Esto es la Virgen de Melun, perteneciente al fondo del Museo de Bellas Artes de Amberes. Para los historiadores del arte es un cuadro adelantado a su tiempo y lleno de enigmas. Para mí, es un caso de manual de historiografía feminista.

Lo pintó en 1450 Jean Fouquet, entonces artista-residente en la corte de Carlos VII de Francia por encargo de uno de los hombres de confianza del rey, el caballero Etienne Chevalier, que lo quería nada más y nada menos que para decorar su sepulto. Una fantasía semejante ya es, de por sí, sorprendente: voy a colgar un cuadro de una mujer semi-desnuda en mi tumba para que me haga compañía en el Más Allá. Cada cuál su rollo, por qué no. Pero lo más extraño es que la Virgen en cuestión no es otra que Agnès Sorel, la amante del rey de Francia, es decir, del jefe de Chevalier. Y no es todo: según dicen, Chevalier encargó el cuadro en cumplimiento de una promesa hecha a la propia Sorel en su lecho de muerte.

El equivalente contemporáneo sería como si Pamela Anderson, entubada en un hospital de Los Angeles antes de morir, coge de las solapas al secretario de Tommy Lee y le dice:
Júrame que cuando tú mueras, mandaras cubrir las paredes de tu nicho con un poster mío enseñando una teta. Uno de los debates es si Etienne y Agnès no tendrían en realidad una relación secreta a espaldas del monarca (porque ¿qué hace el secretario haciendo compañía a Pamela en el hospital? ¿dónde está Tommy Lee? ¿por qué quiere Pamela que sus fotos decoren el nicho del secretario y no el de ella misma, o el de su marido?). Lagarto, lagarto.

La lectura feminista, como suele pasar, está en otro lado. Parece fuera de toda duda que, cornudo o no, al monarca el cuadro no le pareció mala idea, puesto que a los pocos años nombró a Chevalier ministro de finanzas, convirtiéndolo así en uno de los hombres más poderosos del reino (o sea, que en lugar de liarse a hostias con su secretario, va Tommy Lee y le concede un ascenso). Mi duda es si, en esa conversación pre-mortem, la amante del rey y el caballero entraron en detalles sobre qué atuendo debía llevar ella en el retrato. O sea, si fue Agnès quien decidió pasar a la posteridad vestida de puta, o si por el contrario fueron el monarca, el pintor y el caballero quienes, con ella muerta, pensaron que la mejor manera de representarla era esa.

No es un detalle. Históricamente, las amantes de los reyes cumplían dos tipos de roles. Por un lado eran cortesanas, algo así como prostitutas de alto nivel, pero por otro eran personalidades de influencia que compartían los secretos de gobierno y participaban en sus estrategias. De hecho, según una cierta historigrafía feminista, las cortesanas fueron las primeras mujeres modernas pues gozaron de visibilidad pública y de derechos civiles mucho antes que las demás (por ejemplo, el derecho de propiedad privada y de administrar libremente su patrimonio; que en lo que llamamos países occidentales no se reconoció hasta bien entrado el siglo XX).

Sorel podía haber sido representada como un personaje histórico, con ciertos elementos que dejaran fuera de toda duda su identidad e institucionalizaran su relación con el reino: el blasón de la corona, un tapiz con imagenes de batallas, un trono con atributos de poder... Pero no fue así. Agnès Sorel ha pasado a la historia con el corsé desabrochado y, si es cierto que tiene un trono y una corona, estos son sencillos y decorados con perlas, símbolo de placer carnal. Retratándola de este modo, su persona y el contexto en el que se desenvolvió desaparecen. Lo que nos ha llegado hasta hoy no es la imagen de la personalidad pública de Agnès Sorel, y ni siquiera es el retrato de la puta del rey, puesto que no hay ninguna referencia a la corona. Desprovista de identidad, de símbolos institucionales y de elementos de espacio y tiempo, la persona Sorel se convierte en la simple representación de una idea: la de la amante anónima disponible para toda la eternidad.

