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Este texto aparece en un fanzine editado por el colectivo Erreakzioa-Reacción con motivo de la propuesta Erreakzioa-Reacción. Imágenes de un proyecto entre el arte y el feminismo en el MUSAC de León. Junto con el fanzine, Erreakzioa-Reacción presentan también una instalación para el espacio Vitrinas del museo en la que revisan su trabajo desde 1994, a caballo entre la práctica artística, la teoría y el activismo feminista. Todo ello ocurre de manera simultánea a la exposición colectiva Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 que puede visitarse hasta el 6 de enero del año que viene. 

En él, como se aprecia en el título, regreso a uno de mis básicos, el cruce entre tecnología y feminismo, para intentar responder a algunos de los interrogantes contenidos en la sentencia que lo abre: "No se puede ser ecofeminista y ciberqueer al mismo tiempo". 

Es esta una disyuntiva falsa y que nos limita. Pero una disyuntiva a la que se llega sin demasiada dificultad manejando las teorías que hoy muchas de nosotras tenemos bajo nuestras manos. ¿Necesitamos más teorías? En mi opinión, nos sobran. Tal vez lo que nos hace falta es formular otras preguntas, añadir nuevos elementos a las preguntas que ya tenemos, revisar los elementos que se nos han quedado viejos (y descartarlos sin complejos), cambiar de aires, cambiar de prioridades o cambiar de vocabulario. 

No consigo nada de esto, ni de lejos. Modestamente intento un despeje de terreno (para uso propio, en primer lugar) aún a riesgo de pringarme de barro hasta las rodillas, que es lo que acabo haciendo al final. 

Necesito y agradezco feedback. 

El texto se lee aquí mismo y se descarga pinchando en el título: 




El advenimiento del varón gestante

¿Hay alguien que dude de que, si, en lugar de las mujeres fueran los hombres quienes se quedasen embarazados, el derecho al aborto se plantearía en unos términos totalmente distintos? Seamos simples. Todo el revuelo sobre el aborto se debe a que las que nos preñamos pertenecemos a una categoría de personas que, hasta hace bien poquito, ni siquiera eramos sujetos de pleno derecho.

Un par de extractos de “Mujer y dictadura franquista” de Manuel Ortiz Heras:
En 1958 y en 1961 se publicaron sendas leyes que, en el plano de la vida civil y laboral, introducían algunas reformas tímidas, asentadas en una premisa que, entonces, era absolutamente novedosa: la no discriminación por razones de sexo respecto a la capacidad jurídica de las mujeres, es decir, respecto a sus derechos y obligaciones. Pero se aclaraba que este principio de no discriminación hacía referencia a las mujeres ¡solteras! Porque las menores de edad (entonces hasta los veintiún años, aunque las hijas no podían abandonar el hogar paterno hasta los veintitrés años, "salvo para tomar estado") estaban bajo la tutela de los padres y las casadas bajo la tutela de sus maridos.

¿En qué se traducía esta tutela? Por ejemplo, en que las mujeres no podían elegir por sí mismas una profesión y ejercerla, realizar ninguna operación de compraventa, firmar un contrato de trabajo o la apertura de una cuenta bancaria sin la correspondiente "autorización marital". Por no poder, las mujeres casadas no podían no solamente disponer de sus propios bienes sin la autorización del marido, sino que ni siquiera podían disponer de sí mismas: cualquier cosa que quisieran hacer debía contar con la firma del marido. 
Eternas menoras de edad, eso es lo que hemos sido las mujeres para la ley hasta hace cuatro días. Y los vaivenes de la Ley del Aborto no son más que secuelas de estos regímenes no tan lejanos, que no es que aparezcan y desaparezcan como el río aquél, sino que, en cuanto sube la temperatura medio grado, descongelan sus aguas y vuelven a inundar, como torrentes desbocados, los viejos cauces legislativos y morales por los que siempre han transitado.

Pero no he venido aquí para hablar contra la reforma de la Ley del Aborto, sino a favor del embarazo masculino, que es mucho más fun. Atención, spoilers. “L´Évènement” es una peli de Jacques Demy de 1973 en la que Marcello Mastroianni, de tanto comer pollo transgénico, sufre una mutación hormonal y se queda embarazado. Consultados, los cientificos lo confirman: en efecto, los cambios en los hábitos alimenticios están transformando la especie y Mastroianni, aka Monsieur Mazetti, es sólo el primero de una nueva generación de varones gestantes. Alarma mundial.



M. Mazetti se convierte en un icono mediático. La empresa Prenatif, atenta al nuevo nicho de mercado, lo contrata como su nueva imagen de marca y cubre París de fotografías del nuevo hombre, panzón y ojeroso, pero elegante en su buzo de trabajo. Mme Mazzeti -aka Catherine Deneuve- que ya ha sido madre una vez y no tiene ganas de repetir, está encantada con el nuevo reparto de tareas. También sus vecinas y compañeras de trabajo, que reciben la noticia con entusiasmo y alusiones evidentes al famoso “Manifeste des 343 salopes”, que poco años antes había hecho tambalear el establishment moral de Francia (literalmente: el manifiesto de las 343 putas, redactado por Simone de Beauvoir y firmado por 343 mujeres con proyección pública -entre ellas la propia Deneuve- que reconocían haberse sometido alguna vez a una interrupción voluntaria del embarazo y reclamaban la despenalización del mismo). Esta es una de las escenas más claramente politícas y feministas de la película. La otra es cuando el Parlamento francés se reune de urgencia para promulgar un conjunto de leyes adaptadas a los nuevos tiempos. Entre vítores y aplausos, los guardianes de la República deciden por unanimidad fortalecer la red de guarderías públicas, revisar los protocolos de parto y, por supuesto, decretar el aborto libre, gratuito y cubierto por la Seguridad Social.

Demy tuvo mala suerte. Poco antes del lanzamiento de la película, los productores le obligaron a cambiar el final. La escena de Monsieur Mazetti espatarrado en una cama de partos con ojos de espanto, sudores fríos y grandes dolores, con la que Demy hubiese querido acabar el film, se convirtió, en la versión censurada, en... un mal sueño, del que despierta para descubrir que todo ha sido un error. Su embarazo era un delirio psicológico y el advenimiento de los hombres gestantes una falsa alarma. Las nuevas leyes que con tanto ímpetu revolucionario iba a promulgar el Parlamento son anuladas y el embarazo vuelve a ser lo que siempre fue: cosa de mujeres, cosa de sujetos con derechos-pero-menos y una permanente minoría de edad.

Incluso mutilada, la película sufrió el acoso de la crítica. Combat, el periódico de los buenos comunistas, la tildó de “parodia feminista” (mucho ciudado con el machismo de izquierdas). Y según cuentan en el libro del que saco esta historia, aún hoy se considera como la peor del director francés. En absoluto. Salvo el volantazo de los últimos cinco minutos, es divertida, inteligente y con mucho ritmo. El título completo es "El acontecimiento más importante desde que el hombre caminó sobre la luna” pero en España se distribuyó bajo la inexplicable cabecera de “No te puedes fiar ni de la cigüeña”. Un detalle, y una censura, más.


Esto es la Virgen de Melun, perteneciente al fondo del Museo de Bellas Artes de Amberes. Para los historiadores del arte es un cuadro adelantado a su tiempo y lleno de enigmas. Para mí, es un caso de manual de historiografía feminista.

Lo pintó en 1450 Jean Fouquet, entonces artista-residente en la corte de Carlos VII de Francia por encargo de uno de los hombres de confianza del rey, el caballero Etienne Chevalier, que lo quería nada más y nada menos que para decorar su sepulto. Una fantasía semejante ya es, de por sí, sorprendente: voy a colgar un cuadro de una mujer semi-desnuda en mi tumba para que me haga compañía en el Más Allá. Cada cuál su rollo, por qué no. Pero lo más extraño es que la Virgen en cuestión no es otra que Agnès Sorel, la amante del rey de Francia, es decir, del jefe de Chevalier. Y no es todo: según dicen, Chevalier encargó el cuadro en cumplimiento de una promesa hecha a la propia Sorel en su lecho de muerte.

