasto y también las hacen los niños chinos y también acaban convertidas en trash). Go green young man... but please: keep shopping!




ACTUALIZACIONES via comentarios:

How Long Will Our World Last? (Yes, We Are Screwed)

Clika en la imagen para verla en grande

El timo de los megapíxeles o por qué no vamos bien
¿Realmente necesitas un ordenador/móvil/cámara nuevo/a?


Mañana me voy al Winter Camp que organiza el Institute of Network Cultures en Amsterdam. Seremos 150 participantes (artistas, teóricos, activistas, productores) de 12 networks (Blender, Bricolabs, Creative Labour, Dyne.org, Edufactory, Floss Manuals, freeDimensional Network, Genderchangers, GOTO10, Microvolunteerism, MyCreativity y Upgrade!). Estaremos juntos durante 5 días en sesiones de grupo (cada uno con el suyo), sesiones plenarias (para debatir temas comunes), comidas y actividades nocturnas. Imposible que no ocurra algo interesante.

Mi grupo es MyCreativity, sobre la crítica a las industrias creativas y mi contribución versará sobre la novia que todo el mundo quiere tener: la innovación. Sobre MyCreativity, para los y las interesadas, esta es la url del evento que celebraron en 2006, aquí los materiales que resultaron (incluido un libro muy recomendable) y aquí la memoria de lo que ocurrió generosamente entregada a la red by YProductions en castellano.

De todas formas, lo más interesante del Winter Camp es posiblemente el trabajo del meta-grupo del propio Institute of Network Cultures que se encarga de acogernos, observarnos y alimentar la teoría/práctica de los organized networks (en cristiano, redes organizadas). La intro del Camp dice así:
Cuando una red se asienta y ya no es tan nueva, puede ser un reto mantener el nivel de actividad. ¿Debería entonces la red transformarse en una red organizada? Organizar una red no significa necesariamente disminuir el nivel de espontaneidad y cambiarla por normas y jerarquías: también puede ser una oportunidad para el intercambio y la producción sostenible de conocimientos. Como dice Ned Rossiter en su su libro “Organized Networks” (2006), los encuentros cara a cara son cruciales “si la red debe mantener el ritmo, revitalizar la energía, consolidar viejas amistades y descubrir otras nuevas, refundir ideas o planear actividades”. El Network Cultures Winter Camp es un medio para esas redes que necesitan apoyo para encontrarse, conspirar, discutir y seguir adelante.
El concepto político de las redes organizadas es claro: inventar nuevas formas institucionales inmanentes a la lógica de las redes. El Camp es una exploración de cómo hacer esto, cómo serían esas instituciones, qué harían, cómo operarían en distintos contextos geopolíticos, cómo se financian, cómo sería su relación con otras instituciones, etc. El meta-grupo tiene por objetivo proporcionar una panorámica de las estrategias de las redes con potencial para las colaboraciones entre-redes. Esta es la dimesión escalada de las redes organizadas: cómo se puede crecer y mantenerse sin caer en la introversión y no sólo inventar e innovar sino también usar las formas de red para implementar cambios a nivel social.
Consciente de lo arduo de la tarea, el meta-grupo se centra en algunos temas concretos y muy realistas, directamente relacionados con la vida diaria de los networks: la redimensión (a lo grande o a lo pequeño), la gestión de los conflictos personales, las colaboraciones entre-redes, los aspectos legales y financieros, la cultura (entendida como filosofía de vida) de los networks, la propiedad intelectual, la tecnología adecuada y la difusión de sus actividades.

No creo que una vez allí tenga tiempo de blogear pero los blogers del Institute for Network Cultures lo harán muy bien en su web, en Twitter (¿y esto qué es?) y en Facebook. Y cómo no esta entrada va directa a la carpeta de activismo digital post-dos-punto-cero.

La imagen es de “The Busy Book" de Ali Mitgutsch (1976) puesta online por pinetree4com.
"Los trabajadores culturales y cognitivos están acostumbrados a verse a sí mismos como una vanguardia y seguramente nos llevará toda una generación de proletarización y una nueva gran recesión persuadirles de que la organización colectiva (laboral y profesional) es de su interés en el largo plazo." Quien habla así es el investigador y activista Andrew Ross que lleva casi una década analizando las condiciones de trabajo en la nueva economía creativa.