Es un clásico de la crítica feminista que las mujeres no son sujetos inscritos en sus circunstancias, sino entidades abstractas, intercambiables y descontextualizadas. ¿Las cosas han cambiado? No tanto. Me pasó ayer mismo en una panadería de Bruselas. Había cola y un señor que estaba en la puerta nos cedió el paso, primero a otra mujer y después a mí. Pero cuando nos íbamos, ella con su baguette y yo con mi croissant calentito, el hombre nos montó un pollo todo ofendido reprochándonos que nos habíamos colado. ¡Encima que les cedo el paso, se cuelan! El señor chillaba, el panadero se reía y yo me quedé hecha un lío hasta que lo entendí. Estaba tan mosquedo porque él nos había cedido el paso como concepto, como se cede el paso a la mujer, pero en ningún caso como a dos personas de carne y hueso que están detrás de él en la cola de la panadería. Si a un hombre le ceden el paso, pasa y punto. Pero si eres mujer (si eres un cuerpo socialmente leido como mujer, como precisan las Medeak), tienes que pararte a pensar que a lo mejor no te están cediendo el paso como a una persona que está haciendo cola aquí y ahora, sino como gesto simbólico, en abstracto. La idea de ceder el paso, que diría Miguel Noguera.

Hay espíritus simples que dicen que las mujeres somos, por naturaleza, más intuitivas y atentas a los detalles. No es verdad. Lo que pasa es que para desenvolvernos en este mundo cruel estamos acostumbradas a descifrar los mensajes implícitos que se esconden tras las situaciones más banales de la vida.

Por supuesto, a este debate subyace el del eje Virgen-Madre vs. Traidora-Puta. En la Wikipedia no hay página propia de Agnès Sorel. Aparece en un listado de las amantes de los reyes de Francia. En la Wikipedia en español Agnés Sorel no tiene página, pero en la Wikipedia en inglés y en francés, sí :-) Me lo acaba de chivar él, más rápido que las balas.

9 comentarios:

    On 11/15/2011 5:59 p. m. Anónimo dijo...

    Es muy curioso el tema de ceder el paso a un señor, cuando tu eres mas joven. Ellos lo interpretan casi como una ofensa. Creen que les estas llamando viejos.Se supone, bueno ellos suponen que nosotras somos muñequitas delicadas que se rompen a un golpe de viento. Aunque no lo parezca todavia nos ven asi.No entienden que sus hijas no son como sus señoras que a un gesto de ellos vuelan veloces a servirles lo que sea. Hace tiempo que han aprendido que sus vidas las dirigen ellas y que no necesitan ningun principe que las rescate. Porque solo son prisioneras de sus sueños, y para eso se bastan ellas solitas.El post muy divertido con una sutil reflexion.

     
    On 11/18/2011 10:13 p. m. Cecilia dijo...

    Interesante post. Sin embargo, propongo leer el cuadro de otra forma, en mi opinión menos forzada:
    1. Por una parte, como una audaz puesta en cuestión de la dicotomía virgen-madre vs. pecadora-puta: Sorel es sensual y maternal, divina y humana a un tiempo. Ello comporta también un juego con los conceptos de santidad y pecado, complementado por los ángeles: los serafines y querubines reproducen la suprema pureza de los cuadros de Fra Angelico, pero los de Fouquet tienen algo inquietante que los aproxima más a los demonios de El Bosco que a los angelitos tradicionales.
    2. Por otra parte, como un desafío a la norma según la cual sólo la (cornuda y casta) reina merecía publicidad y respetabilidad. Y es que Sorel aparece con la misma indumentaria que Charles VII en su coronación (piel de armino y corona; sólo le faltan espada y armadura, que no son símbolos de la realeza, sino masculinos), a la vez que se destaca con marcado erotismo su belleza.
    Aquí tenéis a los ángeles de Fra Angelico y a Charles VII:

    http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3b/Fra_Angelico_009.jpg

    http://en.wikipedia.org/wiki/File:Charles-vii-courronement-_Panthéon_III.jpg

     

    Hola Cecilia. Bonito debate.