El equivalente contemporáneo sería como si Pamela Anderson, entubada en un hospital de Los Angeles antes de morir, coge de las solapas al secretario de Tommy Lee y le dice:
Júrame que cuando tú mueras, mandaras cubrir las paredes de tu nicho con un poster mío enseñando una teta. Uno de los debates es si Etienne y Agnès no tendrían en realidad una relación secreta a espaldas del monarca (porque ¿qué hace el secretario haciendo compañía a Pamela en el hospital? ¿dónde está Tommy Lee? ¿por qué quiere Pamela que sus fotos decoren el nicho del secretario y no el de ella misma, o el de su marido?). Lagarto, lagarto.

La lectura feminista, como suele pasar, está en otro lado. Parece fuera de toda duda que, cornudo o no, al monarca el cuadro no le pareció mala idea, puesto que a los pocos años nombró a Chevalier ministro de finanzas, convirtiéndolo así en uno de los hombres más poderosos del reino (o sea, que en lugar de liarse a hostias con su secretario, va Tommy Lee y le concede un ascenso). Mi duda es si, en esa conversación pre-mortem, la amante del rey y el caballero entraron en detalles sobre qué atuendo debía llevar ella en el retrato. O sea, si fue Agnès quien decidió pasar a la posteridad vestida de puta, o si por el contrario fueron el monarca, el pintor y el caballero quienes, con ella muerta, pensaron que la mejor manera de representarla era esa.

No es un detalle. Históricamente, las amantes de los reyes cumplían dos tipos de roles. Por un lado eran cortesanas, algo así como prostitutas de alto nivel, pero por otro eran personalidades de influencia que compartían los secretos de gobierno y participaban en sus estrategias. De hecho, según una cierta historigrafía feminista, las cortesanas fueron las primeras mujeres modernas pues gozaron de visibilidad pública y de derechos civiles mucho antes que las demás (por ejemplo, el derecho de propiedad privada y de administrar libremente su patrimonio; que en lo que llamamos países occidentales no se reconoció hasta bien entrado el siglo XX).

Sorel podía haber sido representada como un personaje histórico, con ciertos elementos que dejaran fuera de toda duda su identidad e institucionalizaran su relación con el reino: el blasón de la corona, un tapiz con imagenes de batallas, un trono con atributos de poder... Pero no fue así. Agnès Sorel ha pasado a la historia con el corsé desabrochado y, si es cierto que tiene un trono y una corona, estos son sencillos y decorados con perlas, símbolo de placer carnal. Retratándola de este modo, su persona y el contexto en el que se desenvolvió desaparecen. Lo que nos ha llegado hasta hoy no es la imagen de la personalidad pública de Agnès Sorel, y ni siquiera es el retrato de la puta del rey, puesto que no hay ninguna referencia a la corona. Desprovista de identidad, de símbolos institucionales y de elementos de espacio y tiempo, la persona Sorel se convierte en la simple representación de una idea: la de la amante anónima disponible para toda la eternidad.

Es un clásico de la crítica feminista que las mujeres no son sujetos inscritos en sus circunstancias, sino entidades abstractas, intercambiables y descontextualizadas. ¿Las cosas han cambiado? No tanto. Me pasó ayer mismo en una panadería de Bruselas. Había cola y un señor que estaba en la puerta nos cedió el paso, primero a otra mujer y después a mí. Pero cuando nos íbamos, ella con su baguette y yo con mi croissant calentito, el hombre nos montó un pollo todo ofendido reprochándonos que nos habíamos colado. ¡Encima que les cedo el paso, se cuelan! El señor chillaba, el panadero se reía y yo me quedé hecha un lío hasta que lo entendí. Estaba tan mosquedo porque él nos había cedido el paso como concepto, como se cede el paso a la mujer, pero en ningún caso como a dos personas de carne y hueso que están detrás de él en la cola de la panadería. Si a un hombre le ceden el paso, pasa y punto. Pero si eres mujer (si eres un cuerpo socialmente leido como mujer, como precisan las Medeak), tienes que pararte a pensar que a lo mejor no te están cediendo el paso como a una persona que está haciendo cola aquí y ahora, sino como gesto simbólico, en abstracto. La idea de ceder el paso, que diría Miguel Noguera.

Hay espíritus simples que dicen que las mujeres somos, por naturaleza, más intuitivas y atentas a los detalles. No es verdad. Lo que pasa es que para desenvolvernos en este mundo cruel estamos acostumbradas a descifrar los mensajes implícitos que se esconden tras las situaciones más banales de la vida.

Por supuesto, a este debate subyace el del eje Virgen-Madre vs. Traidora-Puta. En la Wikipedia no hay página propia de Agnès Sorel. Aparece en un listado de las amantes de los reyes de Francia. En la Wikipedia en español Agnés Sorel no tiene página, pero en la Wikipedia en inglés y en francés, sí :-) Me lo acaba de chivar él, más rápido que las balas.

Porn Film Festival Berlin. Mi cumshot

Por ubicar. En este festival, lo de porno es discutible. Primero, porque está dedicado a los otros pornos: a los que ya existen y a los que todavía no, pero se están inventando. Es decir, a los pornos de la periferia. Segundo, porque no todo es sexo explícito; también hay video-ensayos, documentales, talleres, conferencias y presentaciones de libros. Y tercero porque todo lo que se muestra contiene una reflexión crítica sobre la pornografía.

Es un debate abierto si lo que está en la periferia del porno mainstream sigue siendo porno o es otra cosa, si se puede reflexionar críticamente sobre el porno y hacer porno al mismo tiempo, si el porno son sólo imágenes en movimiento que sirven para masturbarse o puede ser algo más. En definitiva: si este es un festival porno o un festival sobre pornografía. Personalmente, me da igual. Los festivales de porno mainstream en realidad son ferias comerciales y además son una caspa. Y este es amable, indie, íntimo, artístico, queer, familiar y sin ánimo de lucro. En esta sexta edición, la sede es el cine Movimento, en Kreuzberg, con tres salas y un bar donde además de cerveza también sirven sopas y pasteles.


Travis Mathews

Entonces, como dicen en el mainstream: al grano.

Me perdí mi hit - el documental “Mutantes” de Virginie Despentes - porque la víspera ya estaba sold-out. Aún me estoy latigando. Me encantó el corto “Headshot” de Jennifer Lyon Bell (inspirado en el homónimo de Warhol, que no estaba en programa pero nos lo mostró ella en su workshop de porno feminista DIY), la filmación de una performance en la que un chico tipo guy-next-door se presta a que una desconocida le haga una felación. A ella no se la ve en ningún momento pero es como si estuvieras ahí. En el taller de Lyon Bell ví también otro de mis clips favoritos del festival: una escena MUY explícita del documental “Trans Entities”, que narra la historia de Papi y Wil, dos bombas sexuales trans, queer, lesbianas, y calientes y enamoradas hasta las cejas. Memorables.

También me gustaron mucho el ensayístico “Gang Bang Barbie” (que se llevó el galardón al mejor cortometraje), en el que una banda de muñecas borrachas abusan de un pobre chaval; “Spring” sobre un joven que quiere meterse a sumiso pero se mosquea con su amo; “Kaktus”, una comedia romántica sobre una chica que contrata a un gigoló para que la viole; “Poupée réfractaire”, una animación sobre la revolución sexual (de la calle a la cama y viceversa); los documentales “Cum Different” sobre la eclosión del porno feminista, y “Chained!” sobre el fetiche de las cadenas de cartera; y el largometraje “Blind Love” sobre una chica ciega que se enamora de la voz de un ventrilocuo y del cuerpo del ayudante del ventrilocuo, que además de follarse a la chica también se folla a la mujer del ventrilocuo: el típico enredo de Pajares y Esteso pero en japonés y con gente follando de verdad, o muy parecido.