Edición revisada de "Funky Business". Ahora con la coletilla "Forever. How to enjoy capitalism". Toma candela.

Caigo sobre Ross ahora y es como un milagro porque pone negro sobre blanco las desconfianzas que me inspira esta retórica tan de moda sobre el traslado de la ética hacker al ámbito laboral. En las empresas ahora ya no quieren trabajadores como los de antes, obedientes y grises, de esos que dicen "yo trabajo por dinero, mi vida de verdad está fuera de la oficina". El modelo antagónico a eso es el del hacker: una persona que adora lo que hace, no tiene horarios, es autodidacta e imaginativo y aprecia más la libertad y la independencia que la pasta. Y hoy las empresas lo dicen claro y alto: queremos trabajadores con espíritu hacker.

En este proceso ha sido clave la cultura de vida a lo Silicon Valley (una ojeada por cualquier artículo de Wired te puede dar una idea de lo que significa) y mucha literatura sobre nuevo management. En mis manos cayeron dos libros, ya hace años, que me empezaron a mosquear: "Funky Business. O cómo el talento mueve el capital" y "La ética hacker y el espíritu de la era de la información", libro de cabecera para toda una generación de activistas digitales, y a la vez una biblia de los nuevos recursos humanos de corte cool y neoliberal. En ambos cantan la mona sobre una de las principales virtudes del espíritu hacker -la pasión- olvidándo curiosamente otra de ellas: la precariedad. El trabajador hacker es también el que no cobra, o cobra poco o cobra tarde, no tiene derechos laborales (ni los quiere porque está contra el sistema) ni protección, ni seguridad. Lo miremos por donde lo miremos el trabajador hacker es un chollo.

A lo que voy es que el modelo del trabajador hacker viene calcadito del sector de la cultura. Y os dejo con Andrew Ross que lo cuenta muy bonito, entrevistado por Geert Lovink para MyCreativity Reader. A Critique of Creative Industries":

"En mi ensayo No-Collar: The Human Workplace traté de describir y diagnosticar estas condiciones de auto-explotación de los trabajadores cognitivos. Hoy todos los empleadores de la industria del conocimiento reconocen los beneficios de este tipo de trabajador ideal, que percibe el riesgo como un reto y un estímulo, que está acostumbrado a largas jornadas de trabajo a cambio de gratificación y que está dispuesto a entregar su tiempo libre y sus pensamientos a cambio de mobilidad y autonomía. La gente del arte siempre ha vivido con esa mentalidad y saben un par de cosas sobre la inseguridad que conlleva.

Ahora todo gira en torno a los trabajadores culturales, antes considerados completamente al margen de las fuerzas productivas y ahora cada vez más centrales como fuente potencial de valor económico. Durante décadas, las teorías culturales han ignorado las condiciones reales de trabajo de los agentes culturales. Hace años, hubiese sido un acto notable de previsión social imaginar que un día los artistas, los escritores y los diseñadores acabarían siendo vistos desde las instancias de gobierno como modelos de emprendedores para la nueva economía. Y sin embargo aquí estamos.

En la década de los 90 trabajé como investigador académico con asociaciones sindicales en Estados Unidos, sobre todo con sindicatos del sector industrial y de servicios. Fue loable pero a menudo signifió olvidar las cuestiones laborales de nuestro propio trabajo. En aquella época era difícil encontrar una audiencia que entendiera esa falta de reconocimiento y que teníamos que alertar a los movimientos laborales de los peligros de las emergentes industrias culturales, creativas y del conocimiento.

Poco tiempo después, los managers e ideólogos de la nueva economía fueron dando forma a la percepción general sobre cómo se produce la riqueza en el nuevo contexto económico, y los movimientos laborales se quedaron atrás, mordiendo el polvo. Los trabajadores del sector tecnológico ayudaron a dar glamour a la semana laboral de 24 horas y 7 días; el diseño, el arte y la arquitectura fueron celebrados como mecanismos para incrementar el valor de la propiedad inmobiliaria; la ética MyCreativity del amateur se convirtió en la base para un nuevo modelo de producción con precios reducidos que supo ver la oportunidad de explotar la cultura de la atención como mano de obra barata"

Este post responde fragmentadamente a años de leer Consultoría Artesana en Red, un blog que, a pesar de nuestras divergencias -o no: gracias a ellas- es una de mis mayores fuentes de inspiración.