    Tienes razón en el punto 1, respecto a que en este cuadro la dicotomía puta-madre se ve bastante basculada.

    El 2 no lo comparto del todo. Es verdad que el armiño es una referencia evidente al trono de Francia pero insisto en mi queja: Sorel es representada solo como amante, y no como personaje histórico de influencia. El hecho de que al menos sea representada -incluso con corona y manto de armiño- no significa que su visibilidad sea la de una reina. Una reina nunca hubiese sido retratada enseñando un pecho. Representar a Sorel enfatizando exclusivamente su erotismo limita su personalidad a esa única dimensión e invisibiliza la otra: la de una mujer con poder político. En ese sentido, no desafía ninguna norma puesto que, por lo general, las mujeres solo acceden al espacio público como objetos de deseo.

    Los links de los cuadros no funcionan. El de la coronación lo he encontrado porque en la url sale el título, pero el de Fra Angelico no (aunque ya me lo imagino).

     

    Qué interesante, tu post... Desde luego, el cuadro tiene algo... Y estoy de acuerdo en que no es que las mujeres seamos más sutiles, si no que es una habilidad que hemos desarrollado a lo largo de los siglos, por pura supervivencia. Estar en "posición secundaria" te da más tiempo para pensar (1) y te obliga a expresarte de manera diferente, para conseguir tus fines sin molestar, aparentemente, ciertas sensibilidades (2). Alma cortesana, que tiene una...

     
    On 11/21/2011 9:31 a. m. Cecilia dijo...

    No lo veo claro. Sorel aparece precisamente como cortesana (pecho fuera) y como reina (corona, piel, trono) a la vez. Claro que el lado sexual no encaja con la respetabilidad monárquica, pero en eso reside justamente la audacia. Mostrar un pecho no limita a Sorel, al contrario: amplía su figura, que no es sólo la de la hermosa reina y madre, sino también la de una amante.
    Según tu argumento, también habría que rechazar que Sorel aparezca como madre virginal (pues una virgen jamás mostraría un pecho, a menos que fuera para dar de mamar). Lo asombroso del cuadro es que Fouquet pinta una figura que es las tres cosas a la vez: reina, madre y puta. De este modo, juega con los dos ejes: virgen/madre-puta, reina/esposa-puta/amante. Son dos ejes que comparten uno de sus polos: el de la puta. No veo por qué habría que aceptar el juego con uno de los ejes pero el otro no. La corona, el trono y la piel de armino son tan significativos como el nino en brazos y la pose mariana.
    Gracias por el debate y saludos.

     

    Gracias a tí Cecilia, por insistir. Mis pegas van en dos direcciones.

    Una, la falta de identidad. Se sabe que es Sorel porque era una de las amantes de Charles VII y porque hay otros cuadros de ella (de los que se puede deducir un parecido aproximado). Pero no hay ninguna referencia concreta a ella como individuo. Es una representación abstracta, es el genérico de “puta real” o si quieres, de “puta de Charles VII”, pero ya te digo que tenía varias (según la Wikipedia, al menos 2 ;-) Pero sobre todo echo en falta -aunque soy consciente de que era imposible hacer algo así en la época porque las mujeres no tenían ni alma- alguna referencia a su papel en las intrigas del reino, porque sin duda lo tuvo. Las cortesanas no se dedicaban solo a los servicios sexuales: eran confidentes, consejeras, espías, envenenadoras, conspiradoras... eran agentes activos en la política. Si por ejemplo, trasladándonos un par de siglos hacia adelante, el cuadro hubiera representado a un mercader, contendría algún elemento claro sobre qué papel jugó esa persona en la vida pública de su época. Pero aquí no vemos nada de eso, es una representación de la idea de puta real, no de la puta real Agnès Sorel en sus circunstancias. En ese sentido, no creo que su representación se pueda equiparar a la de una reina. O sea, el eje reina/esposa-puta/amante no lo veo. No es LA reina, es UNA puta.