"Stuffed”, que en un certamen de cortos de El Jueves me hubiese divertido, aquí me cabreó. Coge una peli porno normal, cambia a la chica por un zorro disecado con una vagina de goma y sigue el guión de siempre, facial incluido. Muchas risas pero por favor: en el sexo, como en el humor, el contexto cuenta. “Egg” también despertó mucho entusiasmo pero yo sigo teniendo problemas con las acrobacias vaginales. Son necesarias para cuestionar la representación de los genitales femeninos en el mainstream y tal... pero a mí tanta biología me corta el rollo.

Tampoco son mi rollo pero me gustaron “Auto-fuck” de Manon Des Gryeux, una ensoñación sado-maso de un hombre que se encula con un molde de su propia polla, y “Chatroulette” de Maria Llopis que es a la vez ultra-explícita (creo que no hace falta explicar de qué va) y totalmente teórica. No son mi rollo y no me gustaron “Latex Dreams”, las dos de Julie Simone, el corto de Erika Lust, “Titnaku. Clean Yourself Up” y “The Though of Her”, todas por la misma razón: demasiada pose. Podía haber sido mi rollo pero no me moló nada “The Orgasm Diaries”, una balada indie ultra-romántica, visualmente perfecta y llena de clichés; lo mejor, la banda sonora.

Y mi Premio al Mayor Gatillazo es para la presentación del libro de Bruce LaBruce, que no fue en Movimento sino en un hotel gay de alto standing en el oeste de Berlin. Un artista tan hardcore-punk en una ciudad tan hardcore-punk y no se les ocurre nada mejor que teletransportarlo a Ibiza. Un asco.

Feminisimo para dummies 4. El Bechdel Test

Según la leyenda familiar mi primer libro fue “Carolina la marmota”, pero yo no me acuerdo. En mi memoria, el primero fue “Saltad todos” de Ken Whitmore, que llegó a mis manos en la Colección Naranja de Barco de Vapor (debía de tener unos 7 años). Recuerdo despertarme pensando en él y seguir leyendo antes de que se despertaran mis padres, con la casa en silencio. Recuerdo la ansiedad insoportable de las últimas páginas, pensar qué va a ser de mí sin estos personajes y esta historia (todos los juegos del mundo no eran nada en comparación) y la certidumbre de que después de él todo iba a ser diferente. Quizás no fue mi primer libro pero fue el que me convirtió en lectora.

Entonces no sabía que era un clásico de la literatura infantil, uno de esos libros “con valores” que recomiendan los pedagogos a la antigua. Un libro educativo, con una intención que ahora, con mi mente de adulta (mi mente adulterada), entiendo claramente como política. Era una historia de topos. En la narración imaginada por Whitmore, estos animales feos y miopes son, gracias a sus habilidosas construcciones subterráneas, los guardianes de la estabilidad de la tierra. Un día, cuando la actividad descontrolada de los humanos amenza con desequilibrarla para siempre, los topos hacen asamblea. Sólo hay un modo de salvar el planeta: convencer a los humanos para que salten todos a la vez, en un día y a una hora precisos. Unas pocas décimas de segundo que serán suficientes para que la armada de topos, duchos en arquitectura intra-terráquea, reparen a toda velocidad los desperfectos. ¿Pero cómo hacérselo comprender a los humanos, tan descreídos y tan ocupados siempre con sus cosas? Su contacto es un niño, que se convierte así en el protagonista de la historia y en pequeño heroe planetario (y yo con él: mundo aquí estoy). La historia acaba bien y con moraleja: si hoy seguimos aquí, dando vueltas en esta fabulosa estrella muerta, es porque un día fuimos capaces de ponernos de acuerdo.

Ken Whitmore es un dramaturgo inglés conocido sobre todo por sus obras de teatro radiofónico. De hecho, “¡Saltad todos!” fue escrito inicialmente como una pieza teatral con un título mucho mejor que el de Barco de Vapor: “Jump for Your Life: A Dangerous Play for Children”. Ya no publica, “desanimado por las arbitrarias restricciones del sistema actual”, pero mantiene un proyecto de asesoría literaria para escritores noveles. Tiene 64 años y vive en el Languedoc, en el sureste de Francia.

En algún lugar leí que en las obras de ficción infantil las cuestiones de género están escrupulosamente estudiadas (siento no tener la fuente). Al parecer, a partir de los 4 o 5 años es preferible que el protagonista sea un chico porque con él pueden identificarse tanto las niñas como los niños, mientras que si es una chica sólo se identican con ella las niñas y se pierde la mitad del lectorado. En realidad es más sutil y más perverso.


Hace tiempo alguien colgó en el Facebook esta viñeta. Estoy buscando al autor/a para añadir su nombre y el link a su blog (recuerdo que tenía uno).

Puede ocurrir, y es frecuente, que el peso de la acción recaiga en una niña (como en Caperucita o la Sirenita o la Princesita tal) o en una mujer joven (como Cenicienta o Blancanieves) pero, en esos casos, siempre suele haber una figura masculina que representa los valores de la virilidad y con la que la protagonista mantiene una relación de orden heteronormal: una relación que puede ser de carácter violento y masoquista (como el lobo) o de carácter romántico y salvador (como el príncipe, del que se enamora para toda la vida). En ambos casos, figuras de autoridad. El reparto suele completarse con otros personajes femeninos, igualmente estereotipados: la bruja mala, la hermanastra envidiosa o la cándida abuelita. En ningún caso, figuras de autoridad. Por el contrario, cuando el protagonista es de sexo masculino no suele haber una contraparte femenina o si la hay, no tiene demasiada importancia en el desarrollo en la historia (papeles accesorios, de tipo asistencial, tanto desde un punto de vista psicológico como narrativo). No recuerdo cómo eran los amiguitos del protagonista de “¡Saltad todos!” pero seguro que junto a él había una compañera fiel que creyó en la misión desde el primer momento y se desvivió por ella.

Es comprensible querer ser una princesa, pero las princesas son lo que son: la mayoría de las veces, un coñazo de personajes. Esto no es un statement contra la literatura sexista porque sería lo mismo que hacer un statement contra la literatura en general: el patriarcado somos todos, porque es nuestra forma de organización social más elemental, longeva, resistente y arraigada (más que el cristianismo y el capitalismo juntos). Me explico.



Este video es
The Bechdel Test for Women in Movies, publicado por Feminist Frequency e ideado originalmente por la autora de novela gráfica Alison Bechdel (muy recomendable: "Fun Home"). Según el Bechdel Test, para comprobar que las mujeres NO están infra-representadas en una película o en cualquier obra de ficción, esta tiene que responder afirmativamente a las tres preguntas siguientes:

1- ¿Aparecen al menos dos mujeres que tengan nombre?
2- ¿Hablan entre ellas?
3- ¿Hablan de algo que no sea un hombre?

El resultado es devastador. Repito, para los lectores rápidos: el objetivo del test no es cuestionar la calidad artística de las obras (las cumbres literarias y cinematográficas no lo pasan ni de cerca, y eso no les quita nada de su valor), sino poner de manifiesto hasta qué punto están marginados los personajes femeninos en las obras de ficción y por extensión en la historia de la cultura. ¿Hacemos una lista de pelis o novelas que superan el test? Y más difícil todavía: ¿hacemos una lista de pelis o novelas que superan el test y están escritos por un autor que no sea de género masculino? Un, dos, tres, responda otra vez. Valen series.

Mad Men: sobresaliente.

La polaca que revolucionó la ciencia



2011 ha sido declarado por la UNESCO Año Internacional de la Química en homenaje a una mujer nacida en Polonia en 1867, que hace exactamente cien años batió tres plusmarcas en la historia del conocimiento científico. Fue la primera mujer en recibir un Premio Nobel a título individual, la primera persona a la que se concedió dos veces este galardón y, hasta hoy, la única mujer con dos Premios Nobel en distintas categorías: el de Química, obtenido en 1911 por el descubrimiento del radio y el polonio, y el de Física, que le fue otorgado en 1903 por el descubrimiento de la radioactividad espontánea junto a Henri Becquerel y Pierre Curie.

Nacida Marja Salomea Skłodowska, Marie Curie, o Madame Curie, como la llamaron siempre sus alumnos y colaboradores (pues, según cuentan sus biógrafos, sólo las personas más cercanas podían dirigirse a ella simplemente como Marie), es uno de los personajes del siglo XX sobre el que más se ha escrito y, desde todos los puntos de vista, una mujer revolucionaria y excepcional cuya personalidad compleja es imposible de encerrar en una sola de las muchas etiquetas con las que, a lo largo de su vida, se la intentó definir.

Con 24 años, Marja Skłodowska abandonó su Varsovia natal, y con ella, la militancia en la Escuela Volante, una organización clandestina contra la rusificación de la enseñanza polaca, y llegó a París, pobre como una rata, para iniciar sus estudios -sufragados por su hermana desde Polonia- en la Facultad de Ciencias de la Sorbona. De la penuria de aquellos años le vino sin duda la costumbre, mantenida hasta el final de su vida, de llevar la contabilidad exacta de cada uno de sus gastos, por pequeños que fueran, así como su carácter austero, enemigo de cualquier expresión de lujo o coquetería. El traje negro con el que aparece en casi todas las fotografías fue su vestido de novia, que eligió precisamente por su sobriedad para utilizarlo también en el laboratorio; y el mismo que lució en Estocolmo la noche en que leyó su discurso de aceptación del Premio Nobel.

>> Seguir leyendo en Pikara Magazine.

Un hurra para Mi Dealer de Libros por prestarme tantos, tan buenos y en los momentos más acertados; entre ellos, el que inspira este artículo: "Marie Curie: una mujer honorable" de Françoise Giroud. Y un millón de pulgares abajo para las editoriales españolas que van a dejar pasar el Año Internacional de la Química sin re-editar ni esta ni la otra biografía fundamental sobre Marie Curie ("La vida heroica de Maria Curie", escrita por su hija Ève), ambas descatalogadas.

Dos chismes más:
Además de escritora, Françoise Giroud fue la Secretaria de Estado para La Condición Femenina (así, tal cual) en el gobierno de Giscard d'Estaing entre 1974 y 1976 y la protagonista satirizada en el documental "Maso et Miso vont en bateau" dirigido por Delphine Seyrig (sí, la actriz, también era directora y feminista) junto a Carole Roussopoulos, Ioana Wieder y Nadja Ringart. La coña del título es que no saben si Mme Giroud, entrevistada en uno de los programas de mayor audencia de la televisión francesa, resulta MISOgina o MASOquista, porque efectivamente el mundo del feminismo es todo menos unívoco.
La foto de arriba es de la Primera Conferencia de Solvay de 1911.

Histeria, vibradores y la mística del pene duro



En 1999 la historiadora Rachel P. Maines escribió un libro tan valiente sobre el orgasmo femenino que le costó su puesto en la universidad. En realidad, tampoco era para tanto. Sólo relataba, amparada en abundante documentación científica, el modo en que la comunidad médica negó durante varios siglos la importancia el clítoris en la sexualidad de las mujeres y el papel que, en este fraude científico, jugó una enfermedad confusa que todavía hoy conocemos con el nombre de histeria.

El libro en cuestión, con el que Maines salió de la academia para entrar en la historia del ensayo feminista, y que once años después de su publicación acaba de ver la luz en castellano en la editorial milrazones, es "La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres", un recorrido por la genealogía del vibrador y su problemática relación con el modelo de sexualidad androcéntrica.

Según los registros de la historia médica, las primeras máquinas vibradoras aparecieron en los gabinetes médicos en la segunda mitad del XIX para tratar a las mujeres con problemas de nervios, apatía, anorexia, frigidez y una extensa colección de patologías englobadas bajo el oscuro paraguas de la histeria. Algunos textos del Renacimiento ya incluían indicios de que los “masajes rítmicos en la zona vulvar” aliviaban el malestar psicológico de muchas mujeres pero los especialistas médicos se resistían a aplicarlos argumentando que, además de “tediosos y difíciles de aprender”, les exigían “demasiado tiempo”. Durante siglos, the job nobody wanted, como lo llama Maines, recayó en las comadronas a las que, por su condición de subalternas, se les atribuían las tareas que sus superiores varones no tenían tiempo o ganas de realizar.

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Peluquería de hoy y de siempre: la guedeja



¿Os suena de algo el peinado de este señor? Efectivamente. Este corte de pelo, que las y los de aquí reconocemos de inmediato, no es ni un invento de la kale borroka ni un residuo estilístico del rock radical vasco, que en paz descanse. Es, según pude descubrir recientemente en la exposición que el Museo Vasco de Bilbao dedica a la fotógrafa Eulalia Abaitua, “el corte de pelo distintivo del cabeza de familia en el vizcaino valle de Arratia, que sobrevivó hasta los inicios del siglo XX”.

En román paladino de la calle Ronda, este peinado se llama “peinado borroka”, lo que no quiere decir que lo usen todos los borrokas, ni solamente los borrokas. Aunque popularmente se identifica con los ambientes de la izquierda abertzale, la guedeja es un accesorio de estilo con vida propia que salta de una cabeza a otra como los piojos, o como los memes (aunque a diferencia de estos, mutar, lo que se dice mutar, no ha mutado mucho). En cualquier caso, es un elemento innegable de nuestra cultura alternativa juvenil que -¡arrea! ¡esto sí que es una noticia!- hunde sus raices en la más genuina masculinidad vascongada.

Los que no sean de aquí (topos auto-referencial que sólo usamos los de aquí para no rompernos los cuernos con clasificaciones nacional-geográfico-administrativas, cada una más resbaladiza que la otra, en este país nuestro que es un laboratorio de performatividad del yo que riéte tú de la epistemología postcolonial transidentitaria), los que no sean de aquí, digo, seguramente no le verán la gracia por ningún lado. Espero que los de aquí sí se la vean, y rezo a todos los santos y a la Virgen de Begoña para que no se me ofendan.

Buscando en el Google descubro que no hay nada, absolutamente nada, de literatura sobre él, con excepción de un mensaje en forocoches (con foto ilustrativa de la versión actual, que es idéntica) y un texto en Kaosenlared.net que, bajo el título “Los hombres de Paco en Granada en busca del comando hippie” comentan una noticia publicada en los medios serios en 2008 según la cuál “Interior busca en Granada al comando de ETA que opera en Málaga por la facilidad de los terroristas para camuflarse entre el ambiente ‘hippy’ de la ciudad” (tal cual). Ni siquiera en la Inciclopedia se menciona, y eso que contiene una entrada denominada “Borroka” en la que se describe con precisón y “eusko humor” la vestimenta característica de los jóvenes alternativos vascos. Tampoco el diccionario de la RAE se hace eco de su significado real (que es el social) puesto que define el término guedeja simplemente como “mechón” o “cabellera larga” (aunque también lo identifica como “melena de león” lo que ya se aproxima más al corte de pelo del que estamos hablando). Sí aparece sin embargo en la web Reserva de Palabras, dedicada a los términos castellanos en vías de extinción, que lo recoge con las mismas acepciones que la RAE pero las completa con una cita de la novela de Juan Luis Cebrián "La rusa". (Al parecer, que una palabra salga en una obra literaria la hace existir pero que miles de jóvenes la honren en su manual de estilo aun si conocerla, no; curioso).