    Y dos, el juego puta/madre/virgen. Claro que es super audaz mostrar a una puta como una virgen, y totalmente rompedor para su época. Pero mirándolo hoy, desde el siglo XXI, es más de lo mismo. Tanto la puta como la madre o la virgen son arquetipos de la representación de las mujeres en toda la historia del arte (arquetípos que, de nuevo, son representaciones abstractas: UNA madre, UNA virgen, ...). Ok, no es “o madre-virgen o puta”, es “madre, virgen y puta”, pero siguen siendo caracteríticas estrictamente femeninas. No es “madre, virgen, puta y soldado”, ni “madre, virgen, puta y sacerdote”, ni “madre, virgen, puta e inventora”. Y además, la teta fuera: de verdad hacen falta más mujeres enseñando la teta? Yo no puedo más, allá donde mires, hay una teta o un cacho de teta. Ya conocerás a las Guerrilla Girls: do women have to be naked to get into the museum? http://www.guerrillagirls.com/posters/images/getnakedshanghai.jpg (el cuadro me encanta, es super erótico pero ya me entiendes).

    Un abrazo!

     
    On 9/08/2012 4:23 p. m. Cecilia dijo...

    Se me había olvidado esta polémica. Mi nueva respuesta:
    Sobre el primer punto: Yo no veo que Charles VII tenga otro atributo en sus cuadros que los tres que orgullosamente luce Sorel: la corona, la piel de armino (no siempre) y el trono (salvo cuando están siendo coronados). Según tu argumentación, habría que decir que los reyes también aparecían sin identidad: como el genérico “rey”, no como individuos.
    Sorel era oficialmente LA cortesana real, tan conocida (temida y odiada) como la reina. Charles VII tuvo otras cortesanas, pero no a la vez. Luego no es cierto que no se supiera quién era la del cuadro. Y en el cuadro tienes esos dos lados: puta (pecho fuera) y reina (corona, etc.). O sea: Sorel es aquí LA cortesana, que además es representada como EL MISMÍSIMO REY. Insisto: si aquí echas de menos individualidad, también la puedes echar de menos en los cuadros de Charles VII.

    Sobre el segundo punto: Sorel es puta (pecho fuera), madre (nino en brazos) y además ostenta los atributos del rey (es la puta y madre poderosa, temida en la corte y finalmente, parece ser, envenenada). Es una asombrosa combinación, no sé qué más se puede pedir ni a Sorel (llevó una vida extraordinaria) ni a Fouquet (que lo supo reflejar en su cuadro). Si no aparece como soldado o inventor es porque, según parece, ni luchó en batalla alguna ni inventó la imprenta. Tampoco Napoleón inventó nada ni aparece como inventor en sus cuadros, qué se le va a hacer.
    Y no me vengas con las Guerilla Girls. No sé qué tiene de malo que la belleza femenina esté por todas partes. En todo caso habría que pedir que hubiera más belleza masculina. En suma: que no se considerara un género como "el bello" y otro como "el fuerte". Pero eso es algo que las mujeres mismas tenemos que cambiar: somos nosotras las primeras que decimos que es más bonito un pecho que un pene. Y encima lo decimos como si con ello nos apuntáramos un tanto. Así nos va.
    Saludos

     

    Jajajaja! Hola Cecilia.
    Vamos a acabar estando de acuerdo. Pero una cosa: nos conocemos, verdad? Y seguro que te llamas Cecilia?

     
    On 9/12/2012 11:54 a. m. Cecilia dijo...

    Qué gusto da poder discutir sin que el interlocutor se ofenda.
    La verdad es que no puedo decir si nos conocemos, porque no sé nada de ti, salvo que escribes estos posts. Pero sí que soy Cecilia.
    Saludos