No me aventuro a interpretar la genealogía patriarcal de la palabra, desde la cabeza del “cabeza de familia” hasta hoy. No tendría ni la más remota idea de por dónde empezar. En todo caso tengo claro que, si el término está en vías de extinción, aquello a lo que hace referencia goza de una salud excelente. Y volviendo al tema de las zancadillas de la estética juvenil (lo de la revolución nerd y todo eso), animo a los cool-hunters que visitan este blog a proclamar desde ya para la próxima temporada “El regreso a las pasarelas de La Moda Guedeja”, con Doña Leticia y la otra como fashion-icon estelares. Adelante camaradas, si pudisteis con el palestino, con esto lo teneis chupao.

Laboratorio feminista ciberpunk



Lo de arriba (que se puede ver ampliado aquí) es mi respuesta a la invitación de la Mediateca del MUSAC a participar en las jornadas sobre software libre, arte y mujer que tuvieron lugar el pasado 12 de noviembre. Algunas precisiones:

En el esquema se me olvidó dibujar lo más importante: frente a la dicotomía software libre / mujer, me interesa más proponer otra: ética hacker / feminismo. A partir de aquí, planteo la pregunta de si es posible pensar en una ética hacker feminista y, en caso afirmativo, cuáles serían sus características, las más importantes de las cuáles, para mí son: el compromiso con el dominio publico y la idea de procomún; la relación con la comunidad; y la dimensión contra-cultural de la filosofía del software libre y la ética hacker (y digo contra-cultural en todos los sentidos de la palabra).

La reflexión se articula en torno a la idea de conocimiento autorizado: si la historia de la ciencia es (también) la historia de la legitimación de ciertas formas, ciertos canales y ciertos agentes de producción de saberes, me pregunto cómo desde el feminismo podemos proponer -y legitimar- otras formas, otros canales y otros agentes (subversivos, contra-culturales, emancipatorios). Es en definitiva, una reflexión sobre el modo en que se construye el conocimiento hegemónico y la posibilidad de formular tácticas de acción politica feminista en un entorno como el tecno-científico, abiertamente blanco, racionalizante y patriarcal. Frente al conocimiento autorizado, el pensamiento feminista dice: conocimiento situado, un concepto sacado de los escritos de Faith Wilding, que se opone al aislamiento del objeto de estudio y propone ponerlo a dialogar con otros parámetros y niveles de realidad (quién piensa, cómo, dónde, cuándo y para qué).

El esquema no incluye temas obvios como la relación entre género y sociedad del conocimiento o la presencia de mujeres en los equipos de programación. La razón es que me tocaba hablar en tercer lugar, después de dos personas que lo iban a explicar mucho mejor que yo: Carmen Castro, economista, activista del software libre especializada en políticas de género y autora de Sin Género de Dudas; y Miriam Ruiz, desarrolladora de Debian, editora de Barrapunto y asesora en temas relacionados con el software libre del Principado de Asturias. Lo mío puede ser leído como una nota a pie de página a sus presentaciones.

Empecé a trabajar sobre la intersección entre género y tecnología creo que en el año 2004, de modo que este esquema recoge algunas reflexiones que, o bien no había abordado entonces, o bien las he ido tratando de manera desordenada, entre conferencias, artículos, posts y demás. Para completarlo, recomiendo:
El programa de EnRE/Dades, géneros en red y acciones ciberfeministas, que organicé en Barcelona en 2004.
Los materiales del taller de ciberfeminismo que impartí en el Feministaldia 2005 y para Emakumeak en 2006.
El texto “Chúpame el código 2.0” publicado en la revista Zehar en 2007.
El texto “Notes on the Knowledge Economy from Cyberfeminism” , festival City of Woman de Ljubljana 2008.
El post “El deporte olímpico del e-waste” sobre la basura electrónica.
El post “¿Por qué las mujeres son como los pollos y los pollos como las mujeres?” sobre el trabajo de subRosa.
El post “Las políticas del cuerpo cibernético” sobre el trabajo de Beatriz Preciado en “Testo Yonki”.
La recopilación de textos históricos del ciberfeminismo de Mujeres en Red.

Playboy, el chico de interior

El último libro de Preciado, “Pornotopia. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría”, contiene dos ensayos en uno. El primero puede leerse como una extensa nota a pie de página del anterior “Testo Yonki” sobre la puesta en marcha del régimen farmacopornográfico, ilustrado en este caso por el universo Playboy como primera empresa que comercializa con éxito el burdel multimedia global, es decir: el complejo integrado por la revista, los programas televisivos, las webs y los demás productos mediáticos que explotan el business-core de la marca de las conejitas. El segundo ensayo es más específico, pues incorpora a lo precedente el factor arquitectónico y en concreto: la construcción cultural de los espacios de vida en la sociedad norteamericana de posguerra.

Dicho en un tweet: en la década de los cincuenta, Plaboy inventa el hombre de interior.


Hugh Hefner, fundador de Playboy y pionero del trabajo horizontal, en su casa, Chicago 1966 (foto: Burt Glinn / Magnum).

¿Cómo es eso? Ya sabemos que en la era atómica, las mujeres, encerradas en la casa familiar suburbana con niños, jardín y electrodomésticos que hacen todo solos, se mueren de aburrimiento. Pero resulta que sus maridos, educados para ocuparse de las cosas que cuentan, se aburren todavía más. Peor: se sienten desposeídos, porque el lugar al que regresan tras chuparse nosécuantas horas en coche al salir de la oficina, no les pertenece. La casita unifamiliar no funciona solo como “un confortable campo de concentración suburbano” para las mujeres de clase media; también lo es para sus esposos.


A la izquierda, el hombre americano tradicional; a la derecha, el nuevo playboy (dibujos de Arv Miller para Playboy, 1953).

Además, el varón heterosexual americano de los años cincuenta ya no es como sus padres. No le gusta ir de caza, no se identifica con los valores de trabajo, familia y responsabilidad y está hasta los huevos de las obligaciones a las que le condena su condición de buen padre y buen esposo. Hijo predilecto de la sociedad de consumo, reivindica él también el derecho a una habitación propia. Un lugar en el que sentirse frívolo, infantil y libre; y lo que es más importante: un lugar al que la tipología de mujeres que dominan su vida en el espacio privado y delimitan el campo de sus obligaciones en el público -la madre, la esposa y el ama de casa- nunca tengan acceso. El imaginario masculino de la posguerra reclama pues una masculinidad a su medida y un espacio ideal (utópico) para ponerla en escena. Es lo que en marketing se conoce como “target de mercado”.
Quería una casa de ensueño. Un lugar en el que fuera posible trabajar y también divertirse, sin los problemas y conflictos del mundo exterior. El hombre no sueña con un rincón donde colgar el sombrero, sino con su propio espacio, con un lugar que sepa que le pertenece, un entorno que pueda controlar por sí solo. Playboy ha diseñado, de los zócalos al techo, el ático idel para el soltero urbanita. Hugh Hefner, editorial de Playboy 1953.

Corte longitudinal del ático de soltero Playboy diseñado por Donald Jaye en 1962.

Este nuevo hábitat, que Preciado denomina “topos erótico alternativo a la casa familiar suburbana”, tomará cuerpo, primero en el ático Playboy, después en la mansión Playboy de Chicago y la mansión Playboy West de Los Angeles, donde el fundador de la marca, Hugh Hefner, vive y trabaja en batín de seda y zapatillas, rodeado de novias y colaboradores. En las casas Playboy, reales o ficticias, las divisiones de género están estrictamente controladas pero no en la forma habitual. “La estrategia de Playboy no era transformar a la madre y el ama de casa en puta legal -como hasta entonces- sino modelar una compañera ideal que no suponga una amenaza para la autonomía sexual y doméstica”. Es aquí donde hacen su entrada las conejitas, no como elemento central del negocio, sino como espejismo, para reforzar la idea de una masculinidad de interior manteniendo alejado al fantasma del homosexual. La figura femenina es estratégica pero insignificante y sólo se hace presente de manera virtualizada: como playmate invitada, su presencia puede activarse o desactivarse cerrando una puerta o pasando una página.

“Pornotopia”, con el que Preciado ha resultado finalista del premio Anagrama de ensayo, incluye también un estudio pormenorizado de la famosa cama redonda de Hefner y un sinfín de referencias bibliográficas y cotilleos. Son apenas 200 páginas, con letra grande, que se leen en tres sentadas.

Le conocí hace dos semanas. Se llama Jon Lajoie y es más listo que la media porque viene del otro lado de la frontera. Sigue actuando de guiri en una serie francófona canadiense pero como se ha hecho famoso es colgando sus videos caseros en el youtube. Le gusta contar que ha mandado a la mierda a varias compañías grandes que vinieron a lamerle el culo después de su primer hit, que lo suyo es grabarse en el garaje y que sus compañeros de la tele, que no se enteran de nada, todavía piensan que es un pringao.

Me dan unas ganas tremendas de mandar sus vídeos a la Despentes. En Teoría King Kong, además de pasar por la licuadora a medio feminismo bien-pensante y convocar a la lucha armada a la otra mitad, también hace preguntas constructivas. Por ejemplo: con toda la producción feminista que hay por ahí poniendo patas arriba la idea de feminidad ¿cómo es que aún no ha visto la luz un sólo ensayo serio que haga lo mismo con la masculinidad? Haberlos, los hay pero, o bien provienen del universo queer (cosas de bolleras y mariquitas que por supuesto sólo les interesan a ellos) o del feminismo ministerial de raiz setentera (en plan guerra de sexos). Lo que echa en falta Virginie – y muchas- es una buena crítica cultural del macho heteronormal escrita por uno de ellos. Una crónica audaz y arriesgada que desvele sin pelos en la lengua las miserias del patrón dominante, el backstage de lo que supone meterse cada día en el papel de un hombre como es debido. O sea, lo de los chicos también lloran pero con un par de huevos. Iba a escribir una lista de temas a tratar pero con los lyrics de “Everyday Normal Guy” ya tenemos el índice para esa gran obra de la ensayística utópica.

No es casualidad que Lajoie aborde estos temas precisamente desde la parodia. Ya lo decía Freud, que no destacaba precisamente por su conciencia de género pero algunas buenas intuiciones sí tenía: el humor es el mecanismo de defensa de los inteligentes. Por eso las mejores piezas de Lajoie son las que le muestran más enternecedoramente garrulo, como “Show me your genitals” (su canción para las ladies en la que caricaturiza con precisión de connaisseur al baboso de madrugada, esa criatura patética y testosteronada tan convencida de su encanto que si no te andas con ojo puedes acabar riéndole las gracias) o como “The Fellatio Truth Movement” (que retrata al garrulo anterior tras obtener un business diploma en una escuela privada al borde de la legalidad, lo que aumenta su nivel de auto-complacencia hasta cotas que lo sitúan en el limbo moral de lo grotesco, donde la crítica se autodestruye al contacto con el absurdo). El garrulo en cuestión es como un caleidoscopio de todos esos tópicos identitarios que aprenden los chicos cuando son pequeños y que luego les cuesta tanto desaprender porque como no tienen algo parecido al feminismo para des y reconstruirse, se pasan el resto de su existencia cargando con un montón de ideas equivocadas sobre sí mismos.

Pensándolo bien, en lugar de mandar sus videos a la Despentes, igual le envío este post a Lajoie. Igual se anima a transformar sus canciones en un objeto con papel y tapa. O escribo el libro yo con un pseudónimo y me forro porque, de todas formas, no paran de repetirlo en las encuestas: los lectores no son lectores, sino lectoras.





Actualización vía comentarios: por sugerencia de Daniel Lobo y porque encaja tan bien en el tema, añadimos este otro video: "Stay at home dad!"

Feminismo para dummies 3. Inventarios de huellas

Como mi abuela, escribo las cosas para que no se me olviden. Yo lo hago en un blog y ella en papelitos que pega por dentro en las puertas de los armarios. Pero viene a ser igual: son mensajes que nos dejamos a nosotras mismas. Este post es uno de esos, para cuando me ataca la ansiedad pre-desplazamiento. Son fragmentos de “Sujetos nómades” de Rosi Braidotti que me ayuda mucho en esos trances de aquí para allá pero está sito en la biblioteca-base en casa de mis padres.

Aclaro 1. Sobre los libros de cabecera.
Esa gente que cita sus libros de cabecera seguramente no cambia de cama tanto como yo que llevo una media de 1 mudanza cada 2 años. El conocimiento, al contrario de lo que se dice, ocupa mucho lugar. Y además es carísimo de transportar (claro que puedes digitalizar tu biblioteca y pasarla al e-book o incluso aprenderte los libros de memoria como en Farenheit 451 pero, me dirás, no es lo mismo ni de lejos).

Aclaro 2. Sobre la condición nómada en general.
Esa gente que dice que vive a caballo entre tal y cuál ciudad y cómo mola son todos unos mentirosos o es que sólo se mueven entre casas o países distintos pero sin cambiar de vida. El verdadero desplazamiento es mutación, como entrar en una máquina siendo una persona y salir siendo otra distinta. Emocionante pero fatal para la salud. Sin contar la cantidad de energía que movilizas intentando recordar las cosas más tontas cada vez (como tu propio número de móvil o la hora a la que cierra la panadería).


Especimen de Chamaeleonidae Africanus. Filósofo post-estructuralista avant la lettre.

Braidotti advierte que la condición nómade no está necesariamente relacionada con el acto de viajar y no es una identidad dada de una vez y para siempre (como la de varón blanco de mediana edad o la de feminista violenta sin escrúpulos). La condición nómade es un mito, una ficción política para moverse entre categorías. Una condición a partir de la cuál uno puede definirse en un momento determinado para mandarla a la mierda dos minutos después, cuando cambian las circunstancias (quizás cuando llega la noche varón-blanco-de-mediana-edad se pone liguero y juega a ser una furcia azotada mientras que feminista-violenta-sin-escrúpulos se convierte en madre pelmaza y amantísima). La condición nómade de Braidotti está relacionada con “el tipo de conciencia crítica que se resiste a establecerse en los modos socialmente codificados de pensamiento y conducta” y encuentra su sentido de pertenencia en “la subersión de las convenciones establecidas”.

Aunque uno pueda ser nómade sin salir de casa, simplemente por el hecho de cambiar de identidad con fluidez, según Braidotti las personas acostumbradas a deambular por culturas y lenguajes distintos están especialmente inclinadas a ese tipo de “conciencia crítica desestabilizada” (también conocida como apertura mental o estar más loco que una maraca). El políglota, como nómade lingüistico, es en su opinión un “especialista en la naturaleza engañosa de la lengua, de cualquier lengua, capaz de experimentar cierto saludable escepticismo en relación con las identidades permanentes y las lenguas maternas” lo que le permitre situarse en un punto ventajoso para deconstruir su propia identidad. “No hay lenguas maternas, sólo sitios lingüisticos que uno toma como su punto de partida”. El políglota sabe que el idioma no es sólo un instrumento de comunicación sino “un lugar de intercambio simbólico que nos vincula a todos en una red tenue, y aún así viable, de malentendidos mediatizados que llamamos civilización”.
“La escritura nómade desprecia la comunicación dominante. El embotellamiento de significaciones que se agolpan esperando ser admitidas a las puertas de la ciudad crea esa forma de contaminación que se conoce como sentido común. La escritura nómade, en cambio, anhela el desierto, las zonas de silencio que se extienden entra las cacofonías oficiales, en un flirteo con una no-pertenencia y una condición de extranjería radicales (…). El políglota cuenta con el nivel afectivo como lugar de descanso; sabe cómo confiar en los indicios y cómo resistirse a establecerse en una visión soberana de la identidad. Su identidad es un mapa de los lugares en los que él/ella ha estado y que puede reconstruir a posteriori como los pasos de un itinerario. La identidad nómade es un inventario de huellas”.


Reproduzco a continuación un comentario aparecido en el blog de Soft Power porque no tiene desperdicio. Es a propósito de Faith Wilding, una de las componentes del colectivo ciberfeminista subRosa que presenta un par de piezas en la exposición de la Sala Amárica y que estarán también, en carne y sangre, en Vitoria. Añado al final algunas referencias más, para situarse.
Supongo que Faith wilding estará hasta los ovarios de que todo el mundo le hable de ‘waiting’ pero quizá interese esta historia.

En 1993 Negu gorriak saca nuevo disco, en él hay una canción que enseguida es conocida por todxs; Itxoiten.
Aparte de la letra en el librillo que acompaña al cd aparece un comic. Aparentemente se han inspirado en él para esta canción:
http://www.negugorriak.net/archivos/labur.htm

En este enlace podéis ver una mala imagen del mismo para que alucinéis. Es claramente la performance de la Wilding.
Negu solo cita al autor italiano:
“un comic firmado por Valente y Borotto titulado originalmente “En attendant” (aparecido en la desaparecida revista francesa de comics “(A Suivre)” en el número 17 publicado el 01/06/1979)”.

No creo que quisieran invisibilizarla. Probablemente, desconocimiento. Del autor italiano ya tengo más dudas (el texto no es exactamente igual)

Aún así, ya que andará por aquí igual le interesa saber que una performance feminista legendaria pero minoritaria inspiro a un italiano para hacer un comic francés(?) y a unos músicos para hacer un clásico del rock euskaldun.
Como siempre, su nombre ha sido excluido de esta historia artística.
La minihistoria que refleja claramente la macrohistoria.
Más referencias:
El poema-performance "Waiting" de Faith Wilding. Womanhouse, 1972.
Sobre el cortometraje "Itxoiten".
Aquí se puede leer la letra de "Itxoiten" en castellano.

Soft Power: ya está online el programa completo!



Ya está online el programa de "Soft Power. Arte y tecnologías en la era del biopoder", el proyecto que comisarío para Proyecto Amarika y que me tiene apartada de la calle, de los bares, del facebook y de todos los lugares de perdición y entretenimiento.

En la exposición principal, que se puede visitar del 1 de octubre al 6 de noviembre 2009, están subRosa, Bureau d'Etudes, Sally Gutierrez, Boryana Rossa y Rachel Mayeri.

Además de la expo, hay más actividades. Proyectamos dos documentales sobre la industria de los transgénicos ("Nosotros alimentamos el mundo" y "El mundo según Monsanto"). Hemos editado una publicación especial que parece un periódico pero en realidad es un ensayo. Se llama "La Bella Durmiente", está firmado por Bureau d'Etudes y lo presentamos el viernes 23 de octubre. El colectivo ciberfeminista Subrosa montarán un laboratorio de células DIY el viernes 30 de octubre y un día antes, jueves 29, impartirán una conferencia en el Centro Cultural Montehermoso (¡no te las pierdas que son muy buenas!). Y de cierre, a otra grande: Beatriz Preciado, presentando su imprescindible "Testo Yonki".

Y del 26 de noviembre 2009 al 18 de enero 2010, una bola extra: expo documental en la sala del Archivo del Territorio Histórico de Àlava (de la que aún no podemos decir ni mu).

Cada día consumimos alimentos genéticamente modificados, con restos de hormonas, antibióticos o sustancias químicas que los hacen más atractivos en el mercado. Diseñamos nuestros cuerpos mediante prótesis, implantes, cirugía plástica, tratamientos anti-edad, cosméticos. Modificamos nuestra psique y nuestro estado de ánimo con fármacos, drogas sintéticas y anti-depresivos y nuestra sexualidad con preparados hormonales como Viagra, la píldora anticonceptiva o tratamientos de testosterona. En 2003, en el marco del Human Genome Project, se completó la decodificación del genoma humano señalando el inicio de lo que ya se conoce como el Siglo de la Biología, una era llamada a cuestionar los límites de lo natural y la idea misma de lo vivo.

La biotecnología, encarnada en la cultura del diseño del yo, nos devuelve al viejo sueño de la subjetividad programable, a la posibilidad de un destino dirigido por la genética y las ciencias de la vida. Con su promesa de una humanidad high-tech, abre un capítulo nuevo en la interminable discusión inaugurada por Michel Foucault en la década de los setenta sobre el concepto de biopolítica: el gobierno de las personas mediante el control de los cuerpos, las mentes y todos los aspectos de la vida, especialmente los que tienen que ver con la esfera de la subjetividad. Hoy, el mito del cyborg regresa diluido en productos de consumo cotidiano controlados por el mercado global de la bioindustria. Los centros de investigación almacenan y clasifican recursos biológicos como células, semillas, semen, óvulos, sangre, órganos o tejidos. Por su parte, las leyes de propiedad intelectual los excluyen del patrimonio común en beneficio de multinacionales farmacéuticas y agro-alimentarias que los patentan, manipulan y distribuyen en los centros de salud o las estanterías del supermercado. En la era del biotech, nosotros/cyborgs no somos sólo el resultado de un conjunto de técnicas y protocolos científicos sino un compilado de códigos culturales y relaciones sociales y económicas de alcance global. Una narrativa biopolítica a la que, en la última década, se ha sumado también el arte.

Soft Power como propuesta se ubica precisamente en ese lugar, el de las prácticas artísticas contemporáneas que exploran los nuevos lenguajes de lo biopolítico. Prácticas que investigan el encuentro interdisciplinar entre arte y ciencia pero también las condiciones reales de las investigación científica hoy: su impacto en las formas de vida, las categorías de la imaginación que moviliza y las redes internacionales de la bioindustria.

Este es el programa completo:

Exposición: subRosa, Bureau d'Etudes, Sally Gutierrez, Boryana Rossa y Rachel Mayeri
del 1 de octubre al 6 de noviembre 2009, Sala Amarika
Inauguración. Con DJ Plácida Yeyé
jueves 1 de octubre 2009, 19h00.
Sala Amarika

Proyección del documental “Nosotros alimentamos el mundo” de Erwin Wagenhofer
jueves 8 de octubre 2009, 19h00, Archivo del Territorio Histórico de Álava

Proyección del documental “El mundo según Monsanto” de Marie-Monique Robin
jueves 15 de octubre 2009, 19h00, Archivo del Territorio Histórico de Alava

Bureau d'Etudes: conferencia y presentación de la publicación “La Bella Durmiente”
viernes 23 de octubre 2009, 19h00, Archivo del Territorio Histórico de Alava

Conferencia de subRosa: "Bio-banking"
jueves 29 de octubre 2009, 19h00, Centro Cultural Montehermoso Kulturunea

Performance de subRosa: “Epidermic! Laboratorio de células DIY”
viernes 30 de octubre 2009, a partir de las 17h00, Sala Amárica

Beatriz Preciado. Conferencia y presentación de “Testo Yonki”
viernes 6 de noviembre 2009, 19h00, Archivo del Territorio Histórico de Alava.

Exposición documental
del 26 de noviembre 2009 al 18 de enero 2010,
Archivo del Territorio Histórico de Alava.


Hetera urinando en un skyphos, ca. 480 BC, Antikensammlung Berlin.

Antes de que me diera por el ciberpunk y todo eso, a mí lo que me ponía era el helenismo (de verdad que no soy una pedante, sólo una chalada verdadera). O sea, historias de griegos. Me fui a ver ruinas, me leí ensayos sobre la tragedia, la mitad de la Iliada que es un coñazo impresionante y "La Mitología" de Edith Hamilton dos veces ("la mitología más completa y citada del mundo en la que varias generaciones de lectores han encontrado las bases culturales y sentimentales de la sociedad occidental", casi nada).

Pero no recordaba la historia de Alcestis, arquetipo clásico de La Buena Esposa y top of the pops del movimiento internacional de las sufridoras. Cuando a su esposo, el Rey Admetus, le dicen Las Parcas que tiene que morir, Apolo interviene para proponerle un deal: "salvarás tu vida si otra persona entrega la suya en tu lugar". Su mujer Alcestis, asistente ejemplar, organiza una campaña de captación de víctimas. Pero por desgracia para ella, nadie responde a su llamada de modo que, ofendida por la cobardía de sus súbditos, hace lo que toda Buena Esposa sabe que debe hacer: ofrece su vida a cambio de la de su marido. Ya muerta y enterrada Alcestis, al Rey le entra sentimiento de culpa y pide ayuda al heroe de todos los heroes, Hercules, que se va al Hades, se pelea con La Muerte y le arrebata a la noble esposa que felizmente regresa al Reino de los Vivos para pasar el resto de sus días con su marido y sus dos niños.

Vale que el amor conyugal no da para mucha literatura porque lo más jugoso es lo que pasa antes y lo que pasa alrededor: la seducción, la conquista, los enredos, las traiciones. Pero otra cosa es que la única narración mitológica protagonizada por una Buena Esposa sea una lección de masoquismo. Bueno, la única no. También está Lucrecia que es el equivalente romano de Alcestis, con más sexo pero menos tragedia. Las demás arquetipas fememinas de la cultura popular, como sabe todo el mundo, son o unas putas o unas avariciosas. La moraleja de Alcestis, que ha trascendido por los siglos de los siglos y se ha grabado en nuestras cabecitas aunque no hayamos leido a Hamilton, (porque “la mitología somos todos”) es que una mujer accede al podio de la heroicidad si se deja matar para salvar a su marido. Sin embargo, si un marido se caga por la pata cuando vienen a buscarle Las Parcas y permite que maten a su mujer para no morir él, puede seguir viviendo y reinando cargado de honores, como si no fuera un cobarde hijo de puta. Ya lo dicen los antiguos:
Nada es más valioso para un hombre que su honor y nada es más virtuoso que una mujer que se comporta de un modo honroso para su marido.
La historieta la he rescatado de un libro precioso que me ha dejado una amiga: “I Don't. A Contrarian History of Marriage” de Susan Squire. “I don't” es un estudio histórico de la institución más popular y eficaz de todos los tiempos - el matrimonio- desde la Biblia hasta Lutero, que a ratos Squire analiza en perspectiva con su negativo: la prostitución. En las sociedades organizadas, ambas se entretejen para garantizar que el deseo y el sexo no se mezclen con los asuntos serios como el estatus, la reproducción y la protección del patrimonio. Los primeros se dejan en manos de las putas y las amantes; los segundos, en las de la esposa y la familia (lo de casarse por amor es un invento romántico, o sea bastante reciente pues sólo tiene unos ciento y picos años). El kid de la cuestión – la receta infalible para gestionar los asuntos de la vida con éxito y sabiduría- se resume en la conocida frase:
There is one kind of woman you marry, and another kind of woman you fuck.
En la sofisticada sociedad helénica existían unas figuras intermedias entre la trabajadora sexual y la dama de compañía, las heteras, como Friné, la amante de Praxíteles, o Targelia, difusora de la política persa en las antiguas sociedades del Mediterráneo. Las heteras eran las únicas mujeres realmente libres del mundo antiguo, algo así como las precursoras de las mujeres liberadas (que ahora, con el perfeccionamiento de la organización patriarcal, además dan los servicios de cama gratis). En la wikipedia:

Hetera o hetaira (en griego antiguo ἑταίρα) era el nombre que recibían en la antigua Grecia las cortesanas, es decir, una forma de compañía sofisticada mezclada con prostitución. En la sociedad de la antigua Grecia, las heteras eran mujeres independientes y, en algunos casos, de gran influencia, a quienes se les obligaba a utilizar vestidos distintivos y que tenían que pagar impuestos. Era un colectivo formado principalmente de antiguas esclavas y de extranjeras, y tenían un gran renombre en sus capacidades de danza y música, así como por sus talentos físicos. Existen evidencias de que, al contrario de la mayoría del resto de las mujeres griegas de la época, las heteras recibían educación. También es importante señalar que las heteras no sólo eran las únicas mujeres que podían tomar parte en los simposios, sino que sus opiniones y creencias eran además muy respetadas por los hombres.


A Itziar Ziga no le hace falta que nadie la presente porque lo hace ella sola maravillosamente bien en el primer capítulo de su primer libro, “Devenir perra” (Ed. Melusina): es "una zorra vasca feminista radical malhablada panfletaria". El suyo es un primer libro que seguramente no será el último porque es de esos que se lee con la emoción de estar asistiendo a algo importante. Pinchando aquí, aquí y aquí se puede leer este primer capítulo – juiciosamente titulado "Advertencias"- que he tenido, no el morro, sino la obligación moral de escanear y colgar en la red.

Para abrir boca y animaros a comprarlo o robarlo en la Fnac, sólo diré lo más obvio, que se puede leer en la contraportada. Que Itziar Ziga creció en Rentería siendo "una niña freaki que soñaba con ser libre y estar buena” y que después de se marchó a Bilbao a estudiar periodismo y finalmente a Barcelona donde ha mantenido una actividad comprometida y apasionada como activista de ese feminismo salvaje y de bajos fondos que tan bien se aclimata en la ciudad condal. Si te suena el colectivo ex_dones, el eslabón perdido entre feminismo y esperpento, pues ella ha sido una de sus fundadoras junto a Monica Boix. Si te suena la Bata de Boatiné, pues ella es una de las animalitas que dan calor a las manadas que allí se dan cita cada noche.

Desde esos lugares físicos y conceptuales que no salen en los mapas del feminismo comme il faut surge su alarido de zorra enfebrecida que, aunque escrito en primerísima persona, no es ni una autobiografía ni un estudio sociológico sino un ensayo con todas las letras, riguroso y muy bien documentado. Las perras de Itziar Ziga -también conocidas comunmente como putas, cobren o no por sus servicios- reivindican la ultra-feminidad de los zapatos de tacón de aguja y el escote amenazante como un gesto de feminismo radical. Irritante y necesario. Desconcertante e iluminador. Entre otras cosas porque, si como dice, "a todas las mujeres se nos trata en algún o muchos momentos como a parias abordables sexualmente" y si “el cuerpo y la vestimenta de las mujeres siempre han sido campo de batalla, de control y de emancipación” desde el orden patriarcal, por qué no darle la vuelta al estereotipo de la puta y convertirlo en todo lo contrario: un revulsivo de burla y desafío desde las catacumbas de lo políticamente correcto. Un grito de guerra y de placer contra el feminismo puritano de las servidoras del Régimen, el que encierra a las tías calientes y con ideas propias en el estereotipo de la loca histérica con el objetivo de enfrentar a las mujeres buenas con las que no lo son (el viejo divide y vencerás). Y por último, porque como dice otra grande del género, Lydia Lunch: “Pleasure is The Last Revenge”.